23 nov. 2013

El Yoga y la mujer - part. 2: Embarazo y Parto

Por  Geeta Iyengar
Ilustraciones de Alex Grey

Veamos cuáles son las tres etapas importantes en la vida de una mujer desde su juventud, hasta la mediana edad y la vejez:

Menopausia.

Éstos son períodos de prueba y jalones de su vida. Veamos ahora de qué modo afectan estas funciones en cada etapa a su cuerpo y a su mente y si la práctica de las asanas y del pranayama pueden serle útiles.

2.Embarazo

Lo que dice el refrán, “lo que siembres recogeras”, es especialmente apto para las mujeres embarazadas. Una mujer que haya cuidado de su salud tendrá la recompensa de un embarazo saludable y de gestar un bebé sano. Para una mujer embarazada es esencial mantener su bienestar físico y mental por ella misma y por el bebé que lleva dentro. 

Hay conceptos equivocados respecto al yoga para las mujeres embarazadas. Algunas mujeres temen que practicar yoga durante el embarazo pueda provocarles un aborto. Esto, sin embargo, nada tiene que ver con la realidad. En las asanas se ejercita el útero para fortalecerlo y hacer que funciones correctamente para tener un buen parto.

“El momento para salvar la vida de un bebé en gestación es antes del embarazo”, como dice el dicho popular. Es totalmente cierto. Ya hemos mencionado el momento adecuado para empezar con las asanas, concretamente la pubertad, y si así se hace ayudará a la sadhaka a estar fuerte en el momento del embarazo. 

El embarazo es un estado natural, como lo es la menstruación. Aunque supone un gran cambio para todo el cuerpo, este vuelve a la normalidad después del parto. 

Aquí se ha de enfatizar un punto importante. Una deficiencia en la secreción interna de la glándula tiroides puede provocar un aborto. Por esa razón, las mujeres han de practicar posturas como shirsasana, sarvangasana, setu bhanda sarvangasana, janushirsasana, antes de la concepción. El correcto funcionamiento de las glándulas endocrinas es de vital importancia para gozar de una buena salud y el yoga ayuda a proporcionar este equilibrio hormonal. Las yogasanas son verdaderamente beneficiosas para prevenir los abortos debido a anomalías o a condiciones patológicas como la inflamación o el desplazamiento del útero. 

Las yogasanas también son útiles para evitar la esterilidad debida a anomalías en los ovarios, las glándulas o las trompas de Falopio. 

Por consiguiente, es recomendable para toda mujer empezar a practicar yoga antes de la concepción,  no solo para mejorar su salud como madre sino para asegurar la salud de las generaciones futuras.

Se aconseja a las mujeres embarazadas que tengan un cuidado especial durante los tres primeros meses. Al igual que la medicina, el yoga aconseja los cuidados prenatales. La madre necesita durante el embarazo sangre de buena calidad, rica en hemoglobina, y tener la presión arterial equilibrada. Las asanas son importantes para evitar signos peligrosos como la hipertensión, un rápido aumento de peso o albúmina en la orina.

Durante este período hay peligro de aborto debido a anomalías en la formación de la placenta, a prolapso (caída de un órgano), o a debilidad de los músculos uterinos. Durante este período es peligroso levantar mucho peso y dar saltos. Las yogasanas, sin embargo, no son violentas; refuerzan los músculos de la pelvis y favorecen la circulación sanguínea en dicha región; fortalecen el aparato reproductor, trabajan la columna vertebral y hacen que el parto sea mas llevadero. 

En este período las asanas que mas se recomiendan son Parvatanasa, Supta Virasana, Upavishta Konasana, Baddha Konasana, Shirsasana y Supta Padangusthasana. Estas posturas expanden la cavidad pelviana y crean espacio dentro del útero, asegurando una correcta circulación sanguínea y sitio para que el niño pueda moverse. Además, si se practica pranayama se relaja el sistema nervioso, se gana confianza y valor, y se vence la fatiga. Incluso las posturas invertidas realizadas correctamente son beneficiosas; mi padre y yo hemos guiaado a muchas mujeres en su practica de asanas hasta el noveno mes del embarazo. Sin embargo, cuando la respiración se vuelve pesada es mejor no continuar. La propia mujer, cuando se encuentra en un estado avanzado de su gestación es quien mejor puede jusgar. Puede darse cuenta de que ciertas posturas no son factible para ella debido a la pesadez que nota en la pelvis y el abdomen y por consiguiente también en el corazón. En esos casos, las asanas como Shirsasana, Sarvangasana y Halasana se han de interrumpir, pero otras posturas como las posturas sentadas con la espalda cóncava y las asanas de fortalecimiento de la columna si son aconsejables. La práctica de dichas asanas aligerará el abdomen y la pelvis, que estarán así mejor irrigados. Sin embargo, los pranayamas ujjayi y viloma se pueden realizar durante todo el embarazo. 

En las primeras etapas de la gestación pueden hacer su aparición las nauseas matinales, la apatía y la debilidad. A veces se producen pequeños sangrados y dolores en la región pelvidana, inchazon o adormecimiento de los pies, venas hinchadas y varices, dolor de espalda, estreñimiento, variación en la presión arterial, toxemia, dolor de cabeza, pereza, visión borrosa y retensión de orina. Para todos estos transtornos las asanas son fabulosas. 

No obstante, es aconsejable seguir un tratamiento médico si se descubre que el feto está en una posición anormal (cruzado o transversal) o si está muerto. El yoga practicado cuando el feto esté ya en posición de salida no puede hacer ningún daño. 

Al poco de haber tenido un aborto se puede reiniciar la práctica de las asanas y del pranayama, pero sin fatigar los órganos abdominales. Si se mantiene una constancia y un progreso, se puede aumentar gradualmente el tiempo de práctica y el número de asanas. 

Indicaciones especiales
Se recomienda a todas las mujeres que fomenten su salud después del matrimonio y antes del embarazo mediante la práctica regular de asanas y de pranayama. 

Las que ya han concebido, durante los tres primeros meses pueden practicar todas las asanas y pranayamas salvo urdhva prasarita padasana, jathara parivartanasana, paripurna navasana y todas las asanas de estiramientos hacia atrás.

Practique todas las asanas de pie, estiramientos hacia adelante, sentada y supinas, invertidas y torsiones, especialmente las que estiran la columna y ensanchan la pelvis. 

Las mujeres que padecen hipotiroidismo tienen tendencia a los abortos, para remediar esto, se recomiendan las asanas invertidas.

Para facilitar el parto, se han de practicar las siguientes asanas con frecuencia hasta muy avanzado el embarazo: Baddha Konasana, Supta Baddha Konasana, Upavishta Konasana y las asanas de estiramientos hacia adelante. De hecho, cada vez que tenga algo de tiempo libre puede practicarlas. 

Después de tres meses, cuando el feto ya va creciendo, la práctica que ha de seguir hasta el momento del parto es la siguiente: 
Asanas: Utthita Trikonasana, Utthita Parsvakonasana, Virabhadrasana I, Ardha Chandrasana, Parsvottanasana, Prasarita Padottanasana, Janu Shirsasana, Baddha Konasana, Upavistha Konasana, ciclo de Virasana,  Supta Virasana Parvatanasana, Salamba Shirsasana, Parsva Shirsasana, Parivrita Eka Pada Shirsasana, Salamba Sarvangasana, Halasana, Eka Pada Sarvangasana, Urdhva Padmasana en Sarvangasana, Bharadvajasana I, Savasana.
Pranayama: respiración profunda, ujjayi pranayama, viloma pranayama, surya bhedana pranayama, nadhi shodana pranayama. 
Si se produce un aborto conviene practicar viloma pranayama en savasana y surya bhedana pranayama durante dos o cuatro semanas. Después ya se puede empezar con las asanas invertidas comenzando durante algunos días sólo con salamba sarvangasana y halasana. Posteriormente se puede añadir salamba shirsasana y cuando se ha recuperado la energía por completo se pueden reanudar paulatinamente las asanas de pie y las de estiramientos hacia adelante. 
Las mujeres que tengan  tendencia a abortar comprobaran que las yogasanas son muy beneficiosas. Durante el embarazo habrán  de practicar todas las asanas de la guía que se enumeró anteriormente y pranayama y sus variaciones. 

Las mujeres con tendencia a abortar debido a problemas glandulares o debilidad muscular y constitución débil, han de concentrarse en la práctica de las asanas de estiramientos hacia adelante sentadas y supinas e invertidas. Maha Mudra y Savasana son esenciales. En ningún caso se deben practicar las asanas abdominales y lumbares. Se ha de seguir este programa como un medida curativa en todo momento, tanto si se está embarazado como sino. 

Parto

Las contracciones del parto son naturales, son una especie de señal de los diversos músculos de la zona pelviana y la zona adyacente. La mayor parte de las mismas van obviamente dirigidas a los músculos del útero que se contrae y relaja en una serie de espasmos hasta conseguir la expulsión del bebé. Sin embargo, el miedo y la fatiga mental pueden agravar los dolores del parto y retrasar el nacimiento del bebé.

Si se practican yogasanas durante el embarazo, éstas fortalecerán los músculos del útero para optimizar su funcionamiento durante el parto. Baddha Konasana y Upavistha Konasana son extraordinarias pues ensanchan la cavidad pelviana y dilatan el cuello del útero. El pranayama fortalece los nervios y ayuda a que la madre respire con calma durante los períodos entre las contracciones, lo cual es esencial para un parto fácil. Ayuda a relajar los nervios y a evitar las tensiones mentales. 

Si el parto es normal o aunque se tenga que realizar una cesárea, es aconsejable retomar las asanas y el pranayama a fin de favorecer la recuperación y el fortalecimiento de los órganos abdominales. 

