29 jun. 2020

La comprensión del yoga: Vivir en el mundo. TKV Desikachar

FUENTE: EL CORAZÓN DEL YOGA. TKV DESIKACHAR








Vivir en el mundo 



Aunque practiquemos con esmero, el yoga no puede garantizarnos este o aquel beneficio en particular. No es una receta para sufrir menos, pero lo que sí puede es ofrecernos un cambio de actitud para que tengamos menos avidyā y así nos liberemos más de duḥkha. Podemos entender a toda la práctica del yoga como un proceso para examinar nuestras actitudes, comportamientos habituales y sus consecuencias.


Yama y niyama: la actitud con nosotros mismos y con los demás

¿Qué nos sugiere el yoga hacer acerca de nuestras relaciones con los demás, nuestro comportamiento hacia quienes nos rodean y nuestra actitud hacia nosotros mismos? En el yoga se conoce como yama a la actitud que tenemos hacia las cosas y personas que se encuentran en el exterior y niyama a la forma en que nos relacionamos interiormente.



Yama y niyama se ocupan de nuestra actitud social y estilo de vida, cómo nos relacionamos con los demás, con nuestro ambiente y cómo manejamos nuestros problemas. Todos forman una parte del yoga, pero no se pueden practicar. Lo que podemos ejercitar son āsanas y prāṇāyāma, para saber dónde estamos, dónde estamos parados y cómo vemos las cosas. El primer signo de claridad es reconocer nuestros errores. Después, en forma gradual, tratamos de hacer algunos cambios a la manera en que mostremos respeto a la naturaleza o a la relación con un amigo. Nadie puede cambiar en un día, pero las prácticas del yoga nos ayudan a modificar nuestras actitudes, nuestro yama y niyama. Y nunca al revés.



Permítanme contarles la historia de un hombre llamado Daniel y su esposa, María. En el trabajo, Daniel siempre era amigable con todo el mundo, pero en casa perdía la calma con facilidad. María nunca estaba segura de cuándo estaría él de mal humor. Ninguno de sus amigos y colegas le creían a su esposa cuando ella les contaba lo que hacía en casa y Daniel no admitía su mal genio. Como sufría de dolor de espalda y por sugerencia de un amigo, Daniel empezó a asistir regularmente a una clase de yoga. Poco a poco su dolor desapareció. Al final de la práctica su maestro le solía decir: “Mientras estés recostado para relajarte, siente tu cuerpo, tu respiración y toma consciencia de tus emociones.” De repente, un día se dio cuenta de que su mal humor se iba creando en el camino del trabajo a su casa. Reconoció que le estaba haciendo a su esposa lo que no podía hacer con su jefe o subordinados. Ese día se fue a casa y le dijo a María: “Tienes razón, realmente soy una persona con mal carácter. Pero tenme paciencia. Estoy trabajando en eso.” María se sintió muy feliz con esta aceptación.



Yama y niyama son los dos primeros de ocho extremidades del cuerpo del yoga (Yoga Sūtra 2.29. Las ocho extremidades o angas son: yama, niyama, āsana, prāṇāyāma, pratyāhāra, dhāraṇā, dhyānay samādhi.) Las dos palabras tienen muchos significados. Los de yama pueden ser “disciplina” o “moderación.” Sin embargo, prefiero pensar en yama como “actitud” o “comportamiento.” Ciertamente puede expresar como disciplina una actitud en particular, la que entonces influye en nuestro comportamiento. En el Yoga Sūtra, Patañjali menciona cinco diferentes yamas, esto es, patrones de conducta o relaciones entre los individuos y el mundo exterior (El yama y el niyama se describen en el Yoga Sūtra 2.29-45).




Los yamas

Ahiṁsā

El primero de estos patrones de conducta se llama ahiṁsā. Esta palabra que significa “injusticia” o “crueldad,” pero ahiṁsā es algo más que la simple ausencia de hiṁsā, que es lo que sugiere el prefijo a-. Ahiṁsā es más que la falta de violencia. Es amabilidad, amistad y consideración hacia otras personas y cosas. Debemos usar nuestro criterio cuando pensemos en ahiṁsā. Esto no implica necesariamente que no debamos comer carne o pescado, o que no nos debamos defender. Sólo significa que debemos comportarnos siempre con consideración y atención hacia los demás. También, ahiṁsā significa tratarnos con amabilidad. Si somos vegetarianos y nos encontráramos en una situación donde lo único que hay es carne, ¿sería mejor morir de hambre que comer lo que hay? Si aún tenemos algo que hacer en esta vida, como responsabilidades familiares, entonces debemos evitar hacer algo que nos pueda causar daño o que nos impida realizar nuestras obligaciones. En este caso, la respuesta es clara: demostraría una falta de consideración y arrogancia aferrarse a nuestros principios. Así que ahiṁsā también tiene qué ver con nuestras obligaciones y responsabilidades. Aún más, esto podría significar que debemos pelear si nuestra vida está en peligro. En cada situación debemos adoptar una actitud considerada. Eso es el significado de ahiṁsā.



Satya

El siguiente yama que Patañjali menciona es satya, lo verdadero. Satya significa “hablar con la verdad,” pero no siempre es recomendable hacerlo, porque podría dañarse innecesariamente a alguien. Tenemos que estar conscientes de lo que hablamos, cómo lo decimos y en qué forma puede afectar a los demás. Si decir la verdad tiene una consecuencia negativa para alguien, entonces lo mejor es no decir nada. Satya nunca debe entrar en conflicto con nuestros esfuerzos para comportarnos de acuerdo con ahiṁsā. El Mahābhārata, la gran épica hindú, dice: “Di la verdad que es agradable. No digas verdades desagradables. No mientas, aunque esas mentiras sean gratas al oído. Es la ley eterna, el dharma.”


Asteya

Asteya es el tercer yama. Steya significa “robar”; asteya es lo opuesto, no tomar nada que no nos pertenezca. Esto también quiere decir que cuando alguien nos confíe algo o nos haga alguna confidencia, no debemos tomar ventaja de esta situación.


Brahmacarya

El siguiente yama es brahmacarya. Esta palabra se compone de la raíz car que significa “mover” y de la palabra brahma “verdad,” desde el punto de vista de una verdad esencial. Podemos entender brahmacarya como un movimiento hacia lo esencial. Principalmente se usa en el sentido de abstinencia, en particular con relación a la actividad sexual. Más específicamente, brahmacarya sugiere que debemos formar relaciones que fomenten nuestro entendimiento de verdades más elevadas. Si los placeres sensuales son parte de esas relaciones, debemos tener cuidado de conservar nuestra dirección para no perdernos. En el camino de una búsqueda constante de la verdad, existen varias maneras para controlar los sentidos de percepción y deseos sexuales. Sin embargo, este control no se identifica con la total abstinencia.


