22 nov. 2013

Upadesa Sahasri - Sri Sankaracharya - part 2

CAPÍTULO II
EL CONOCIMIENTO DEL SÍ MISMO SIN-CAMBIO Y NO-DUAL

45.— Un cierto brahmachârin [el que pertenece al primero de los cuatro órdenes de la vida, un estudiante], cansado de la existencia transmigratoria que consiste en el nacimiento y la muerte, y aspirando a la liberación, se acercó de la manera prescrita a un Conocedor delBrahman establecido en Él, y sentándose cómodamente, dijo, «¿Cómo puedo yo, Señor, ser liberado de esta existencia transmigratoria? Consciente del cuerpo, de los sentidos y sus objetos, yo siento aflicción en el estado de vigilia y también en el estado de sueño con sueños una y otra vez, después de los intervalos de reposo en el sueño profundo experimentado por mí. ¿Es está mi naturaleza propia o es ella causal, siendo yo de una naturaleza diferente? Si ella es mi naturaleza propia, yo no puedo tener ninguna esperanza de liberación, pues uno no puede deshacerse de su naturaleza propia. Pero si ella es causal, la liberación de ella puede ser posible eliminando la causa».



46.— El maestro le dijo, «Escucha, hijo mío, ella no es tu naturaleza; ella es causal».


47.— Dicho esto, el discípulo dijo, «¿Cuál es la causa, qué le pondrá fin y cuál es mi naturaleza? Al poner fin a esa causa, habrá la ausencia del efecto, y yo volveré a mi propia naturaleza, lo mismo que un paciente que vuelve a la situación normal (de su salud) cuando es eliminada la causa de su enfermedad».


48.— El maestro dijo, «La causa es la Ignorancia. El Conocimiento la pone fin. Cuando la Ignorancia, la causa, sea eliminada, tú estarás liberado de la existencia transmigratoria, consistente en el nacimiento y la muerte. Y nunca sentirás de nuevo aflicción en los estados de vigilia y sueño con sueños».


49.— El discípulo dijo, «¿Qué es esa Ignorancia? ¿Cuál es su sede (¿cuál es su objeto?) y cuál es el Conocimiento por cuyo medio puedo volver a mi naturaleza propia?»


50.— El maestro dijo, «Tú eres el Sí mismo Supremo no-transmigratorio, pero piensas erróneamente que tú eres alguien sujeto a la transmigración. (Similarmente), no siendo ningún hacedor ni ningún experimentador, te consideras erróneamente a ti mismo que lo eres. Así mismo, tú eres eterno, pero te consideras erróneamente a ti mismo como no eterno. Esto es ignorancia».


51.— El discípulo dijo, «Aunque eterno, yo no soy el Sí mismo Supremo. Mi naturaleza es una naturaleza de existencia transmigratoria consistente en ser hacedor y experimentador de sus resultados, como es sabido por evidencias tales como la percepción sensorial, etc. No es debido a la Ignorancia. Pues la Ignorancia no puede tener el Sí mismo interior como su objeto. La ignorancia consiste en la sobreimposición de las cualidades de una cosa sobre otra, por ejemplo, la bien conocida plata sobre la bien conocida madreperla o un bien conocido ser humano sobre un (bien conocido) tronco de árbol y viceversa. Una cosa no-conocida no puede ser sobreimpuesta sobre una cosa conocida y viceversa. El no-Sí mismo no puede ser sobreimpuesto sobre el Sí mismo, pues Él no es conocido. Similarmente, el Sí mismo no puede ser sobreimpuesto sobre el no-Sí mismo por la misma razón».


52.— El maestro le dijo, «Eso no es así. Hay excepciones. Pues, hijo mío, no puede haber una regla de que solo cosas bien conocidas se sobreimpongan sobre otras cosas bien conocidas, ya que nosotros nos encontramos con la sobreimposición de algunas cosas sobre el Sí mismo. La belleza y la obscuridad, que son propiedades del cuerpo, son sobreimpuestas sobre el Sí mismo, que es el objeto de la consciencia “yo”, y el mismo Sí mismo es sobreimpuesto sobre el cuerpo».


