22 feb. 2011

El yoga y los estados mentales

La mente es el nexo vital entre el cuerpo y la conciencia.  Una persona puede vivir con atención, discriminación y confianza sólo cuando su mente está serena y clara.
El yoga es la alquimia que genera este equilibrio.
B K S Iyengar


La unidad mente/cuerpo
La mente y el cuerpo están en constante interacción.  La ciencia del yoga no señala dónde termina el cuerpo ni dónde empieza la mente, sino que los considera como una sola entidad integrada.  Cuando existe una perfecta armonía entre el cuerpo y la mente, alcanzamos la comprensión de nosotros mismos y la autorrealización.  Los obstáculos que surgen en el camino a esta meta se presentan como indisposiciones físicas o mentales.  Cuando la salud no es óptima se genera un desequilibrio a nivel mental llamado chittavritti que la práctica del yoga nos ayuda a superar.  Las posturas físicas o asanas pueden curar los padecimientos físicos (vyadhi) y eliminar la inestabilidad del cuerpo (angamejaytatva), así como la “respiración dispareja” (shvasa-prashvasa) que es reflejo del estrés.  Las asanas fortalecen los huesos y los músculos, corrigen la postura, mejoran la respiración y aumentan la energía, purgando el cuerpo de enfermedades y toxinas que resultan de un estilo de vida poco saludable, malos hábitos y mala postura.  Este bienestar físico fortalece y serena la mente. 

Sin embargo, aunque las asanas parecen lidiar únicamente con el cuerpo físico también influyen en el equilibrio químico del cerebro que, a su vez, incide en el estado mental.  Las posturas activan ciertas partes específicas del cuerpo, pero apaciguan y relajan la mente.  Por ejemplo, las posturas invertidas calman y estimulan el cerebro al mismo tiempo, activan las glándulas y los órganos vitales al llevar sangre oxigenada a la cabeza, generando un estado alerta pero relajado.  Junto con los ejercicios de respiración o pranayama, las asanas calman los nervios que funcionan como intermediarios entre el cuerpo fisiológico y el “cuerpo” psicológico.  Así, la práctica el yoga tiene un impacto holístico al relajar el cuerpo y aquietar la mente.


La naturaleza de la mente

En sánscrito, “hombre” se dice manusya o manava y significa “aquel que está dotado de una conciencia especial”.  Esta conciencia o chitta abarca la mente, el intelecto y el sentimiento de identidad (cf. el artículo Las raíces filosóficas del yoga).  La mente no se ubica en un lugar específico en el cuerpo; es escurridiza y existe en todas partes.  La mente desea, recuerda, percibe y siente.  Experimenta e interpreta las sensaciones de placer y dolor, calor y frío, honor y deshonra.  Refleja tanto el mundo interno como el externo, pero su tendencia natural es interesarse por lo que sucede afuera.

El acelerado ritmo y las exigencias de la vida moderna provocan confusión, depresión, rabia y tensión.  Además, cuando la mente está totalmente absorta por los objetos de los sentidos, puede haber estrés, fatiga e infelicidad.  La mente puede ser un enemigo secreto y un amigo traicionero.  Influye en nuestra conducta antes de que tengamos tiempo de reflexionar sobre las causas y las consecuencias.  El yoga centra la mente e inculca un sentido de discriminación, de modo que los objetos y los sucesos se perciben como son realmente y no llegan a dominarnos.


Las facultades mentales

Según el yoga, todos poseemos cinco facultades mentales que podemos usar de manera positiva o negativa:  observación correcta/ conocimiento, percepción, imaginación, sueño sin sueños y memoria.  A veces la mente pierde su estabilidad y claridad y ya no es capaz de usar sus facultades adecuadamente o bien lo hace de manera negativa.  La práctica del yoga nos lleva a darles un uso positivo, generando un estado mental de discriminación y atención.  Este estado mental, junto con la memoria, puede centrarse en los malos hábitos que, en esencia, son acciones repetitivas basadas en una percepción errónea.  Así, los malos hábitos son sustituidos por buenos hábitos y, de esta forma, el individuo se vuelve más fuerte, honesto y maduro.  Puede percibir y comprender claramente a las personas, las situaciones, los acontecimientos.  Esta mente más madura y clara, trasciende poco a poco sus fronteras y va más allá de la observación y la experiencia mundanas, pasando de la confusión a la claridad, uno de los mayores beneficios del yoga.