En India se tiene mucho respeto por la vida familiar. De acuerdo con la tradición hindú, todo en la vida tiene su lugar y tiempo, y dividimos el ciclo de vida en cuatro etapas: la primera, es el crecimiento del niño, la segunda es aquella en la que el estudiante se esfuerza por un entendimiento mayor y por la búsqueda de la verdad. La tercera etapa, se centra en empezar y formar una familia, y la cuarta es la etapa donde el individuo, después de satisfacer todas las responsabilidades familiares, se puede consagrar a liberarse de toda esclavitud y encontrar la verdad suprema.


En esta cuarta etapa de la vida, todos se pueden convertir en sannyāsin (monje o monja). Pero un sannyāsin debe entonces mendigar la comida a las personas que aún están involucradas en la vida familiar. El Upaniṣads aconseja al estudiante que se case y forme una familia inmediatamente después de terminar sus estudios. Por esto brahmacarya no necesariamente implica celibato. Aún más, es un comportamiento responsable con relación a nuestra meta de caminar hacia la verdad.


Aparigraha

El último yama es aparigraha, una palabra que significa algo como “rechazar” o “no aprovechar la oportunidad.” Parigraha significa “tomar” o “medir.” Aparigraha significa tomar sólo lo que se necesita y no sacar ventaja de la situación. Una vez tuve un estudiante que me pagaba mensualmente por trabajar juntos. Pero al final del curso también me ofreció un regalo. ¿Por qué debería aceptar esto, cuando ya me había pagado suficiente por mi trabajo? Sólo debemos tomar lo que hemos ganado; si admitimos más, estamos explotando a alguien más. Además, los premios no ganados pueden traer obligaciones que más tarde nos causarían problemas.


Desarrollando los yamas


El Yoga Sūtra describe qué es lo que pasa cuando estos cinco comportamientos que expliqué anteriormente, forman parte de la vida de una persona. Por ejemplo, entre más ahiṁsā (amabilidad y consideración) desarrollemos, se engendrarán más sentimientos placenteros y de amistad con nuestra presencia. Y si permanecemos fieles a la idea de satya, todo lo que digamos será verdad.


En relación con este tema hay una historia maravillosa en el Rāmāyana. El mono Hanuman, sirviente del príncipe Rama, sale a buscar a Sita, la esposa de su amo. Viaja a Sri Lanka donde la tenían prisionera. Al final, fue capturado por los secuestradores de Sita y prendieron fuego a la cola del mono. Cuando Sita ve lo que está sufriendo, grita: “¡Dejen que el fuego se enfríe!,” El dolor de Hanuman, cesa inmediatamente y grita: “¿Qué pasa?” “¿Por qué el fuego ya no me está quemando?” Porque Sita siempre hablaba con la verdad, gran poder tenían sus palabras que pudieron extinguir el fuego.



Para aquellos que siempre hablan con la verdad, no hay diferencia entre lo que se dice y lo que se hace, lo que dicen es verdad. El Yoga Sūtra siempre afirma que una persona que está firmemente anclada en asteya, recibirá todas las joyas del mundo. De hecho, esa persona podría no estar interesada en el bienestar material, pero tendrá acceso a las cosas más valiosas de la vida.


Entre más reconozcamos el significado de la búsqueda de la verdad, de lo esencial, menos nos distraeremos con otras cosas. Ciertamente, se requiere de una gran fuerza para tomar este camino. La palabra que usa el Yoga Sūtra para describir esta fuerza es vīrya, está muy relacionada con otro concepto, el de śraddhā, confianza infinita y fe amorosa (En el Yoga Sūtra 1.20, Patanjali enumera lo que las personas necesitan para reconocer la verdad: Fe y confianza, fuerza y energía, y la habilidad para nunca perder de vista su meta). El Yoga Sūtra dice que entre más fe tengamos, desarrollaremos más energía. Al mismo tiempo, tendremos más fuerza para alcanzar nuestras metas. Así que entre más busquemos la verdad desde el punto de vista de brahmacarya, más vitalidad tendremos para hacerlo. Parigraha es la creciente orientación hacia las cosas materiales. Si reducimos parigraha y desarrollamos aparigraha, nos estaremos orientando más hacia nuestro interior. Mientras menos tiempo ocupemos en nuestras posesiones materiales, más tiempo tendremos para investigar eso que llamamos yoga.


Los niyamas

Como los cinco yamas, los niyamas no son ejercicios ni acciones que simplemente se estudian. Representan mucho más que una actitud. Comparados con los yamas, son más íntimos y personales. Se refieren a la actitud que adoptamos hacia nosotros mismos.

Śauca

El primer niyama es śauca, limpieza. Tiene aspectos internos y externos. La limpieza exterior simplemente significa conservarnos limpios. La interior tiene mucho que ver con la salud, el funcionamiento libre de nuestros órganos corporales, así como la limpieza de nuestra mente. La práctica de āsanas y prāṇāyāma es el medio esencial para ocuparse de este śauca interior.


Saṃtoṣa

Otro niyama es saṃtoṣa, modestia y el sentimiento de estar satisfechos con lo que tenemos. A menudo esperamos un resultado particular, como consecuencia de nuestras acciones y la mayoría de las veces nos desilusionamos. Pero no hay necesidad de esa desesperanza, en su lugar, deberíamos aceptar lo que ha pasado. Ese es el verdadero significado de saṃtoṣa: aceptar lo que pasa. Un comentario del Yoga Sūtra dice: “La satisfacción vale más que todos los dieciséis cielos juntos.” En lugar de quejarnos por las cosas que van mal, podemos aceptar la situación y aprender de ella. Saṃtoṣa abarca nuestras actividades mentales como el estudio, nuestros esfuerzos físicos y aún cómo nos ganamos la vida. Se refiere a nosotros mismos, lo que tenemos y cómo nos sentimos en relación con lo que Dios nos ha dado.


Tapas

El siguiente niyama es tapas, un término que ya hemos discutido anteriormente. En relación con los niyamas, tapas se refiere a la actividad de mantener el cuerpo en forma. Literalmente significa prender fuego al cuerpo y, al hacer esto, lo limpiamos. Detrás de tal noción se encuentra la idea de que nos podemos deshacer de la basura que está dentro de nuestro cuerpo. Anteriormente hablé de āsanas y prāṇāyāma, como los medios por los cuales nos podemos conservar saludables. Otra forma de tapas es poner atención a lo que comemos. Comer cuando no tenemos hambre es lo opuesto a tapas. La atención a la postura del cuerpo, a los hábitos alimenticios, a los patrones de respiración, son todos los tapas que nos ayudan prevenir la acumulación de basura en nuestro cuerpo, incluyendo el exceso de peso y la respiración insuficiente. Tapas hace que todo el cuerpo esté en forma y que funcione bien.