Indicaciones especiales

Durante el primer mes después del parto: tras dos semanas de reposo se puede hacer Savasana, Ujjayi y Viloma Pranayama (de 20 a 30 minutos en total), cada mañana o cada tarde, o por la mañana y por la tarde. En pranayama se tonifican los músculos y los órganos abdominales, que reciben un masaje en dirección a la columna y hacia el pecho. Esto refuerza el abdomen y ayuda al útero a volver a la normalidad. También mejora la calidad de la leche materna, purificándola y aumenta la secreción de leche. Además, con esta práctica se relaja todo el sistema nervioso. 

Segundo mes: se han de practicar las asanas de la semana anterior además de las que se indican para la semana correspondiente:

Primera semana
Vrksasana, Utthita Trikonasana, Utthita Parsvakonasana, Salamba Sarvangasana, Halasana.
Segunda semana
Virabhadrasana, Janu Sirsasana
Tercera semana
Paschimottanasana, Janu Sirsasana, Salamba Sirsasana, Maha Mudra
Cuarta semana
Parvatanasana, Paripurna Navasana, Setu Bandha Sarvangasana, Bhardvajasana. 

Duración: para Salamba Sarvangasana, Halasana, Setu Bandha Sarvangasana y Paschimottanasana, aproximadamente 3 a 5 minutos para las demás 15 a 20 segundos. Sin embargo la práctica del yoga se debe adaptar a cada persona, se puede aumentar la duración según nuestra fortaleza física; la práctica del yoga no debe producir cansancio. Junto a este programa se ha de realizar pranayama. 

Tercer mes: la madre ha recobrado su silueta y sus órganos se han fortalecido; el cansancio postnatal también ha desaparecido Cuando se ha recobrado la normalidad se pueden volver a practicar todas las asanas de pie, las asanas abdominales y lumbares y torsiones. 

Efectos: la práctica de las asanas después del parto refuerza la columna; el vientre y el abdomen no acumulan grasa, la cintura tiende a reducirse y las nalgas no se quedan flácidas. Tiran de los músculos pectorales hacia arriba y así los pechos no se caen. La debilidad debida al sangrado desaparece y se tonifica el sistema nervioso. 

Cesárea: en el caso de una parto difícil o de una cesárea se ha de practicar Savasana, Ujjayi Pranayama I y Viloma Pranayama I hasta que cierre la herida. Esto normalmente supone unos dos meses. Pasado ese tiempo se pueden reemprender las siguientes asanas: 
Salamba Sarvangasana, Halasana, Setu Bandha Sarvangasana, Parvattanasana, Janu Sirsasana, Maha Mudra y Savasana. 

Lactancia

Tras el parto, la madre ha de asegurarse el descanso físico y mental. Los músculos abdominales se quedan flácidos después de dar a luz, en esta etapa están indicados Savasana y el pranayama Ujjayi I.

Al bebé se le ha de alimentar con la leche materna. En medicina se dice que para cada medida de leche materna se requieren cuatrocientas medidas de oxígeno. En savasana el abdomen y los órganos internos no sobresalen y en Ujjayi Pranayama la cavidad torácica se expande por completo Por ende, aumenta la absorción de oxígeno y favorece la lactancia. 

A partir del primer mes se recomienda practicar las asanas de la parte recomendada para posparto; éstas estimulan la hipófisis, que segrega la prolactina que controla la lactancia. Estas asanas también alivian la pesadez de los pechos y los reafirman. Después del parto se suele acumular grasa en la zona de las nalgas, caderas y pechos y hay una tendencia a la flacidez. Se ha de controlar el aumento de grasa y se han de reforzar los órganos abdominales. A los dos meses del parto ya se pueden practicar las posturas que ayudan a contraer los músculos abdominales y pelvianos para que vuelvan a su forma anterior. 

No hay ningún peligro en practicar yoga tras una operación quirúrgica como una tubectomía o una estirpación de útero. No obstante, se ha de ir con cuidado y gradualmente, y sólo tras un riguroso descanso, evitando los esfuerzos y los sobreestiramientos. Por consiguiente es esencial una práctica correcta. 

22 nov. 2013

Upadesa Sahasri - Sri Sankaracharya - part 2

CAPÍTULO II
EL CONOCIMIENTO DEL SÍ MISMO SIN-CAMBIO Y NO-DUAL

45.— Un cierto brahmachârin [el que pertenece al primero de los cuatro órdenes de la vida, un estudiante], cansado de la existencia transmigratoria que consiste en el nacimiento y la muerte, y aspirando a la liberación, se acercó de la manera prescrita a un Conocedor delBrahman establecido en Él, y sentándose cómodamente, dijo, «¿Cómo puedo yo, Señor, ser liberado de esta existencia transmigratoria? Consciente del cuerpo, de los sentidos y sus objetos, yo siento aflicción en el estado de vigilia y también en el estado de sueño con sueños una y otra vez, después de los intervalos de reposo en el sueño profundo experimentado por mí. ¿Es está mi naturaleza propia o es ella causal, siendo yo de una naturaleza diferente? Si ella es mi naturaleza propia, yo no puedo tener ninguna esperanza de liberación, pues uno no puede deshacerse de su naturaleza propia. Pero si ella es causal, la liberación de ella puede ser posible eliminando la causa».



46.— El maestro le dijo, «Escucha, hijo mío, ella no es tu naturaleza; ella es causal».


47.— Dicho esto, el discípulo dijo, «¿Cuál es la causa, qué le pondrá fin y cuál es mi naturaleza? Al poner fin a esa causa, habrá la ausencia del efecto, y yo volveré a mi propia naturaleza, lo mismo que un paciente que vuelve a la situación normal (de su salud) cuando es eliminada la causa de su enfermedad».


48.— El maestro dijo, «La causa es la Ignorancia. El Conocimiento la pone fin. Cuando la Ignorancia, la causa, sea eliminada, tú estarás liberado de la existencia transmigratoria, consistente en el nacimiento y la muerte. Y nunca sentirás de nuevo aflicción en los estados de vigilia y sueño con sueños».


49.— El discípulo dijo, «¿Qué es esa Ignorancia? ¿Cuál es su sede (¿cuál es su objeto?) y cuál es el Conocimiento por cuyo medio puedo volver a mi naturaleza propia?»


50.— El maestro dijo, «Tú eres el Sí mismo Supremo no-transmigratorio, pero piensas erróneamente que tú eres alguien sujeto a la transmigración. (Similarmente), no siendo ningún hacedor ni ningún experimentador, te consideras erróneamente a ti mismo que lo eres. Así mismo, tú eres eterno, pero te consideras erróneamente a ti mismo como no eterno. Esto es ignorancia».


51.— El discípulo dijo, «Aunque eterno, yo no soy el Sí mismo Supremo. Mi naturaleza es una naturaleza de existencia transmigratoria consistente en ser hacedor y experimentador de sus resultados, como es sabido por evidencias tales como la percepción sensorial, etc. No es debido a la Ignorancia. Pues la Ignorancia no puede tener el Sí mismo interior como su objeto. La ignorancia consiste en la sobreimposición de las cualidades de una cosa sobre otra, por ejemplo, la bien conocida plata sobre la bien conocida madreperla o un bien conocido ser humano sobre un (bien conocido) tronco de árbol y viceversa. Una cosa no-conocida no puede ser sobreimpuesta sobre una cosa conocida y viceversa. El no-Sí mismo no puede ser sobreimpuesto sobre el Sí mismo, pues Él no es conocido. Similarmente, el Sí mismo no puede ser sobreimpuesto sobre el no-Sí mismo por la misma razón».


52.— El maestro le dijo, «Eso no es así. Hay excepciones. Pues, hijo mío, no puede haber una regla de que solo cosas bien conocidas se sobreimpongan sobre otras cosas bien conocidas, ya que nosotros nos encontramos con la sobreimposición de algunas cosas sobre el Sí mismo. La belleza y la obscuridad, que son propiedades del cuerpo, son sobreimpuestas sobre el Sí mismo, que es el objeto de la consciencia “yo”, y el mismo Sí mismo es sobreimpuesto sobre el cuerpo».


53.— El discípulo dijo, «En ese caso, el Sí mismo debe ser bien conocido debido a que es el objeto de la consciencia “yo”. El cuerpo también debe ser bien conocido pues se habla de él como “este” (cuerpo). Cuando esto es así, se trata de un caso de sobreimposición mutua del cuerpo bien conocido y del Sí mismo bien conocido, como el de un ser humano y el tronco de un árbol o el de la plata y la madreperla. (No hay, por consiguiente, ninguna excepción aquí). Así pues, ¿cuál es la peculiaridad con referencia a la cual dice usted que no puede haber una regla de que la sobreimposición mutua solo sea posible de dos cosas bien conocidas?»


54.— El maestro dijo, «Escucha. Es cierto que el Sí mismo y el cuerpo son bien conocidos, pero no son bien conocidos por todas las gentes como objetos de conocimientos diferentes, lo mismo que un ser humano y un tronco de un árbol. (Pregunta) ¿Cómo son conocidos entonces? (Respuesta). (Son conocidos siempre) como los objetos de un conocimiento indiferenciado. Puesto que nadie los conoce como objetos de conocimientos diferentes diciendo, “Esto es el cuerpo” y “Esto es el Sí mismo”. Por esta razón las gentes están engañadas sobre la naturaleza del Sí mismo y del no-Sí mismo, y dicen, “El Sí mismo es de esta naturaleza” y “Él no es de esta naturaleza”. Se trataba de esta peculiaridad cuando he dicho que no había ninguna regla tal (a saber, solo las cosas bien conocidas pueden ser sobreimpuestas una sobre otra).