Los estados mentales


Según Patanjali, autor de Los sutras del yoga, existen cinco estados mentales básicos: embotado, distraído, disperso, concentrado y controlado.  Patanjali describe el nivel mental más bajo como mudha, embotado o letárgico.  Una persona en estado mudha está poco dispuesta a observar, actuar o reaccionar.  Este estado rara vez es inherente o permanente; suele ser provocado por una experiencia traumática o cuando la meta ansiada presenta tantos obstáculos que parece ser inaccesible.  Después de varios intentos sucesivos por tomar el control de su vida, mucha gente se retrae en el letargo y la apatía.  Con frecuencia esto se ve exacerbado por el insomnio o el sueño excesivo, por la ingesta consoladora de alimentos, de tranquilizantes u otras sustancias que no hacen más que agravar el problema original.  El yoga transforma gradualmente este sentimiento de derrota e impotencia en optimismo y energía. 

En el estado mental distraído o ksipta, los pensamientos, sentimientos y percepciones dan vueltas en la conciencia mas no dejan ninguna huella duradera y, por consiguiente, no cumplen ningún propósito.  Alguien en estado ksipta es inestable e incapaz de concentrarse en sus objetivos y asignarles un orden de prioridad; esto suele deberse a que los órganos de percepción envían señales defectuosas, pero la persona las acepta y sigue de manera automática, sin reflexionar.  Esto nubla el intelecto y afecta el equilibrio mental.  La práctica disciplinada de posturas y ejercicios de respiración genera quietud mental y ayuda a enfrentar y asimilar la información que proviene de la realidad.

El estado mental más común es el de la mente dispersa o viksipta.  Aunque el cerebro está activo, carece de firmeza y dirección.  Bajo el azote constante de la duda y el temor, alterna entre la decisión y la falta de confianza.  La práctica regular del yoga poco a poco hace que las semillas de la atención y la discriminación echen raíces, dando origen a una actitud positiva y al equilibrio mental.

Los antiguos sabios llamaban ekagra al estado de atención o concentración mental y lo consideraban como el reflejo de un nivel superior de existencia.  Esta es la mente liberada que ha logrado enfrentar las aflicciones y obstáculos y los ha superado; que posee dirección, concentración y conciencia.  Una persona con este tipo de inteligencia mental vive en el presente, no está atrapada en el pasado ni en el futuro y no se ve afectada por las circunstancias externas.

El quinto y más elevado estado mental es niruddha o la mente controlada y quieta.  Según Patanjali, este estado se alcanza a través de la práctica persistente del yoga que le permite a un individuo trascender los estados mentales más bajos.  En este nivel, la mente entra en unión exclusiva con el objeto de su atención.  Tiene la capacidad de absorberse totalmente en una sola actividad, dejando que nada altere su concentración.  Cuando el cerebro está estable, el intelecto está en paz, el individuo está sereno y equilibrado, asentado en la conciencia pura.


Las cuatro etapas del yoga

El objetivo principal del yoga es restablecer la simplicidad, la paz y el aplomo a nivel mental, liberar la mente de la confusión y el estrés.  Las asanas y el pranayama generan esta simplicidad, este sentido de orden y calma.  A diferencia de otras formas de ejercicio que lastiman músculos y huesos, el yoga rejuvenece el cuerpo. El yoga integra el cuerpo, la mente, la inteligencia y el ser en cuatro etapas.  La primera, arambhavastha, es cuando practicamos al nivel del cuerpo físico.  Esta es la etapa de los principiantes que no debe apresurarse, ya que ellos deben aprender los movimientos y concentrarse en hacerlos correctamente. Lo más importante es lograr estabilidad en las posturas y no perderse en los detalles.  La segunda es ghatavastha, cuando la mente aprende a moverse en armonía con el cuerpo.  La mente se ve influida por los cambios físicos ya que los movimientos se practican de manera correcta y la mente aprende a “tocar” cada parte del cuerpo (tejidos, órganos, piel).  Las posturas deben practicarse de manera meditativa y atenta.  La tercera es parichayavastha, la avanzada etapa del conocimiento íntimo, cuando la inteligencia y el cuerpo entran en contacto y se vuelven uno.  La mente deja de ser una entidad separada, los ajustes se vuelven más refinados y sutiles a nivel mental y fisiológico.  La cuarta y última es nispattyavastha, el estado de la perfección.  Una vez que la inteligencia siente la unión del cuerpo, aparece atman, el ser o alma.  Esto libera el cuerpo y lo integra con el alma en el viaje de lo finito a lo infinito.  Entonces, la mente, el cuerpo y el ser se fusionan.  Las asanas se vuelven meditativas y espirituales y la práctica se convierte en una “meditación dinámica”.

