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9 dic 2016

La meditación, por Srivatsa Ramaswami



¿Cómo se debe meditar?

Uno se debe preparar adecuadamente para la meditación. En sánscrito no existe la palabra meditación, sino “práctica interna” SAMYAMA. Los yoguis mencionan dos prácticas o dos procedimientos yóguicos como preparativos: Asanas y Pranayama. Patañjali no sólo detalla paso a paso la metodología de la meditación sino que también los objetos físicos y espirituales en los que meditar. Después de las prácticas preliminares de asana, pranayama y pratyahara, uno se debe sentar cómodamente en un yogasana y empezar la meditación o práctica interna (de la mente). Fijar la mente en un punto es Dharana (concentración).


¿En qué puntos concentrarnos?
Vyasa en su comentario sugiere según la tradición, unos puntos. Primero en el interior del cuerpo, el kundalini yoga elegiría los chakras. El bhakti yogui elegiría el corazón de loto. El sidhha yogui el entrecejo y el kriya yogui un icono exterior. Meditar en la respiración con o sin la recitación del pranayama mantra, es una práctica antigua que aún se practica hoy en día


¿Cuál es la técnica?
El yogabhyasi comienza la práctica interna “antaranga sadhana” trayendo la mente al mismo objeto una y otra vez, siempre que la mente se mueva del objeto elegido para la meditación. La acción constante de intentar traer la mente de vuelta al objeto elegido, una y otra vez, es el primer estado de meditación denominado Dharana.



¿Qué hacer al final de la sesión?

Al final de la sesión, de unos 15 minutos, el meditador debe dedicar un poco de tiempo para evaluar la calidad de la meditación. ¿Cada cuánto tiempo la mente se iba del objeto, cuánto tiempo de media la mente estaba dispersa? ¿De qué tipo eran los pensamientos que interferían? El meditador debe tomar buena nota de estas reflexiones. Si son pensamientos distractores recurrentes y fuertes, se debe esforzar en solucionar el problema que interfiere con la meditación o al menos decidir aceptarlo y resistir la situación o sino esforzarse a mantener esos pensamientos apartados durante el tiempo que se medita. Si durante el periodo de dharana (concentración) la mente se distrae muy frecuentemente y esto no cambia con la práctica, tal vez indique que raja guna es aún dominante y se deba reducir practicando más asanas. Sin embargo, si la presencia de raja guna (característica) es debida a la influencia del mundo exterior, se debe hacer un esfuerzo especial en practicar más cuidadosamente yamaniyamas. Si uno tiende a dormirse durante la meditación, se debe considerar aumentar la práctica de pranayama y poner más atención en reducir la influencia de tamas (cansancio, inercia) del mundo exterior (comida, personas, opiniones…). Se debe continuar con la práctica diaria y evaluar el progreso diario y realizar los ajustes necesarios en la práctica y en las interacciones con el mundo exterior.


Progresar

Cuando la práctica es continua y regular, lentamente el practicante de dharana verá que las interferencias empiezan a reducir su frecuencia y duración. Un día, el abhyasi (practicante) será capaz de mantener su atención en el objeto durante toda la duración del ejercicio. Cuando la mente está continuamente atenta, se puede afirmar que el practicante se ha graduado y pasa al siguiente estado de meditación, conocido como dhyana (atención sin distracciones o meditación). Entonces se debe continuar con la práctica de manera que se fortalezca el hábito de dhyana. Si se continúa con la práctica por un periodo suficientemente largo meditando en el mismo objeto, posiblemente alcanzará el siguiente estado de meditación llamado samadhi.


Resultados
En este estado de samadhi, sólo el objeto ocupa la mente y el abhyasi se olvida incluso de sí mismo. Si se continúa la práctica de meditación se puede dominar la técnica de meditación. Casi cada vez que el yogabhyasi medita puede conseguir llegar a samadhi. Una vez que se consigue esta capacidad se es un yogui (técnicamente competente) y se puede usar esta capacidad en otro objetivo yóguico y hacer un gran progreso en Yoga. El yoguí consumado podrá afinar mucho más. Si un yogui es capaz de afinar mucho más la meditación enfocándose en un aspecto como puede ser el nombre del objeto de meditación, dicha meditación es considerada superior. El siguiente aspecto una vez dominada la meditación será considerar el objeto en el cual se debe meditar.


Diferentes enfoques filosóficos

Para el Bhakti yogui debe meditar en el Señor al que tiene devoción. Según esta aproximación, el Shamkhya elogia la meditación en cada uno de los 24 aspectos de prakriti en el complejo cuerpo-mente de uno mismo y trascenderlo a través del conocimiento director de la verdadera naturaleza de uno mismo, esto es kaivalya (liberación). De la misma manera los yoguis afirman que la verdadera naturaleza del ser (nirodha) es conocida cuando la mente trasciende los cinco tipos de vrittis (actividades mentales) para alcanzar kaivalya, a través de un proceso de más y más sutileza en la meditación. Por otro lado, los Upanishads están de acuerdo con las prácticas como Yoga y Samkhya excepto en lo que a la naturaleza del Ser se refiere. Indicando que el Ser individual y supremo son uno y el mismo y que meditar en su identidad conduce a la liberación. Se requiere práctica constante en un simple objeto de meditación, hasta que se domine la técnica de la meditación y así, se desarrollen los hábitos meditativos (samskaras), y se produzca un cambio en la capacidad (parinama). Entonces el yogui debe fijar un objetivo de meditación basado en su convicción, en una filosofía bhakti, Samkhya, yoga, vedanta, kundalini, nirvana o lo que sea. 


Fuente: Traducción al español de artículo original de Srivatsa Ramaswami, realizada por Oscar Montero, discípulo de Ramaswami.