53.— El discípulo dijo, «En ese caso, el Sí mismo debe ser bien conocido debido a que es el objeto de la consciencia “yo”. El cuerpo también debe ser bien conocido pues se habla de él como “este” (cuerpo). Cuando esto es así, se trata de un caso de sobreimposición mutua del cuerpo bien conocido y del Sí mismo bien conocido, como el de un ser humano y el tronco de un árbol o el de la plata y la madreperla. (No hay, por consiguiente, ninguna excepción aquí). Así pues, ¿cuál es la peculiaridad con referencia a la cual dice usted que no puede haber una regla de que la sobreimposición mutua solo sea posible de dos cosas bien conocidas?»


54.— El maestro dijo, «Escucha. Es cierto que el Sí mismo y el cuerpo son bien conocidos, pero no son bien conocidos por todas las gentes como objetos de conocimientos diferentes, lo mismo que un ser humano y un tronco de un árbol. (Pregunta) ¿Cómo son conocidos entonces? (Respuesta). (Son conocidos siempre) como los objetos de un conocimiento indiferenciado. Puesto que nadie los conoce como objetos de conocimientos diferentes diciendo, “Esto es el cuerpo” y “Esto es el Sí mismo”. Por esta razón las gentes están engañadas sobre la naturaleza del Sí mismo y del no-Sí mismo, y dicen, “El Sí mismo es de esta naturaleza” y “Él no es de esta naturaleza”. Se trataba de esta peculiaridad cuando he dicho que no había ninguna regla tal (a saber, solo las cosas bien conocidas pueden ser sobreimpuestas una sobre otra).


55.— Discípulo: «Todo lo que es sobreimpuesto debido a la ignorancia sobre alguna otra cosa, se encuentra que es no-existente en esa cosa, por ejemplo, la plata en la madreperla, un ser humano en el tronco de un árbol, una serpiente en una cuerda, y la forma de una sartén en el cielo. Similarmente, tanto el cuerpo como el Sí mismo, objetos siempre de un conocimiento indiferenciado, serían no-existentes uno en el otro si estuvieran mutuamente sobreimpuestos, lo mismo que la plata, etc., sobreimpuesta sobre la madreperla y otras cosas, y viceversa, son siempre absolutamente no-existentes. Igualmente, el Sí mismo y el no-Sí mismo serían no-existentes si estuvieran sobreimpuestos similarmente uno sobre otro debido a la Ignorancia. Pero eso no es deseable, pues es la postura de los nihilistas. Si, en lugar de una sobreimposición mutua, (solo) el cuerpo está sobreimpuesto debido a la Ignorancia sobre el Sí mismo, el cuerpo será noexistente en el Sí mismo existente. Eso tampoco es deseable, pues contradice la percepción sensorial, etc. Por consiguiente, el cuerpo y el Sí mismo no están sobreimpuestos mutuamente debido a la Ignorancia. (Si ellos no están sobreimpuestos) ¿entonces qué? Ellos están siempre en una relación de conjunción entre sí, como los pilares y los bambúes (de una casa)».


56.— Maestro: «Ello no es así. Pues en ese caso surge la posibilidad de que el Sí mismo exista para el beneficio de otro y de que sea no-eterno. El Sí mismo, al estar en contacto con el cuerpo, sería existente para el beneficio de otro y sería no-eterno como la combinación de los pilares y los bambúes. Además, el Sí mismo, que otros filósofos suponen unido con el cuerpo, debe tener una existencia por causa de otro. Por consiguiente, se concluye que exento de contacto con el cuerpo, el Sí mismo es eterno y característicamente diferente de él». 57.— Discípulo: «Las objeciones de que el Sí mismo, como el cuerpo solo, es no-existente, no-eterno y demás, son válidas también si el Sí mismo que no está unido con el cuerpo estuviera sobreimpuesto sobre él. El cuerpo sería entonces sin un Sí mismo y así entra en escena la postura nihilista».


58.— Maestro: «No. (Tú no estás en lo cierto). Pues nosotros admitimos que, como el éter, el Sí mismo es por naturaleza libre de contacto con nada. Lo mismo que las cosas no están exentas del éter, aunque el éter no está en contacto con ellas, así también, el cuerpo, etc., no están exentos del Sí mismo, aunque el Sí mismo no está en contacto con ellos. Por consiguiente, la objeción de la postura nihilista no se plantea.