Svādhyāya

El cuarto niyama es svādhyāya. Sva significa “mismo” o “perteneciendo a mí.” Adhyāya, “investigación” o “examen”; literalmente, “acercarse a algo.” Por lo tanto svādhyāya significa acercarse a uno mismo, es decir, estudiarse a sí mismo. Todo aprendizaje, toda reflexión y todo contacto que nos ayude a aprender más sobre nosotros mismos es svādhyāya. A menudo, en el contexto de niyama encontramos el término traducido como “el estudio de los textos antiguos.” Sí, el yoga nos ordena leer los textos antiguos. ¿Por qué? Porque no siempre podemos sentarnos y contemplar las cosas únicamente. Necesitamos algunos puntos de referencia. Para muchos podría ser la Biblia o un libro que sea significativo para la persona; para otros puede ser el Yoga Sūtra. Este dice, por ejemplo, que al progresar en nuestro análisis personal, gradualmente, encontraremos la conexión con las leyes divinas y los profetas que las revelaron. Y ya que los mantras son a menudo recitados para este propósito, algunas veces encontramos svādhyāya traducido como “la repetición de mantras.” (Un mantra es una palabra o una sílaba que tradicionalmente, el maestro da al alumno. La repetición de un mantra se conoce como japa y es una de las muchas técnicas yoga para la meditación). 


Īśvarapraṇidhānā

En la parte I ya se había hablado del último niyama. īśvarapraṇidhānā significa “poner todas nuestras acciones a los pies de Dios.” Debido a que avidyā seguido apoya nuestras acciones, las cosas con frecuencia van mal. Esta es la razón por la que saṃtoṣa (modestia) es tan importante: es suficiente saber que hemos hecho lo mejor que hemos podido y dejar el resto al poder supremo. En el contexto de los niyamas podemos definir como īśvarapraṇidhānā, la actitud de una persona que por lo general, en sus oraciones diarias ofrece a Dios los frutos de sus acciones.



Más reflexiones sobre los yamas y los niyamas 

P: ¿Cuál es la relación entre los ejercicios de kriyā y śauca?

R: El Yoga Sūtra no menciona el concepto de kriyā cuando habla de los diversos niyamas. La palabra kriyā significa “acción.” En el contexto de su pregunta, se refiere a la limpieza. Algo desde afuera se usa para limpiar lo de adentro. Por ejemplo, podemos limpiar una fosa nasal tapada con una solución ligeramente salada o usar una técnica prāṇāyāmaa fin de reducir la dificultad para respirar, que se haya desarrollado por la inhalación de aire viciado. En este sentido, los kriyā son un aspecto vital de śauca.

P: A menudo he oído que traducen tapas como “abnegación” o “despojarse.” ¿Cómo las interpreta?

R: Si por abnegación se entiende ayunar por ayunar o adherirse a un estricto e inusual estilo de vida, simplemente porque sí, usted está hablando sobre actividades que no tienen nada que ver con tapas. De igual forma cuando está lidiando con satya (verdad) todo lo relacionado con tapas debe ayudarlo a seguir adelante. Podría ocasionarle serios problemas físicos el hacer algo como ayunar veinte días, sólo por ayunar. Por otro lado, si por abnegación usted entiende sensatez, disciplina bien fundada que ayuda a seguir adelante en la vida, entonces está hablando de los verdaderos tapas. Los tapas no deben causar sufrimiento. Esto es muy importante.

P: ¿Los yamas y los niyamas nos pueden ayudar a diferenciar entre un momento de claridad verdadera y otro de engaño propio?

R: Las relaciones que tenemos con el mundo exterior —con la gente y las cosas que nos rodean— nos pueden ayudar a reconocer un momento de engaño propio. Aquí es donde los yamas y los niyamas se vuelven importantes. Si tratamos en forma íntegra y respetuosa a las demás personas, será fácil decir si nos estamos engañando o no. Puedo pensar que soy un gran yogui, pero por lo que los demás piensan de mí, cómo se relacionan conmigo, y yo con ellos, podré experimentar en forma muy directa si mi imagen es la correcta o no. Por esta razón, es importante vivir en el mundo y observar qué tipo de comunicación tenemos con los demás. De otra manera, será muy fácil engañarnos.

P: ¿Los yamas y los niyamas, los que ayudan a reducir avidyā y sus efectos, se pueden desarrollar a través de un esfuerzo consciente de la voluntad?

R: Siempre debemos distinguir entre la causa y el efecto. Con frecuencia los confundimos. En general, seguimos ciertos patrones de conducta porque tenemos expectativas y metas definidas. Sin embargo, muchas veces no alcanzamos nuestras metas. Durante nuestras vidas y debido al desarrollo personal y eventos externos, puede ser que surja algo totalmente inesperado. Yamas y niyamas, ambos, pueden ser la causa y el efecto. Hoy les pudiera decir cien mentiras insolentes y sentirme muy feliz; mañana, podría retroceder y no decir ni una pequeña mentira. Así es como yamas crece. No existen reglas definitivas y nunca podemos predecir con seguridad lo que va a ocurrir. Pero en lo que ha sucedido en el pasado podemos encontrar algunas claves para saber qué podría surgir en el futuro.

P: ¿Así que lo único que podemos hacer, por ejemplo, es observar cómo la gula y el odio aparecen, y entonces tratar de prevenirlos para que no resurjan?

R: Al principio sólo debemos observar, lo primero que hacemos es vigilar lo que está pasando. Entonces vemos en qué necesitamos tener cautela. Cuando entramos a una autopista, no sólo manejamos y aceleramos. Debemos ver a nuestro alrededor constantemente mientras avanzamos.

P: ¿Es más fácil cumplir con los principios del yoga si se vive en un lugar tranquilo como un monasterio, en lugar de vivir en casa con la familia?

R: Los dos lugares nos pueden ayudar. Un amigo mío vino a la India creyendo que sería bueno para él vivir solo en los Himalayas, por dos o tres años. Encontró un bonito lugar y permaneció allí por tres años. Tenía algunos libros y practicaba sādhana, de verdad lo hizo intensamente. Un día vino conmigo a trabajar en unos āsanas y a estudiar el Yoga Sūtra. Cuando llegó a Madrás dijo que sentía que habían pasado muchas cosas en él. Se veía muy feliz. Usaba expresiones muy complicadas tales como sabīja samādhi cuando hablaba de su desarrollo en los Himalayas. Entonces encontró un cuarto sencillo en los terrenos de la Sociedad Teosófica en Madrás, un lugar silencioso y apacible donde no sería molestado. Dos días después había cambiado de opinión y quería buscar un lugar más grande para vivir. Me sorprendí un poco y le pregunté por qué estaba buscando una casa grande, tan de repente. “Conocí a una mujer. Toda mi vida ha cambiado en un momento.” No juzgo este cambio de sentimientos; simplemente quiero señalar que mi amigo no era quien en realidad creía ser.