9 ago 2014

En la casa de la Nada, por Ramiro Calle

Ramiro Calle

¿Quién no tiene problemas con su mente? Mientras no se deterioran, los órganos, las glándulas, los sistemas del organismo van a  nuestro favor, pero ¿y la mente? Muchas veces se comporta como si fuera nuestro peor enemigo. Por ello y desde muy antaño ha habido personas que han concebido y ensayado metidos para poder estabilizar, reorientar, sosegar y esclarecer la mente.  Mientras no se consigue, la mente no es de fiar, se extravía en sus interpretaciones y suposiciones, es, en palabras del gran místico Kabir, un fraude, una casa con un millón de puertas. A mis alumnos de meditación me gusta recordarles el adagio hindú que reza" El monarca que no controla su mente es un mendigo; el mendigo que controla su mente es un monarca". Y como todo lo experimentamos  y vivimos en el escenario de luces y sombras de la mente, es necesario, incluso urgente, empezar a reeducar la mente y conseguir que nos apoye en nuestra senda de la autorrealización. Una mente sana nos ayudará tanto a nosotros como a los demás. Una mente sana está más libre de ofuscación, avaricia y odio. Una mente sana es la que está liberada de los que Buda denominaba "oscurecimientos" o velos. Si todo surge de la mente, es la mente la que hay que ordenar, equilibrar y sanear, además de liberarla de todos sus autoengaños y embustes. 
 
Hay una incomparablemente valiosa herencia en cuanto a instrucciones y métodos para poder desarrollar lo mejor del centro mental y acelerar así nuestro proceso de evolución consciente. Podemos adiestrarnos para poder captar lo que se esconde tras las apariencias. Un tipo diferente y mucho más revelador de percepción se manifiesta cuando la mente logra silenciarse y no somos víctimas de las interferencias de los pensamientos automáticos y que nos robotizan, nos desgastan y neurotizan. "Permanece quieto y sabe que yo soy Dios", dicen los Salmos. "Cuando inhibes los pensamientos, te estableces en tu naturaleza real", señala Patanjali. "Cuando cesan los pensamientos se revela la luz del ser", resaltan los sabios de la India. "Si dejo de ser esto o aquello y soy, la experiencia del ser se expande más allá del ego", enseñan los vedantines. Muchas técnicas del yoga tratan de conducir la mente al estado de silencio profundo, donde uno viaja a la raíz del pensamiento y se asocia con su propia fuente interior. Ese estado especial de mente es denominado unmani o no-mente o también Nirvana-kala o la Mansión del Vacío. Es el vacío de egocentrismo, tendencias perniciosas y subyacentes de la mente, codicia y miedo. Es un estado de no-saber que es el verdadero saber. Pero como el ego trata de afirmarse y es un tirano que no quiere perder su poder, se aferra a las apariencias y se aterra ante la experiencia del vacío. Y el vacío interior, que es plenitud, limpia, esclarece, otorga infinita paz. Es darse un baño del propio ser, en lugar de estar constantemente zarandeados por las olas del ego, el afán de posesividad, la actividad desmedida y la tendencia a externalizarse y el hacer compulsivo. Ese estado de no-pensamiento mecánico o vacío, nos permite experimentar energías muy finas o sutiles, reveladoras, que escapan al estado de mente ordinaria, poseído por las tendencias contrapuestas y los pares de opuestos (amargo-dulce, frío-calor, dentro-fuera, etcétera). En el vacío la mente se unifica y se funde con su fuente. Hay otro tipo de presencia interior. En suma y como apuntara San Juan de la Cruz, el gran experto occidental en las nadas que conducen a lo Absoluto: 
 
"EN LA CASA DE LA NADA NUNCA EL ALMA ESTA PENADA."

29 mar 2014

Raja Yoga, Swami Vivekananda: cap 8, PRÁCTICA DE LA MEDITACIÓN

CAPÍTULO VIII - PRÁCTICA DE LA MEDITACIÓN 

Daremos unas cuantas reglas cuya observancia guiará el ejercitante en la práctica de la meditación. 

De pie, con el cuerpo erguido, fíjese la vista en la punta de la nariz. 

Dice el Bhagavad Gita: 

"Dedíquese el yogui a la Yoga y more en escondido paraje, con cuerpo y mente subyugados, libre de esperanza y deseo." 

"En lugar incontaminado establezca su firme asiento, ni muy alto ni muy bajo, aderezado con hierba kusha, tapizada con una tela y una piel negra de antílope. "

"Allí, firme en su asiento, con la, mente concentrada en un mismo punto de conversión, con el pensamiento subyugado y restrictas las funciones de los sentidos, practique la Yoga para purificar su ser . "

"Con pecho, cuello y cabeza erguidos, firmemente inmóvil, mirando de hito en hito el extremo de la nariz sin divertir la vista a lado alguno, sereno y libre de temor todo su ser, constante en el voto del brahmachari, disciplinada la mente y pensando en Mí, permanezca armonizado en la aspiración a Mí." 

De estos pasajes se infiere que la posición también puede ser sedente, pero siempre con pecho, cuello y cabeza erguidas y mirando fijamente la punta de la nariz. Esta fijeza de la vista tiene por finalidad el dominio de los dos nervios ópticos que favorecen el dominio de la voluntad. 

Imaginemos en el chacra coronario de la cabeza un loto de ocho pétalos cada uno de los cuales simbolice un poder del yogui y cuyo tallo denote el conocimiento, y los estambres y pistilos la renunciación. Si el yogui renuncia a los poderes psíquicos alcanzará la salvación; pero si por desgracia los empleara en provecho propio dejaría de ser yogui. En el interior del loto imaginemos al Ser radiante, omnipotente, inefable, intangible, cuyo nombre es AUM, rodeado de efulgente luz. Medítese. 

Otra especie de meditación consiste en fijar la mente en el chacra o centro vital del corazón, donde arde una llama, símbolo de nuestra alma. Imaginemos que en el interior de esta llama mora Dios, alma de nuestra alma. Medítese. Diferentes y armónicas vibraciones mentales levantan la castidad, la compasión, la misericordia, la veracidad, el perdón de las ofensas, aun de las recibidas de nuestros mayores enemigos, y la fe en Dios. Nadie debe desalentarse si todavía no es perfecto en estas virtudes, pues si en su ejercicio persevera las dominará. El Señor concederá todo cuanto le pida quien en Él se haya refugiado y que renuncie a todo afecto, que no sienta temor ni cólera y con el corazón limpio y puro se dirija al Señor. Adorad al Señor por medio del conocimiento, del amor o de la renunciación. 

Dice el Bhagavad Gita: 

"Quien no malquiere a ser alguno, el amable y compasivo, libre de afectos y egoísmo, ecuánime en la dicha y en la pena, indulgente, siempre gozoso, en armonía con su regulado Yo, de voluntad resuelta, con mente y discernimiento posados en Mí ¡oh, devoto mío! él es a quien yo amo. "

"Quien no conturba al mundo ni el mundo le conturba, que está libre de las inquietudes del goce, del temor :y de la cólera, él es a quien yo amo. "

"El que nada desea, el que sin pasión, sereno, experimentado y puro renuncia a toda empresa, él ¡oh, devoto mío! es a quien yo amo."