59.— «No es un hecho que la no-existencia absoluta del cuerpo contradiga la percepción sensorial, etc., puesto que la existencia del cuerpo en el Sí mismo no es conocida por estas evidencias. El cuerpo no es conocido que exista en el Sí mismo por percepción, etc., como una ciruela en un agujero, mantequilla en la leche, o aceite en la semilla de sésamo o una pintura pintada en una pared. Por consiguiente, no hay ninguna contradicción con la percepción sensorial, etc.»


60.— Discípulo: «¿Cómo puede haber entonces la superposición del cuerpo, etc., sobre el Sí mismo que no es conocido por la percepción sensorial, etc., y la del Sí mismo sobre el cuerpo?»


61.— Maestro: «Eso no es una objeción (válida). Pues el Sí mismo es bien conocido naturalmente. Puesto que nosotros vemos la forma de una sartén sobreimpuesta sobre el cielo, no puede haber una regla de que hay cosas conocidas solo ocasionalmente sobre las que es posible la sobreimposición y no sobre cosas que son conocidas siempre».


62.— Discípulo: «Señor, ¿es hecha la sobreimposición mutua del cuerpo y el Sí mismo por la combinación del cuerpo, etc., o por el Sí mismo?»


63.— El maestro dijo, «¿Importa si es hecha por uno o por el otro?»


64.— Preguntado así, el discípulo dijo, «Si yo fuera solo una combinación del cuerpo, etc., yo sería no-consciente y existiría solo debido a otro. Por consiguiente, la sobreimposición mutua del cuerpo y el Sí mismo no podría ser hecha por mí. Por otra parte, si yo fuera el Sí mismo, yo sería característicamente diferente de la combinación del cuerpo, etc., sería consciente, y, por consiguiente, existiría enteramente por mí mismo. Así pues, soy yo, un ser consciente, quien hace esa sobreimposición, que es la raíz de todos los males, sobre el Sí mismo».


65.— Dicho esto, el maestro dijo, «No hagas ninguna sobreimposición, si sabes que ella es la raíz de todos los males». 66.— Discípulo: «Señor, pero yo no puedo hacerlo, yo no soy independiente. Yo soy hecho actuar por otro».


67.— Maestro: «Entonces tú no existes por ti mismo, pues eres no-consciente. Eso por lo cual tú eres hecho actuar como alguien dependiente de otro, es consciente y existe por sí mismo. Tú eres solo una combinación (del cuerpo y otras cosas)».


68.— Discípulo: «¿Cómo soy yo consciente del dolor y del placer y también de lo que usted dice, si yo soy no-consciente?»


69.— Maestro: «Eres tú diferente de la consciencia del dolor y del placer y de lo que yo digo o no?»


70.— El discípulo dijo: «Es un hecho que yo soy diferente de ellos. Pues yo los conozco como objetos de mi conocimiento, como las vasijas y otras cosas. Si yo no fuera diferente, no podría conocerlos. Pero yo los conozco; así pues, yo soy diferente. Si yo no fuera diferente, las modificaciones de la mente llamadas dolor y placer y las palabras dichas por usted existirían por sí mismas. Pero eso no es razonable. Pues el placer y el dolor producidos por la pasta de sándalo y una espina respectivamente, y también el uso de una vasija, no son por sí solos. Por consiguiente, los propósitos servidos por la pasta de sándalo, etc., se deben a mí que soy su conocedor. Yo soy diferente de ellos pues conozco todas las cosas penetradas por el intelecto».


71.— El maestro le dijo: «Puesto que tú posees consciencia, existes por ti mismo y no eres hecho actuar por otro. Pues un ser consciente independiente no es hecho actuar por otro, ya que no es razonable que uno que posee consciencia exista debido a otro que posee consciencia, al ser ambos de la misma naturaleza como las luces de dos lámparas. Tampoco uno que posee consciencia existe debido a otro que no tiene consciencia, pues no es posible que una cosa exista por sí misma por el hecho mismo de que es no consciente. Ni tampoco se ve que dos cosas no-conscientes existan una debido a la otra, como la madera y la pared no sirven cada una al propósito de la otra.


72.— Discípulo: «Pero puede decirse que el servidor y el señor se ve que sirven cada uno al propósito del otro, aunque ellos son igualmente poseedores de consciencia».