Un lugar como un asilo o monasterio puede ser muy útil, pero la prueba verdadera para esta experiencia sería una ciudad tan poblada como Madrás. Para alguien que viva en Madrás la verdadera prueba será vivir encerrado en un monasterio. Estoy seguro que hay personas que no podrían durar más de un día en esa clase de quietud. Por otro lado, quien no tiene confianza en sí mismo, no duraría más de un día en Madrás.

Los cambios ayudan. Debemos tener la experiencia del fuego y del agua si queremos saber cómo reaccionaríamos ante ellos. Por eso yama es tan importante, ya que incluye nuestras relaciones con distintas personas en momentos diferentes. De esta forma podemos experimentar quiénes somos.

P: ¿Para el yoga es importante un cambio de ambiente?

R: Sí, un pequeño cambio es importante. La mente se acostumbra a las cosas tan rápido que nuestras acciones se convierten en hábitos (saṃskāras). Nunca podremos experimentar nuestra verdadera naturaleza si no nos exponemos al cambio. Por esta razón, algunas veces, nos debemos poner a prueba haciendo algo completamente diferente.

P: Entiendo que debemos renunciar a un deseo que reconocemos nos haría mal. ¿En dónde debe caer el énfasis de nuestro trabajo, en renunciar a él o en estar seguros de que el deseo no vuelva a aparecer? Me doy cuenta que me enojo cuando surge un deseo y me molesto por estar tan enojado. Es un círculo vicioso.

R: Primero debemos determinar si lo que estamos considerando un problema, en realidad lo es. Piense en lo que quiere decir cuando asegura: “Eso me está causando muchos problemas.” Para reconocer si en realidad éste existe, a menudo, es muy útil cambiar de entorno y ver las cosas desde una perspectiva diferente. Como ejemplo permítame decir: usted tiene la oportunidad de mentir sobre algo. Puede ser una “mentira blanca,” esa que evitaría una relación difícil. También podría ser un comentario falso que le evitaría tener que pasarse mucho tiempo analizando una situación. O podría ser que la mentira no tuviera ninguṇa consecuencia; hay muchos orígenes filosóficos diferentes que describen a una simple mentira. En ese momento, podría parecer correcto que hasta desearía mentir. Pero después esto le molesta. Piensa: “¿Cómo pude mentir de esa forma? Hubiera sido mejor decir la verdad o permanecer callado.” ¿Qué estuvo bien en esta situación? Puede descubrirlo cuando discuta todo esto, de una forma abstracta, con alguien y observe su reacción. O puede cambiar su entorno, entrando en una situación diferente que le proporcione una nueva perspectiva, desde la cual pueda analizar toda la situación. Entonces tiene la oportunidad de ver todo otra vez. El Yoga Sūtra dice que si en realidad algo le está causando problemas, imagine la situación opuesta, esto puede ayudarlo a decidir lo correcto. La idea es estar abierto.


Estimular un cambio de perspectiva es cuestión de encontrar una nueva postura que le permita desarrollar una actitud fresca. Quizá leer un libro, hablar con un amigo o ir al cine. Tal vez descubra que lo que le estaba preocupando no es en realidad la fuente de sus problemas.

En cualquier situación, cuando no sepa con exactitud cómo comportarse, entonces no debe de actuar de inmediato.

P: ¿Así que, no se debe actuar cuando se tienen dudas?

R: Si se tiene tiempo para considerar la situación, no actúe. Si no hay tiempo, entonces por lo menos permítase un pequeño respiro. Cuando tenga dudas, es mejor hacer una pausa. Hay pocas cosas que provocan tanta presión, que no permitan esperar por un momento de respiro.

P: Me parece que es precisamente cuando estoy en una situación dudosa, cuando encuentro casi imposible hacer una pausa, especialmente si en ese momento soy el responsable de alguna persona. Hay situaciones en las que la duda y la incertidumbre son los grandes enemigos de mi experiencia, debido a que no me puedo dar un momento para respirar. Si fuera distinto, la presión bajo la que vivo no parecería tan grande. ¿Qué debo hacer cuando las dudas aparecen? ¿Debo voltear hacia otro pensamiento o circunstancia? ¿O sería mejor ignorarlas?

R: De alguna manera debe de arreglar las cosas para que pueda ver el problema desde otro punto más ventajoso. Si tiene éxito al hacerlo, es ya un signo de progreso. Si practica yoga, puede ser que las cosas sean mejores para usted hoy de lo que fueron ayer, y de este modo, le es más fácil ver el mismo problema de manera diferente. Pero hay ocasiones en que no se pueden resolver los problemas con sólo verlos desde un ángulo diferente o discutiéndolos con otra persona. Algunas veces se necesita de algo más.

En el yoga es importante crecer. Debemos desarrollarnos. Lo que era incierto, no tiene por qué permanecer así por siempre. En mi experiencia personal, la mayor decisión que trajo consigo muchos conflictos fue dejar la ingeniería para convertirme en un dedicado maestro de yoga, en 1964. Hablé con muchas personas pero los problemas persistían. Y entonces, de repente, un día desaparecieron. De alguna manera pude ver toda la situación desde un punto más ventajoso y así los problemas se fueron. Cuando las cosas se vuelven más fáciles, las dudas desaparecen de la misma manera.

La meta del yoga es alentarnos a ser hoy un poco mejores de lo que fuimos ayer. Lo logramos esforzándonos y al practicar la paciencia. Al hacer esto no nos sentiremos como si estuviéramos rodeados de tantos problemas. Nuestros esfuerzos pueden cambiar en intensidad, pero a través del tiempo, experimentaremos un progreso paulatino. Debemos aprovechar hábilmente cada oportunidad que nos ayude a progresar.

30 may. 2020

El cosmos de los Yogasūtra. Los guna. Oscar Pujol.




