27 jun. 2016

La batalla espiritual que se libra en la vida cotidiana (simbolismo del Bhagavad Guita)


Por Paramahansa Yogananda, de su libro "El Yoga del Bhagavad Guita"


De Dios provenimos, y nuestro destino final es retornar a Él. El fin y el medio para alcanzar esa meta es el yoga, la ciencia eterna de la unión con Dios.


El capítulo inicial del Bhagavad Guita sirve de introducción al sagrado discurso que le sigue. Su propósito, sin embargo, no es simplemente situarnos en la escena y proveer un telón de fondo que haya de leerse a la ligera, como un texto insustancial. Cuando se lee como la alegoría que su autor, el gran sabio Vyasa, pretendió exponer, este capítulo presenta los principios básicos de la ciencia del yoga y describe las primeras contiendas espirituales del yogui que se dispone a recorrer el sendero hacia kaivalya, la liberación, la unidad con Dios —la meta del yoga—. Comprender las verdades que se hallan implícitas en el primer capítulo significa emprender el viaje del yoga con un itinerario claramente delineado.

Cómo emplear el poder de la introspección para triunfar en la vida

Dhritarashtra dijo:

«En la sagrada llanura de Kurukshetra (dharmakshetra kurukshetra), donde con ansias de lucha se han congregado mi descendencia y los hijos de Panda, dime, ¡oh Sanjaya!, ¿qué hicieron?».

El rey ciego Dhritarashtra (la mente ciega) preguntó al veraz Sanjaya (la introspección imparcial): «Cuando mi descendencia, los Kurus (las irreflexivas tendencias negativas de la mente y de los sentidos), y los hijos del virtuoso Pandu (las tendencias puras del discernimiento) se congregaron en el dharmakshetra (sagrada llanura) de Kurukshetra (el terreno corporal de la actividad), con ansias de luchar por conseguir la supremacía, ¿cuál fue el resultado?».



En sentido literal, Sanjaya significa «completamente victorioso», «aquel que se ha conquistado a si mismo». Sólo quien no está centrado en su ego tiene la capacidad de ver con claridad y de modo imparcial. Por eso, en el Guita, Sanjaya personifica la visión divina que mora en nuestro interior; para el devoto aspirante, Sanjaya representa el poder del autoanálisis intuitivo e imparcial, la introspeccíón discernidora. Es la capacidad de tomar distancia de uno mismo, observarse sin prejuicios y juzgar con exactitud. Los pensamientos pueden estar presentes sin que nos percatemos conscientemente de ello. La introspección es aquel poder intuitivo mediante el cual la conciencia es capaz de observar los pensamientos. No razona; más bien, siente —no con la parcialidad de la emoción, sino con la claridad y la calma de la intuición.

En el Mahabharata, del cual forma parte el Bhagavad Guita, el gran rishi (sabio) Vyasa preludia el texto del Guita otorgándole a Sanjaya el poder espiritual de ver a distancia lo que está ocurriendo en la totalidad del campo de batalla, a fin de que pueda relatárselo al rey ciego Dhritarashtra a medida que los acontecimientos se desarrollan. Por ello, uno podria esperar que la pregunta que el rey formula en la primera estrofa se encontrara en tiempo presente. El autor, Vyasa hace de manera intencional que Sanjaya narre el diálogo del Guita en forma retrospectiva y emplee el verbo en tiempo pasado (¿qué hicieron?), a fin de indicar claramente a los estudiantes perceptivos que el Guita se refiere sólo de modo incidental a una batalla histórica que tuvo lugar en la llanura de Kurukshetra, al norte de la India. Lo que en realidad Vyasa describe es primordialmente una batalla universal: la enconada contienda que a diario se libra en la vida de cada ser humano.



La pregunta que con gran interés formula el rey ciego Dhritarashtra, para solicitar del imparcial Sanjaya un informe objetivo acerca del resultado de la batalla entre los Kurus y los Pandavas (los hijos de Pandu) en Kurukshetra, es, metafóricamente hablando, la pregunta que debe formularse el aspirante espiritual cuando examina día tras día los sucesos de su justa batalla en la que espera alcanzar la victoria de la realización del Ser, la unidad con Dios. Por medio de la introspección sincera, analiza sus acciones y evalúa el poderío de los ejércitos en pugna, constituidos por sus buenas y malas tendencias: el autocontrol frente a la indulgencia sensorial; la inteligencia discernidora en contraposición a las inclinaciones mentales sensoriales; la resolución espiritual de meditar confrontada con la resistencia mental y la inquietud física; y la divina conciencia del alma en oposición a la ignorancia y la atracción magnética de la naturaleza inferior del ego.

El campo de batalla espiritual se encuentra en el cuerpo y la mente humanos

El campo de batalla en que se enfrentan esas fuerzas es Kurukshetra (Kuru, de la raiz sánscrita kri, «trabajo, actividad material»; y ksetra, «campo»). Este «campo de acción» es el cuerpo humano con sus correspondientes facultades físicas, mentales y espirituales; es el terreno donde se desarrollan todas las actividades de la vida. En esta estrofa del Guita se alude a dicho terreno como «Dharmakshetra» (llanura o campo sagrado, pues dharma significa rectitud, virtud, santidad), porque éste es el lugar donde se libra la justa batalla entre las virtudes de la inteligencia discernidora del alma (los hijos de Pandu) y las acciones innobles y descontroladas de la mente ciega (los Kurus, la descendencia del rey ciego Dhritarashtra).

El Dharmakshetra Kurukshetra se refiere también a los deberes y acciones religiosos y espirituales (aquellos que el yogui desarrolla en la meditación) en contraposición con las responsabilidades y actividades mundanas. Por consiguiente, en esta interpretación metafísica más profunda, el Dharmakshetra Kurukshetra representa el campo corporal interior en el que tiene lugar la actividad espiritual de la meditación yóguica para alcanzar la realización del Ser: la llanura del eje cerebroespinal con sus siete centros sutiles de vida y de conciencia divina. 



La conciencia material frente a la conciencia espiritual

Existen dos fuerzas o polos magnéticos opuestos que rivalizan en este campo: la inteligencia discernidora (buddhi) y la mente ligada a la conciencia sensorial (manas).