55.— Discípulo: «Todo lo que es sobreimpuesto debido a la ignorancia sobre alguna otra cosa, se encuentra que es no-existente en esa cosa, por ejemplo, la plata en la madreperla, un ser humano en el tronco de un árbol, una serpiente en una cuerda, y la forma de una sartén en el cielo. Similarmente, tanto el cuerpo como el Sí mismo, objetos siempre de un conocimiento indiferenciado, serían no-existentes uno en el otro si estuvieran mutuamente sobreimpuestos, lo mismo que la plata, etc., sobreimpuesta sobre la madreperla y otras cosas, y viceversa, son siempre absolutamente no-existentes. Igualmente, el Sí mismo y el no-Sí mismo serían no-existentes si estuvieran sobreimpuestos similarmente uno sobre otro debido a la Ignorancia. Pero eso no es deseable, pues es la postura de los nihilistas. Si, en lugar de una sobreimposición mutua, (solo) el cuerpo está sobreimpuesto debido a la Ignorancia sobre el Sí mismo, el cuerpo será noexistente en el Sí mismo existente. Eso tampoco es deseable, pues contradice la percepción sensorial, etc. Por consiguiente, el cuerpo y el Sí mismo no están sobreimpuestos mutuamente debido a la Ignorancia. (Si ellos no están sobreimpuestos) ¿entonces qué? Ellos están siempre en una relación de conjunción entre sí, como los pilares y los bambúes (de una casa)».


56.— Maestro: «Ello no es así. Pues en ese caso surge la posibilidad de que el Sí mismo exista para el beneficio de otro y de que sea no-eterno. El Sí mismo, al estar en contacto con el cuerpo, sería existente para el beneficio de otro y sería no-eterno como la combinación de los pilares y los bambúes. Además, el Sí mismo, que otros filósofos suponen unido con el cuerpo, debe tener una existencia por causa de otro. Por consiguiente, se concluye que exento de contacto con el cuerpo, el Sí mismo es eterno y característicamente diferente de él». 57.— Discípulo: «Las objeciones de que el Sí mismo, como el cuerpo solo, es no-existente, no-eterno y demás, son válidas también si el Sí mismo que no está unido con el cuerpo estuviera sobreimpuesto sobre él. El cuerpo sería entonces sin un Sí mismo y así entra en escena la postura nihilista».


58.— Maestro: «No. (Tú no estás en lo cierto). Pues nosotros admitimos que, como el éter, el Sí mismo es por naturaleza libre de contacto con nada. Lo mismo que las cosas no están exentas del éter, aunque el éter no está en contacto con ellas, así también, el cuerpo, etc., no están exentos del Sí mismo, aunque el Sí mismo no está en contacto con ellos. Por consiguiente, la objeción de la postura nihilista no se plantea.


59.— «No es un hecho que la no-existencia absoluta del cuerpo contradiga la percepción sensorial, etc., puesto que la existencia del cuerpo en el Sí mismo no es conocida por estas evidencias. El cuerpo no es conocido que exista en el Sí mismo por percepción, etc., como una ciruela en un agujero, mantequilla en la leche, o aceite en la semilla de sésamo o una pintura pintada en una pared. Por consiguiente, no hay ninguna contradicción con la percepción sensorial, etc.»


60.— Discípulo: «¿Cómo puede haber entonces la superposición del cuerpo, etc., sobre el Sí mismo que no es conocido por la percepción sensorial, etc., y la del Sí mismo sobre el cuerpo?»


61.— Maestro: «Eso no es una objeción (válida). Pues el Sí mismo es bien conocido naturalmente. Puesto que nosotros vemos la forma de una sartén sobreimpuesta sobre el cielo, no puede haber una regla de que hay cosas conocidas solo ocasionalmente sobre las que es posible la sobreimposición y no sobre cosas que son conocidas siempre».


62.— Discípulo: «Señor, ¿es hecha la sobreimposición mutua del cuerpo y el Sí mismo por la combinación del cuerpo, etc., o por el Sí mismo?»


63.— El maestro dijo, «¿Importa si es hecha por uno o por el otro?»


64.— Preguntado así, el discípulo dijo, «Si yo fuera solo una combinación del cuerpo, etc., yo sería no-consciente y existiría solo debido a otro. Por consiguiente, la sobreimposición mutua del cuerpo y el Sí mismo no podría ser hecha por mí. Por otra parte, si yo fuera el Sí mismo, yo sería característicamente diferente de la combinación del cuerpo, etc., sería consciente, y, por consiguiente, existiría enteramente por mí mismo. Así pues, soy yo, un ser consciente, quien hace esa sobreimposición, que es la raíz de todos los males, sobre el Sí mismo».


65.— Dicho esto, el maestro dijo, «No hagas ninguna sobreimposición, si sabes que ella es la raíz de todos los males». 66.— Discípulo: «Señor, pero yo no puedo hacerlo, yo no soy independiente. Yo soy hecho actuar por otro».


67.— Maestro: «Entonces tú no existes por ti mismo, pues eres no-consciente. Eso por lo cual tú eres hecho actuar como alguien dependiente de otro, es consciente y existe por sí mismo. Tú eres solo una combinación (del cuerpo y otras cosas)».


68.— Discípulo: «¿Cómo soy yo consciente del dolor y del placer y también de lo que usted dice, si yo soy no-consciente?»


69.— Maestro: «Eres tú diferente de la consciencia del dolor y del placer y de lo que yo digo o no?»


70.— El discípulo dijo: «Es un hecho que yo soy diferente de ellos. Pues yo los conozco como objetos de mi conocimiento, como las vasijas y otras cosas. Si yo no fuera diferente, no podría conocerlos. Pero yo los conozco; así pues, yo soy diferente. Si yo no fuera diferente, las modificaciones de la mente llamadas dolor y placer y las palabras dichas por usted existirían por sí mismas. Pero eso no es razonable. Pues el placer y el dolor producidos por la pasta de sándalo y una espina respectivamente, y también el uso de una vasija, no son por sí solos. Por consiguiente, los propósitos servidos por la pasta de sándalo, etc., se deben a mí que soy su conocedor. Yo soy diferente de ellos pues conozco todas las cosas penetradas por el intelecto».


71.— El maestro le dijo: «Puesto que tú posees consciencia, existes por ti mismo y no eres hecho actuar por otro. Pues un ser consciente independiente no es hecho actuar por otro, ya que no es razonable que uno que posee consciencia exista debido a otro que posee consciencia, al ser ambos de la misma naturaleza como las luces de dos lámparas. Tampoco uno que posee consciencia existe debido a otro que no tiene consciencia, pues no es posible que una cosa exista por sí misma por el hecho mismo de que es no consciente. Ni tampoco se ve que dos cosas no-conscientes existan una debido a la otra, como la madera y la pared no sirven cada una al propósito de la otra.


72.— Discípulo: «Pero puede decirse que el servidor y el señor se ve que sirven cada uno al propósito del otro, aunque ellos son igualmente poseedores de consciencia».


73.— Maestro: «Ello no es así. Pues yo hablo de la consciencia que te pertenece a ti como el calor y la luz al fuego. Es por esta razón que he citado el ejemplo de las luces de dos lámparas. Por consiguiente, en tanto que consciencia sin cambio y eterna, lo mismo que el calor y la luz del fuego, tú conoces todo lo que se presente a tu intelecto. Así pues, cuando tú sabes siempre que el Sí mismo es sin ningún atributo, ¿por qué has dicho, “Yo experimentó dolor y placer una y otra vez durante los estados de vigilia y de sueño con sueños después de los intervalos de reposo en el sueño profundo”? ¿Y por qué has dicho, “¿Es ello mi naturaleza propia o es causal?”? ¿Se ha desvanecido o no este engaño?


74.— A esto, el discípulo respondió, «El engaño, Señor, ha desaparecido por su gracia; pero tengo dudas sobre la naturaleza sin cambio que, dice usted, me pertenece». Maestro: «¿Qué dudas?» Discípulo: «El sonido, etc., no existen independientemente pues ellos son no conscientes. Pero vienen a la existencia cuando surgen en la mente modificaciones que parecen sonido y demás. Es imposible que estas modificaciones tengan una existencia independiente, pues son exclusivas de otro en cuanto a sus características especiales (de parecer ser sonido, etc.), y parecen ser azules, amarillas, etc. (Así pues, el sonido, etc., no son lo mismo que las modificaciones mentales). Por consiguiente, se infiere que estas modificaciones son causadas por objetos externos. Así pues, se prueba que las modificaciones parecen sonido, etc., a saber, objetos que existen externamente. Similarmente, estas diferentes modificaciones de la mente son también combinaciones, y, por consiguiente, no-conscientes. Así pues, al no existir por sí mismas, como el sonido, etc., sólo existen cuando son conocidas por uno diferente de ellas. Aunque el Sí mismo no es una combinación, Él consiste en Consciencia y existe por Sí mismo; Él es el conocedor de las modificaciones mentales que parecen ser azules, amarillas, y demás. Por consiguiente, Él debe ser de una naturaleza cambiante. De aquí viene la duda sobre la naturaleza sin cambio del Sí mismo».


75.— El maestro le dijo, «Tu duda no es justificable. Pues tú, el Sí mismo, verificas que eres libre de cambio, y, por consiguiente, perpetuamente el mismo, en base a que todas las modificaciones de la mente, sin ninguna excepción, son conocidas (simultáneamente) por ti. En lo que concierne a tu duda, considera este conocimiento de todas las modificaciones, el cual es la razón de la inferencia mencionada antes. Si tú fueras cambiante como la mente o los sentidos (que aprehenden sus objetos uno después de otro), no conocerías simultáneamente todas las modificaciones mentales, es decir, los objetos de tu conocimiento. Tampoco serías consciente solo de una porción de los objetos de tu conocimiento (a la vez). Por consiguiente, tú eres absolutamente sin-cambio».