73.— Maestro: «Ello no es así. Pues yo hablo de la consciencia que te pertenece a ti como el calor y la luz al fuego. Es por esta razón que he citado el ejemplo de las luces de dos lámparas. Por consiguiente, en tanto que consciencia sin cambio y eterna, lo mismo que el calor y la luz del fuego, tú conoces todo lo que se presente a tu intelecto. Así pues, cuando tú sabes siempre que el Sí mismo es sin ningún atributo, ¿por qué has dicho, “Yo experimentó dolor y placer una y otra vez durante los estados de vigilia y de sueño con sueños después de los intervalos de reposo en el sueño profundo”? ¿Y por qué has dicho, “¿Es ello mi naturaleza propia o es causal?”? ¿Se ha desvanecido o no este engaño?


74.— A esto, el discípulo respondió, «El engaño, Señor, ha desaparecido por su gracia; pero tengo dudas sobre la naturaleza sin cambio que, dice usted, me pertenece». Maestro: «¿Qué dudas?» Discípulo: «El sonido, etc., no existen independientemente pues ellos son no conscientes. Pero vienen a la existencia cuando surgen en la mente modificaciones que parecen sonido y demás. Es imposible que estas modificaciones tengan una existencia independiente, pues son exclusivas de otro en cuanto a sus características especiales (de parecer ser sonido, etc.), y parecen ser azules, amarillas, etc. (Así pues, el sonido, etc., no son lo mismo que las modificaciones mentales). Por consiguiente, se infiere que estas modificaciones son causadas por objetos externos. Así pues, se prueba que las modificaciones parecen sonido, etc., a saber, objetos que existen externamente. Similarmente, estas diferentes modificaciones de la mente son también combinaciones, y, por consiguiente, no-conscientes. Así pues, al no existir por sí mismas, como el sonido, etc., sólo existen cuando son conocidas por uno diferente de ellas. Aunque el Sí mismo no es una combinación, Él consiste en Consciencia y existe por Sí mismo; Él es el conocedor de las modificaciones mentales que parecen ser azules, amarillas, y demás. Por consiguiente, Él debe ser de una naturaleza cambiante. De aquí viene la duda sobre la naturaleza sin cambio del Sí mismo».


75.— El maestro le dijo, «Tu duda no es justificable. Pues tú, el Sí mismo, verificas que eres libre de cambio, y, por consiguiente, perpetuamente el mismo, en base a que todas las modificaciones de la mente, sin ninguna excepción, son conocidas (simultáneamente) por ti. En lo que concierne a tu duda, considera este conocimiento de todas las modificaciones, el cual es la razón de la inferencia mencionada antes. Si tú fueras cambiante como la mente o los sentidos (que aprehenden sus objetos uno después de otro), no conocerías simultáneamente todas las modificaciones mentales, es decir, los objetos de tu conocimiento. Tampoco serías consciente solo de una porción de los objetos de tu conocimiento (a la vez). Por consiguiente, tú eres absolutamente sin-cambio».


76.— El discípulo dijo, «El conocimiento es el significado de una raíz (verbal), y, por consiguiente, consiste ciertamente en un cambio (toda raíz verbal significa acción); y el Conocedor (como dice usted) es de una naturaleza sin-cambio. Esto es una contradicción ». 77.— Maestro: «Eso no es así. Pues la palabra conocimiento es usada solo en sentido secundario para significar un cambio llamado acción, el significado de una raíz (verbal). Una modificación de la mente, llamada así una acción, acaba en un resultado que es en sí mismo el reflejo del Conocimiento, es decir, del Sí mismo. Por esta razón, a esta modificación se le llama conocimiento en un sentido secundario, de la misma manera que, a la acción de cortar una cosa en dos, se le llama secundariamente su separación en dos, lo cual es el resultado último de la acción de cortar la cosa».


78.— Dicho esto así, el discípulo dijo, «Señor, el ejemplo citado por usted no puede probar que yo soy sin-cambio». Maestro.— «¿Cómo?» Discípulo.— «Pues, de la misma manera que la separación última (en dos) se usa secundariamente para la acción de cortar que es el significado de la raíz (verbal), así también la palabra conocimiento se usa secundariamente para la modificación mental que es el significado de la raíz (verbal) conocer, y que acaba en el resultado que es un cambio en el Conocimiento. Por consiguiente, el ejemplo citado por usted, no puede establecer la naturaleza sin-cambio del Sí mismo».


