18 dic. 2014

Asanas: la ecuanimidad es armonía

Por B K S Iyengar



Equilibrio y armonía



A través del Yoga puede desarrollarse un equilibrio perfecto entre ambos lados del cuerpo. Todos nosotros empezamos con desequilibrios, favoreciendo un lado u otro. Cuando un lado es más activo que el otro, el activo debe convertirse en el guru del inactivo para conseguir que sea igualmente activo. Debemos poner atención al lado más débil. También debemos proporcionarle más cuidados. Demostramos más interés en la mejora de un amigo torpe que por uno inteligente. Pues por la misma razón debemos mostrar hacia nosotros mismos esa compasión y cuidar el lado más débil del cuerpo mientras nos alegramos de los logros del lado activo.



La precisión en la acción llega cuando el desafío de un lado del cuerpo queda equilibrado por un contradesafío igual del otro lado. Eso enciende la luz del conocimiento. Es necesario mantener el equilibrio utilizando la inteligencia el cuerpo (tanto instinto como sensación y habilidad), pero no por la fuerza. Cuando se mantiene el equilibrio por la fuerza se trata de acción física; cuando se utiliza la inteligencia corporal, se trata de relajación en la acción. La ecuanimidad es armonía, y solo se puede aprender a partir de esa ecuanimidad.

Busca el equilibrio consciente en todas las posturas observando las diferencias entre derecha e izquierda, así como la intensidad del estiramiento plano a plano, miembro a miembro, músculo a músculo, articulación a articulación, y de arriba abajo, de lado a lado y de delante atrás. Crea un estiramiento parejo, una estabilidad pareja, un espaciado parejo, una intensidad de movimiento pareja. Para alinear una parte del cuerpo hay que trabajar con todo el cuerpo. Con todas y cada una de las partes del cuerpo. En cada asana o en pranayama hay que saber cual ha de ser la función o el estado en cada parte del cuerpo, si ha de estar activa o pasiva, estable o móvil. Al realizar asanas ninguna parte del cuerpo debe permanecer ociosa, y tampoco hay que descuidar ninguna. Si, por ejemplo, estiras la pierna derecha, no deberás olvidar la izquierda. Por el contrario, debes poner atención en que la pierna izquierda permanezca estable. Esta acción complementaria libera la pierna derecha para que esta pueda moverse con facilidad. Extiende allá donde el cuerpo no esté en movimiento. Si transpiras de un lado, deberás transpirar igualmente del otro. Cuando transpiras más de un lado es que no has utilizado la otra parte por completo. La transpiración debe ser uniforme pero no excesiva. 

Si el contacto entre el cuerpo y el suelo -la base- es buena en cada asana, esa asana se ejecutará bien. Siempre hay que poner atención a la base: hay que estar atento a la parte que está más cerca del suelo. Primero hay que corregir desde la raíz. Las posturas de pie tienen por objeto empezar a proporcionar esa base para la vida. Refuerzan tobillos y rodillas. Esa posturas enseñan cómo mantenerse derecho, de manera que el cerebro pueda flotar en su posición. Los pies son como la raíz de un árbol. Si uno no puede permanecer de pie de manera adecuada, desarrolla una actitud negativa frente a la vida, y el yoga que practica también se torna inestable. Cuando la estabilidad se convierte en un hábito, enseguida se manifiesta madurez y claridad. La estabilidad requiere equilibrio.

El equilibrio no significa meramente equilibrar el cuerpo. El equilibrio en el cuerpo es la base del equilibrio en la vida. Uno debe encontrar equilibrio en cualquier postura que esté, o en cualquier circunstancia que le presente la vida. El equilibrio es el estado del presente, el aquí y ahora. Si te equilibras en el presente estás viviendo en la eternidad.Cuando el intelecto está, estable no hay pasado ni futuro, sólo presente. No vivas en el futuro; sólo el presente es real. La mente te lleva constantemente al futuro, planeando, preocupándose e interrogándose. La memoria te lleva al pasado, cavila y se lamenta. Sólo el Sí.mismo te lleva al presente, porque lo divino solo puede experimentarse en el ahora. 