"El que ni ama ni aborrece ni se aflige ni desea y con plena devoción renuncia al bien y al mal, él es a quien yo amo. "

"Quien inalterable se mantiene ante el amigo y ante el enemigo, en la fama y en la ignominia, en el calor y en el frío, en la dicha y en la pena, libre de afectos, que por igual recibe la alabanza y el vituperio, silencioso, del todo satisfecho con lo que le sucede, sin hogar propio, de mente firme y plena devoción, él es a quien yo amo. "

"Mas, en verdad, aquellos devotos llenos de fe para quienes Yo soy el Supremo Objeto y participan de esta vivificadora Sabiduría que aquí te revelé, ellos son a quienes predilectamente amo." 

El divino sabio Narada pasaba un día por un bosque y vió un hombre sentado en actitud meditabunda, en cuyo rededor habían levantado un montículo las hormigas blancas. 

El hombre le preguntó a Narada : 
- ¿A dónde vas? 
- Al cielo. 
- Pues dile a Dios que cuándo tendrá misericordia de mí, y alcanzaré la liberación. 
Más adelante de su camino encontró Narada a otro hombre que brincaba, cantaba y bailaba como si estuviese muy alegre, quien también le preguntó: 
- ¿A dónde vas? 
- Al cielo. 
- Pues pregunta cuándo alcanzaré la liberación. 
Prosiguió Narada su camino, y al cabo de mucho tiempo volvió a pasar otra vez por el mismo bosque. 
El hombre de las hormigas blancas, le preguntó: 
- ¿Cumpliste mi encargo? 
- Sí. 
- ¿Y qué te dijo Dios? 
- Que alcanzarás la liberación después que hayas pasado por otras cuatro vidas terrenas. 
El hombre aquel prorrumpió en amargo llanto, diciendo: 
- He meditado hasta el punto de que las hormigas blancas han tenido tiempo de levantar un montículo en mi derredor y aun he de esperar cuatro vidas más. 
El otro hombre le preguntó asimismo a Narada: 
- ¿Cumpliste mi encargo? 
- Sí. 
- ¿Y qué te ha dicho Dios? 
- ¿Ves este tamarindo? Pues has de nacer tantas veces como hojas tiene su follaje, y entonces alcanzarás la liberación. 
El hombre alegróse en extremo, y bailando de contento exclamó: 
- ¡Qué dicha! ¡Alcanzar la liberación tan pronto! 
Pero en aquel punto resonó una voz que decía : 
- ¡Hijo mío! Liberado estás desde este momento. 

Tal fue el premio de su perseverancia final. Estaba dispuesto a seguir esforzándose todas aquellas futuras vidas sin desalentarse ni abatirse, mientras que el otro asceta se quejaba de que fuese demasiado largo el corto plazo de cuatro vidas. Únicamente la perseverancia en la práctica de la Yoga Raja puede dar provechosos resultados.

Traducido por Federico Climent Terrer 

Raja Yoga, Swami Vivekananda: cap 6, MEDITACIÓN Y ÉXTASIS

CAPÍTULO VI - MEDITACIÓN Y ÉXTASIS

Todo conocimiento racional se refiere a la conciencia vigílica, es decir, que tenemos conciencia o conocimiento de la existencia de las cosas que sensoriamente percibimos.Pero al propio tiempo no somos conscientes de los órganos internos de nuestro cuerpo,es decir, no los percibimos por los sentidos ordinarios, aunque nadie sería capaz denegar su existencia, como nadie niega la de Londres, Nueva York o Tokio aunque jamás haya estado en estas capitales.

Comemos conscientemente los manjares, pero la asimilación de la substancia nutritiva es de todo punto inconsciente, pues aunque los experimentos fisiológicos la hayan comprobado indubitablemente, nadie nota ni puede notar el momento en que se efectúa la asimilación en su organismo; y sin embargo, sabemos que es obra nuestra, si bien inconsciente y en modo alguno obra ajena, pues todas las acciones reflejas pueden transmutarse en voluntarias. El corazón late sin que en su movimiento intervenga la voluntad; pero por medio de la perseverante práctica podrá el ejercitante dominar los latidos de su corazón, apremiando o retardando su ritmo y aun amortiguándolo en grado cercano a la suspensión.

Casi todos los órganos del cuerpo pueden someterse al imperio de la voluntad, lo cual demuestra que también es el individuo quien ejecuta las funciones reflejas, aunque las ejecuta sin darse cuenta.

Así vemos que la mente humana opera en dos distintos planos: en el de la conciencia vigílica, en el que toda acción va acompañada del sentimiento de egoencia, y en el de la inconsciencia, en el que el sentimiento de egoencia no acompaña a las acciones. Sin embargo, hay todavía un plano superior al de la inconsciencia y de la conciencia vigílica, en el que también puede operar la mente más allá de la conciencia vigílica, así como la inconsciencia está por debajo de la conciencia vigílica.

En el plano superconsciente tampoco acompaña a la percepción el sentimiento de egoencia que sólo interviene en el plano de la conciencia vigílica. Cuando la mente se eleva al plano de la superconciencia se halla en estado de éxtasis o samadhi. Pero ¿cómo conoceremos si un individuo está en samadhi, pues bien pudiera estar en un nivel inferior al de la conciencia vigílica y abatirse en vez de enaltecerse? En ambos casos la percepción no va acompañada de egoencia; pero por los resultados de la operación sabremos si ascendió o descendió respecto del plano de la conciencia vigílica.

Cuando el individuo duerme profundamente entra en el plano inferior al de la conciencia vigílica. Respira, se mueve el cuerpo sin que le acompañe el sentimiento de egoencia, y al despertar del sueño es el mismo hombre que antes de dormir, y nada ha ganado en conocimiento durante el sueño; pero cuando el individuo entra en samadhi, al salir de él posee conocimientos que no tenía al entrar.