79.— El maestro dijo, «Lo que tú dices sería verdadero si hubiera una distinción entre el Conocedor y el Conocimiento. Pues, el Conocedor es solo Conocimiento eterno. El Conocedor y el Conocimiento no son diferentes como aparecen en la filosofía argumentativa ».


80.— Discípulo: «¿Cómo es entonces que una acción acaba en un resultado que es el Conocimiento?


81.— El maestro dijo, «Escucha. Se dijo que la modificación mental, llamada acción, acababa en un resultado que era el reflejo del Conocimiento. ¿No lo escuchaste? Yo no dije que un cambio fuera producido en el Sí mismo como resultado (de la modificación de la mente)».


82.— El discípulo dijo, «¿Cómo entonces soy yo el que soy sin cambio, el conocedor, como usted dice, de todas las modificaciones mentales, es decir, los objetos de mi conocimiento? »


83.— El maestro le dijo, «Yo te he dicho la cosa verdadera. El hecho mismo (de que tú conoces simultáneamente todas las modificaciones mentales) fue aducido por mí como la razón de que tú eres eternamente inmutable».


84.— Discípulo: «Si esto es así, Señor, ¿cuál es entonces mi falta cuando los cambios mentales que semejan sonido, etc., y que resultan en el reflejo del Conocimiento, mi naturaleza propia, son producidos en mí, que soy de la naturaleza de la Consciencia sin cambio y eterna?»


85.— Maestro: «Es verdadero que tú no has de ser culpado. Como te he dicho antes, la Ignorancia es la única falta».


86.— Discípulo: «Señor, ¿por qué hay (en mí) los estados de sueño con sueños y vigilia, y yo soy absolutamente sin cambio como el que está en sueño profundo?»


87.— El maestro le dijo, «Pero tú siempre los experimentas (cuando surgen)».


88.— Discípulo: «Sí, yo los experimentó a intervalos, pero no continuamente».


89.— El maestro dijo, «Entonces ellos son solo adventicios, y no son tu naturaleza propia. Ciertamente, ellos serían continuos si fueran auto-existentes como la Consciencia Pura, que es tu naturaleza propia. Además, ellos no son tu naturaleza propia puesto que son no-persistentes, como los vestidos y otras cosas. Pues lo que es la naturaleza propia de uno no se ve nunca que cese de persistir mientras persiste uno. Pero la vigilia y el sueño profundo cesan de persistir mientras la Consciencia Pura continúa persistiendo. Persistiendo en el sueño profundo la Consciencia Pura, el Sí mismo, todo lo que es no-persistente (en ese tiempo) es destruido o negado como cosas adventicias, mientras que las propiedades de la naturaleza de uno no se encuentra nunca que posean estas características; por ejemplo, se ve la destrucción del dinero, de los vestidos, y la negación de las cosas adquiridas en el sueño con sueños o en la ilusión».


90.— Discípulo: «Pero, Señor, si esto es así, tiene que admitirse que la Consciencia Pura misma es adventicia como la vigilia y el sueño con sueños. Pues ella no es conocida en el sueño profundo. O bien (puede ser que yo tenga una consciencia adventicia) o bien yo soy no-consciente por naturaleza».


91.— Maestro: «No. (Lo que dices no es verdadero). Piensa sobre ello. No es razonable (decir eso). Tú puedes considerar la Consciencia Pura como adventicia (si fueras suficientemente sabio); pero no puedes probar que lo sea razonando ni siquiera en un centenar de años, ni tampoco (puede ser probado que lo sea) ni siquiera por un hombre necio. Como la consciencia (que tiene como adjuntos las modificaciones mentales) es una combinación, nadie puede impedir su existencia por causa de otro, ni su multiplicidad y destructibilidad por un razonamiento cualquiera; pues nosotros ya hemos dicho que todo lo que no existe por sí mismo no es auto-existente. La Consciencia Pura, el Sí mismo, es auto-existente. Nadie puede impedir Su independencia de otras cosas pues Él no cesa de existir nunca».


92.— Discípulo: «Pero yo he mostrado una excepción, a saber, yo no tengo ninguna consciencia en sueño profundo».