Buddhi, el intelecto discernidor puro, está representado alegóricamente por Pandu, esposo de Kunti (madre de Arjuna y de los demás príncipes pandavas, que defienden los rectos principios de nivritti, la renuncia a la mundanalidad). El nombre de Pandu deriva de pand, «blanco»: una referencia metafórica a la claridad del intelecto discernidor puro.

Manas se encuentra representado alegóricamente por el rey ciego Dhritarashtra, padre de los cien Kurus o impresiones y tendencias sensoriales, la totalidad de las cuales se inclina hacia pravritti, el goce mundano.

La capacidad que posee buddhi para discernir correctamente la obtiene de la supraconciencia del alma que se manifiesta en los asientos causales de la conciencia situados en los centros espirituales del cerebro y de la espina dorsal. Manas, la mente sensorial —el polo magnético sutil orientado hacia el exterior; en dirección al mundo de la materia- se encuentra ubicada en el puente de Varolio, el cual, desde el punto de vista fisiológico, se halla en todo momento ocupado en la coordinación de los sentidos.

(El puente de Varolio o protuberancia anular es una porción del tronco encefálico; se encuentra situado por encima del bulbo raquideo y centrado por debajo de los dos hemisferios cerebrales, y conecta el cerebro, el cerebelo y la médula. Sus dimensiones son pequeñas (aproximadamente 2,5 x 2,5 x 3.8 Cm) y por su interior pasan las vías ascendentes sensitivas y descendentes motoras que conectan el cerebro con el resto del cuerpo. Éstas vías atraviesan una densa red de neuronas. llamada "formación reticular" cuya función es activar el resto del cerebro y regular el ciclo circadiano de sueño y vigilia. El puente de Varolio contiene una estructura especial. el locus coeruleus (lugar azul): un pequeño y comprimido racimo de células que contienen norepinefrina, una sustancia química cuya función es estimular la movilización que prepara el cuerpo para la acción. Esta estructura participa en los procesos de despertar, soñar, dormir y en la variacón de los estados de animo.)

De este modo, la inteligencia inherente a buddhi atrae la conciencia hacia la verdad o las realidades eternas, la conciencia del alma o la realización del Ser. Manas (la mente sensorial) aleja de la verdad a la conciencia y la mantiene ocupada en las actividades sensoriales externas del cuerpo y, por consiguiente, inmersa en el mundo de las relatividades ilusorias, o maya.

El nombre de Dhritarashtra deriva de dhrta, «sostenido, apoyado, firmemente sujeto (por las riendas)» y rastra, «reino», derivado de raj, "gobernar". Por inferencia, obtenemos el significado simbólico, dhrtam rashtram yena, «aquel que sostiene el reino (de los sentidos)» o «aquel que gobierna sosteniendo con firmeza las riendas (de los sentidos)».

La mente (manas o conciencia sensorial) coordina los sentidos del mismo modo en que las riendas mantienen unidos a los diferentes corceles de un carruaje. El cuerpo es el carruaje; el alma es el amo del carruaje; la inteligencia es el conductor; y los sentidos son los corceles. Se dice que la mente es ciega porque no puede ver sin el auxilio de los sentidos y de la inteligencia. Las riendas del carruaje reciben y transmiten los impulsos provenientes de los corceles y de la dirección indicada por el conductor. De manera similar, la mente ciega por sí sola no reconoce ni ejerce dirección alguna, sino que simplemente recoge las impresiones de los sentidos y transmite las conclusiones e instrucciones provenientes de la inteligencia.

Si la inteligencia está gobernada por buddhi, el poder del discernimiento puro, los sentidos se encuentran bajo control; si, por el contrario, la inteligencia está gobernada por los deseos materiales, los sentidos se comportan de manera turbulenta y descontrolada [...J y caen en costumbres perniciosas y hábitos autodestructivos.


El devoto que avanza en pos de la realización del Ser debe contar con un cuerpo saludable, sentidos educados mediante el autocontrol que se comporten de manera correcta, unas riendas mentales fuertes para sujetarlos y una aguda inteligencia discernidora para guiarlos. El carruaje corporal puede, entonces, avanzar hacia su meta a través del recto y angosto sendero de la acción correcta.



El hombre mundano que posee un cuerpo vulnerable, escaso discernimiento y facultades mentales débiles, y que permite que sus vigorosos impulsos vaguen descontrolados a su propio arbitrio por los ásperos caminos de la vida, con toda certeza deberá enfrentar un desastroso destino marcado por una salud quebrantada y fracasos materiales. [...]

El devoto es consciente de que el objetivo más importante de la vida es alcanzar la meta de la realización del Ser: conocer, a través de la meditación, su verdadera naturaleza como alma y su unidad con el Espíritu eternamente bienaventurado. A fin de no verse asediado por las caídas en las zanjas del sufrimiento físico, mental y espiritual, aprende también a desarrollar la inteligencia discernidora, facultades de percepción claras y armoniosas, sentidos provistos de autocontrol y un cuerpo dotado de salud y vitalidad, para que todos ellos estén al servicio del alma.


Es preciso tomar partido en la lucha entre 
el bien y el mal

Desde el momento de la concepción hasta que exhala el último aliento, el ser humano debe librar, en cada encarnación, incontables batallas —biológicas, hereditarias, bacteriológicas, fisiológicas, climáticas, sociales, éticas, políticas, sociológicas, psicológicas y metafísicas—, es decir, toda clase de conflictos internos y externos. En cada enfrentamiento se encuentran las fuerzas del bien y del mal compitiendo para lograr el triunfo (El bien es aquello que expresa la verdad y la virtud y atrae la conciencia hacia Dios; el "mal" es la ignorancia y la ilusión u engaño, aquello que aleja de Dios la conciencia del devoto). 

Lo que el Guita se propone es que el ser humano alinee los esfuerzos del lado de dharma, la rectitud. La meta final es la realización del Ser: percibir que el verdadero Ser del hombre, el alma, por haber sido creada a imagen de Dios, es una con la siempre existente, siempre consciente y eternamente renovada bienaventuranza del Espíritu.