Del estado subconsciente sale el individuo tal como se sumió en él, y del estado superconsciente o extático sale convertido en un sabio, un santo, un profeta, con todo su carácter cambiado. Si los efectos son diferentes, también han de serlo las causas; y como quiera que la  iluminación recibida en estado de samadhi es superior a todo cuanto puede proporcionar el razonamiento en la conciencia vigílica o el instinto en la subconsciencia, de aquí que al estado de samadhi se le llame también de éxtasis o superconciencia. 

Muy limitado es el campo de la razón y de las conscientes operaciones de la mente. No puede dilatarse. Todo intento para dilatarlo es vano; y no obstante, allende este campo están las cosas más queridas de la humanidad, las respuestas referentes a la existencia de Dios, a la inmortalidad del alma y a las condiciones y circunstancias de la vida futura. La razón no puede dar estas respuestas, pues dice que no acierta a afirmar ni a negar. Queda perpleja ante los argumentos favorables y los contrarios. Pero, sin respuestas categóricas a estas preguntas la vida no tendría natural finalidad. 

Todo cuanto hay de moral, noble, grande y elevado en esta vida, está sujeto a las respuestas provenientes de más allá de la conciencia vigílica. Por lo tanto, es importantísimo que recibamos respuesta a dichas preguntas. Si la vida fuese una breve comedia y el universo una fortuita combinación de átomos ¿por qué habríamos de beneficiar al prójimo? ¿De qué servirían la misericordia, la justicia y la caridad ? 

Lo mejor fuera entonces que cada cual se las agenciase como pudiese a expensas de los débiles. Si no hay esperanza en una vida mejor, ¿por qué he de amar al prójimo y no explotarle ? Si todo acaba con la muerte y no hay liberación de las penas del mundo, vale más evitarlas y pasar esta vida lo mejor que se pueda sin preocuparse de los demás. 

Afirman hoy algunos filósofos que el utilitarismo es el fundamento de la moral, y consiste según ellos este fundamento en procurar la mayor felicidad imaginable al mayor número de seres humanos que sea posible. Pero, ¿por qué lo hemos de procurar así? ¿Por qué no he de procurar la mayor infelicidad para el mayor número si de este modo obtengo el máximo provecho? ¿Cómo responderán los utilitaristas a esta pregunta? ¿Cómo distinguir la justicia de la iniquidad? 

Si el individuo se siente movido por el deseo de bienestar y lo satisface sin conocer nada más allá de esta vida, ¿por qué ha de compadecerse de los demás? ¿De dónde vienen todas esas verdades referentes a la moralidad, a la existencia de Dios, al amor y simpatía, a la bondad y al inegoísmo? Toda la moral, toda recta acción, todo noble pensamiento dimanan del inegoísmo y esta sola palabra resume el concepto de la vida humana. 

¿Por qué hemos de ser inegoístas? ¿Dónde está la necesidad o la fuerza que me obligue a ser inegoísta? Podrán decir los utilitaristas que su doctrina es racional, pero si no demuestran la razón de la utilidad les responderé que es muy irracional. Que me demuestren por qué no he de ser egoísta. Que me digan dónde está la utilidad que puede reportarme ser inegoísta. Mi utilidad es precisamente ser egoísta si la utilidad consiste en el máximo de bienestar. El utilitarista no puede responder satisfactoriamente a estas objeciones.La respuesta está en que este mundo es tan sólo una gota de un infinito océano, un eslabón de una cadena sin fin. ¿Dónde adquirieron la idea del inegoísmo los que la enseñaron y predicaron a la humanidad? Sabemos que no es intuitiva, porque los animales en quienes predomina el instinto no conocen el inegoísmo.Tampoco pudo provenir del raciocinio porque la razón nada tiene que ver con el inegoísmo. ¿De dónde provino?

La historia nos enseña que cuantos instructores religiosos ha habido en el mundo, declararon que adquirieron las verdades que enseñaban en los planos superiores al de la conciencia vigílica, y que las recibieron por conducto de un ángel, de un deva o que las oyeron en sueños; pero ninguno dice que las adquiriera a fuerza de argumentar. Sobre este punto enseña la ciencia de la Yoga que los instructores aprendieron las verdades espirituales sin valerse del raciocinio, pero que no las recibieron por mediación de ángeles o devas ni mensajero alguno sino que brotaron de su interior. 

Enseñan los yoguis que la mente puede actuar en un plano superior al de la conciencia vigílica, en el plano superconsciente, y que cuando la mente alcanza este nivel actualiza el hombre trascendentales conocimientos metafísicos. A veces puede un individuo transportarse sin darse cuenta al estado extático y entonces le parece que lo ha transportado una fuerza superior, y así se explica que una inspiración o conocimiento trascendental puede ser el mismo en diferentes países, pero en un país parecerá haberlo comunicado un ángel, en otro un deva y en otro el mismo Dios. Esto significa que la mente actualiza el conocimiento ya latente en su propia naturaleza y que esta actualización del conocimiento se ha interpretado según las creencias del individuo que lo manifestó. 

Afirman los yoguis que es muy peligroso transportarse por accidente al estado extático o de superconciencia, pues arriesga perturbar el cerebro, y se ha observado que todos cuantos sin darse cuenta se colocaron en estado de éxtasis, al recobrar la conciencia vigílica mezclaron no pocas supersticiones con el conocimiento adquirido y tomaron por realidad las alucinaciones. 

Mahoma aseguraba que el arcángel Gabriel se le había aparecido en la cueva donde se entregaba a la oración, y que a lomos del celeste caballo Harak le había llevado a visitar los cielos. En esta simbólica forma de expresión se oculta algo de verdad, y lo mismo se observa al leer el Corán, que contiene admirables verdades mezcladas con groseras supersticiones. Esto se explica porque Mahoma alcanzó fortuitamente el estado extático, sin previa disciplina y desconocía la razón de lo que estaba haciendo. Así por una parte hizo un gran bien a la humanidad aboliendo la idolatría y por otra le causó graves daños con su implacable fanatismo. No obstante, al leer las vidas de instructores como Mahoma, nos convencemos de que estaban inspirados, pues siempre que un profeta se coloca en éxtasis por elevación de su naturaleza emocional, no solamente vuelve a la conciencia vigílica con alguna verdad sino también con alguna superstición que perjudica a las gentes tanto como las pueden favorecer las enseñanzas. 