76.— El discípulo dijo, «El conocimiento es el significado de una raíz (verbal), y, por consiguiente, consiste ciertamente en un cambio (toda raíz verbal significa acción); y el Conocedor (como dice usted) es de una naturaleza sin-cambio. Esto es una contradicción ». 77.— Maestro: «Eso no es así. Pues la palabra conocimiento es usada solo en sentido secundario para significar un cambio llamado acción, el significado de una raíz (verbal). Una modificación de la mente, llamada así una acción, acaba en un resultado que es en sí mismo el reflejo del Conocimiento, es decir, del Sí mismo. Por esta razón, a esta modificación se le llama conocimiento en un sentido secundario, de la misma manera que, a la acción de cortar una cosa en dos, se le llama secundariamente su separación en dos, lo cual es el resultado último de la acción de cortar la cosa».


78.— Dicho esto así, el discípulo dijo, «Señor, el ejemplo citado por usted no puede probar que yo soy sin-cambio». Maestro.— «¿Cómo?» Discípulo.— «Pues, de la misma manera que la separación última (en dos) se usa secundariamente para la acción de cortar que es el significado de la raíz (verbal), así también la palabra conocimiento se usa secundariamente para la modificación mental que es el significado de la raíz (verbal) conocer, y que acaba en el resultado que es un cambio en el Conocimiento. Por consiguiente, el ejemplo citado por usted, no puede establecer la naturaleza sin-cambio del Sí mismo».


79.— El maestro dijo, «Lo que tú dices sería verdadero si hubiera una distinción entre el Conocedor y el Conocimiento. Pues, el Conocedor es solo Conocimiento eterno. El Conocedor y el Conocimiento no son diferentes como aparecen en la filosofía argumentativa ».


80.— Discípulo: «¿Cómo es entonces que una acción acaba en un resultado que es el Conocimiento?


81.— El maestro dijo, «Escucha. Se dijo que la modificación mental, llamada acción, acababa en un resultado que era el reflejo del Conocimiento. ¿No lo escuchaste? Yo no dije que un cambio fuera producido en el Sí mismo como resultado (de la modificación de la mente)».


82.— El discípulo dijo, «¿Cómo entonces soy yo el que soy sin cambio, el conocedor, como usted dice, de todas las modificaciones mentales, es decir, los objetos de mi conocimiento? »


83.— El maestro le dijo, «Yo te he dicho la cosa verdadera. El hecho mismo (de que tú conoces simultáneamente todas las modificaciones mentales) fue aducido por mí como la razón de que tú eres eternamente inmutable».


84.— Discípulo: «Si esto es así, Señor, ¿cuál es entonces mi falta cuando los cambios mentales que semejan sonido, etc., y que resultan en el reflejo del Conocimiento, mi naturaleza propia, son producidos en mí, que soy de la naturaleza de la Consciencia sin cambio y eterna?»


85.— Maestro: «Es verdadero que tú no has de ser culpado. Como te he dicho antes, la Ignorancia es la única falta».


86.— Discípulo: «Señor, ¿por qué hay (en mí) los estados de sueño con sueños y vigilia, y yo soy absolutamente sin cambio como el que está en sueño profundo?»


87.— El maestro le dijo, «Pero tú siempre los experimentas (cuando surgen)».


88.— Discípulo: «Sí, yo los experimentó a intervalos, pero no continuamente».


89.— El maestro dijo, «Entonces ellos son solo adventicios, y no son tu naturaleza propia. Ciertamente, ellos serían continuos si fueran auto-existentes como la Consciencia Pura, que es tu naturaleza propia. Además, ellos no son tu naturaleza propia puesto que son no-persistentes, como los vestidos y otras cosas. Pues lo que es la naturaleza propia de uno no se ve nunca que cese de persistir mientras persiste uno. Pero la vigilia y el sueño profundo cesan de persistir mientras la Consciencia Pura continúa persistiendo. Persistiendo en el sueño profundo la Consciencia Pura, el Sí mismo, todo lo que es no-persistente (en ese tiempo) es destruido o negado como cosas adventicias, mientras que las propiedades de la naturaleza de uno no se encuentra nunca que posean estas características; por ejemplo, se ve la destrucción del dinero, de los vestidos, y la negación de las cosas adquiridas en el sueño con sueños o en la ilusión».


90.— Discípulo: «Pero, Señor, si esto es así, tiene que admitirse que la Consciencia Pura misma es adventicia como la vigilia y el sueño con sueños. Pues ella no es conocida en el sueño profundo. O bien (puede ser que yo tenga una consciencia adventicia) o bien yo soy no-consciente por naturaleza».


91.— Maestro: «No. (Lo que dices no es verdadero). Piensa sobre ello. No es razonable (decir eso). Tú puedes considerar la Consciencia Pura como adventicia (si fueras suficientemente sabio); pero no puedes probar que lo sea razonando ni siquiera en un centenar de años, ni tampoco (puede ser probado que lo sea) ni siquiera por un hombre necio. Como la consciencia (que tiene como adjuntos las modificaciones mentales) es una combinación, nadie puede impedir su existencia por causa de otro, ni su multiplicidad y destructibilidad por un razonamiento cualquiera; pues nosotros ya hemos dicho que todo lo que no existe por sí mismo no es auto-existente. La Consciencia Pura, el Sí mismo, es auto-existente. Nadie puede impedir Su independencia de otras cosas pues Él no cesa de existir nunca».


92.— Discípulo: «Pero yo he mostrado una excepción, a saber, yo no tengo ninguna consciencia en sueño profundo».


93.— Maestro: «No, tú te contradices a ti mismo». Discípulo: «¿Cómo es ello una contradicción?» Maestro: «Tú te contradices a ti mismo al decir que no eres consciente, cuando, de hecho, lo eres». Discípulo: «Pero, Señor, yo no he sido nunca consciente de la consciencia ni de nada en el sueño profundo». Maestro: «Así pues, tú eres consciente en el sueño profundo. Pues tu niegas la existencia de los objetos del Conocimiento (en ese estado), pero no niegas la existencia del Conocimiento. Ya te he dicho que lo que es tu Consciencia no es nada sino Conocimiento absoluto. La Consciencia, debido a cuya presencia tú niegas (la existencia de cosas en el sueño profundo) diciendo, “Yo no era consciente de nada”, es el Conocimiento, la Consciencia que es tu Sí mismo. Puesto que Él no cesa de existir nunca, Su inmutabilidad eterna es auto-evidente y no depende de ninguna evidencia; por el contrario, un objeto del Conocimiento diferente del Conocedor auto-evidente, depende de una evidencia para ser conocido. A diferencia del objeto, el Conocimiento eterno, que es indispensable para probar las cosas no-conscientes diferentes del Sí mismo, es inmutable; pues Él es siempre de una naturaleza auto-evidente. El hierro, el agua, etc., que no son de la naturaleza de la luz y el calor, dependen para ellos del sol, del fuego y de otras cosas diferentes de ellos, pero el sol y el fuego mismos, siempre de la naturaleza de la luz y el calor, no dependen para ellos de nada más; así también, al ser de la naturaleza del Conocimiento puro, el Sí mismo no depende de ninguna evidencia para probar que Él existe o que Él es el Conocedor».


94.— Discípulo: «Pero es conocimiento transitorio solo, y no Conocimiento eterno, el que es el resultado de una prueba».


95.— Maestro: No. No puede haber razonablemente una distinción de perpetuidad u otra en el Conocimiento. No se sabe que el conocimiento transitorio, y no el Conocimiento eterno, es el resultado de una prueba, pues el Conocimiento mismo es ese resultado ».


96.— Discípulo: «Pero el Conocimiento eterno no depende de un Conocedor, mientras que el conocimiento transitorio sí, pues es producido por un esfuerzo mediador. Esto es la diferencia».


97.— Maestro: «El Conocedor, que es el Sí mismo, es entonces auto-evidente, pues no depende de ninguna evidencia (para ser probado)».


98.— Discípulo: «(Si el Conocimiento del Sí mismo fuera independiente de una evidencia, sobre la base de que Él es eterno), ¿por qué la ausencia del resultado de una evidencia con respecto al Sí mismo no habría de establecerse sobre la misma base?» Maestro: «No. Eso ya ha sido refutado sobre la base de que es el Conocimiento puro el que está en el Sí mismo».


99.— «¿A quién pertenecerá el deseo (de conocer una cosa), si el Conocedor depende de una evidencia para ser conocido? Se admite que el que está deseoso de conocer una cosa es el conocedor. Su deseo de conocer una cosa tiene por objeto la cosa a ser conocida y no el conocedor. Pues, en este último caso, surge un regressus ad infinitum con respecto al conocedor y también con respecto al deseo de conocer al conocedor, en tanto que han de ser conocidos el conocedor del conocedor y así sucesivamente. Además, al no mediar nada, el Conocedor, el Sí mismo, no puede caer nunca en la categoría de lo conocido. Pues una cosa a ser conocida, deviene conocida, cuando es distanciada del conocedor por el nacimiento de un deseo, recuerdo, esfuerzo o evidencia mediadores por parte del conocedor. No puede haber conocimiento de un objeto de ninguna otra manera. Además, no puede imaginarse que el conocedor mismo sea distanciado por alguien de su propio deseo, etc. Lo mismo que la memoria tiene como su objeto la cosa a ser recordada, y no al que la recuerda, así también el deseo tiene por su objeto la cosa a ser deseada, y no al que la desea. Así pues, como anteriormente, surge un inevitable regressus ad infinitum si la memoria y el deseo tienen como sus objetos a sus propios agentes.


100.— Discípulo: «Pero el conocedor permanece desconocido si no hay ningún conocimiento que tenga como su objeto al conocedor».