La primera contienda en la que toma parte el alma cada vez que se encarna es aquella que la enfrenta a otras almas que también desean reencarnar. Durante la unión del espermatozoide y el óvulo que da comienzo a la formación de un nuevo cuerpo humano, se produce un destello de luz en el mundo astral, el hogar celestial en que habitan las almas entre una y otra encarnación. Esa luz transmite un patrón que atrae a un alma según su karma —las influencias creadas por uno mismo como resultado de las acciones de vidas pasadas—. En cada encarnación, el karma se expresa en parte a través de las tendencias hereditarias; el alma del futuro bebé es atraída hacia una familia en la cual la herencia concuerda con el pasado karma de éste. Muchas almas pugnan por entrar en esa nueva célula viviente, pero sólo una lo logra. (En el caso de la concepción múltiple, se halla presente más de una célula primordial).


Cuando se encuentra en el vientre de la madre, el bebé nonato lucha contra las enfermedades, la oscuridad y los periódicos sentimientos de limitación y frustración que le invaden a medida que la conciencia de su alma recuerda y luego gradualmente olvida la mayor libertad de expresión que disfrutaba durante la permanencia en el mundo astral. El alma encerrada dentro del embrión debe, ademas, luchar contra el karma, el cual influye —para bien o para mal- sobre la formación del cuerpo en el que ahora reside. A esto se le debe sumar el conflicto con las influencias vibratorias que le llegan desde fuera: el entorno y las acciones de la madre, las sensaciones y sonidos procedentes del exterior, las vibraciones de amor y de odio, de calma y de ira.

A partir del nacimiento, el instinto del bebé por lograr el bienestar y la supervivencia lucha contra la relativa impotencia de su inmaduro instrumento corporal.

El niño inicia su primera batalla consciente cuando debe optar entre el deseo de jugar sin un propósito fijo y el deseo de aprender, estudiar y seguir algún tipo de educación sistemática. De manera gradual, se le presentan batallas de índole más seria, que le vienen impuestas, desde el interior, por los instintos kármicos o, desde fuera, por las malas compañías y el entorno.

El joven se ve repentinamente enfrentado a una multitud de problemas para los cuales, a menudo, no está preparado: las tentaciones del sexo, de la guía y la falsedad, de obtener dinero por medios fáciles pero cuestionables, las presiones de las compañias que frecuente y las influencias sociales Por lo general, descubre que no cuenta con la espada de la sabiduría para que le ayude a hacer frente a los ejércitos invasores de las experiencias mundanas.

El adulto que vive sin cultivar ni utilizar los poderes innatos de la sabiduría y del discernimiento espiritual descubre inexorablemente que el reino de su cuerpo y de su mente se halla asolado por los elementos insurgentes de los erróneos deseos causantes de sufrimiento, los hábitos destructivos, el fracaso, la ignorancia, la enfermedad y la infelicidad.

Hay pocas personas que sean siquiera conscientes de que en su reino existe un permanente estado de conflicto. Por lo general, sólo cuando la devastación es casi completa, los seres humanos se dan cuenta, desvalidos, del triste y ruinoso estado en que se encuentran sus vidas. Es preciso iniciar cada día una nueva batalla psicológica en pos de la salud, la prosperidad, el autocontrol y la sabiduría a fin de que el hombre avance hacia la victoria y recupere, de ese modo, cada centímetro del territorio perteneciente al alma que ha sido ocupado por las fuerzas rebeldes de la ignorancia.

El yogui —el hombre cuya conciencia está despertando- no sólo ha de hacer frente a las mismas batallas externas que libran todos los seres humanos, sino que además debe afrontar el choque interno entre las fuerzas negativas de la inquietud [que nacen de manas, la conciencia sensorial) y el poder positivo de sus deseos y esfuerzos por meditar (que reciben el apoyo de buddhi, la inteligencia discernidora) cuando trata de establecerse nuevamente en el reino espiritual interior del alma —en los sutiles centros de vida y conciencia divina situados en la espina dorsal y el cerebro.

Por lo tanto, el Guita señala en su primera estrofa la necesidad fundamental de que el hombre practique cada noche la introspección, para que le sea posible discernir claramente qué fuerza —la del bien o la del mal- ha ganado la batalla cotidiana. A fin de vivir en armonía con el plan divino, el ser humano debe formularse cada noche esta pregunta que siempre resulta pertinente: «Reunidas en el campo sagrado del cuerpo —el lugar de las buenas y malas acciones—, ¿qué hicieron mis tendencias rivales? ¿Qué facción obtuvo hoy la victoria en la incesante lucha? Vamos, dime, ¿qué hicieron las tendencias erróneas, tentadoras y malignas, y las fuerzas antagónicas de la autodisciplina y el discernimiento?».

Después de practicar la meditación de manera concentrada, el yogui siempre le pregunta a su capacidad de introspección: «Congregadas en la región de la conciencia del eje cerebroespinal y en el campo de la actividad sensorial del cuerpo, con ansias de combatir, ¿qué hicieron las facultades sensoriales de la mente, que tienden a arrastrar la conciencia hacia el exterior, y qué hicieron los hijos de las tendencias del discernimiento del alma, que intentan recuperar el reino interior? ¿Quién ha triunfado en el día de hoy?».

El individuo común y corriente, como asediado guerrero cubierto con las cicatrices resultantes de las batallas libradas, se halla muy familiarizado con la lucha. No obstante, en numerosas ocasiones, su entrenamiento fortuito es incapaz de brindarle una comprensión completa de la naturaleza del campo de batalla y de los principios científicos que se hallan tras los ataques de las fuerzas contrarias. Tal conocimiento podría lograr que se multiplicasen sus victorias y disminuyeran sus desconcertantes derrotas.

El alma contra el ego

En la narración histórica acerca del motivo de la guerra de Kurukshetra, se relata que los nobles hiios de Pandu gobernaron virtuosamente su propio reino hasta que el rey Duryodhana, el malvado gobernante qua era hijo del rey ciego Dhritarashtra, despojó astutamente a los Pandavas de su reino y los condenó al exilio. (El rey ciego Dhritarashtra tenía cien hijos. [...] el mayor, Duryodhana, representa el Deseo Material «El primogénito, aquel que ejerce poder sobre las demas inclinaciones del reino corporal y es famoso por las guerras y causas malvadas. La derivación metafórica de Duryodhana es duh-yudham yah sah "aquel que es dificil de contrarrestar en todo sentido". El nombre mismo proviene del sánscrito dur "dificil", y yudh «combatir». El deseo material es extremadamente poderoso, por ser el rey y el lider de todos los goces mundanos, así como el causante y perpetrador de la batalla contra la justa reclamación del alma sobre su reino corporal.)