Es necesario hallar la línea media en cada asana, de manera que la energía quede distribuida de forma adecuada. Cuando uno vacila, apartándose de la línea media, entonces se dirige hacia el pasado o el futuro. La ascensión vertical es el futuro; el descenso vertical es el pasado. La horizontalidad es el presente. El presente es el asana perfecta. Cuando creas apertura horizontal, el futuro y el pasado se encuentran en el presente. Por eso la extensión y la expansión dinámicas te permiten hallar el equilibrio y vivir de manera más plena en el presente mediante tu cuerpo. En asana hallamos equilibrio e integración en las tres dimensiones del espacio, pero también hallamos equilibrio e integración en la cuarta dimensión, la del tiempo.
B K S Iyengar

Los sabios de antaño dijeron que la clave de la vida era el equilibrio. Equilibrio en todas las capas de nuestro ser. ¿Pero qué se supone que hemos de equilibrar? La respuesta radica en las tres cualidades de la naturaleza, llamadas guna. Estas tres cualidades deben hallarse en equilibrio en tu práctica de asana y en tu cuerpo, mente y alma. Podrían traducirse como solidez, dinamismo y luminosidad.

La esencia de la naturaleza son los cambios, una expresión y reexpresión sin fin de ella misma. Es a causa de los gunas, de las tres fuerzas complementarias emergiendo de la raíz de la naturaleza en el momento de la creación. Comprender los gunas, esas tres fuerzas de la naturaleza, es importante para alcanzar el éxito en tu práctica de yogasana y en tu viaje interior hacia el Alma Universal.

Tan pronto como se manifiesta la naturaleza, se mueven las tres fuerzas complementarias. Son "tamas" (masa o inercia), "rajas" (dinamismo o capacidad de vibrar) y sattva (luminosidad o la cualidad de luz).

Pasemos a un ejemplo práctico. En asana, intentamos abordar la masa de nuestro cuerpo basto, romper las moléculas y dividirlas en átomos que permitirán que nuestra visión profundice en el interior. Nuestro cuerpo se resiste. Es terco. No se moverá. ¿Porqué? Porque en el cuerpo predomina tamas. Así debe ser. El cuerpo necesita masa, los huesos necesitan densidad, y los tendones y músculos necesitan solidez y firmeza. Es deseable tener la carne firme, no floja. La densidad ósea es una virtud, pero en el cerebro es un vicio. Ya hemos oído decir: "Es un cabeza dura". Porque en el cerebro y en el sistema nervioso debe predominar rajas (dinamismo y capacidad de vibrar), y la densidad es es una desventaja. Mientras que la mente es de naturaleza rápida, mercúrica y escurridiza, el cuerpo tiende a la pesadez, la inercia y la pereza. El exceso es molesto; un cuerpo excesivamente musculoso es como un coche muy grande con un motor pequeño; sólo logrará ser más lento. Y lo que es todavía peor: necesitará más energía para superar la inercia que para cobrar velocidad.

Respecto a la práctica de asana, eso significa que al principio necesitamos esforzarnos más porque la resistencia es mayor. De los aspectos de asana, esfuerzo corporal y penetración mental, ésta última es la más importante. Nuestra meta es la penetración mental. pero al principio, para poner las cosas en marcha, no hay más remedio que sudar. Pero una vez que hay movimiento y luego impulso, empieza la penetración. Cuando el esfuerzo se torna no-esfuerzo, asana alcanza su nivel más elevado. Pero claro está, se trata de un proceso lento, y si interrumpimos nuestra práctica, la inercia vuelve a reafirmarse. En realidad, lo que estamos haciendo es infundir una vibrante energía en la materia densa. Por eso la práctica buena conlleva una sensación de ligereza y vitalidad.

Debemos tener claro que la cuestión principal es el lograr una proporción y un equilibrio adecuados en los gunas.