Del libro "Patañjali Yogasūtra, Los aforismos del yoga" Oscar Pujol



El cosmos de los Yogasūtra

Tanto el sāṃkhya como el yoga son sistemas dualistas que reducen la realidad a dos principios esenciales: el espíritu o conciencia (puruṣa) y la materia primera o naturaleza primordial (prakṛti). El espíritu es consciente pero inmutable e inactivo. Es como un ojo que todo lo ve, pero que no hace nada. Por eso se lo denomina también «el vidente» o «el testigo» (draṣṭṛ). No hay un único espíritu, sino muchos, que corresponden a cada una de las almas encarnadas que se identifican con un cuerpo y una mente. Como iremos viendo, el objetivo del yoga es precisamente extraer este espíritu que está incrustado en la materia, concretamente en la mente.




La materia, por el contrario, es una sola. Es inconsciente pero activa. A diferencia del espíritu, la materia es mutable. Se encuentra en un estado de constante transformación. La materia es ciega, no ve nada, pero paradójicamente lo hace todo, al contrario que el espíritu, que todo lo ve, pero nada hace. Por eso se dice que el espíritu es el vidente o el perceptor, el sujeto. La materia, por el contrario, es el objeto percibido, el mundo perceptible (dṛśya). Por este motivo, en el verso 59 de las Sāṃkhyakārikā (podes leerlo en este link https://yogaconciencia.blogspot.com/2013/07/samkhya-karika-de-isvara-krishna.htmlse afirma que la materia es como una bailarina y el espíritu como el espectador que contempla su exhibición de danza. La creación del mundo es como un espectáculo y la naturaleza es la bailarina que con sus movimientos revela el esplendor de la creación material.



El sāṃkhya emplea la conocida metáfora del ciego y el cojo para explicar la interdependencia entre la materia y el espíritu. La materia es ciega y no puede avanzar hacia su destino. El espíritu, en cambio, es cojo y, a pesar de ver por dónde tiene que andar, no puede dar ni un solo paso. La solución reside en la colaboración: el espíritu cojo se sube en las espaldas de la materia y guía sus pasos hacia el destino deseado. Del mismo modo opera la creación del mundo. Cuando la mirada del espíritu cae sobre la materia dormida, la despierta de su sueño, altera su equilibrio, es decir, el equilibrio de las tres energías básicas que la componen, que se ponen en movimiento y en diferentes combinaciones van creando el mundo, desde lo más sutil hasta lo más tosco. La materia solo abandona su estado de transformación continua cuando es destruida y regresa al estado de equilibrio primordial, que coincide con el estado previo a la creación del mundo, dado que la destrucción y la creación del mundo son cíclicas. En este estado previo a la creación del universo, el estado más sutil de la materia, todavía «no hay nada», solo el magma indiferenciado e indistinto: el gran océano de la nada que precede a la creación.



Las tres energías o constituyentes de la materia: los guṇa


Así pues, la materia está compuesta por tres energías o constituyentes (guṇa): sattva, rajas y tamas. Estos tres constituyentes de la naturaleza pueden ser entendidos como tres hilos que trenzan la cuerda del universo. Estos tres hilos son las energías básicas o modos elementales de la materia primordial. Por lo tanto, el universo está íntimamente conformado por estos tres constituyentes o energías. En el nivel de los guṇa veríamos el mundo como una combinación de esta energía tripartita, como un flujo de tres hilos que se combinan incesantemente. No hay nada en el mundo creado que no esté formado por
estos tres constituyentes.


Como ya hemos dicho, cuando estas energías se encuentran en estado de reposo o equilibrio, la materia primordial se halla en su estado no manifiesto, indeterminado, informe, guardando en sí todas las potencialidades y reteniendo todas las acciones. Antes de que el mundo exista, todas las posibilidades de la existencia permanecen dormidas en el magma indiferenciado de la materia primera. En concordancia con cosmogonías más antiguas, y como también hemos apuntado anteriormente, para que la creación se produzca hace falta que sobre la materia primordial caiga la mirada del espíritu (puruṣa), lo que produce un tipo de agitación en la naturaleza indeterminada que rompe el equilibrio de las energías. A partir de aquí, las diferentes combinaciones de sattva, rajas y tamas crearán la diversidad del universo, ordenado ontológicamente en 24 principios que van desde lo más sutil a lo más tosco, o desde lo más inespecífico hasta lo más específico.


¿Cómo son estas tres energías básicas de la naturaleza? Sattva, simbolizado por el color blanco, posee cualidades como la transparencia, la luminosidad, la claridad, la ligereza, el conocimiento, el movimiento ascendente, la felicidad y la bondad. Rajas, simbolizado por el color rojo, posee cualidades como la movilidad, la actividad, el estímulo, el esfuerzo, la fuerza, la expansión horizontal, el deseo, la pasión, el dolor y la enfermedad. Tamas, simbolizado por el color negro, posee cualidades como la pesadez, la solidez, la oscuridad, la indiferencia, la negligencia, el movimiento descendente, la ofuscación, la embriaguez, el sueño y la inconsciencia. Como veremos más adelante, la práctica del yoga es de dos tipos. El primero es una purificación de la mente mediante la obstrucción de rajas y tamas; en este caso, la mente tiene que quedar llena de sattva, de claridad y transparencia. El segundo tipo conduce al cese de la mente, y no solo a su purificación. Esto se consigue mediante la supresión del mismo guṇa sattva, que en definitiva no deja de ser material igual que rajas y tamas. La renuncia a la transparencia de la materia es la renuncia más grande y solo es posible mediante el desapego supremo (véase 1.16).


ÍNDICE "Patañjali Yogasūtra, Los aforismos del yoga" Oscar Pujol

Yoga: La Ciencia del Alma, Osho. Vol. I: parte IV, El camino yóguico de la ausencia de deseos


Yoga:
La Ciencia del Alma,
Vol. I
Autor : Osho. 1974.

Discursos sobre los Yoga Sufras de Patanjali,
recopilados en diez volúmenes. Bombay, India




Capítulo 2

El Camino Yóguico de la Ausencia de Deseos
(parteIV) 


Pregunta 1
Dijiste la última noche que ese total desespero,
esa frustración y desesperanza
es el estado inicial del Yoga.
Esto confiere al Yoga una apariencia pesimista.
¿Es este estado pesimista realmente necesario
para emprender el camino del Yoga?

¿Puede un optimista emprender el camino del Yoga?


Ni lo uno, ni lo otro. Ni es pesimista, ni es optimista, porque pesimismo y optimismo son los dos aspectos de una misma moneda. Un pesimista significa uno que fue optimista en el pasado; un optimista quiere decir uno que será pesimista en el futuro. Todo optimismo conduce al pesimismo, porque toda esperanza conduce a la desesperanza.


Si aún esperas, entonces el Yoga no es para ti. El deseo está ahí, la esperanza está ahí, el samsara está ahí, el mundo está ahí. Tu deseo es el mundo, tu esperanza es la esclavitud, porque la esperanza no te permitirá estar en el presente. Te irá obligando a ir hacia el futuro, no te dejará estar centrado. Tirará de ti y te empujará, pero no te dejará un solo momento de descanso, un solo momento de quietud. ¡No te dejará!