Para encontrar la causa de las incongruencias de la vida humana hemos de trascender la razón, pero científicamente, lentamente, por regular práctica, desechando toda superstición. Hemos de estudiar el estado de superconciencia como cualquier otro objeto de conocimiento. En la razón hemos de apoyarnos y a la razón hemos de seguir mientras con acierto nos guíe, y cuando ya no pueda guiarnos más allá, nos mostrará el camino del superior plano de conciencia. 

Cuando alguien diga que está inspirado y hable contrariamente a la razón, no hemos de darle crédito, porque los estados subconsciente, consciente y superconsciente pertenecen todos a una misma mente. No tiene el hombre tres mentes sino tres estados de una sola mente, y de inferior a superior se van transmutando estos estados uno en otro. El instinto se transmuta en razón y la razón en intuición o conocimiento superconsciente, por lo que no pueden contradecirse uno a otro. La verdadera inspiración nunca contradice a la razón. Por el contrario, la corrobora y completa.

Las diferentes etapas de la Yoga Raja propenden a conducirnos científicamente al estado de superconciencia, de éxtasis o samadhi. Por otra parte, se ha de tener en cuenta que la inspiración es tan peculiar de cada ser humano como lo fue de los antiguos profetas, que eran tan hombres como nosotros; pero eran perfectos yoguis que lograron elevarse al nivel de la superconciencia, y también podemos todos elevarnos al mismo nivel, pues desde el momento en que un hombre alcanza el estado superconsciente, prueba es ello de que todo ser humano tiene la posibilidad de alcanzarlo. 

La experiencia es nuestro mejor maestro, y aunque razonemos y argumentemos toda la vida, no nos será posible percibir la verdad hasta personalmente experimentarla. No es posible que la sola lectura y estudio de la patología y clínica quirúrgicas conviertan al estudiante en hábil cirujano ni tampoco se satisface el deseo de visitar un país mirándolo en el mapa. Horrible blasfemia es decir que todo el conocimiento que el hombre puede tener de Dios está comprendido en talo cual libro. 

¿Cómo se atreven los hombres a decir que Dios es infinito, y al propio tiempo 
comprimirlo bajo las tapas de un libro? Millares de gentes murieron en el tormento y en las hogueras por no creer en todo lo que dicen las Escrituras sagradas de las religiones, porque no veían encerrado todo el conocimiento de Dios en las páginas de un libro por sagrado que se le considerase. Por supuesto que ya no se quema ni se mata a nadie por cuestiones religiosas, pero todavía están muchísimas gentes esclavizadas a la letra de los libros sagrados sin escudriñar su espíritu. 

Para llegar al estado de superconciencia de una manera normal, es preciso pasar por las descritas etapas de la Yoga Raja. A la concentración ha de seguir la meditación. Cuando la mente está acostumbrada a mantenerse fija en un solo punto interno o externo, tiene la facultad de pensar sin interrupción en el objeto en que se fija; y cuando este continuo pensamiento se aplica al significado interno del objeto, prescindiendo de su percepción externa, se llama samadhi o superconciencia. El conjunto de los tres estados de dharana, dhyana y samadhi constituyen lo que se denomina en sánscrito samyama, o sea cuando la mente se concentra en un objeto y es 
capaz de mantenerse así concentrada durante largo rato y escudriñar el interno significado del objeto en que se mantiene concentrada, prescindiendo de su externa percepción. Este meditativo estado es el superior a que puede llegar el hombre en la vida. Mientras haya deseo no es posible la verdadera felicidad, pues sólo el examen contemplativo del objeto allega felicidad. 

El animal tiene su felicidad en los sentidos. El hombre ordinario en el intelecto. El hombre perfecto en la contemplación espiritual. Para quien nada desea, y contempla como testigo el mundo exterior, los múltiples cambios de la naturaleza son un hermoso y sublime panorama. Estas ideas se han de comprender en dhyana o me.ditación. Al oír un sonido tenemos ante todo la vibración acústica. Después el nervio del oído la conduce al centro cerebral, de donde pasa a la mente y de ella a la percepción del ego, quien reacciona y reconoce el objeto puesto en vibración. Estas fases del fenómeno auditivo se llaman : sonido (sabda), significado (artha) y conocimiento (jnana). En tecnicismo fisiológico se llaman: vibración, transmisión nerviosa y reacción mental. Pero las tres fases del fenómeno se identifican tan por completo que no es posible percibirlas por separado. 

Pero cuando ya del todo disciplinada tiene la mente la facultad de percepción sutil puede aplicarse a la meditación, empezando por objetos densos y siguiendo por los sutiles hasta meditar sin necesidad de objeto material. Dicho de otro modo, la mente debe ocuparse primero en percibir las externas causas de las sensaciones, después los movimientos internos y por último su propia reacción. Cuando la mente logre percibir las externas causas de las sensaciones, tendrá la facultad de percibir las formas sutiles que no puede percibir con los sentidos físicos. Cuando haya percibido los movimientos internos, podrá gobernar las ondas mentales, propias y ajenas, antes de que se transmuten en energía física; y cuando la mente sea capaz de percibir la reacción mental tendrá el yogui el conocimiento do todas las cosas, porque habrá descubierto la esencial naturaleza de su mente que estará entonces bajo su dominio. 

De muchos poderes psíquicos dispondrá a la sazón el yogui, pero si emplea cualquiera de ellos con fines egoístas o siniestros se cerrará el camino de ulterior adelanto. En cambio, si no hace mal uso de sus facultades taumatúrgicas, logrará suprimir toda agitación tumultuosa, en el océano de su mente, y en su tranquila superficie se reflejará su alma. Entonces se conocerá el yogui a sí mismo, se conocerá tal como es y como ha sido siempre. Cada una de las etapas que conducen al estado superconsciente se ha de practicar con rigurosa exactitud para obtener el anhelado fin, en que cese toda aflicción y el alma quede por siempre liberada de la esclavitud de la materia. 

Todo ser viviente ha de alcanzar el estado de samadhi al término del presente ciclo de evolución.