La conciencia espiritual fluye en el estudiante de yoga a través de todas estas etapas.  Dukha, el sufrimiento o el dolor, desaparece y uno comprende el arte de vivir en simplicidad y paz.  Como lo dice Patanjali, “La práctica del yoga destruye las impurezas del cuerpo y de la mente, después de lo cual la madurez, la inteligencia y la sabiduría proyectan su luz desde el centro del ser para funcionar en armonía con el cuerpo, los sentidos, la mente, la inteligencia y la conciencia” (II-28).

Por eso es importante seguir practicando hasta estar absolutamente cómodo en la postura final, ya que sólo entonces se experimentan los beneficios totales de la asana.  La postura final se logra cuando todas las partes del cuerpo están correctamente colocadas, con atención e inteligencia.  Patanjali observa que, “La perfección en una asana se logra cuando desaparece el esfuerzo para realizarla y se alcanza el ser infinito que existe dentro de nosotros” (II-47).

Como ya dijimos antes, el impacto del yoga nunca es puramente físico.  Al practicar las asanas, se cierra la brecha entre la esfera física y la mental.  La mente aprende a controlar los sentimientos de dolor, fatiga, duda, confusión, indiferencia, desdicha, desgana, autoengaño, desaliento y desesperación que nos asaltan de cuando en cuando, no se deja atormentar ni dominar por ellos y busca superar estas corrientes turbulentas en su viaje hacia la liberación total del ser.  La disciplina del yoga estimula y cambia las actitudes emocionales y convierte la aprensión en valor, la indecisión y el mal juicio en la capacidad de tomar decisiones positivas y la inestabilidad emocional en confianza y equilibrio mental.

El yoga ilumina la vida.  Si uno practica con sinceridad, seriedad y honestidad, su luz se difundirá a todos los aspectos de la vida y podremos ver nuestra existencia y nuestros objetivos bajo una nueva perspectiva, logrando la emancipación y la autocomprensión.  Para el yoga, la meta de la vida es emprender el viaje interno hacia el alma y establece claramente el medio para alcanzarlo.  Con la práctica, la mente se libera de la tensión y los sentimientos negativos y se llenan nuestras reservas de esperanza y optimismo.  El yoga nos ayuda a superar todos los obstáculos en el camino hacia la salud y la plenitud espiritual.  Es un renacimiento.
"El yoga es como la música. El ritmo del cuerpo, la melodía de la mente, y la armonía del alma, crean la sinfonía de la vida."  B.K.S. Iyengar


*   *   *   *   *   *   *


B.K.S. Iyengar        Yoga, the path to holistic health, Dorling Kindersley Ltd.,
Londres, 2001.  416 pp.

4 feb. 2011

Metta Sutta

Metta Sutta


Aquel que desea penetrar el Estado de Paz (Nibbana)
y persigue su propio bienestar
debería ser capaz, recto, muy recto, obediente,
apacible y sin vanidad.

Debería estar satisfecho, ser fácil de
mantener, tener pocas actividades y pocas
posesiones, controlado en sus sentidos,
prudente, sin desvergüenza y sin apego a familias.

No debería cometer la más mínima falta
que podría ser objeto de censura por parte de los
sabios. Que todos los seres estén felices y seguros.
Que estén felices en sus corazones.

Que todos los seres que existen, débiles o
fuertes, largos o grandes, medianos o bajos,
pequeños o gruesos, conocidos o desconocidos,
cercanos o lejanos, nacidos o por nacer, que todos los
seres sin excepción estén felices.

Que nadie engañe ni desprecie al otro
en ningún lugar; que no desee el sufrimiento
del otro con provocación o enemistad.

Así como una madre protege a propio hijo,
su único hijo, a costa de su propia vida,
de la misma forma uno debería cultivar un
corazón sin límites hacia todos los seres.

Que sus pensamientos de amor llenen todo
el mundo, arriba, abajo y a lo largo; sin diferencias,
sin malicia, sin odio.

Parado, caminando, sentado o acostado,
mientras despierto uno debería cultivar esta
meditación de amor. Ésta, ellos dicen, es la
mejor conducta en este mundo.

Sin caer en opiniones erróneas,
virtuoso y dotado de visión,
uno elimina el apego a los sentidos y
realmente no viene de nuevo al vientre.



Texto editado y traducido del pali por Bhikkhu Nandisena. Edición del Sexto Concilio Budista. Referencia canónica: Khuddaka Nikaya.

3 feb. 2011

Principios del Yoga. Significado. Definición.