Por esto cuando digo "total desesperanza" quiero decir que ahora no existe la esperanza y que también la desesperanza se ha convertido en algo fútil. Entonces la desesperanza es total. Una desesperanza total significa que no existe ni siquiera la desesperanza, porque cuando te sientes desesperanzado, incluso entonces hay oculto algo de esperanza. Si no, ¿por qué te sientes desesperanzado? La esperanza está ahí, todavía te aferras a ella; por eso surge la desesperanza.


La desesperanza absoluta significa que ahora no hay esperanza alguna. Y cuando no existen esperanzas, no se puede estar desesperanzado. Simplemente has descartado todo esto. Los dos aspectos han sido descartados; la moneda al completo ha sido descartada. En este estado de mente puedes entrar en el camino del Yoga; nunca antes. Antes no hay posibilidad. Tener esperanzas es contrario al Yoga.


El Yoga no es pesimista. Tú puedes ser optimista o pesimista; el Yoga no es ni lo uno, ni lo otro. Si eres pesimista no podrás entrar en el camino del Yoga porque un pesimista se apega a sus sufrimientos. No deja que sus sufrimientos desaparezcan. El optimista se apega a sus esperanzas y el pesimista se apega a sus sufrimientos, a su desesperanza. Esa desesperanza se ha convertido en su compañero. El Yoga es para aquél que no es ninguna de las dos cosas, para aquél que carece tanto de esperanza que incluso el sentirse desesperanzado es fútil.



Lo opuesto puede ser sentido únicamente si sigues apegándote de alguna forma, en lo más profundo, a lo positivo. Si te apegas a la esperanza puedes sentirte desesperanzado. Si te apegas a la expectativa puedes sentirte frustrado. Si simplemente te das cuenta de que no existe posibilidad de esperar nada, entonces ¿dónde queda la frustración? En este caso, está en la naturaleza de la Existencia el que no exista posibilidad de esperar nada, que no exista lugar para la esperanza. Cuando esto se convierte en una certeza, ¿cómo vas a sentirte desencantado? Y entonces, ambos habrán desaparecido.


Patanjali dice,


Ahora la disciplina del Yoga.

Este "ahora" sucederá solamente cuando no seas ninguna de las dos cosas. Las actitudes pesimistas y las actitudes optimistas son enfermizas, pero hay maestros que siguen hablando en términos de optimismo, particularmente los misioneros cristianos americanos. Continúan hablando en términos de esperanza, de optimismo, de futuro, del cielo. A los ojos de Patanjali esto es simplemente inmadurez infantil, porque sencillamente estás introduciendo una nueva enfermedad. Estás sustituyendo una vieja enfermedad por una nueva. Eres infeliz y, de algún modo, estás buscando felicidad. Por eso, sea quien sea quien te asegure que este camino te llevará a la felicidad, le sigues. Te está dando esperanzas. Pero tú sufres mucho debido a tus pasadas esperanzas. De nuevo, él te está creando un infierno futuro.


El Yoga espera de ti que seas más adulto, más maduro. El Yoga dice que no hay posibilidad de esperar nada, que no existe la posibilidad de una satisfacción futura. No existe en el futuro un cielo que te esté esperando, ni existe un Dios esperándote con regalos de Navidad. No hay nada esperándote, así que no suspires por el futuro.


Y a menos que te des cuenta de que no hay nada que vaya a suceder en el futuro, no estarás alerta aquí y ahora porque no hay ningún otro lugar a donde ir. Entonces no hay porqué temblar. Entonces te llega una quietud. Repentinamente estás en profundo descanso. No puedes ir a ninguna parte; estás en casa. El movimiento cesa; la inquietud desaparece. Ahora es el momento de entrar en el Yoga.


Patanjali no te dará ninguna esperanza; te respeta a ti más de lo que te respetas a ti mismo. El cree que eres suficientemente maduro y que los juguetes no te serán de ayuda. Es mejor estar alerta, sea lo que sea. Pero inmediatamente cuando digo "total desesperanza", tu mente dice, "Esto parece pesimismo" porque tu mente vive del esperar, tu mente se apega a
los deseos, a las expectativas.


Ahora eres tan miserable que si no tuvieras esperanzas, te suicidarías. Si realmente Patanjali está en lo cierto, ¿qué será de ti ahora? Si no existe la esperanza, si no hay futuro y eres devuelto a tu presente, te suicidarás. Entonces no existe nada por lo que vivir. Vives en función de algo que sucederá en algún lugar y en alguna parte. Esto no ocurrirá, pero el sentimiento de que puede suceder te ayuda a mantenerte con vida.


Por esto digo que cuando llegas al punto en el que el suicidio se ha convertido en algo a considerar, cuando la vida ha perdido todo significado, cuando eres capaz de matarte, en ese momento el Yoga se hace posible porque no estarás dispuesto a transformarte a ti mismo a menos que este sentimiento de futilidad de la vida te haya llegado. Estarás dispuesto a transformarte solamente cuando sientas que no hay otro camino,; o bien el suicidio o bien la sadhana; o bien suicidarte o bien transformar tu ser. Cuando solamente restan dos alternativas, únicamente entonces se escoge el Yoga; nunca antes. Pero el Yoga no es pesimista. Tú eres optimista; entonces el Yoga te parece pesimista. Es debido a ti.


Buda ha sido considerado en Occidente como la culminación del pesimismo porque Buda sostiene que la vida es dukka, angustia. De modo que los filósofos occidentales han estado diciendo de Buda que es un pesimista. Incluso una persona como Albert Schweitzer, una persona de la que podemos esperar que conozca ciertas cosas, incluso él se confunde. Considera a todo Oriente como pesimista. Y lo considera un grave defecto. El Oriente entero, Buda, Patanjali, Mahavira, Lao Tse, para él todos son pesimistas. iEso lo parecen! Lo aparentan porque te dicen que la vida carece de sentido; la vida que tú conoces. Y a menos que esta vida se convierta en algo carente de sentido, no podrás trascenderla. Te apegarás a ella.


Y a menos que trasciendas esta vida, esta modalidad de existencia, no conocerás lo que es la felicidad. Pero Buda, Patanjali, no hablan mucho de la felicidad simplemente porque sienten gran compasión hacia ti. Si empezaran a hablar de felicidad, de nuevo crearías expectativas. Eres incurable; de nuevo crearías expectativas. Dirías, "De acuerdo, dejemos entonces esta vida. Si es posible una vida más rica, más abundante, entonces podemos abandonar los deseos. Si a través del abandono de los deseos es posible alcanzar el deseo más profundo, alcanzar lo supremo, la culminación de la felicidad, entonces abandonemos los deseos. Pero solamente podemos abandonarlos por un deseo mayor".