27 mar 2014

Raja Yoga, Swami Vivekananda: cap 5, CONCENTRACIÓN Y MEDITACIÓN

CAPÍTULO V - CONCENTRACIÓN Y MEDITACIÓN 

Ya sabemos cómo se efectúa la percepción por medio de los instrumentos externos, los órganos internos, el cerebro y la mente. Del contacto de un objeto del mundo exterior con estos elementos, resulta la percepción. Sin embargo, muy difícil es que la mente permanezca fija largo rato en determinado objeto. En todo el mundo se les dice a los niños que sean buenos, que no mientan ni hurten; pero nadie les enseña cómo pueden ellos mismos determinarse a ser buenos, a no hurtar ni mentir. Las palabras no les auxiliarán. No les enseñamos cómo no hurtar. Sólo les decimos que no han de hurtar. Les amonestamos para que no sean ladrones, sin decirles por qué no han de ser ladrones. 

Tan sólo auxiliamos al educando cuando le enseñamos a regir y dominar su mente. Todas las acciones, tanto internas como externas, se efectúan cuando. la mente se identifica con los órganos de acción. De una manera consciente o inconsciente la mente se identifica con los centros de sensación y he aquí por qué se cometen tantos errores de que se libraría el hombre si lograra dominar su mente, pues en este caso la mente sólo se identificaría con los centros de sensación cuando la voluntad, guiada por el raciocinio, la rigiera. 

Esto es de todo punto posible, pues vemos que los terapeutas de la llamada ciencia cristiana sugieren a los enfermos la idea de que nieguen rotundamente la existencia del dolor y del mal, y aunque sus creencias son vagas y empíricas tienen mucho en el fondo de las características de la Yoga, ya que al lograr que el enfermo cure de la enfermedad sin más que negarla y ponerse en actitud mental de no sufrirla, se valen para ello inconscientemente del pratyâhâra y abstraen la mente del enfermo de los centros de sensación. 

De análoga manera proceden los hipnotizadores, que por medio de la sugestión excitan en el sujeto una especie de temporáneo pratyâhâra; pero la sugestión hipnótica sólo puede influir en las mentes flacas, y esta sugestión no tiene efecto hasta que el operador, mediante la fijeza de la mirada o cualquier otro artificio, ha colocado la mente del sujeto en morbosa y pasiva condición. 

Tanto las sugestiones del científico cristiano como las del hipnotizador son reprensibles, porque si bien de momento logran aparente éxito, acaban por producir funestos efectos, a causa de que no por la propia voluntad del sujeto se gobiernan los centros sensorios, sino atontando la mente del sujeto y entregándola como juguete a una voluntad ajena. Es como si en vez de detener con vigoroso empuje de las riendas la impetuosa carrera de un tiro de caballos, descargara otra mano sobre la cabeza de los brutos tremendos golpes hasta dejarlos turulatos. 

En dichos procesos, el sujeto pierde cada vez que se le sugestiona parte de su ya escasa energía mental, de suerte que en vez de vigorizar la mente, la debilita todavía más hasta convertirla en una masa informe con riesgo de locura. Todo empeño de regir la mente por medio de una voluntad ajena a la del sujeto, produce al fin y al cabo desastrosos efectos. 

La finalidad de las vidas terrenas por que pasa cada alma es precisamente la liberación de estas vidas, el dominio absoluto del cuerpo y de la mente, la soberanía de la naturaleza externa e interna. Toda influencia de una voluntad externa retrasa y entorpece el logro de esta finalidad, en cualquier aspecto que se ejerza dicha influencia, ya por directo gobierno de los órganos sensorios, ya forzando este gobierno por medio de una morbosa condición. 

De esta manera, lo único que se consigue es remachar un nuevo eslabón en la cadena de pasados errores y supersticiones. Por lo tanto, quien se proponga practicar la Yoga Raja, ha de ir con mucho cuidado en este punto, y no someterse jamás a una voluntad ajena, pues sin advertirlo labraría con ello su propia ruina. 

Cierto es que algunos sugestionadores benefician temporáneamente al sujeto y logran dar nueva y mejor dirección a sus inclinaciones; pero al propio tiempo perjudican a la mayoría de los sujetos al colocarlos en la morbosa condición que les anula la voluntad. Por lo tanto, es un elemento nocivo para la humanidad, aunque de su morbosa influencia no se dé cuenta, todo aquel que exige de las gentes una fe ciega en cuanto les dice y pretende someterlos a su criterio y voluntad. 

Así, pues, cada cual ha de disciplinar su mente para dominarla y valerse de ella como de instrumento para regir y gobernar sus órganos sensorios. Recuerde que mientras no se debiliten su mente y cuerpo ninguna voluntad ajena podrá captar la suya. Apártese de quien pretenda hacerle creer ciegamente en una cosa, pues aunque a los dogmatizadores les parezca que han recibido de Dios el poder de transmutar el corazón humano, están sembrando las semillas de futura destrucción. 

La pratyâhâra o concentración interna consiste en la facultad de apartar la mente de los centros de sensación, de modo que el mundo exterior no exista para el ego, y también en la de aplicar la mente con propósito deliberado a un centro de sensación, para observar, examinar y analizar un objeto externo que de por sí no haya atraído a los sentidos, sino que los sentidos se apliquen al objeto por impulso de la libre voluntad del ego. 

Cuando de esto es capaz el hombre, puede decirse que es hombre de carácter firme, de mente disciplinada, de recia voluntad, y mientras de ello no sea capaz, se verá zarandeado por las circunstancias. Muy difícil es disciplinar la mente. Dice el Bhagavad Gita: "Sin duda, ¡oh armipotente!, que inquieta y rebelde al yugo es la mente; pero a subyugarla bastan el esfuerzo sostenido y la carencia de pasiones." 

Por su propia naturaleza es la mente inquieta, vacilante, errática y acrecienta su volubilidad el deseo. Así es que ante todo, para el ejercicio de la Yoga Raja, es necesario que se apacigüe y sosiegue la mente dejándola que vague a su antojo aunque sin estimular su inquietud, sino como si fuésemos testigos de su tumultuosa agitación, pues ya se calmará como se calma toda efervescencia. 

Desde luego que no se logrará en un día ni siquiera en un mes el sosiego de la mente; pero si el ejercitante persevera en dejar que la mente actúe por sí misma, observará que según transcurre el tiempo son menos agitados y tornátiles sus pensamientos hasta que llegue el día en que esté en calma chicha el un tiempo alborotado mar mental. 

Una vez se ha dominado la práctica de la concentración mental de modo que la mente guiada por la voluntad pueda abstraerse de los centros de sensación o aplicarse a uno de ellos según convenga al ego, se procede a la práctica de la dharana o meditación, que consiste en aplicar la mente a determinado objeto, el cual puede ser en la Yoga Raja una parte del cuerpo. 