101.— Maestro: «No. El conocimiento del conocedor tiene como su objeto la cosa a ser conocida. Si tiene como su objeto al conocedor mismo, entonces surge un regressus ad infinitum como anteriormente. Ya ha sido mostrado que, como el calor y la luz del sol, del fuego y otras cosas, el Conocimiento que es sin-cambio, eterno y autoefulgente tiene una existencia en el Sí mismo enteramente independiente de todo lo demás. Ya he dicho que si el Conocimiento autoefulgente que hay en el Sí mismo fuera transitorio, devendría irracional que el Sí mismo existiera por Sí mismo, y que, siendo una combinación, tendría impurezas y tendría una existencia debida a otro, como la combinación del cuerpo y los sentidos. Discípulo: «¿Cómo?» Maestro: «Si el Conocimiento autoefulgente en el Sí mismo fuera transitorio, tendría una distancia (con-Sigo mismo) por la intervención de la memoria, etc. Entonces, sería no-existente en el Sí mismo antes de ser producido y después de ser destruido, y el Sí mismo, que entonces sería una combinación, tendría una existencia debida a otro, como la del ojo, etc., producida por la combinación de algunas cosas. El Sí mismo no tendría ninguna existencia independiente, si este Conocimiento fuera producido antes de estar en Él. Solo debido a la ausencia o a la presencia del estado de ser combinado, se sabe que el Sí mismo existe por Sí mismo y el no-Sí mismo por otro. Por consiguiente, queda establecido que el Sí mismo es de la naturaleza del Conocimiento eterno y autoefulgente ».


102.— Discípulo: «¿Cómo puede el conocedor ser un conocedor, si él no es la sede del conocimiento producido por las evidencias?»


103.— El maestro dijo, «El conocimiento producido por una evidencia no difiere en su naturaleza esencial si uno lo llama eterno o transitorio. El Conocimiento, (aunque sea) producido por una evidencia, no es nada sino conocimiento. El conocimiento precedido por la memoria, el deseo, etc., y que se supone que es transitorio, y ese que es eterno e inmutable, no difieren en su naturaleza esencial. Lo mismo que el resultado de las acciones transitorias de permanecer, etc., y el de las permanentes no precedidas de esta manera, no difieren en su naturaleza esencial, y, por consiguiente, se dan afirmaciones idénticas, tales como “Las gentes permanecen”, “Las montañas permanecen”, etc., así también, al Conocedor, aunque de la naturaleza del Conocimiento eterno, se le llama un conocedor sin contradicción, puesto que el Conocimiento eterno es el mismo que el producido por una evidencia (en lo que concierne a su naturaleza esencial)».


104.— Aquí el discípulo comienza una objeción: «No es razonable que el Sí mismo que es sin cambio y de la naturaleza del Conocimiento eterno, y que no está en contacto con el cuerpo y los sentidos, sea el agente de una acción, como un carpintero en contacto con una azuela y otros instrumentos. Surge un regressus ad infinitum si el Sí mismo, que no está conectado con el cuerpo, los sentidos, etc., tuviera que usarlos como Sus instrumentos. Como los carpinteros y otros están siempre conectados con cuerpos y sentidos, no hay ningún regressus ad infinitum cuando ellos usan azuelas y otros instrumentos ».


105.— Maestro: «Hacer no es posible sin el uso de instrumentos. Por consiguiente, los instrumentos tienen que ser asumidos. La asumición de instrumentos es, por supuesto, una acción. A fin de ser el agente de esta acción, tienen que ser asumidos otros instrumentos. Al asumir estos instrumentos, tienen que asumirse aún otros instrumentos. Por consiguiente, un regressus ad infinitum es así inevitable si el Sí mismo, que no está unido a nada, tuviera que ser el agente. «Tampoco puede decirse que es una acción lo que hace acto al Sí mismo. Pues una acción no hecha no tiene ninguna existencia. Tampoco es posible que algo (previamente existente) haga acto al Sí mismo, pues nada (excepto el Sí mismo) puede tener una existencia independiente y ser un no-objeto. Las demás cosas diferentes del Sí mismo deben ser no-conscientes, y, por consiguiente, se ve que no son Auto-existentes. Todas las cosas, incluido el sonido, etc., vienen a existir cuando son probadas por las funciones mentales que resultan en el reflejo del Sí mismo en ellas. «Uno, (aparentemente) diferente del Sí mismo, y poseedor de consciencia, no debe ser otro que el Sí mismo, que es libre de combinación con otras cosas y existente solo por Sí mismo». «Nosotros tampoco podemos admitir que el cuerpo, los sentidos y sus objetos existan por sí mismos, pues se ve que dependen para su existencia de las modificaciones mentales que resultan del reflejo del Sí mismo (en ellos)».


106.— Discípulo: «Pero nadie depende de ninguna otra evidencia, tal como la percepción sensorial, etc., para conocer el cuerpo».


107.— Maestro: Sí, ello es así en el estado de vigilia. Pero en la muerte y en el sueño profundo, el cuerpo depende también de evidencias tales como la percepción sensorial, etc., para ser conocido. El caso es similar con los sentidos. Son el sonido externo y otros objetos los que son transformados en el cuerpo y los sentidos; por consiguiente, éstos dependen también de evidencias, como la percepción sensorial, etc., para ser conocidos. Ya he dicho que el conocimiento, que es el resultado producido por evidencias, es el mismo que el Sí mismo auto-evidente, autoefulgente y sin-cambio.


108.— El objetor (el discípulo) dice, «Es contradictorio afirmar que el conocimiento es el resultado de evidencias y (al mismo tiempo) que es el Sí mismo autoefulgente que es sin-cambio y eterno». La respuesta que se le da es ésta: «Ello no es una contradicción». Pregunta: «¿Cómo entonces es el Conocimiento un resultado?» Respuesta: «Él es un resultado en un sentido secundario: aunque es sin-cambio y eterno, Él es notado solo en la presencia de las modificaciones mentales llamadas la percepción sensorial, etc., pues ellas son los instrumentos para hacer-Le manifiesto. Él parece ser transitorio, pues las modificaciones mentales llamadas percepción sensorial, etc., lo son. Se debe a esta razón que Él sea llamado el resultado de pruebas en un sentido secundario».


109.— Discípulo: «Señor, si esto es así, independiente de las evidencias que Le conciernen, el Conocimiento sin-cambio y eterno, que es la Consciencia del Sí mismo, es ciertamente auto-evidente; y todas las cosas diferentes de Él, y, por consiguiente, no conscientes, tienen una existencia debido solo al Sí mismo cuando se combinan para actuar unas con otras (a fin de que los aconteceres del universo continúen ininterrumpidamente). Sólo cuando el conocimiento de las modificaciones mentales hace surgir el placer, el dolor y la ilusión, el no-Sí mismo sirve al propósito del Sí mismo. Y solo como Conocimiento y como nada más tiene el no-Sí mismo una existencia. Lo mismo que una serpiente en una cuerda, el agua en un espejismo y otras cosas semejantes, que se encuentra que son no-existentes excepto únicamente en el conocimiento por el cual son conocidas, así también la dualidad experimentada durante la vigilia y el sueño con sueños no tiene razonablemente ninguna existencia excepto en el conocimiento por el cual es conocida. Así pues, puesto que tiene una existencia continua, la Consciencia Pura, el Sí mismo, es eterno e inmutable, y no cesa de existir nunca en ninguna modificación mental. El Sí mismo es uno sin segundo. Las modificaciones mismas cesan de existir, pero el Sí mismo continúa existiendo. Lo mismo que en el sueño las modificaciones mentales que parecen ser azules, amarillas, etc., se dice que son realmente no existentes, pues cesan de existir mientras que el conocimiento por el cual son conocidas tiene una existencia consciente ininterrumpida, así también, en el estado de vigilia, ellas son así mismo razonablemente no-existentes realmente, pues cesan de existir mientras que el mismo conocimiento continúa existiendo. En cuanto al conocimiento (es decir, el Sí mismo), él no tiene ningún otro conocedor (pues es Auto-evidente), y no puede ser aceptado ni rechazado por Sí mismo. Puesto que no hay nada más (excepto Mí mismo, la meta de mi vida está cumplida por su gracia)».


110.— Maestro: «Ello es exactamente así. Se debe a la Ignorancia el que se experimente la existencia transmigratoria que consiste en la vigilia y el sueño con sueños. Es el Conocimiento el que pone fin a esta Ignorancia. Tú has obtenido así la Paz. Tú no sentirás nunca otra vez sufrimiento en la vigilia ni el sueño con sueños. Tú está liberado de la miseria de esta existencia transmigratoria».


111.— Discípulo: «Sí, Señor».

20 nov. 2013

Upadesa Sahasri - Sri Sankaracharya - part 1

Parte I (Prosa)

CAPÍTULO I . UN MÉTODO DE ILUMINAR AL DISCÍPULO

1.— Ahora explicaremos un método de enseñar el medio (el conocimiento del Sí mismo) de la liberación para el beneficio de aquellos aspirantes a la liberación que están deseosos (de esta enseñanza) y que tienen fe (en ella).

2.— Ese medio de la liberación, a saber, el conocimiento, debe ser explicado una y otra vez, hasta que es firmemente aprehendido, a un discípulo brâhman puro, que es indiferente a todo lo que es transitorio y alcanzable a través de ciertos medios; que ha abandonado el deseo de un hijo, el deseo de riqueza y de este mundo y del otro; que ha adoptado la vida de un monje errante, y que está dotado de control sobre la mente y los sentidos, de compasión, etc., así como de las cualidades de un discípulo bien versado en las escrituras, y que se ha acercado al maestro de la manera prescrita, y que ha sido examinado respecto a su casta, profesión, conducta, instrucción y linaje.