En un sentido simbólico, el reino del cuerpo y de la mente le pertenece, por derecho, al rey Alma y a sus nobles úbditos, las tendencias virtuosas. Sin embargo, el rey Ego y sus parientes, las innobles tendencias negativas, usurpan arteramente el trono. Cuando el rey Alma se yergue para reclamar su territorio, el cuerpo y la mente se transforman en un campo de batalla. (En este párrafo los epitetos "Rey Alma" y "Rey Ego" se emplean en el sentido mas amplio de su significado y no necesariamente para referirse a su uso específico en la alegoría del Guita, en la que Krishna es el alma y Bhishma es el ego.)

La esencia del Guita es mostrar cómo el rey Alma gobierna su reino corporal, lo pierde y lo conquista de nuevo.

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La manera en que están organizados el cuerpo y la mente del ser humano revela, a través de su detallada perfección, la presencia de un plan divino. «¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?». El Espiritu de Dios —el reflejo de Dios en el hombre- es el alma.

El alma ingresa en la materia como una chispa de Vida y conciencia omnipotente que se aloja en el interior del núcleo formado por la unión del espermatozoide y el óvulo. Al desarrollarse el cuerpo, este primer «asiento de la Vida» permanece en el bulbo raquideo, el cual se considera, por consiguiente, el portal de Vida a través del cual el rey Alma hace su entrada triunfal en el reino del cuerpo. [...]

Las facultades o instrumentos creativos del alma son de naturaleza astral y causal. [...] . Los centros de vida y conciencia a partir de los cuales operan estos poderes son el cerebro astral (o «loto de mil pétalos» de luz) y el eje astral cerebroespinal (o sushumna), que contiene los seis chakras o centros sutiles. 

(En el cuerpo humano, el alma se halla encerrada en tres cuerpos: el cuerpo fisico, el cuerpo astral de luz y energía vital, y el cuerpo causal de conciencia (llamado así porque es el causante de los otros dos cuerpos). Los poderes sutiles del cuerpo astral son los que construyen, mantienen y dan vida a la densa forma física, y son los siguientes: la inteligencia "buddhi", el ego (ahamkara), el sentimiento (chitta), la mente (manas, la conciencia sensorial), los cinco instrumentos del conocimiento, los cinco instrumentos de la acción y los cinco instrumentos del prana.)

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Las fuerzas de la mente menos refinadas se manifiestan en las estructuras más burdas del cuerpo; en cambio, las sutiles fuerzas del alma —la conciencia, la inteligencia, la voluntad, el sentimiento— precisan del bulbo raquídeo y de los delicados tejidos del cerebro para habitar allí y manifestarse a través de ellos.

En términos simples, las cámaras interiores del palacio del rey Alma se hallan ubicadas en los centros sutiles de la supraconciencia, la Conciencia de Cristo o de Krishna (Kutastha Chaitanya o Conciencia Universal) y la Conciencia Cósmica. Estos centros se encuentran, respectivamente, en el bulbo raquídeo, en la porción frontal del cerebro a nivel del entrecejo (asiento del ojo único u ojo espiritual) y en la parte superior del cerebro (el trono del alma, en el «loto de mil pétalos»). En dichos estados de conciencia, el rey Alma gobierna con supremacía como la imagen pura de Dios en el hombre.


Por el contrario, cuando el alma desciende a la conciencia corporal, permanece bajo la influencia de maya (la ilusión cósmica) y de avidya (la ilusión o ignorancia del individuo, la cual crea la conciencia del ego). [...] El alma, en el papel del ego, se atribuye a sí misma todas las limitaciones y restricciones del cuerpo. Una vez que ha aceptado tal identificación, ya no puede expresar su omnipresencia, omnisciencia y omnipotencia. Imagina que se halla sometida a las limitaciones —al igual que un acaudalado príncipe que, al vagar por los vecindarios pobres en estado de amnesia, podría imaginar que es pobre—. En ese estado de ilusión, el rey Ego toma el control del reino corporal.

La conciencia del alma puede decir, junto con el Cristo que se hallaba despierto en Jesús, «El Padre y yo somos uno». La engañada conciencia del ego dice: «Soy el cuerpo; éstos son mis familiares, éste es mi nombre, éstas son mis posesiones» Aun cuando el ego cree que gobierna, en realidad es un prisionero del cuerpo y de la mente, que a su vez son títeres de las sutiles maquinaciones de la Naturaleza Cósmica. [...] El ser humano medio es consciente tan sólo de su cuerpo, de su mente y de las conexiones externas de ambos. Permanece hipnotizado por las ilusiones del mundo (expresadas de muy diversas maneras tanto en la literatura antigua como en la actual), las cuales refuerzan su tácita suposición de que es una criatura mortal y limitada.

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Las regiones físicas del reino corporal que están bajo el dominio del rey Ego se hallan con frecuencia desvitalizadas y en estado ¡nsalubre a causa de las epidemias y el envejecimiento prematuro que se propagan por el reino. [...] La ciudadanía de pensamientos, voluntad y sentimientos permanece sumida en la negatividad, las limitaciones, el hastío y la desdicha; los inteligentes trabajadores de las células y de las unidades atómicas y subatómicas de vida se tornan desorganizados, ineficientes y endebles. [...] Se transgreden todas las leyes que podrían conducir al bienestar de los ciudadanos mentales y celulares del reino humano. Éste se ha convertido en un territorio en el que impera la oscuridad, en un lugar plagado de temor, incertidumbre y sufrimientos, los cuales neutralizan cada breve instante de placer.

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[En] el reino corporal gobernado por el rey Alma [...], la ciudadanía de pensamientos, voluntad y sentimientos es sabia, constructiva, pacífica y feliz. La multitud de trabajadores conscientes e inteligentes constituida por células, moléculas, átomos, electrones y unidades de chispas vitales creativas (vitatrones o prana) esta llena de vitalidad, es armoniosa y eficiente. [...] Todas las leyes que conciernen a la salud, la eficiencia mental y la educación espiritual de los pensamientos, de la voluntad, de los sentimientos y de los inteligentes habitantes celulares del reino corporal se cumplen bajo la guía suprema de la sabiduría. Como resultado de ello, la felicidad, la salud, la prosperidad, la paz, el discernimiento, la eficiencia y la guía intuitiva prevalecen en todo el reino corporal, ¡un reino de pureza, colmado de luz y bienaventuranza!