¿Qué es lo que estás abandonando entonces? No estás abandonando nada. Sencillamente estás sustituyendo los viejos deseos por unos nuevos. Y los nuevos deseos serán más peligrosos que los viejos porque con los viejos ya te sentiste frustrado. Llegar a sentirte frustrado con lo nuevo puede llevarte vidas; el llegar a un punto en el que puedas decir que Dios es inútil, en el que puedas decir que el cielo es una tontería, en el que puedas decir que todo futuro es una estupidez.


La clave no está en los deseos mundanos; la clave es el deseo como tal. El desear debe cesar. Solamente entonces estás preparado, solamente entonces tienes el suficiente valor, solamente entonces la puerta se abre y puedes penetrar en lo desconocido.

De ahí el primer sutra de Patanjali,



Ahora la disciplina del Yoga.


Pregunta 2

Se dice del Yoga que es un sistema ateo,
¿estás de acuerdo con esto?


Otra vez; el Yoga no es ni lo uno, ni lo otro. Es pura ciencia. Ni es teísta, ni es ateo. Patanjali es realmente soberbio, un milagro como hombre. Nunca habla de Dios. E incluso si alguna vez lo menciona, dice también que es solamente uno de los métodos para alcanzar lo Supremo; el creer en Dios es solamente un método para alcanzar lo Supremo; Dios no existe. El creer en Dios es sencillamente una técnica porque, al creer en Dios, la oración se hace posible; al creer en Dios, la entrega se hace posible. La importancia reside en la entrega y en la oración, no en Dios.

¡Patanjali es realmente increíble! El dice que Dios, la creencia en Dios, el concepto de Dios, es también uno de los principales métodos, de los muchos que hay, para alcanzar la Verdad. Ishwara pranidham; el creer en Dios es únicamente un camino, pero no es un requisito. Puedes elegir otra cosa. Buda alcanza esa realidad Suprema sin creer en Dios. El elige un camino diferente en el que Dios no es necesario.

Tú has venido a mi casa. Has atravesado una determinada calle. Esa calle no era la meta, era simplemente un medio. Podías haber llegado a la misma casa por otra calle; otros han llegado por otras calles. Puede que en tu calle haya grandes árboles verdes; en otras calles no. Así que Dios es solamente un camino. Recuerda la diferencia. Dios no es la meta. Dios es solamente uno de los caminos.


Patanjali nunca niega, nunca afirma. Es absolutamente científico. Es difícil para los cristianos pensar en cómo pudo Buda alcanzar la Verdad Suprema, pues nunca creyó en Dios. Es difícil para los hindúes creer que Mahavira pudo alcanzar la Liberación, pues nunca creyó en Dios.


Antes de que los pensadores occidentales conocieran las religiones orientales, siempre definieron la religión como centrada en Dios. Cuando se encontraron con el pensamiento oriental y se dieron cuenta de que éste había sido un camino tradicional, un camino sin Dios para alcanzar la Verdad, se quedaron asombrados; es imposible.


H.G. Wells ha escrito de Buda que Buda es el hombre más impío y, al mismo tiempo, el más santo. Nunca creyó y nunca le dijo a nadie que creyera en Dios alguno, pero él mismo es la prueba suprema de la existencia del Ser Divino. Mahavira también viajó por un camino en el que Dios no fue necesario.


Patanjali es absolutamente científico. Dice que el medio empleado no es el fin, que hay mil y un medios. La Verdad es la meta. Unos han llegado a ella a través de Dios, de modo que está bien; creer en Dios y alcanzar la meta, porque cuando alcanzas la meta, descartas tus creencias. Así pues, la creencia es un medio. Si no crees, está bien; no creas y anda el camino del no creer y llega a la meta.


El no es ni ateo, ni creyente. No está creando una religión, simplemente te está mostrando todos los caminos que son posibles y las leyes que gobiernan tu transformación. Dios es uno de esos caminos, no es un requisito. Si no crees en Dios, no hay porqué ser no-religioso. Patanjali afirma que tú también puedes llegar; deja a Dios de lado, no te preocupes por Dios. Existen unas leyes y ésas son las que hay que experimentar, ésta es la meditación, atraviésala!


El no insiste en concepto alguno. Eso era algo muy difícil. Por eso es que los Yoga Sutras de Patanjali son únicos, singulares. Nunca un libro así había aparecido antes y no habrá otra posibilidad porque todo lo que se podía escribir sobre el Yoga, él lo ha escrito; no ha dejado nada. Nadie puede añadir nada. No existirá nunca en el futuro la posibilidad de crear otra obra como los Yoga Sutras de Patanjali. El acabó definitivamente el trabajo y pudo hacerlo tan completamente porque él no es parcial. Si hubiera sido parcial, entonces no hubiera podido hacerlo de forma tan completa.


Buda es parcial, Mahavira es parcial, Jesús es parcial, Mahoma es parcial; poseen un determinado camino. Y su parcialidad puede que esté basada en ti, en un profundo sentimiento hacia ti, en una profunda compasión hacia ti. Insisten en un determinado camino, insisten durante toda su vida. Y dicen, "Todo lo demás está equivocado; éste es el camino correcto". Simplemente para crear la fe en ti. Careces tanto de fe, estás tan lleno de dudas, que si dijeran que este camino es válido y que otros caminos son válidos, no seguirías ninguno. Insisten en que solamente este camino es el que sirve.


Esto no es verdad. Es solamente un truco para ti, porque si tienes alguna duda respecto a ellos, si te dicen, "Este también sirve, ése también sirve; éste también es correcto, ése también es correcto", te sentirás confundido. Necesitas a alguien que posea una certeza absoluta. Ellos han intentado ser parciales simplemente para parecerte absolutamente seguros.


Pero si tú eres parcial, no podrás cubrir todo el terreno. Patanjali no es parcial. Se preocupa menos por ti; se preocupa más por las definiciones del camino en el pasado. No empleará una mentira, no empleará trucos, no te hará concesiones. Ningún científico haría concesiones.


Buda puede hacerlo; él tiene compasión. No te está tratando científicamente. Hay un sentimiento profundamente humano hacia ti; puede que te mienta simplemente para ayudarte. Y tú eres incapaz de comprender la Verdad; él te hace concesiones. Patanjali no aceptará compromisos contigo. Sea lo que sea, hablará sobre ello. Y no descenderá un solo peldaño para encontrarse contigo; no te hará una sola concesión. La ciencia ha de ser así. La ciencia no puede aceptar compromisos, sino ella misma se convertiría en religión.