¿QUÉ SIGNIFICA LA PALABRA “YOGA”?  Por Swami Asuri Kapila


“YOGA”es una palabra sánscrita que significa literalmente, traducida a nuestro lenguaje: unir, juntar, soldar, y está tomada de la raíz “YUJ”, unión. Lo mismo que cuando se sueldan dos pedazos de metal se transforman en uno sólo, así la Yoga, aplicada al hombre que es una parte de la esencia divina, le hace posible unirse con el espíritu universal y percibir así su esencia espiritual.

Naturalmente, esta condición se obtiene con la práctica de ciertos ejercicios físicos y mentales que forman todo un cuerpo de doctrina, dividida y subdividida en diferentes etapas y grados que se estudian en cursos y que se denominarán: Yogas.

Muchos “GURÚES” (Maestros de Sabiduría.) han interpretado de diferentes modos el  significado de la palabra Yoga; pero todos están de acuerdo en su verdadero significado:
“Yoga es la unión del alma humana con el Alma Universal”.

Las demás definiciones sólo expresan con distintas palabras la misma idea:
“El Yoga es la concentración de sí mismo con miras de poder percibir y ver cómo es el alma cuando esta última está abstraída de la materia y la mente”.

Otro Maestro define la Yoga como “la supresión de los pensamientos”. Pero quiero hacer aquí una aclaración: que “pensamiento” no debe ser entendido en el vulgar sentido de reflexión, sino que debe ser tomado como la manera de significar la conciencia que incluye la sensibilidad, la imaginación y los sueños, en fin, todo el maremagno de pensamientos que continuamente invaden nuestra mente y la hacen incapaz de meditar fijamente sobre un objeto. Como se podrá ver, la palabra YOGA tiene diferentes aplicaciones y definiciones según en los planos en que se le aplica.

Yoga, en el plano mental, es la ciencia que hace posible aumentar la capacidad de la mente humana para responder a más altas vibraciones, captarlas y así asimilar el infinito movimiento consciente que existe y se desarrolla alrededor de nuestro universo. Se convierte así la mente por la yoga en una verdadera estación transmisora y receptora, en una lúcida antena, capacitada para recibir, y también para transmitir mensajes a cualquier distancia. Por eso, se define además la yoga como “el arte de proyectar los pensamientos”, ya que transformada en poderoso foco de radioactividad, se vuelve apta para vivificarlos y auxiliar con ellos a presentes y ausentes, cuando estos últimos cuando se encuentren en dificultades y peligros, tanto en la esfera terrestre como en los planos invisibles que nos rodean.

Ahora bien, la yoga, aplicada al plano metafísico, hace posible al hombre realizar los llamados milagros, que todos los santos de las Historias Sagradas llevaron a cabo, como Buda, Jesús, etc.…., y que son realmente el conocimiento y la práctica de la más grande de las ciencias: la Yoga. El venerable Maestro Buda fue un perfecto YOGUÍN, como también lo fue Jesús.



Otra definición de la Yoga es la siguiente: medio contundente de liberación espiritual que lleva a la obtención de poderes psíquicos, llamados en sánscrito “SIDDHIS” (Facultades psíquicas, poderes espirituales) por el desarrollo de las facultades psicoespirituales latentes. Los estados de éxtasis provocados por aquel alto estado de vibración conducen a la clara y correcta percepción de las verdades eternas, tanto del Universo
visible como del invisible, o sea, a la unión del Yo divino y superior, mediante la práctica de la meditación yoguística. Entonces, gracias a esta mística unión, el hombre logra un completo dominio sobre el cuerpo y la mente, se libra de todas las trabas del mundo material y desarrolla ciertas facultades maravillosas, latentes en toda la especie humana, y que son naturalmente causa de extraños y misteriosos fenómenos que parecen sobrenaturales o milagrosos a todos aquellos que desconocen su causa productora.

PATANJALI define la Yoga con esta breve sentencia:
“Yoga es impedir que la materia mental “CHITTA” (Materia mental) tome diversas formas o VRITTIS (Formas de pensamiento que invaden continuamente nuestra mente)”.

Este aforismo del Maestro es tan breve pero tan verdadero en su esencia porque es el primer paso de la Yoga, sin el cual no podría adelantar el discípulo. Significa que hay que empezar por aquellas oleadas de pensamientos incongruentes que casi siempre nos afectan y que toman diversas formas, impidiendo así al hombre el poder controlarla y encauzarla hacia una meditación serena y perfecta.