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El cuerpo y la mente humanos son verdaderos campos de batalla en los que se entabla la guerra entre la sabiduría y la fuerza ilusoria consciente que se manifiesta como avidya, la ignorancia. Todo aspirante espiritual que tenga el propósito de establecer en su interior el gobierno del rey Alma debe derrotar a las fuerzas insurgentes del rey Ego y sus poderosos aliados.


18 jun. 2016

Introducción a «El canto del Espíritu» (Bhagavad Guita) por Paramahansa Yogananda

Fuente: El Yoga del Bhagavad Guita. Publicación de Self Realization Fellowship




Introducción a «El canto del Espíritu»

El Bhagavad Guíta es la más amada de las escrituras de la lndia, la escritura que ocupa un lugar preeminenre. Constituye el Sagrado Testamento o Biblia de los hindúes, el único libro al que todos los maestros recurren como fuente suprema de autoridad en materia de escritos de inspiración divina. Bhagavad Guita significa «El canto del Espíritu», la divina comunión entre el hombre y su Creador basada en la percepción de la Verdad, las enseñanzas del Espíritu manifestadas a través del alma, las cuales han de entonarse sin cesar. [...]

Todo el conocimiento del cosmos se halla contenido en el Guita. Sumamente profundo y, no obstante. redactado en un revelador lenguaje de consoladora belleza y simplicidad, el Guita ha sido comprendido y aplicado en todos los órdenes de la actividad y del esfuerzo espiritual del hombre, cobijando bajo su amparo a una amplia gama de seres humanos —cada uno con su dispar naturaleza y sus diferentes necesidades—. Dondequiera que uno se halle en el camino de regreso a Dios, el Guita proyectará su luz sobre ese tramo del recorrido.

Sabiduría proveniente de una edad antigua y más elevada de la civilización

La India ha conservado en su literatura una cultura muy avanzada que data de una gloriosa edad dorada de tiempos pretéritos. Desde la época remota de fecha desconocida en la que se originaron por primera vez los Vedas, pasando por el majestuoso despliegue posterior de una poesia y una prosa sublimes, los hindúes han dejado registro de su civilización no en monolitos de piedra ni en edificios derruidos, sino en la arquitectura de sus ornamentados escritos, esculpidos en el eufóníco lenguaje del sánscrito. La composición misma del Bhagavad Guita —su retórica, aliteraciones, dicción, estilo y armonía- demuestra que la india había transitado hacía ya largo tiempo las etapas de crecimiento material e intelectual y había alcanzado una elevada cima de espiritualidad.


Los versos del Guita se hallan en el libro sexto de los dieciocho que conforman el Mahabharata, el gran poema épico de la India. [...] Esta epopeya de venerable antigüedad —que tal vez sea el poema más extenso de la literatura universal- relata la historia de los descendientes del rey Bharata, los Pandavas y los Kauravas, primos entre sí, cuya disputa por el reino fue la causa de la cataclísmica guerra de Kurukshetra. El Bhagavad Guita, el sagrado diálogo acerca del yoga entre Bhagavan Krishna —que era (anto un rey terrenal como una encarnación divina- y su principal discípulo, el príncipe pandava Arjuna, tiene lugar, supuestamente, en vísperas de esta pavorosa guerra.
Vyasa, autor del Mahabarata y los Vedas

La autoría del Mahabharata, incluida la parte correspondiente al Guita, se atribuye tradicionalmente al santo iluminado Vyasa, cuyos datos históricos exactos se desconocen. [...] La tradición asocia a Vyasa con muchas obras literarias, en especial la organización de los cuatro Vedas (por lo cual ha recibido el nombre de «Vedavyasa»), la compilación de los Puranas (libros sagrados que ilustran el conocimiento védico a través de relatos históricos y legendarios acerca de antiguos avatares, santos y sabios, reyes y héroes de la India) y la autoría del poema épico Mahabharata, el cual, según se supone, fue escrito por Vyasa ininterrumpidamente, a lo largo de dos años y medio, en un apartado retiro del Himalaya donde transcurrió la etapa final de su vida.


Cómo descifrar el código del simbolismo yóguico del Guita

Los textos sagrados de la antigüedad no hacen una diferenciación clara entre lo histórico y lo simbólico; más bien, en numerosas ocasiones, entrelazan ambos en la tradición de las escrituras reveladas. Los profetas tomaban casos de la vida cotidiana y acontecimientos de la época y, a partir de ellos, establecían símiles con el fin de expresar sutiles verdades espirituales. Al común de la gente no le seria posible concebir las profundidades del conocimiento divino si éste no estuviera definido en términos habituales.

Cuando los profetas de las escrituras escribían en metáforas y alegorías más crípticas —-como ocurría a menudo—, era para ocultar de las mentes ignorantes, que no se encontraban espiritualmente preparadas, las revelaciones más profundas del Espíritu. Así fue cómo el sabio Vyasa escribió, con aguda inteligencia, el Bhagavad Guita, en el lenguaje del simil, la metáfora y la alegoría, entretejiendo hechos históricos con verdades psicológicas y espirituales, pintando con palabras un cuadro de las tumultuosas batallas interiores que debe librar tanto el hombre materialista como el espiritual.

Bajo la dura cáscara de la simbología, ocultó los significados espirituales más profundos, para protegerlos de la devastadora ignorancia propia de las edades oscuras hacia las cuales la civilización se estaba precipitando en coincidencia con el fin de la encarnación de Sri Krishna sobre la tierra.

En términos históricos —y en el umbral de una guerra tan horrenda como la que se relata en el Mahabharata—, es muy poco probable que, como se describe en el Guita, Krishna y Arjuna detuvieran su carro en campo abierto, entre los dos ejércitos contendientes en Kurukshetra, y allí entablasen una extensa disertación acerca del yoga. Si bien muchos de los principales acontecimientos y personajes que forman parte del voluminoso Mahabharata están basados realmente en hechos históricos, su exposición poética dentro de la epopeya ha sido organizada de una manera práctica y plena de significado —y fue condensada de un modo maravilloso en la parte que corresponde al Bhagavad Guita— con el principal objeto de exponer la esencia del Sanatana Dharma de la India, la Religión Eterna.