Por ejemplo, se enfoca la mente en la mano, de modo que el ego no perciba otra cosa que la mano de su cuerpo físico, y asimismo puede fijarse en un punto del corazón. Sin embargo, es mucho más difícil concentrar la mente en un órgano interno como el corazón que- en uno externo como en la mano, y para facilitar la concentración de la mente en un órgano interno es preciso recabar el auxilio de la facultad imaginativa, o sea de la imaginación. Así podrá el ejercitante fijar la mente en el corazón, imaginando situado en esta víscera en loto de luminosos pétalos en los cuales enfoque la atención. 

De la propia suerte puede enfocarse en los demás chacras o centros vitales del cuerpo físico. El aspirante a yogui debe practicar aisladamente los ejercicios, pues la compañía de otras personas distrae la mente así como también la distrae la mucha conversación y el excesivo trabajo. Tal es la eficacia de la Yoga, que aun una mínima parte de su práctica beneficia al ejercitante, pues apacigua toda excitación nerviosa y capacita para ver con mayor claridad todas las cosas. 

Además, mejorará la salud corporal y dará más flexibilidad y vigor a la voz, cuyas modulaciones se corresponderán con la índole de los pensamientos expresados por las palabras. Quienes practiquen con mayor intensidad los ejercicios, notarán al cabo de algún tiempo como si oyeran un lejano repique de campanas o verán flotantes en la atmósfera puntos luminosos que se irán agrandando poco a poco. Son estas señales de adelanto en la Yoga. 

El ejercitante que se proponga perseverar en la práctica y no tomarla por malsana curiosidad o cosa de juego, habrá de someterse a un riguroso régimen dietético, que durante los primeros meses consistirá en leche y cereales. Según se vaya refinando el organismo, notará el ejercitante que lo desequilibra la más leve irregularidad o transgresión del régimen; pero en cuanto alcance el completo dominio de sí mismo podrá escoger a voluntad su sistema de alimentación. 

Cuando el ejercitante empieza a concentrarse, el contacto de un alfiler le parecerá como si un rayo le atravesara el cerebro, pues las percepciones son más agudas cuando se sutilizan los órganos de sensación. Por estas etapas hemos de pasar todos y quienes perseveren lograrán el éxito final. El ejercitante ha de rehuir toda discusión, todo cuanto arriesgue distraerle de su propósito, sin hablar a nadie de lo que hace ni de si adelanta o no en su camino. 

Refiere una fábula india que si llueve cuando la estrella Svâti está en su ascensión, y cae una gota de lluvia en el interior de una madreperla, la gota se convierte en perla. Añade la fábula que las madreperlas conocen esta circunstancia, de modo que cuando llueve en dichas condiciones, ascienden a la superficie del mar y abren la concha para recibir la gota de lluvia e inmediatamente de recibida cierran la concha y se hunden en el fondo del mar a esperar pacientemente que la gota se convierta en perla. 

Así ha de ser el aspirante a yogui. Primero escuchar, después comprender y por último cerrarse a toda influencia externa para que las enseñanzas recibidas se conviertan en su interior en la perla de la verdad. Muy peligroso es disipar nuestras energías en la veleidosa ocupación de aceptar tales o cuales ideas tan sólo por su novedad o porque están de moda entre los intelectuales, y desecharlas con la misma facilidad para aceptar otras que parezcan más nuevas. Es necesario ocuparse en una sola cosa y estudiarla y examinarla bajo todos sus aspectos sin desistir del examen antes de llegar a una definitiva conclusión. Sólo ve la luz quien persevera en buscarla y así dijo Cristo: "buscad, y hallaréis". 

Para lograr éxito es indispensable la perseverancia y la energía en la realización del deliberado propósito.

28 ene 2014

Concentración y repetición en la práctica diaria del Ashtanga Yoga

Ashtavakrasana en Capilla del Monte, Argentina
La práctica del Ashtanga Yoga consiste en la repetición de unas series de asanas unidas por vinyasas, siempre en un mismo orden y con la misma cantidad de respiraciones.

Por supuesto que es una forma de practicar asanas, o una práctica de Yoga moderna, que a mucha gente no le agrada, prefiriendo las clases de yoga donde todas las clases se hacen rutinas diferentes. Son formas diferentes de trabajar. Tienen cosas positivas ambos tipos de práctica, pero lo que distingue al Ashtanga Yoga es esa "repititividad" que nos permite lograr una verdadera meditación en movimiento. 

Éste método de "repetición" es muy eficaz en varios aspectos:

Profundización en las asanas

Cuando realizamos por primera vez un asana, el cuerpo se siente un poco perdido. Comenzamos por "pensar" o "reconocer" donde están nuestras partes del cuerpo, cuales se apoyan en el suelo y como se apoyan, que músculos se estiran y cuales hacen fuerza, cuales nos sostienen.
 
Recordemos la definición de asana en los Yoga Sutras de Patanjali, libro II, 46: " La postura adecuada es aquella que es firme y agradable." Esto implica el conocimiento del cuerpo, de la parte del cuerpo que hace de base, sosteniendo y dando estabilidad a la postura, y la parte del cuerpo que se relaja y se torna "cómoda", para que la asana en su totalidad esté equilibrada física y mentalmente. 

Cuando por fin empezamos a conocer nuestro cuerpo descubrimos algo muy importante generalmente olvidado, el cuerpo está dormido, inmovilizado y tieso. Encontramos las articulaciones con sus diversas formas de movilidad, el cuerpo se vuelve a abrir lentamente, es un proceso largo, pero vamos ganando la libertad de movimientos de cada parte. Hay ciertas asanas que siempre tienen algo nuevo para ser descubierto, un lugar inexperimentado. Repetir siempre las asanas nos permite llegar a esos lugares, comprender la asana en su totalidad, trabajar íntegramente, con todo el cuerpo físico pero también con la mente y la respiración. 

Sin repetición no hay profundización. No es siempre lo mismo, es cada vez mas profundo. 

Generar un hábito

Repitiendo la práctica todos los días podemos generar un hábito. Repitiendo una acción, repitiendo un estado mental, una respiración específica, generamos nuevos patrones de movimiento, nuevos patrones respiratorios y nuevos patrones mentales. Las acciones generan hábitos y los hábitos generan el carácter.