EL TODO es mente, el Universo en “mental”.
La ciencia que estudia la doctrina de la “Yoga”, se llama ciencia yoguística; el hombre que obtiene resultados visibles y palpables y que alcanza a asimilar en su corazón y mente tal ciencia, se llama “yogui”. Las escuelas herméticas que enseñan en la India las ciencias yoguísticas, se llaman escuelas Yogacharyas, que traducido del sánscrito significa escuelas místicas, dirigidas por un Acharyai. Allí se enseñan y practican los Yogasanas que se dividen en ocho etapas:


 


1º ASANA–

2º YAMA –

3º NIYAMA –

4º PRANAYAMA–

5º DHARANA–

6º PRATYAHARA –

7º DHYANA–

8º SAMADHI.

Principios del Yoga. Surgimiento. Aplicación al mundo occidental.

GENERALIDADES


“Metodología del Yoga”. Por Swami Asuri Kapila


Se tratará de explicar y exponer en forma sencilla y sintética al alcance de cualquiera, la esencia de la doctrina clásica de la Yoga, hacerla comprensible en nuestro lenguaje y demostrar la posibilidad de su práctica en Occidente.

La ciencia misteriosa de la Yoga fue enseñada y practicada por los antiguos "RISHIS" (Maestros espirituales, preceptores de la Yoga) en aquella milenaria y sagrada  ciudad de la India, a orillas del sagrado río Ganges, llamada antiguamente “KAZI o KASHY”, hoy BENARÉS.

Esta milenaria ciencia ha sabido sobrevivir a despecho de todas las vicisitudes que atravesó la India, que parecería contagiada por la ola del materialismo del viejo mundo. En tiempos pasados, aquellos excelsos y venerables Maestros de Sabiduría tenían en aquella viejísima y sagrada ciudad sus “ASHRAMS” (Lugares sagrados donde moran los Maestros y sus discípulos) en donde, reunidos con algunos discípulos escogidos, se entregaban a los altos estudios de la Verdad. Desde allí comunicaban a los elegidos la sagrada y sublime doctrina de la Yoga, que daba a quien la recibía y practicaba concienzudamente, el conocimiento de la Vida y del Universo.

Aunque hoy los Maestros de Sabiduría de aquellas ciencias, enseñadas por “KAPILA” (El fundador de un sistema de Yoga) y “PATANJALI” (Otro Maestro de Yoga, fundador de otra escuela yoguística) en el año 700 antes de nuestra era, el primero autor de la filosofía SANKHYA (Sistema filosófico perteneciente al razonamiento) y el segundo, uno de  los célebres fundadores de la filosofía Yoga, contemporáneo de PANINI, (célebre gramático indio y autoridad principal en cuestiones de gramática sánscrita), se han retirado silenciosamente más allá de los Himalayas, en lugares más seguros y verdaderamente inaccesibles al profano, delante de la ola de gran materialismo y barbarie que parece invadido al mundo, haciendo así más difícil que nunca el poder descubrir sus moradas y sentir el perfume de sus presencias. Pero, con todo esto, no significa que la tradición haya dejado de transmitirse. Quedan siempre algunos “CHELAS” (discípulos) que mantiene todavía avivado el fuego de aquella misteriosa ciencia tan antigua como el mundo, repartiendo aquí y allá algunas migajas del Saber que ellos mismos tuvieron el alto honor y privilegio de recibir de los venerables labios del Maestro.

Aunque el individuo esté sumergido de pleno en la vida material, llena de responsabilidades, sujeto a múltiples desengaños, y el hombre “moderno” occidental se encuentre en su vida diaria delante de terribles dilemas para asegurarse el pan de cada día y mantener a su familia – lo que se realiza a costas de grandes sacrificios que lo obligan a hacer terribles esfuerzos mentales y físicos que terminan casi siempre por embrutecerlo -, deber recordar que él también lleva adentro parte de aquella chispa divina que es una partícula de la mente universal, que es también un hijo del Padre Celestial, una parte de la Unidad, y que, a despecho de todos aquellos problemas, puede encontrar él también el camino que conduce hacia una vida más espiritual y conocer ciertas verdades que le harán percibir aquella luz del espíritu. Y así, aplicando a la vida diaria aquellos conocimientos, él también podrá ser, en cierto modo, un yogui, quiero decir, hacer todo lo que comúnmente se hace en las 24 horas del día con un poco más de corazón, más amor y comprensión. Y desarrollando progresivamente la tolerancia y la fraternidad, es decir, aplicando cada vez más ampliamente la “DOCTRINA DEL CORAZÓN” tanto en la calle como en la oficina, podrán hacer de todos sus actos un verdadero culto espiritual teniendo como templo al cuerpo físico y la mente como ceremonial.

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