3.— La Sruti dice también, «Un brâhman, después de examinar esos mundos que son el resultado de las acciones védicas, debe ser indiferente a ellos viendo que nada eterno puede ser obtenido por medio de esas acciones. Entonces, con combustible en sus manos, debe acercarse solo a un maestro versado en los Vedas y establecido en el Brahman, para conocer lo eterno. El maestro instruido debe explicar correctamente a ese discípulo que tiene control de sí mismo y una mente tranquila, y que se ha acercado a él de la manera prescrita, el conocimiento del Brahman que revela el Ser imperecedero y eterno». Pues sólo el conocimiento que es comprendido firmemente, conduce al propio bien de uno y es capaz de transmisión. Esta transmisión del conocimiento es útil para las gentes, como un barco para el que quiere cruzar un río. Las escrituras dicen también, «Aunque uno pueda dar al maestro este mundo rodeado por océanos y lleno de riquezas, este conocimiento es aún más grande que eso». De otro modo, no habría ninguna obtención del conocimiento. Pues la Sruti dice, «Un hombre que tiene un maestro puede conocer al Brahman», «Sólo el conocimiento recibido de un maestro (deviene perfecto)», «El maestro es el piloto», «El Conocimiento Justo es llamado en este mundo una balsa», etc. La Smriti dice también, «el conocimiento te será impartido», etc.

4.— Cuando el maestro encuentra signos de que el conocimiento no ha sido comprendido (o de que ha sido comprendido erróneamente) por el discípulo, debe eliminar las causas de la no-comprensión, las cuales son los pecados pasados y presentes, la laxitud, la falta de un conocimiento previo de lo que constituyen los temas de discriminación entre lo eterno y lo no-eterno, la búsqueda de la estima popular, la vanidad de casta, y demás, a través de los medios contrarios a esas causas, prescritos por la Sruti y la Smriti, a saber, la evitación de la cólera, etc., y los votos que consisten en no hacer daño, etc., así como las reglas de conducta que no son incongruentes con el conocimiento.

5.— También debe imprimir enteramente en el discípulo cualidades como la humildad, etc., que son los medios hacia el conocimiento.

6.— El maestro es el que está dotado con el poder de proporcionar argumentos en pro y en contra, de comprender las preguntas y responderlas, que posee tranquilidad, autocontrol, compasión y un deseo de ayudar a otros, que está versado en las escrituras y desapegado de los goces, tanto visibles como invisibles, que ha renunciado a los medios de todo tipo de acciones, que es un conocedor del Brahman y que está establecido en Él, que no es nunca transgresor de las reglas de conducta, y que está desprovisto de defectos tales como la ostentación, el orgullo, el engaño, el artificio, el fingimiento, los celos, la falsedad, el egotismo y el apego. El maestro tiene el único propósito de ayudar a otros y un deseo de impartir el conocimiento del Brahman solo. Primero de todo debe enseñar los textos de la Sruti que establecen la unidad del Sí mismo con el Brahman, tales como «Hijo mío, en el comienzo solo era la Existencia, una y sin segundo», «Donde uno no ve nada más», «Todo esto es solo el Sí mismo», «En el comienzo todo esto era solo el Sí mismo» y «Todo esto es ciertamente el Brahman».

7,8.— Después de enseñar esto, debe enseñar la definición del Brahman, por medio de textos de la Sruti tales como «El Sí mismo carente de pecado», «El Brahman que es inmediato y directo», «Eso que es más allá del hambre y la sed», «No esto, no esto», «Ni grosero ni sutil», «Este Sí mismo es no-esto», «Él es el Veedor, invisible Él mismo », «Conocimiento-Felicidad», «Existencia-Conocimiento-Infinito», «Imperceptible sin-cuerpo», «Ese gran Sí mismo innacido», «Sin la fuerza vital ni la mente», «Innacido, abarcando lo interior y lo exterior», «Consistente en conocimiento solo», «Sin interior ni exterior», «Él es ciertamente más allá de lo que es conocido y también de lo que es no-conocido» y «Llamado Akasha (el Auto-efulgente)»; y también por medio de textos de la Smriti tales como los siguientes: «Él no es ni con nacimiento ni con muerte », «Él no es afectado por los pecados de nadie», «Lo mismo que el aire, está siempre en el éter», «El Sí mismo individual debe ser considerado como el universal», «Él es llamado ni existente ni no-existente», «Pues el Sí mismo es sin comienzo y vacío de cualidades», «El mismo en todos los seres» y «El Ser Supremo es diferente»; todo esto apoya la definición dada por la Sruti y prueba que el Sí mismo interior está más allá de la existencia transmigratoria y que no es diferente del Brahman, el principio omnicomprensivo.

9.— Al discípulo que ha aprendido así la definición del Sí mismo interior de la Sruti y de la Smriti y que anhela cruzar el océano de la existencia transmigratoria, se le pregunta, «¿quién eres tú, hijo mío?»

10, 11.— Si él dice, «Yo soy el hijo de un brahman perteneciente a tal linaje, he sido un estudiante o un hogareño, y ahora soy un monje errante ansioso de cruzar el océano de la existencia transmigratoria infectada con los tiburones terribles del nacimiento y la muerte», el maestro debe decir, «Hijo mío, ¿cómo deseas ir más allá de la existencia transmigratoria, cuando tu cuerpo será comido por los pájaros o se convertirá en tierra aquí cuando tú mueras? Pues reducido a cenizas en esta orilla, tú no puedes cruzar a la otra orilla».

12, 13.— Si él dice, «Yo soy diferente del cuerpo. El cuerpo nace y muere, es comido por los pájaros, es destruido por las armas, el fuego, etc., y sufre de enfermedades y demás. Yo he entrado en él, como un pájaro en su nido, debido al mérito y al demérito resultante de actos hechos por mí mismo; y lo mismo que un pájaro va a otro nido cuando el anterior es destruido, así yo entraré en diferentes cuerpos una y otra vez como resultado de los méritos y deméritos cuando el cuerpo presente muera. Así pues, en este mundo sin comienzo, debido a mis propias acciones, yo he estado abandonando sucesivos cuerpos asumidos entre dioses, hombres, animales y los habitantes del infierno y asumiendo siempre otros nuevos. De esta manera, yo he sido hecho rodar en el ciclo de los nacimientos y muertes sin fin, como en una rueda persa, por mis acciones pasadas; y habiendo obtenido en el curso del tiempo el cuerpo presente, estoy fatigado de este rodar y rodar en la rueda de la transmigración; así pues, he venido a usted, Señor, a poner fin a esta rotación. Por consiguiente, yo soy siempre diferente del cuerpo. Son los cuerpos los que vienen y se van, como los vestidos de una persona», —el maestro responderá, «Has hablado bien. Tú ves correctamente. ¿Por qué dices entonces erróneamente, “Yo soy el hijo de un brâhman perteneciendo a tal linaje, he sido un estudiante o un hogareño y ahora soy un monje errante”?».

14, 15.— Si el discípulo dice, «¿En qué he hablado erróneamente, Señor?» El maestro debe responder, «Porque con tu afirmación, “Yo soy el hijo de un brâhman perteneciente a tal linaje, etc.”, has identificado con el Sí mismo sin nacimiento, sin linaje y sin ceremonias de purificación, el cuerpo que posee todo esto y que es diferente (del Sí mismo)».

16, 17.— Si él pregunta, «¿Cómo posee el cuerpo las diversidades del nacimiento, linaje y ceremonias de purificación (diferentes del Sí mismo), y como soy yo sin ellos?» —El maestro debe decir, «Escucha, hijo mío, cómo este cuerpo es diferente de ti y posee nacimiento, linaje y ceremonias de santificación, y cómo tú eres libre de éstas». Así pues, el maestro enseñará al discípulo diciendo, «Debes recordar, hijo mío, lo que se te ha dicho sobre el Sí mismo interior, que es el Sí mismo de todo lo que tiene características, como lo describe la Sruti, tal como “Esto era existencia, hijo mío”, etc., así como también la Smriti, y debes recordar estas características también».

18.— El maestro debe decir al discípulo que ha recordado la definición del Sí mismo, «Eso que es llamado Âkâsha (el auto-efulgente), que es distinto de nombre y forma, sincuerpo y definido como no-grosero, etc., y como libre de pecado y demás, que es intocado por las condiciones transmigratorias, “El Brahman que es inmediato y directo”, “El Sí mismo interior”, “El Veedor invisible, el Oidor inaudible, el Pensador impensable, el Conocedor incognoscible”, que es de la naturaleza del conocimiento eterno, sin interior ni exterior, consistente solo en conocimiento, omnipenetrante como el éter y de poder infinito —ese Sí mismo de todo, desprovisto de hambre, etc., así como de aparición y de desaparición, es, por virtud de Su inescrutable poder, la causa de la manifestación del nombre y forma inmanifestados que moran en el Sí mismo, por virtud de Su presencia misma, pero que son diferentes de Él, los cuales son la semilla del universo, son descriptibles, ni idénticos a Él ni diferentes de Él, y que son conocidos por Él solo».

19.— «Ese nombre y forma, originalmente inmanifestados, tomaron el nombre y la forma del éter cuando fueron manifestados desde ese Sí mismo. Este elemento, llamado el éter, surgió así del Sí mismo supremo, como la suciedad llamada espuma sale del agua transparente. La espuma no es ni agua ni absolutamente diferente de ella, pues no se ve nunca aparte del agua. Pero el agua es limpia, y diferente de la espuma que es de la naturaleza de la suciedad. Similarmente, el Sí mismo supremo, que es puro y transparente, es diferente del nombre y la forma, los cuales representan la espuma. Éstos —que corresponden a la espuma— habiendo sido inmanifestados originalmente, tomaron el nombre y la forma del éter cuando fueron manifestados.