Meditación en movimiento
El Ashtanga Yoga es meditación. La meditación requiere cierta cualidad mental, un estado de calma y focalización, y se obtiene cuando mediante la disciplina y el esfuerzo, dejamos de lado todos los pensamientos, es decir los "movimientos de la mente". Para esto, el meditador se sienta en su postura de meditación y trabaja enfocando la mente en un objeto, entonces los "vrittis" u "ondas mentales" se hacen conscientes y el objetivo es dejarlos pasar, no adherirse a ellos, para volver a enfocarse una y otra vez en el objeto de meditación. La "repetición" de esta rutina es la que fortalece la mente, es decir, si nos sentamos a meditar un solo día veremos lo difícil que es y cuan desorientada y dispersa se encuentra nuestra mente. Pero si todos los días nos sentamos a meditar poco a poco la mente se irá purificando y calmando, hasta que llegará el momento en que con tan solo sentarnos en la postura de meditación la mente entrará automáticamente es un estado meditativo. 

Con la práctica de Ashtanga Yoga sucede lo mismo. En primer lugar, es una "autopráctica", aunque estemos en un grupo junto a 20 personas mas, es uno mismo quien va siguiendo su secuencia y dictando a sí mismo las asanas, es decir que la mente trabaja y no se pone en automático dejando que otro haga su trabajo. La práctica diaria de la misma serie de asanas, con las respiraciones adecuadas, será el soporte para fortificar la meditación en movimiento, para lograr el verdadero fluir de los movimientos, acompañados de una mente aguda que penetra en profundidad cada parte  de la asana. De otro modo no podríamos lograr semejante equilibrio, la armonía adecuada para que el conjunto mente-cuerpo trabajen óptimamente. Mediante la repetición los movimientos y las asanas se suceden sin que la mente pueda escaparse, se mantiene presente en la acción momentánea. 


Por otra parte, suele suceder que este tipo de práctica pone en evidencia la desconcentración y dispersión mental. Al no tener una voz que nos dicta la secuencia en todo momento, es nuestro trabajo mantenernos concentrados repitiendo la secuencia. Por esta razón hay personas que dejan estas prácticas y buscan clases guiadas, pues no pueden enfrentar el esfuerzo que requiere ésta meditación. 

Focos de concentración

Resulta útil tener una lista de focos de concentración, como me gusta llamarles, es decir "objetos" de meditación, que podemos ir variando cada día de práctica. Especialmente pensé en esta lista para aquellas personas que ven la práctica algo monótona, utilizando los focos de concentración podemos profundizar aún mas en cada aspecto relevante de la práctica, logrando mayor calma y lucidez al momento de realizar las asanas, y trabajando la unidirección mental, o Pratyahara, y meditación o Dhyana. 

La forma de trabajar con los focos de concentración es la siguiente, elige uno de los items y focalízate en él durante toda la práctica, de comienzo a fin. Si eventualmente tu atención se dispersa del foco, vuelve a traerla una y otra vez. Analiza en profundidad dicho item en cada asana y cada vinyasa a fin de obtener el conocimiento profundo del mismo. Tener un foco de concentración no significa que no debes observar los otros items o aspectos de la práctica, pero se trata de profundizar tu sabiduría respecto a ese tema en particular. Si pierdes la concentración no te ofusques, debes mantener la ecuanimidad ante todo y volver a comenzar una y otra vez con tu foco. 


  • La posición corporal y las sensaciones: observa la posición de cada parte del cuerpo y del cuerpo en su totalidad, observa las sensaciones corporales para obtener información de los músculos (cuales se estiran y cuales hacen fuerza), las articulaciones, los huesos, etc. Que diferencia hay en las distintas posiciones, por ejemplo en las invertidas, respecto a la posición de los órganos internos. Observa las temperaturas, como van cambiando dentro del cuerpo y en cada parte. Trabaja el equilibrio en todas las asanas, incluso en las sentadas, comprendiendo las fuerzas de gravedad que actúan sobre el cuerpo. 
  • Los bandhas: uddiyana bandha y mula bandha fortalecen la asana y concentran la mente, dirigen la respiración adecuadamente a través del sushumna nadi. Focalizar en los bandhas es muy importante, requiere mantenerlos presente a cada instante y lograr su ejecución perfecta. Al comienzo veremos que estos "cierres" físicos son densos, burdos, con la práctica se volverán cada vez mas sutiles funcionando especialmente en el plano mental. 
  • La respiración: observa la calidad de la respiración. Su sonido debe transmitir calma y estabilidad. La duración debe ser igual siempre, equilibrando la inhalación con la exhalación. Podés practicar prolongar lo mas posible tu respiración, llegando hasta 6, 8 o 10 segundos por cada inhalación y por cada exhalación. Prueba realizar los Surya Namaskara con esta medida de tiempo y registra los cambios que notas. 
  • El drishti: focalizar la mirada atentamente es un gran paso para la meditación. Si tomamos este item podemos concentrarnos para no perder de vista el drishti durante toda la práctica. Muchas veces tenemos presente el drishti, pero observándolo en profundidad veremos que se nos corre la vista varias veces durante la práctica. Procura no desviar tu drishti y registra los cambios. 
  • El mínimo esfuerzo: cuando focalizamos en el mínimo esfuerzo significa que realizaremos la práctica con la fuerza justa y necesaria, para esto es indispensable concentrarse también en la respiración. Procura no agotarte y realizar toda la serie con calma, verás que si te concentras en este punto todo fluirá mejor y de forma relajada. La maquina del cuerpo puede ser muy eficaz si sabemos como utilizarla. Administrar correctamente la energía a lo largo de toda la práctica no es fácil, el combustible instantáneo que obtenemos de la respiración es la clave para obtener la maestría en el mínimo esfuerzo. 
  • La observación mental: este item permite observar con claridad los movimientos mentales o vrittis, podemos combinar con la atención en los otros puntos, pero registrando y tomando nota de cada distracción mental, cada pensamiento que asoma. Veremos que estos pensamientos siempre son del pasado o del futuro, de situaciones que recordamos de pronto o de proyecciones a futuro. Procura limpiar tu mente de todo lo que no sea aquí y ahora, para lograr la meditación adecuada. 
Autora Patricia Aballay