Al interpretar una escritura, no se deben ignorar, por lo tanto, los hechos y elementos históricos con los que se reviste la formulación de la verdad. Es preciso distinguir entre la simple ilustración de una máxima moral o referencia a un fenómeno espiritual y aquella que tiene una connotación esotérica más profunda. Es necesario reconocer las señales de convergencia entre los ejemplos materiales y las doctrinas espirituales, sin tratar de deducir necesariamente, de cada uno de ellos, un significado oculto. Hay que saber cómo intuir las indicaciones y las declaraciones expresas del autor sin inferir significados que jamás se pretendían y sin dejarse engañar por el entusiasmo y el hábito imaginativo de intentar extraer un sentido espiritual de cada palabra o afirmación.

La forma correcta de comprender las escrituras es a través de la intuición, estableciendo una sintonía con la realización interior de la verdad.[...] Mediante la ayuda de un gurú que posee realización divina, e] devoto aprende a utilizar el cascanueces de la percepción intuitiva para romper la dura cáscara del lenguaje y la ambigüedad y llegar al meollo de la verdad oculto en las máximas de las escrituras.

Mi gurú, Swami Sri Yukteswar, nunca me permitió leer una sola estrofa del Bhagavad Guita (o de los aforismos de Patanjali, el mayor exponente del Yoga en la india) por mero interés teórico. El Maestro me hacía meditar en las verdades espirituales hasta que yo me volvía uno con ellas; únicamente entonces solía debatirlas conmigo. [...] De este modo, durante aquellos preciados años que permanecí en la bendita compañía del Maestro, él me dio la clave para descifrar los misterios de las escrituras sagradas.


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La historia que narra el Mahabharata comienza tres generaciones antes del nacimiento de Krishna y Arjuna, en época del rey Shantanu. [...]

La descendencia genealógica de los Kurus y los Pandus a partir de Shantanu constituye paralelamente una analogía del descenso escalonado del universo y el ser humano desde su origen en el Espíritu hasta la materia. El diálogo que tiene lugar en el Guita se ocupa del proceso a través del cual dicho descenso puede revertirse, lo cual le permite al hombre volver a ascender desde la limitada conciencia de si mismo como ser mortal hasta la conciencia inmortal de su verdadero Ser —el alma— en unidad con el Espíritu infinito.
Batalla de Kurukshetra, Sri Krishna y Arjuna en medio del campo de batalla entre los Kandavas y los Pandavas

Esta genealogía se encuentra esbozada en God Talks With Arjuna [Dios habla con Arjuna, libro de Paramahansa Yogananda], junto con el significado espiritual que se debe atribuir a los diversos protagonistas tal como fue transmitido por Lahiri Mahasaya. Este significado esotérico no es arbitrario. Para explicar el sentido interno de palabras y nombres, la clave fundamental es buscarlo en la raíz original de dichas palabras en sánscrito. Se corre el riesgo de cometer graves errores en la definición de los términos sánscritos, si no se cuenta con la
capacidad intuitiva necesaria para arribar a la raíz apropiada y descifrar el significado correcto que se deriva de ésta según su uso en la época en que se originó la palabra en cuestión. Cuando la base se establece correctamente, es posible entonces extraer también significados de las diversas fuentes relacionadas con el uso común de las palabras y el modo específico en que se las utilizaba para conformar una idea coherente y lógica.

Es digno de destacar cómo el autor del gran Bhagavad Guita ha revestido cada tendencia o facultad psicológica, asi como numerosos principios metafísicos, con el atuendo del nombre apropiado. ¡Cuán bella es cada una de las palabras empleadas! Todas ellas brotan de una raíz sánscrita. Haría falta una gran cantidad de páginas para ahondar en el lenguaje sánscrito que subyace a las metáforas l...].

Al lector le quedará claro, después de leer con detenimiento algunos de los versos del primer capítulo, que el marco histórico de la batalla y los contendientes que participaron en ella han sido utilizados para ilustrar la batalla psicológica que se libra entre las cualidades del discernimiento puro, en sintonía con el alma, y la mente ciega, encaprichada con los sentidos, que se encuentra bajo el engañoso influjo del ego. En apoyo de esta analogía, se muestra la exacta correspondencia entre los atributos materiales y espirituales del ser humano, tal como los describió Patanjali en sus Yoga Sutras, y los contendientes en lucha mencionados en el Guita: el clan de Pandu —que representa la Inteligencia Pura— y el del rey ciego Dhritarashtra —que representa la Mente Ciega con su prole de tendencias sensoriales negativas [los Kauravas o Kurus].


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Estos rebeldes de los sentidos —producto de la ciega mente sensorial- sólo han causado enfermedades, preocupaciones mentales y la peste de la ignorancia y de la hambruna espiritual como resultado de la escasez de sabiduría en el reino corporal.

La activa fuerza del alma y el autocontrol nacido de la meditación deben apoderarse del reino y plantar allí el estandarte del Espíritu, a fin de establecer, de este modo, un imperio resplandeciente de paz, sabiduría, abundancia y salud.


Bhagavan Krishna, el Señor del Yoga: el Divino Maestro del Guita

La figura clave del Bhagavad Guita es, por supuesto, Bhagavan Krishna. El Krishna histórico se halla envuelto en el misterio de la metáfora y la mitología propias de las escrituras. La similitud entre los títulos «Krishna» y «Cristo» y entre las historias relativas al milagroso nacimiento de Krishna y Jesús y a sus primeros años de vida ha llevado a algunas mentes analíticas a sugerir que ambos eran, en realidad, una única persona. Esta idea ha de desecharse por completo, incluso si tomamos como base las escasas evidencias históricas existentes en sus países de origen.