20.— «El nombre y la forma, al devenir aún más groseros en el curso de la manifestación, asumieron la forma del aire. Desde eso nuevamente devinieron el fuego; desde eso devinieron el agua, y desde eso devinieron la tierra. En este orden, los elementos precedentes penetraron a los elementos sucedentes, y los cinco elementos groseros acabaron cuando la tierra vino a la existencia. Así pues, la tierra posee las cualidades de todos los cinco elementos groseros. De la tierra compuesta de todos los cinco grandes elementos, son producidas hierbas tales como el arroz y la cebada. De éstas, cuando son comidas, se forma la sangre y la semilla de las mujeres y los hombres respectivamente. Extraídos estos dos ingredientes, como si fueran batidos, por la lujuria que brota de la ignorancia, y santificados con mantras, son depositados en la matriz en el tiempo apropiado. Por medio de la infiltración de los fluidos nutrientes del cuerpo de la madre, esto se desarrolla en un embrión y es parido al noveno o décimo mes».
21.— «Ello nace, o toma una forma y un nombre y es purificado por medio de los mantras relativos a los ritos natales y otros. Santificado nuevamente por investidura del cordón sagrado obtiene la denominación de estudiante. El mismo cuerpo es designado como hogareño cuando recibe el rito de unirse a una esposa. Eso es nuevamente llamado un recluso cuando recibe los ritos pertinentes al retiro en el bosque. Y deviene conocido como un monje errante cuando cumple los sacramentos que llevan a la renuncia a todas las actividades. Así pues, el cuerpo, que tiene nacimiento, linaje y ritos purificatorios, diferente (del Sí mismo), es diferente de ti».

22.— «Que la mente y los sentidos son también de la naturaleza del nombre y la forma, es conocido por la Sruti, “La mente, hijo mío, consiste en alimento”».

23.— «Tú dices, “¿Cómo soy yo, sin nacimiento, linaje y ritos purificatorios, diferente (del Sí mismo)?” Escucha. El mismo que es la causa del desarrollo del nombre y la forma, cuya naturaleza es diferente de la del nombre y la forma, y que es sin conexión con todos los ritos santificatorios, desarrolló el nombre y la forma, creó este cuerpo y entró en él (el cual no es sino nombre y forma) —que es Él mismo el Veedor invisible, el Oidor inaudible, el Pensador impensable, el Conocedor incognoscible, según se afirma en el texto de la Sruti, “(Yo conozco) quien crea los nombres y las formas y permanece hablando”. Hay miles de textos de la Sruti que transmiten el mismo significado: por ejemplo, “Él creó y entró en él (el cuerpo)”, “Entrando en ellas, Él gobierna todas las criaturas”, “Él, el Sí mismo, ha entrado en estos cuerpos”, “Éste es tú Sí mismo”, “Abriendo esta misma sutura del cráneo, Él entró por esa puerta”, “Este Sí mismo está oculto en todos los seres”, “Esa Divinidad pensó —entre yo en estas tres deidades”».

24.— «Los textos de la Smriti elucidan también la misma verdad; por ejemplo, “Ciertamente, todos los dioses son el Sí mismo”, “El Sí mismo en la ciudad de las nueve puertas”, “Sabe que el Sí mismo individual es Mí mismo”, “El mismo en todos los seres”, “El Presenciador y Aprobador”, “El Ser Supremo es diferente”, “Residente en todos los cuerpos, pero Él mismo sin ninguno”, y así sucesivamente. Por consiguiente, está establecido que tú eres sin ninguna relación con el nacimiento, linaje ni ritos santificatorios ».

25.— Si él dice, «Yo estoy en la esclavitud, sujeto a la transmigración, soy ignorante, (a veces) feliz, (a veces) infeliz y soy enteramente diferente de Él. Él, el Brillante, que es disimilar en naturaleza de mí. Yo quiero adorar-Le por medio de las acciones pertinentes a mi casta y orden de la vida, haciendo-Le presentes y ofrendas y también salutaciones y demás. Yo estoy anhelante de cruzar el océano del mundo de esta manera. Así pues, ¿cómo soy yo Él mismo?»

26.— El maestro debe decir, «Tú no debes, hijo mío, considerarlo así; debido a que no debes aceptar una doctrina de la diferencia». En respuesta a la pregunta, «¿Por qué no debo aceptarla?», el maestro puede citar los siguientes textos de la Sruti: «El que se dice que ese Brahman es uno y que él es otro, no Le conoce (al Brahman)», «El que considera la casta brâhmánica como diferente de sí mismo es rechazado por esa casta», «El que considera al Brahman como teniendo diversidad en Él, va de muerte en muerte», y demás.

27.— Estos textos de la Sruti muestran que la existencia transmigratoria es el resultado cierto de la aceptación de (la realidad de) la diferencia.

28.— «Por otra parte, que la liberación resulta de la aceptación de (la realidad de) la nodiferencia es apoyado por miles de textos de la Sruti; por ejemplo, después de enseñar que el Sí mismo individual no es diferente del Sí mismo supremo en el texto, “Eso es el Sí mismo, tú eres Eso”, y después de decir, “Un hombre que tiene un maestro, conoce al Brahman”, la Sruti prueba que la liberación es el resultado del conocimiento de (la realidad de) la no-diferencia solo, diciendo, “Un conocedor del Brahman tiene que servir sólo mientras no está sumergido en el Brahman”. Que la existencia transmigratoria llega a una cesación absoluta (en el caso del que comprende la verdad de que la diferencia no tiene ninguna existencia real), es ilustrado por el ejemplo del que no era un ladrón y no fue quemado (al agarrar un hierro al rojo); por otra parte, ese que dice lo que no es verdadero (es decir, la realidad de la diferencia), continúa estando en la condición mundana, como es ilustrado por el ejemplo del ladrón que se quemó».

29.— «Los textos de la Sruti que comienzan con “Todas estas criaturas que son aquí, ya sea un tigre o…” y otros textos similares, después de afirmar que “Uno deviene el propio señor de uno (es decir, el Brahman)” por el conocimiento de (la realidad de) la nodiferencia, muestran que uno continúa permaneciendo en la condición transmigratoria en el caso opuesto, como resultado de la aceptación de (la realidad de) la diferencia, diciendo, “Conociendo de modo diferente a éste, ellos tienen a otros seres por sus señores y residen en las regiones perecederas”. Tales afirmaciones se encuentran en todas las ramas del Veda. Por consiguiente, era ciertamente erróneo por tu parte decir que tú eras el hijo de un brâhman, que pertenecías a tal linaje, que estabas sujeto a la transmigración y que eras diferente del Sí mismo supremo».

30.— «En cuanto a la no aceptación de (la realidad de) la diferencia, debe comprenderse que, en base al conocimiento de la identidad de uno con el Sí mismo supremo, el cumplimiento de los ritos religiosos que son diferentes para cada orden, y la asumición del yajnopavîta [el cordón sagrado llevado por las tres primeras castas de los hindúes], etc., los cuales son los medios de su cumplimiento no deben aceptarse. Pues estos ritos y el yajnopavîta, etc., así como sus medios, son incongruentes con el conocimiento de la identidad de uno con el Sí mismo supremo. Es solo a esas gentes que atribuyen al Sí mismo las clases y órdenes de la vida, etc., a quienes se prescriben las acciones védicas y el yajnopavîta, etc., así como sus medios; pero no a aquellos que han adquirido el conocimiento de su identidad con el Sí mismo supremo. [Aceptar] que uno es otro que el Brahman se debe solo a la aceptación de (la realidad de) la diferencia».

31.— «Si los ritos védicos tuvieran que ser cumplidos y no abandonados, la Sruti ni habría declarado la identidad de uno mismo con el Sí mismo supremo que no tiene relación con esos ritos y sus medios, ni con las castas, ni órdenes de la vida, etc., los cuales son las condiciones de las acciones védicas, en sentencias tan inambiguas como “Eso es el Sí mismo, tú eres Eso”; ni habría condenado la aceptación de (la realidad de) la diferencia (entre uno mismo y el Sí mismo supremo) en sentencias tales como “Él es la gloria eterna del conocedor del Brahman”, “Intocado por la virtud, intocado por el pecado”, y “Aquí un ladrón no es un ladrón”».

32.— «La Sruti no habría afirmado que la naturaleza esencial del Sí mismo no está relacionada de ninguna manera con los ritos védicos y las condiciones requeridas por ellos, tales como una clase particular y demás, si no se entendiera que esos ritos y el yajnopavîta, etc., y sus medios, deben ser abandonados. Por consiguiente, las acciones védicas que son incompatibles con el conocimiento de la identidad de uno mismo con el Sí mismo supremo, deben ser abandonadas junto con sus medios por el que aspira a la liberación; y debe ser sabido que el Sí mismo no es otro que el Brahman como se define en la Sruti».