93.— Maestro: «No, tú te contradices a ti mismo». Discípulo: «¿Cómo es ello una contradicción?» Maestro: «Tú te contradices a ti mismo al decir que no eres consciente, cuando, de hecho, lo eres». Discípulo: «Pero, Señor, yo no he sido nunca consciente de la consciencia ni de nada en el sueño profundo». Maestro: «Así pues, tú eres consciente en el sueño profundo. Pues tu niegas la existencia de los objetos del Conocimiento (en ese estado), pero no niegas la existencia del Conocimiento. Ya te he dicho que lo que es tu Consciencia no es nada sino Conocimiento absoluto. La Consciencia, debido a cuya presencia tú niegas (la existencia de cosas en el sueño profundo) diciendo, “Yo no era consciente de nada”, es el Conocimiento, la Consciencia que es tu Sí mismo. Puesto que Él no cesa de existir nunca, Su inmutabilidad eterna es auto-evidente y no depende de ninguna evidencia; por el contrario, un objeto del Conocimiento diferente del Conocedor auto-evidente, depende de una evidencia para ser conocido. A diferencia del objeto, el Conocimiento eterno, que es indispensable para probar las cosas no-conscientes diferentes del Sí mismo, es inmutable; pues Él es siempre de una naturaleza auto-evidente. El hierro, el agua, etc., que no son de la naturaleza de la luz y el calor, dependen para ellos del sol, del fuego y de otras cosas diferentes de ellos, pero el sol y el fuego mismos, siempre de la naturaleza de la luz y el calor, no dependen para ellos de nada más; así también, al ser de la naturaleza del Conocimiento puro, el Sí mismo no depende de ninguna evidencia para probar que Él existe o que Él es el Conocedor».


94.— Discípulo: «Pero es conocimiento transitorio solo, y no Conocimiento eterno, el que es el resultado de una prueba».


95.— Maestro: No. No puede haber razonablemente una distinción de perpetuidad u otra en el Conocimiento. No se sabe que el conocimiento transitorio, y no el Conocimiento eterno, es el resultado de una prueba, pues el Conocimiento mismo es ese resultado ».


96.— Discípulo: «Pero el Conocimiento eterno no depende de un Conocedor, mientras que el conocimiento transitorio sí, pues es producido por un esfuerzo mediador. Esto es la diferencia».


97.— Maestro: «El Conocedor, que es el Sí mismo, es entonces auto-evidente, pues no depende de ninguna evidencia (para ser probado)».


98.— Discípulo: «(Si el Conocimiento del Sí mismo fuera independiente de una evidencia, sobre la base de que Él es eterno), ¿por qué la ausencia del resultado de una evidencia con respecto al Sí mismo no habría de establecerse sobre la misma base?» Maestro: «No. Eso ya ha sido refutado sobre la base de que es el Conocimiento puro el que está en el Sí mismo».


99.— «¿A quién pertenecerá el deseo (de conocer una cosa), si el Conocedor depende de una evidencia para ser conocido? Se admite que el que está deseoso de conocer una cosa es el conocedor. Su deseo de conocer una cosa tiene por objeto la cosa a ser conocida y no el conocedor. Pues, en este último caso, surge un regressus ad infinitum con respecto al conocedor y también con respecto al deseo de conocer al conocedor, en tanto que han de ser conocidos el conocedor del conocedor y así sucesivamente. Además, al no mediar nada, el Conocedor, el Sí mismo, no puede caer nunca en la categoría de lo conocido. Pues una cosa a ser conocida, deviene conocida, cuando es distanciada del conocedor por el nacimiento de un deseo, recuerdo, esfuerzo o evidencia mediadores por parte del conocedor. No puede haber conocimiento de un objeto de ninguna otra manera. Además, no puede imaginarse que el conocedor mismo sea distanciado por alguien de su propio deseo, etc. Lo mismo que la memoria tiene como su objeto la cosa a ser recordada, y no al que la recuerda, así también el deseo tiene por su objeto la cosa a ser deseada, y no al que la desea. Así pues, como anteriormente, surge un inevitable regressus ad infinitum si la memoria y el deseo tienen como sus objetos a sus propios agentes.


100.— Discípulo: «Pero el conocedor permanece desconocido si no hay ningún conocimiento que tenga como su objeto al conocedor».