Tamas proporciona densidad y masa, y cuando esas cualidades exceden nuestras necesidades, lo llamamos torpeza e inercia. Una masa inerte no puede energizarse con rajas. El aspecto negativo de rajas es turbulento, frenético y agitado. Lo que buscamos es una mente rápida, no una mente agitada. También queremos una mente tranquila y clara, que nos lleve a sattva. La verdad es que experimentamos muy poco sattva como para conocerlo bien. La solidez de tamas y el movimiento llamativo de rajas eclipsan nuestra visión. En un mundo de objetos y excitación sensorial, tamas y rajas reinan supremos. Pero si podéis llegar al Yoga con el deseo de aprender cómo relajarse de verdad y no obstante permanecer alerta, en realidad estaréis diciendo que os gustaría que sattva desempeñase un papel más importante en vuestra vida. Para describir sattva utilizamos la palabra luminosidad, que es la cualidad interior y serena de la luz. Esa cualidad es la que intentamos elevar e integrar en nuestro interior. La luminosidad es clara, está atenta y tranquila.



La interrelación de esas tres fuerzas es de importancia capital en tu práctica yóguica. Has de aprender a identificarlas y observarlas a fin de poder ser capaz de ajustar y equilibrar sus proporciones, y al penetrar en el interior, elevar la belleza de sattva a la superficie. Gracias a esa habilidad puede evitar el dolor y curar dolencias que estén en etapas de manifestación mental, emocional o física.


13 dic. 2014

Dolor y lesiones: replantearse la práctica de Yoga.

El dolor en la práctica de Ashtanga no es algo común. No debemos acostumbrarnos a los dolores. Primero debemos distinguir aquello que llamamos "dolor" ya que existe cierta confusión respecto a esta palabra. Muchas veces las personas confunden dolor con sensación de estiramiento intenso o apertura articular. Ante todo es necesario distinguir el dolor, la sensación desagradable, punzante, que indica que algo no está bien, que estamos yendo en la dirección equivocada, que si seguimos insistiendo en ese sentido probablemente lleguemos a una lesión. Porque el cuerpo siempre avisa, durante la práctica de asanas, siempre da señales. Y por otra parte esta la sensación de elongación, estiramiento, apertura articular, al cual podríamos denominar "dolor placentero", ya que si abrimos la escucha corporal, percibimos los músculos en todo su largo, su inserción, la articulación, y el mensaje de que se están abriendo, creando nuevos espacios. 

Si hay dolor, hay algo que estamos haciendo incorrectamente. Hay algo que no estamos percibiendo o lo dejamos pasar por alto. El dolor terminará inevitablemente en lesión, en lastimarnos. 

Hacer yoga consiste en realizar una terapia corporal y mental, a fin de preparar nuestro cuerpo, organismo, respiración y mente para estados mas elevados de conciencia. Las asanas tienen por función equilibrar y desintoxicar el cuerpo físico. Cuando hacemos asanas nuestro cuerpo rompe con esquemas adaptados por nosotros inconscientemente durante muchos años. Y definitivamente no es fácil, no es sencillo descontracturar y romper las estructuras. Pero forzando el cuerpo y provocando dolor no lo conseguiremos. De esa forma nuestra práctica dejará de ser Yoga, dejará de ser terapia, pasará a ser una gimnasia, un entrenamiento físico en el cual compito conmigo mismo para ver cuanto mas puedo forzar mi cuerpo. Ante todo debemos saber que la mente, las emociones, la fe en la práctica, la imagen que tenemos de nosotros mismos, todos estos son factores que contribuyen a la evolución o estancamiento en la práctica de asanas. Es decir, por ejemplo, soy una persona medianamente rígida o encuentro rigidez en ciertas partes del cuerpo, hago una postura y me exijo mas de lo que debo, mi mente me indica que soy una persona rígida y que debo eliminar esa rigidez, tengo una imagen de mi con la que no estoy satisfecho. Entonces fuerzo el cuerpo, el cuerpo me avisa, con dolor, ardor, puntadas; dice que el proceso es largo y no puede suceder de un momento a otro, dice que debes respirar para acomodarte en la postura, dice que hasta aquí llegaste y es momento de detenerte. Pero la mente dice que debes ir mas. Y entonces sucede la lesión. No hay unión, no hay yoga. No hay conexión. 