33.— Si él dice, «El dolor debido a quemaduras o cortes en el cuerpo, y la miseria causada por el hambre y similares, Señor, se percibe distintamente que están en mí. El Sí mismo supremo es conocido en toda la Sruti y la Smriti como “libre de pecado, de vejez, de muerte, de dolor, de hambre, de sed, etc., y libre de olor y de sabor”. ¿Cómo puedo yo, que soy diferente de Él y que poseo muchos atributos fenoménicos, aceptar al Sí mismo supremo como mí mismo, y a mí mismo, un ser transmigratorio, como el Sí mismo supremo? ¡Entonces puedo admitir igualmente que el fuego es frío! ¿Por qué debería yo, un hombre del mundo, señalado para obtener toda la prosperidad en este mundo y en el otro y para realizar el fin supremo de la vida, es decir, la liberación, abandonar las acciones que producen esos actos y el yajnopavîta, etc., y sus accesorios? »

34.— El maestro debe decirle, «No es correcto para ti decir, “Yo percibo directamente el dolor en mí cuando mi cuerpo se corta o se quema”. ¿Por qué? El dolor debido a cortes o quemaduras es percibido en el cuerpo, que cuando es el objeto de la percepción del perceptor, semejante a un árbol quemado o cortado, debe tener la misma localización que las llamas, etc. Las gentes señalan el dolor causado por las llamas y demás ubicado en ese lugar donde ocurren pero no en el perceptor. ¿Cómo es ello así? Porque, al ser preguntado dónde está el dolor, uno dice, “Yo tengo dolor en la cabeza, en el pecho o en el estómago”. Así pues, uno señala el dolor en ese lugar donde ocurre la quemadura o el corte, pero nunca en el perceptor. Si el dolor o sus causas, a saber, las quemaduras o los cortes, estuvieran en el perceptor, uno habría señalado al perceptor como la sede del dolor, y a las partes del cuerpo como las sedes de las quemaduras o cortes.

35.— «Además, (si estuviera en el Sí mismo) el dolor no podría ser percibido por el Sí mismo, lo mismo que el color del ojo no puede ser percibido por el mismo ojo. Por consiguiente, como se percibe que tiene la misma sede que las llamas, cortes y demás, el dolor debe ser un objeto de percepción como ellos. Puesto que es un efecto, debe tener un receptáculo como ese en el que se cuece arroz. Las impresiones de dolor deben tener la misma sede que el dolor mismo. Como son percibidas durante el tiempo en que la memoria es posible (es decir, en los estados de vigilia y sueño con sueños, y no en el sueño profundo), estas impresiones deben tener la misma localización que el dolor. La aversión a los cortes, quemaduras y demás, así como las causas del dolor, deben tener también la misma sede que las impresiones (de dolor). Se dice por ello que “El deseo, la aversión y el miedo tienen una sede común con la de las impresiones de los colores. Tienen por sede el intelecto, el conocedor, el Sí mismo, que es siempre puro y exento de miedo”».

36.— «“¿Cuál es entonces el lugar de las impresiones de los colores y demás?” “El mismo que el del deseo, etc.” “¿Dónde están el deseo y demás?” “Ellos están en la mente (y no en otra parte) según la Sruti —deseo, deliberación, duda.” “Las impresiones de los colores y demás están también ahí (y no en otra parte) según la Sruti —¿cuál es la sede de los colores? La mente”. Que el deseo, la aversión y demás son los atributos de la incorporación, del objeto y no del Sí mismo, es sabido por la Sruti, a saber, “Los deseos que están en la mente”, “Pues él está entonces más allá de todas las aflicciones de su corazón (mente)”, “Debido a que Él es sin apego”, “Su forma intocada por los deseos”, y por la Smriti, a saber, “Se dice que Él es sin cambio”, “Debido a que Él es sin comienzo y sin atributos”, y demás. Por consiguiente, (se concluye que) la impureza pertenece al objeto y no al Sí mismo».

37, 38.— «Por consiguiente, tú no eres diferente del Sí mismo supremo por cuanto que tú estás exento de impurezas tales como la conexión con las impresiones de los colores y demás. Como no hay ninguna contradicción para la evidencia perceptiva, etc., el Sí mismo supremo debe ser aceptado como uno mismo según la Sruti, “Él sabe que el Sí mismo puro es el Brahman”, “Él debe ser considerado como homogéneo”, “Él es yo que soy abajo”, “Él es el Sí mismo que es abajo”, “Él sabe que todo es el Sí mismo”, “Cuando todo deviene el Sí mismo”, “Todo esto es ciertamente el Sí mismo”, “Él es sin partes”, “Él es sin interior ni exterior”, “Innacido, comprende el interior y el exterior”, “Todo esto ciertamente es el Brahman”, “Él ha entrado a través de esta puerta”, “Los nombres de puro conocimiento”, “Existencia, Conocimiento, Brahman Infinito”, “De Él”, “Él ha creado y ha entrado en él”, “Él Brillante sin segundo oculto en todos los seres y omnipenetrante”, “En todos los cuerpos, Él mismo sin cuerpo”, “Él no nace y no muere”, “(Conociendo) el sueño y la vigilia, Él es mi Sí mismo; así debe saber uno”, “Quien (conoce) a todos los seres”, “Él se mueve y no se mueve”, “Conociendo-Le, uno deviene digno de ser adorado”, “Él, y nada sino Él, es el fuego”, “Yo devine Manu y el sol”, “Entrando en ellas, Él gobierna a todas las criaturas”, “Existencia solo, hijo mío”, “Eso es real, Eso es el Sí mismo, tú eres Eso”». «Es establecido que tú, el Sí mismo, eres el Brahman supremo, el Uno solo y exento de todo atributo fenoménico, también por la Smriti, a saber, “Todos los seres son el cuerpo del Uno que reside en los corazones de todos”, “Los dioses son ciertamente el Sí mismo”, “En la ciudad de las nueve puertas”, “El mismo en todos los seres”, “En un Brahman sabio y cortés”, “Indiviso en las cosas divididas” y “Todo esto ciertamente es Vâsudeva (el Sí mismo)”».

39.— Si él dice, «Señor, si el Sí mismo es “Sin interior ni exterior”, “Comprendiendo el interior y el exterior, innacido”, “Completo”, “Pura consciencia solo” como un terrón de sal, exento de todas las diferentes formas, y de una naturaleza homogénea como el éter, ¿qué es eso que es observado en el uso ordinario y revelado en la Sruti y la Smriti como lo que tiene que ser cumplido, sus medios (apropiados) y sus cumplidores, y que constituye el tema de disputa entre cientos de contendientes rivales que sostienen puntos de vista diferentes?»

40.— El maestro debe decir, «Todo lo que se observa (en este mundo) o se aprende la Sruti (concerniente al otro mundo) son productos de la Ignorancia. En realidad hay solo Uno, el Sí mismo, que parece ser muchos a la visión perturbada, lo mismo que la luna parece ser más de una a los ojos afectados por miopía. Que la dualidad es el producto de la Ignorancia, se sigue de la congruencia de la condena por la Sruti de la aceptación de (la realidad de) la diferencia, a saber, como en “Cuando hay algo más, por así decir”, “Cuando hay dualidad, por así decir, uno ve a otro”, “Él va de muerte en muerte”, “Y donde uno ve algo más, oye algo más, conoce algo más, eso es finito, y eso que es finito es mortal”, “Puesto que las modificaciones (es decir, los efectos, por ejemplo, un jarro de barro) son solo nombres, tienen como su soporte palabras solo; es solo la tierra (es decir, la causa) lo que es real” y “Él es uno, yo soy otro”. La misma cosa se sigue de la Sruti que enseña la unidad, por ejemplo, “Uno solo, sin segundo”, “Cuando el conocedor del Brahman” y “¿Qué engaño o aflicción hay?”».

41.— «Si ello es así, Señor, ¿por qué la Sruti habla de diversos fines a ser obtenidos, de sus medios (de obtención), y demás, así como de la evolución y disolución del universo? » 42.— «La respuesta a tu pregunta es ésta: Habiendo adquirido (habiéndose identificado a sí mismo con) las diferentes cosas tales como el cuerpo y demás, considerando que el Sí mismo está conectado con lo que es deseable y lo que es indeseable y demás, completamente ansioso de obtener lo deseable y evitar lo indeseable por los medios apropiados —pues sin ciertos medios no puede cumplirse nada— un hombre ignorante no puede discriminar entre los medios para la realización de lo que es (realmente) deseable por él y los medios para la evitación de lo que es indeseable. El propósito de las escrituras es la eliminación gradual de esta ignorancia; pero no la enunciación de (la realidad de) la diferencia del fin, los medios y demás. Pues es esta diferencia misma la que constituye esta indeseable existencia transmigratoria. Por consiguiente, las escrituras eliminan la ignorancia que constituye esta (falsa) concepción de la diferencia, la cual es la causa de la existencia fenoménica, dando razones para la unidad de la evolución, disolución, etc., del universo».

   43.— «Cuando la ignorancia es eliminada con la ayuda de la Sruti, la Smriti y el razonamiento, el intelecto auto-concentrado del veedor de la Verdad suprema deviene establecido en el Sí mismo, que es de la naturaleza de la Consciencia pura, como un (homogéneo) terrón de sal, omnipenetrante como el éter, que es sin interior ni exterior, innacido y sin dentro ni fuera. Aun el más ligero tinte de impureza debido a la diversidad de los fines, medios, evolución, disolución y demás no es, por consiguiente, aceptable».

   44.— «El que está ansioso de comprender este conocimiento verdadero del que se habla en la Sruti, debe elevarse por encima del deseo de un hijo, de la riqueza y de este mundo y del otro, que son descritos de una manera quíntuple y que son el resultado de una referencia falsa al Sí mismo, y debe elevarse también por encima de las castas, de los órdenes de la vida y demás. Porque esta referencia (al Sí mismo) es contradictoria con el conocimiento verdadero, es inteligible por las razones que se dan concernientes a la prohibición de la aceptación de (la realidad de) la diferencia. Pues cuando el conocimiento de que el Sí mismo no-dual es más allá de la existencia fenoménica es generado por las escrituras y el razonamiento, no puede existir junto con un conocimiento contrario a él. Nadie puede pensar en el escalofrío en el fuego ni en la inmortalidad y la liberación de la vejez en lo que concierne al cuerpo (perecedero). Por consiguiente, el que está ansioso de establecerse en el conocimiento de la Realidad, debe abandonar todas las acciones junto con el yajnopavîta y todo lo demás, sus accesorios, los cuales son los efectos de la ignorancia». 
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