No obstante, existen en verdad algunas similitudes. Ambos fueron concebidos de manera divina y tanto su nacimiento como la misión que Dios les encomendó habían sido profetizados. Jesús nació en un humilde pesebre; Krishna, en una prisión (donde sus padres —Vasudeva y Devaki- eran mantenidos en cautiverio por el malvado hermano de Devaki, Kansa, que habia usurpado el trono de su padre). Tanto Jesús como Krishna fueron llevados en secreto a un lugar seguro para ponerlos a salvo de un decreto de muerte que ordenaba hallar y aniquilar a todos los hijos varones recién nacidos. Jesús era llamado «el buen pastor»; Krishna fue pastor de vacas en su infancia. Jesús fue tentado y amenazado por Satanás; Krishna fue perseguido por la fuerza del mal, que adoptando la forma de demonios trató infructuosamente de matarle.

«Cristo» y «Krishna» son títulos que poseen una connotación espiritual semejante: Jesús el Cristo y Yadava el Krishna (Yadava, el nombre familiar de Krishna, significa «descendiente de Yadu —ancestro de la dinastía Vrishni—»). Estos títulos dan cuenta del estado de conciencia que manifestaban estos dos seres iluminados, su unidad esencial con la conciencia de Dios omnipresente en la creación. La Conciencia Crística Universal o Kutastha Chaitanya, Ia Conciencia Universal de Krishna, es «el hijo unigénito» o único reflejo no distorsionado de Dios que impregna cada átomo y punto del espacio en el cosmos. La conciencia de Dios se manifiesta plenamente en aquellos que tienen total realización de la Conciencia de Cristo o Krishna. Dado que su conciencia es universal, la luz que proyectan se irradia sobre todo el mundo.

Un siddha es aquel que se ha perfeccionado y ha alcanzado la completa liberación en el Espiritu; él se conviene en un paramukta, un ser «supremamente libre», y puede entonces retornar a la tierra como un avatara (El término sánscrito avatar significa "descenso", sus raíces son ava, "abajo", y tri, "pasar". En las escrituras hindúes, avatar significa descenso de la Divinidad a la carne.) —como lo hicieron Krishna, Jesús y muchos otros salvadores de la humanidad a través de los tiempos—. Cada vez que la virtud declina, un alma divinamente iluminada viene a la tierra para restablecer de nuevo la virtud (Guita IV:7-8). Un avatar o encarnación divina tiene dos propósitos sobre la tierra, uno cuantitativo y otro cualitativo. Por medio de sus nobles enseñanzas acerca de la lucha del bien contra el mal, eleva cuantitativamente el nivel espiritual de la población en general. Sin embargo, el principal objetivo de un avatar es cualitativo: forjar otras almas que posean la realización divina, ayudando a tantos como le sea posible a alcanzar la liberación. Este último es un lazo espiritual muy personal e íntimo entre gurú y discípulo; se trata de la unión entre los leales esfuerzos espirituales del discípulo y las divinas bendiciones otorgadas por el gurú. Son estudiantes quienes reciben sólo una pequeña parte de la luz de la verdad, mientras que son discípulos aquellos que siguen el sendero con firmeza y perseverancia, con dedicación y devoción, hasta encontrar su propia libertad en Dios. En el Guita, Arjuna se presenta como el símbolo del devoto ideal, del discípulo perfecto.


Cuando Sri Krishna se encarnó en la tierra, Arjuna (que en su vida anterior había sido un gran sabio) nació también para acompañarle. Los grandes seres siempre traen consigo compañeros espirituales de vidas pasadas para que los ayuden en su misión presente. El padre de Krishna era hermano de la madre de Arjuna, de modo que Krishna y Arjuna eran primos; y si bien compartían vínculos de sangre, los unía, sin embargo, el lazo aún más poderoso de la unidad espiritual.

Sri Krishna fue criado en un entorno pastoril en Gokula y el cercano Brindaban, en las márgenes del río Yamuna, adonde había sido llevado secretamente por su padre Vasudeva tan pronto como Devaki dio a luz en la prisión de Mathura. (De forma milagrosa, se abrieron las puertas, que estaban cerradas con candado, y los guardias quedaron sumidos en un profundo sopor, lo cual permitió que el recién nacido fuera llevado a salvo a su hogar de acogida). Sus padres adoptivos fueron Nanda, un bondadoso cuidador de ganado, y su tierna esposa, Yasoda. Durante su niñez en Brindaban, Krishna asombraba a todos con su precoz sabiduria y despliegue de increíbles poderes. Su gozo interior con frecuencia se expresaba de repente en forma de explosivas travesuras, para diversión y deleite —y algunas veces desconcierto— de aquellos a quienes iban dirigidas sus bromas.

Uno de estos episodios le reveló a Yasoda la divina naturaleza del niño al que estaba criando. Cuando era pequeño, a Krishna le encantaba quitarle a las lecheras el queso que ellas elaboraban y comérselo. En cierta ocasión, se había llenado tanto la boca que Yasoda temió que pudiera ahogarse, así que rápidamente intentó abrírsela. Sin embargo, en vez de queso (según algunos relatos populares había comido barro), lo que vio en la boca abierta de Krishna fue el universo entero —e| cuerpo infinito (vishvarupa) del Creador—, incluida la imagen de ella misma. Llena de temor reverencial, apartó la mirada de la visión cósmica, feliz de contemplar y estrechar una vez más contra su pecho a su bienamado pequeñuelo.
Krishna y las gopis, obra de Jean Pierre Dalbéra

Dorado de una apariencia física y facciones de gran belleza, así como de un encanto y un modo de ser irresistibles, el pequeño Krishna era la personificación misma del amor divino y una fuente de gozo para todos. En la comunidad, todos le amaban y era a la vez un fascinante líder y amigo para sus compañeros de la niñez, los gopas y las gopis, que cuidaban con él los rebaños de vacas del poblado en los boscosos alrededores.


A las personas de mentalidad mundana, adictas a los sentidos como único medio de gratificación, les resulta difícil comprender la pureza de la amistad y el amor divinos que no están manchados por el deseo o la expresión carnales. Sería absurdo considerar de forma literal los supuestos flirteos entre Sri Krishna y las gapis. El simbolismo implícito es aquél de la unidad entre el Espíritu y la Naturaleza, que al danzar juntos en la creación proveen el divino lila o juego para entretener a las criaturas de Dios. Con las encantadoras melodías de su flauta celestial, Sri Krishna llama a todos los devotos a la enramada de la divina unión del samadhi que se experimenta en la meditación, para que allí se solacen con el cálido y bienaventurado amor de Dios.