Hacer yoga debe ser terapéutico, no lo olvidemos. Hacer yoga, asanas, debe ser una meditación en movimiento, donde voy percibiendo el despertar del cuerpo y la respiración, cada asana va tocando partes del cuerpo, las va abriendo, direccionando, calentando. La respiración es consciente, es expansiva, es relajante. Y la mente se deja llevar en ese fluir, sin involucrarse en pensamientos. Lo que importa en la práctica de Ashtanga, no es llegar al máximo en la asana, es tener una respiración fluida, constante, equilibrada, y sostener al mismo tiempo los bandhas, ser concientes de tomar los bandhas. Si logramos estas características en la práctica, las asanas inevitablemente se volveran mas armoniozas, mas flexibles, mas profundas, mas infinitas. Además agreguemos que los bandhas son el principal factor para proteger la columna de las lesiones. Un buen sostén interno mediante el uso de Mula y Uddiyana bandhas, permite realizar la fuerza correspondiente con la musculatura correspondiente, protege la cintura, las vertebras desde su base, alinea la postura corporal permitiendo posiciones cotidianas mas saludables. 

La práctica de asanas debe ser lenta y armonioza. Generalmente el dolor y las lesiones llegan cuando queremos lograr una asana y todavía no esta listo nuestro cuerpo. Entonces lo forzamos, y alteramos la respiración. Respiramos rápido y de manera desarmonioza. La práctica lenta y consciente es la que enciende el fuego interno (Agni), la que genera el calor necesario para quemar las impurezas que son las que están bloqueando el cuerpo. Sri K. Pattabhi Jois dijo: "Con el calor hasta el acero se puede doblar". Pero ese calor debe venir desde el centro del cuerpo, debajo del ombligo, ahí se encuentra la fuente del Agni. Cuando el cuerpo respira como corresponde el calor que genera es tan intenso que empezamos a sudar mucho. Los músculos necesitan del Agni. El proceso así se vuelve interno. El fuego es interno y trabaja en la asana desde adentro. Los movimientos, lentos, amables, permiten a los músculos y articulaciones llegar cómodamente a destino. 

Por el contrario, cuando no respetamos el proceso, cuando no encendemos el fuego, cuando la práctica se vuelve solo externa, entonces llega la lesión. Y no hay que sentirse mal por tener una lesión, no sentir que ha hecho todo mal. Pero si comenzar a replantearse la práctica, descubrir, estudiar, cuales son lo motivos. ¿Cual es mi objetivo? ¿Lograr la mayor cantidad de asanas, las mas difíciles? ¿Demostrar a los demás lo bueno que soy con el cuerpo? Practicar yoga debe ser una actividad que disfrutamos siempre. Y además debe ser una práctica que podamos hacer toda la vida. No es un entrenamiento de alto rendimiento en el que los deportistas tienen una vida útil de 10 o 20 años. 

Las personas que logran practicar hasta en su madurez son aquellas que disfrutan de su práctica, que respetan sus límites, que comprenden el proceso. 

Todos los días veo comentarios de personas sobre el dolor y el pesar que les provoca tal o cual postura. Las describen como sufrimiento. Si bien el sufrimiento es parte de la práctica de yoga, reconocerlo, saber su origen y como nos condiciona, eso no quiere decir que debemos sufrir al practicar asanas. Hasta a veces parece que la gente se siente orgullosa de su sufrimiento, del dolor que vive día a día haciendo yoga. Esto es realmente incomprensible. No olvidemos, la práctica debe ser agradable. 

Por eso debo comentar, existen muchas y diferentes variaciones para las asanas, para los surya namaskara, para todos los vinyasas. Todas se pueden adaptar a la persona según sus condiciones físicas, mentales y emocionales. La edad o las condiciones genéticas no son un impedimento. Solo debe poseer voluntad. 

¿Cual es la finalidad del Yoga? Terapia, purificación, estabilidad física emocional y mental, autoconocimiento, salud, felicidad, devoción. No olvidemos, no perdamos de vista el objetivo. Como reconocemos a un buen yogi, no es aquel que hace las asanas mas avanzadas, el que es mas flexible o se dobla mas. Es aquel que es ecuánime ante el éxito y el fracaso, que acepta sus condiciones y las transforma en bienestar, felicidad. Es quien medita, quien no reacciona desequilibradamente, quien no es perturbado, quien es sencillo y humilde. Quien es espiritual. 

Autor: Patricia Aballay
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