101.— Maestro: «No. El conocimiento del conocedor tiene como su objeto la cosa a ser conocida. Si tiene como su objeto al conocedor mismo, entonces surge un regressus ad infinitum como anteriormente. Ya ha sido mostrado que, como el calor y la luz del sol, del fuego y otras cosas, el Conocimiento que es sin-cambio, eterno y autoefulgente tiene una existencia en el Sí mismo enteramente independiente de todo lo demás. Ya he dicho que si el Conocimiento autoefulgente que hay en el Sí mismo fuera transitorio, devendría irracional que el Sí mismo existiera por Sí mismo, y que, siendo una combinación, tendría impurezas y tendría una existencia debida a otro, como la combinación del cuerpo y los sentidos. Discípulo: «¿Cómo?» Maestro: «Si el Conocimiento autoefulgente en el Sí mismo fuera transitorio, tendría una distancia (con-Sigo mismo) por la intervención de la memoria, etc. Entonces, sería no-existente en el Sí mismo antes de ser producido y después de ser destruido, y el Sí mismo, que entonces sería una combinación, tendría una existencia debida a otro, como la del ojo, etc., producida por la combinación de algunas cosas. El Sí mismo no tendría ninguna existencia independiente, si este Conocimiento fuera producido antes de estar en Él. Solo debido a la ausencia o a la presencia del estado de ser combinado, se sabe que el Sí mismo existe por Sí mismo y el no-Sí mismo por otro. Por consiguiente, queda establecido que el Sí mismo es de la naturaleza del Conocimiento eterno y autoefulgente ».


102.— Discípulo: «¿Cómo puede el conocedor ser un conocedor, si él no es la sede del conocimiento producido por las evidencias?»


103.— El maestro dijo, «El conocimiento producido por una evidencia no difiere en su naturaleza esencial si uno lo llama eterno o transitorio. El Conocimiento, (aunque sea) producido por una evidencia, no es nada sino conocimiento. El conocimiento precedido por la memoria, el deseo, etc., y que se supone que es transitorio, y ese que es eterno e inmutable, no difieren en su naturaleza esencial. Lo mismo que el resultado de las acciones transitorias de permanecer, etc., y el de las permanentes no precedidas de esta manera, no difieren en su naturaleza esencial, y, por consiguiente, se dan afirmaciones idénticas, tales como “Las gentes permanecen”, “Las montañas permanecen”, etc., así también, al Conocedor, aunque de la naturaleza del Conocimiento eterno, se le llama un conocedor sin contradicción, puesto que el Conocimiento eterno es el mismo que el producido por una evidencia (en lo que concierne a su naturaleza esencial)».


104.— Aquí el discípulo comienza una objeción: «No es razonable que el Sí mismo que es sin cambio y de la naturaleza del Conocimiento eterno, y que no está en contacto con el cuerpo y los sentidos, sea el agente de una acción, como un carpintero en contacto con una azuela y otros instrumentos. Surge un regressus ad infinitum si el Sí mismo, que no está conectado con el cuerpo, los sentidos, etc., tuviera que usarlos como Sus instrumentos. Como los carpinteros y otros están siempre conectados con cuerpos y sentidos, no hay ningún regressus ad infinitum cuando ellos usan azuelas y otros instrumentos ».


105.— Maestro: «Hacer no es posible sin el uso de instrumentos. Por consiguiente, los instrumentos tienen que ser asumidos. La asumición de instrumentos es, por supuesto, una acción. A fin de ser el agente de esta acción, tienen que ser asumidos otros instrumentos. Al asumir estos instrumentos, tienen que asumirse aún otros instrumentos. Por consiguiente, un regressus ad infinitum es así inevitable si el Sí mismo, que no está unido a nada, tuviera que ser el agente. «Tampoco puede decirse que es una acción lo que hace acto al Sí mismo. Pues una acción no hecha no tiene ninguna existencia. Tampoco es posible que algo (previamente existente) haga acto al Sí mismo, pues nada (excepto el Sí mismo) puede tener una existencia independiente y ser un no-objeto. Las demás cosas diferentes del Sí mismo deben ser no-conscientes, y, por consiguiente, se ve que no son Auto-existentes. Todas las cosas, incluido el sonido, etc., vienen a existir cuando son probadas por las funciones mentales que resultan en el reflejo del Sí mismo en ellas. «Uno, (aparentemente) diferente del Sí mismo, y poseedor de consciencia, no debe ser otro que el Sí mismo, que es libre de combinación con otras cosas y existente solo por Sí mismo». «Nosotros tampoco podemos admitir que el cuerpo, los sentidos y sus objetos existan por sí mismos, pues se ve que dependen para su existencia de las modificaciones mentales que resultan del reflejo del Sí mismo (en ellos)».