El no es ni creyente, ni ateo. Ni es hindú, ni musulmán, ni cristiano, ni jaino, ni budista. Es un absoluto buscador científico desvelando todo lo que va encontrando, desvelándolo sin mitificarlo. No empleará una sola parábola. Jesús hablaba en parábolas porque sois niños y solamente entendéis cuentos. Hablaba en parábolas. Buda solía contar muchas historias simplemente para ayudarte a obtener un vislumbre.


Estaba leyendo sobre un jasida, un Maestro judío, Baal Shem. Era un rabino de un pueblecito y siempre que surgían dificultades en la comunidad -alguna enfermedad, alguna desgracia- se iba al bosque. Se dirigía a un lugar determinado bajo un cierto árbol y allí realizaba un determinado ritual y luego rezaba a Dios. Y siempre sucedía que la desgracia abandonaba el pueblo, la enfermedad desaparecía del pueblo, el problema desaparecía.


Luego Baal Shem murió. De modo que su sucesor... El problema surgió de nuevo. El pueblo se encontraba en un apuro. Sobrevino una desgracia y los aldeanos le pidieron al sucesor, al nuevo rabino, que se fuera al bosque y que rezara a Dios. El nuevo rabino se encontró en dificultades porque desconocía el lugar, la posición exacta del árbol. Desconocía cómo hacerlo, pero aun así fue; bajo cualquier árbol. Encendió fuego, realizó el ritual, rezó y le dijo a Dios, "Mira, no sé el lugar exacto al que mi Maestro acudía a rezar, pero tú sí lo sabes. Tú eres omnipotente, tú eres omnipresente, por lo tanto lo conoces, de modo que no hay porqué buscar el lugar exacto. Mi pueblo está en dificultades, así que escucha y haz algo". ¡La desgracia desapareció!


Más adelante cuando el rabino murió y estaba su sucesor, el problema surgió de nuevo. El pueblo estaba en una crisis y los aldeanos fueron a él. El rabino estaba confuso; no se acordaba ni de la oración. Así que se fue al bosque y escogió un lugar cualquiera. No sabía cómo realizar el ritual del fuego, pero así como pudo encendió el fuego y le dijo a Dios, "Escucha, no sé exactamente como realizar el ritual del fuego, desconozco el lugar exacto y he olvidado la oración, pero Tú lo sabes todo; por lo tanto ya conoces esto, no es necesario. Haz lo que tengas que hacer." Y regresó y el pueblo acabó con la crisis.


Entonces él también murió. Su sucesor... y el pueblo se encontró de nuevo en dificultades, de modo que acudieron a él. Estaba sentado en su sillón. Dijo, "No quiero ir a ningún sitio. Escucha, Tú estás en todas partes. Desconozco la oración, desconozco el ritual, pero eso no importa; el que lo conozca carece de importancia. Tú lo sabes todo. ¿Qué utilidad tiene la plegaria y qué utilidad tiene el ritual y por qué emplear un determinado lugar sagrado? Solamente conozco la historia de mis antecesores. Te contaré la historia, ésta que sucedió en tiempos de Baal Shem, luego con su sucesor, luego con su otro sucesor; ésta es la historia. Ahora haz lo que tengas que hacer; esto es suficiente". Y la desgracia desapareció. Se dice que a Dios le gustaba mucho esa historia.


A la gente le gustan las historias y al Dios de la gente también. Y mediante estas historias puedes alcanzar algún vislumbre. Patanjali no empleará una sola parábola. Ya te lo dije, es como Einstein más Buda; una combinación muy rara. Posee la visión interna de Buda y el mecanismo mental de un Einstein.


No es ni lo uno, ni lo otro. El teísmo es la historia; el ateísmo es la anti-historia. Son simplemente mitos, parábolas creadas por el hombre. A unos les atrae lo primero, a otros lo segundo. Patanjali no está interesado en cuentos, no está interesado en mitos. Está interesado en la Verdad desnuda. Ni siquiera la reviste, no le pone vestido alguno, no la decora. No es su manera. Recuerda esto.


Viajaremos por una tierra árida, una tierra desértica. Pero el desierto posee su propia belleza. No tiene árboles, no tiene ríos, pero posee una inmensidad propia. Ningún bosque puede ser comparado con ella. Los bosques poseen su belleza, las colinas tienen su propia belleza, los ríos tienen su propia belleza. El desierto posee su propia vasta inmensidad.


Nos moveremos a través de tierras desérticas. Se necesita valor. No te proporcionará ni un sólo árbol bajo el que descansar, no te contará ninguna historia; simplemente los hechos desnudos. No empleará ni tan sólo una palabra superflua. De ahí la palabra "sutras". "Sutras" quiere decir "el mínimo indispensable".


Un sutra no es ni siquiera una frase completa. Es solamente lo esencial, igual que en un telegrama vas descartando las palabras superfluas. Entonces se convierte en un sutra porque solamente pueden ponerse en él nueve o diez palabras. Si fueras a escribir una carta llenarías diez folios e incluso con diez folios no completarías el mensaje. Pero en un telegrama, en diez palabras, no solamente está completo; está más que completo. Da en el corazón; lo realmente esencial está ahí.


Esos son telegramas: los sutras de Patanjali. El es un avaro; no emplea una sola palabra de más. ¿Cómo va a contar historias? No puede. Y no las esperes. No preguntes pues si es un ateo o un creyente; eso son historias.


Los filósofos han creado muchas historias, y es un juego. Si te gusta el juego del ateísmo, sé un ateo. Si te gusta el juego del teísmo, sé un creyente. Pero eso son juegos, no la realidad. La realidad es algo más. La realidad se ocupa de ti, no de lo que crees. La realidad eres tú, no lo quecrees. La realidad está tras la mente, no en los contenidos de la mente, porque el ser creyente es un contenido de la mente, el ateísmo es un contenido de la mente. Son algo mental. El hinduismo es un contenido de la mente, el cristianismo es un contenido de la mente.


Patanjali se ocupa de lo que hay más allá, no del contenido. Dice, "Desembarázate de toda la mente. Todo lo que contiene no sirve para nada". Puede que estés acarreando con bellas filosofías. Patanjali dice, "Tíralas. Todo es basura". Es difícil. Si alguien dice, "Tu Biblia es basura, tu
Gita es basura, tus escritos sagrados son todo basura podrida; tíralos", te quedarás conmocionado. Pero esto es lo que va a suceder. Patanjali no va a acceder a ningún compromiso contigo. No se compromete a nada. Y ésa es la belleza. Esa es su singularidad.