Al parecer, Krishna era poco más que un niño cuando llegó el momento en que debió abandonar Brindaban para cumplir con el propósito de su encarnación: ayudar a los virtuosos a ponerle freno al mal. La primera entre sus muchas heroicas y milagrosas hazañas fue destruir al malvado Kansa y liberar del cautiverio a sus padres Vasudeva y Devaki. Después, Vasudeva los envió a él y a su hermano Balarama al ashram del gran sabio Sandipani para recibir instrucción.

Nacido en el seno de la realeza, como adulto Krishna desempeñó sus deberes reales y participó en numerosas campañas contra los reinos gobernados por regantes malvados. Estableció la capital de su propio reino en Dwarka, situada en una isla mar adentro, en el estado occidental de Gujarat. La mayor parte de su vida está entrelazada con la de los Pandavas y los Kauravas, cuya capital se hallaba en la región norte de la India central, cerca de la ubicación actual de Delhi (Kurukshetra, lugar donde se libró la batalla y se produjo el diálogo entre el Señor Krishna y Arjuna narrado en el Guita, se encuentra a unos 160 km al norte de Delhi y es, hasta el día de hoy, un venerado sitio de peregrinaje). Participó en muchos de los asuntos seculares y espirituales de los Pandus y los Kurus, como su aliado y consejero, y desempeñó un papel significativo en la guerra de Kurukshetra que ambos bandos libraron entre sí.


Una vez cumplida en la tierra la misión que le había sido divinamente encomendada, Krishna se retiró a los bosques. Allí abandonó su cuerpo debido a una herida accidental infligida por la flecha de un cazador que le confundió con un ciervo mientras se hallaba descansando en un claro —un hecho que había sido profetizado como la causa de su partida de este mundo.

En el Bhagavad Guita, nuestra atención se centra en la función de Sri Krishna como gurú y consejero de Arjuna, así como también en el sublime mensaje del yoga que en su papel de maestro predicó al mundo —el camino de la acción correcta y de la meditación para alcanzar la comunión divina y la salvación—, un mensaje cuya sabiduría le ha entronizado en el corazón y la mente de los devotos a lo largo de los siglos.

Hemos oído hablar de los santos ascetas o de los profetas de los bosques o de vida retirada, que eran hombres de renunciación exclusivamente; Krishna, en cambio, fue uno de los más grandes ejemplos de divinidad, ya que vivió y se manifestó como un Cristo y al mismo tiempo cumplió con los deberes de un noble rey. Su vida demuestra el ideal no de la renuncia a la acción —una doctrina conflictiva para el hombre circunscrito a un mundo cuyo aliento vital es la actividad—, sino de la renuncia a los deseos por los frutos de la acción, que atan al hombre a lo terrenal.

Si no existiera el trabajo, la civilización humana no sería sino una jungla de enfermedades, hambre y confusión. Y si todos los hombres del mundo abandonasen sus civilizaciones materiales y se marchasen a vivir a los bosques, los bosques mismos se transformarían entonces en ciudades ya que, de no ser así, sus habitantes perecerían, víctimas de la insalubridad. Y sin embargo, la civilización material está llena de imperfecciones y sufrimientos. ¿Cómo se puede remediar todo esto?

La vida de Krishna constituye una prueba de su filosofía, la filosofía de que no es necesario huir de las responsabilidades de la vida material. El problema puede ser resuelto trayendo a Dios al sitio mismo en el cual Él nos ha colocado. Sea cual sea nuestro entorno, el Cielo habrá de manifestarse en toda mente donde reine la comunión con Dios.

La ambición de poseer cada vez más dinero, el enfrascarse en el trabajo cada vez más y por más tiempo, con apego o ceguera, son causa de sufrimiento. No obstante, renunciar sólo de forma externa a los objetos materiales cuando uno todavía alberga en su interior apego por ellos conduce únicamente a la hipocresía y al engaño. Con el fin de evitar los peligros de ambos extremos —ya sea renunciar al mundo o ahogarse en la vida material—, el ser humano debe entrenar su mente, por medio de la meditación constante, para que le sea posible llevar a cabo las necesarias acciones prescritas por el deber en la vida cotidiana y, al mismo tiempo, conservar la conciencia de Dios en su interior. Ése es el ejemplo que brinda la vida de Krishna.

El mensaíe de Sri Krishna en el Bhagavad Guita constituye la respuesta perfecta para la era moderna y para todas las eras: el yoga de la acción prescrita por el deber del desapego y de la meditación para alcanzar la unión divina. Trabajar sin experimentar la paz de Dios en nuestro interior es un infierno. Trabajar, en cambio, sintiendo que el gozo del Señor brota constantemente en el alma es llevar dentro de nosotros un paraíso portátil adondequiera que vayamos.

El sendero que Sri Krishna aconseja en el Bhagavad Gaita es el dorado camino medio de la moderación, tanto para el ocupado hombre de mundo como para el aspirante espiritual más elevado. Seguir el sendero propuesto en el Bhagavad Guita representaría la salvación de ambos, ya que éste es un libro que trata de manera universal acerca de la realización del Ser (Paramahansa Yogananda definió la realización del Ser {Self-realization} de la siguiente manera"La realización del Ser consiste en saber —física, mental y espiritualmente que somos uno con la omnipresencia de Dios; que no necesitamos orar para que ésta venga a nosotros, que no solamente estamos próximos a ella en todo momento, sino que la omnipresencia de Dios es nuestra propia omnnipresencia, y nuestro ser es y será invariablemente siempre parte de la Divinidad. Lo único que necesitamos hacer es tomar mayor conciencia de ello-.") poniendo al hombre en contacto con su Ser verdadero, el alma, y mostrándole cómo se ha originado del Espíritu, cómo llevar a cabo sus justas obligaciones en la tierra y cómo retornar a Dios. La sabiduría del Guita no tiene como objeto que los áridos intelectualistas realicen con sus aserros un despliegue de piruetas mentales para entretenimiento de los dogmáticos, sino, por el contrario, mostrar a los hombres y mujeres del mundo, ya sea que se trate de personas con responsabilidades familiares o de renunciantes, el modo de vivir una vida equilibrada que incluya el contacto verdadero con Dios mediante la práctica de los métodos graduales del yoga.



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