106.— Discípulo: «Pero nadie depende de ninguna otra evidencia, tal como la percepción sensorial, etc., para conocer el cuerpo».


107.— Maestro: Sí, ello es así en el estado de vigilia. Pero en la muerte y en el sueño profundo, el cuerpo depende también de evidencias tales como la percepción sensorial, etc., para ser conocido. El caso es similar con los sentidos. Son el sonido externo y otros objetos los que son transformados en el cuerpo y los sentidos; por consiguiente, éstos dependen también de evidencias, como la percepción sensorial, etc., para ser conocidos. Ya he dicho que el conocimiento, que es el resultado producido por evidencias, es el mismo que el Sí mismo auto-evidente, autoefulgente y sin-cambio.


108.— El objetor (el discípulo) dice, «Es contradictorio afirmar que el conocimiento es el resultado de evidencias y (al mismo tiempo) que es el Sí mismo autoefulgente que es sin-cambio y eterno». La respuesta que se le da es ésta: «Ello no es una contradicción». Pregunta: «¿Cómo entonces es el Conocimiento un resultado?» Respuesta: «Él es un resultado en un sentido secundario: aunque es sin-cambio y eterno, Él es notado solo en la presencia de las modificaciones mentales llamadas la percepción sensorial, etc., pues ellas son los instrumentos para hacer-Le manifiesto. Él parece ser transitorio, pues las modificaciones mentales llamadas percepción sensorial, etc., lo son. Se debe a esta razón que Él sea llamado el resultado de pruebas en un sentido secundario».


109.— Discípulo: «Señor, si esto es así, independiente de las evidencias que Le conciernen, el Conocimiento sin-cambio y eterno, que es la Consciencia del Sí mismo, es ciertamente auto-evidente; y todas las cosas diferentes de Él, y, por consiguiente, no conscientes, tienen una existencia debido solo al Sí mismo cuando se combinan para actuar unas con otras (a fin de que los aconteceres del universo continúen ininterrumpidamente). Sólo cuando el conocimiento de las modificaciones mentales hace surgir el placer, el dolor y la ilusión, el no-Sí mismo sirve al propósito del Sí mismo. Y solo como Conocimiento y como nada más tiene el no-Sí mismo una existencia. Lo mismo que una serpiente en una cuerda, el agua en un espejismo y otras cosas semejantes, que se encuentra que son no-existentes excepto únicamente en el conocimiento por el cual son conocidas, así también la dualidad experimentada durante la vigilia y el sueño con sueños no tiene razonablemente ninguna existencia excepto en el conocimiento por el cual es conocida. Así pues, puesto que tiene una existencia continua, la Consciencia Pura, el Sí mismo, es eterno e inmutable, y no cesa de existir nunca en ninguna modificación mental. El Sí mismo es uno sin segundo. Las modificaciones mismas cesan de existir, pero el Sí mismo continúa existiendo. Lo mismo que en el sueño las modificaciones mentales que parecen ser azules, amarillas, etc., se dice que son realmente no existentes, pues cesan de existir mientras que el conocimiento por el cual son conocidas tiene una existencia consciente ininterrumpida, así también, en el estado de vigilia, ellas son así mismo razonablemente no-existentes realmente, pues cesan de existir mientras que el mismo conocimiento continúa existiendo. En cuanto al conocimiento (es decir, el Sí mismo), él no tiene ningún otro conocedor (pues es Auto-evidente), y no puede ser aceptado ni rechazado por Sí mismo. Puesto que no hay nada más (excepto Mí mismo, la meta de mi vida está cumplida por su gracia)».


110.— Maestro: «Ello es exactamente así. Se debe a la Ignorancia el que se experimente la existencia transmigratoria que consiste en la vigilia y el sueño con sueños. Es el Conocimiento el que pone fin a esta Ignorancia. Tú has obtenido así la Paz. Tú no sentirás nunca otra vez sufrimiento en la vigilia ni el sueño con sueños. Tú está liberado de la miseria de esta existencia transmigratoria».


111.— Discípulo: «Sí, Señor».

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