26 feb. 2014

Aforismos del Yoga de Patanjali, cap. 4: INDEPENDENCIA. Swami Vivekananda

Es el Swami Vivekananda quien comenta y aclara los "Aforismos sobre Yoga" de Patanjali, pero no lo hace de una manera meramente intelectual sino con la autoridad propia de quien, como él, era un ser extraordinario y, además, había realizado el Raja Yoga. No sólo los aspirantes espirituales sino también aquellos que andan ansiosamente tras el verdadero conocimiento, sabrán valorar el aporte que significa una obra de esta magnitud.
La versión directa del inglés de los aforismos, fue igualmente hecha por el Swami Vivekananda, venciendo la dificultad que ofreciera siempre a los orientalistas este tipo de expresión en sánscrito, tan precisa y concisa, que su interpretación correcta llegó a ser casi imposible incluso para muchos eruditos en esa antigua lengua. 


1. Los poderes psíquicos ("siddhis") se obtienen por nacimiento, por medios 
químicos, por virtud de las palabras, por mortificación o por concentración. 

A veces nace el hombre con poderes psíquicos, con los que ganó en anteriores encarnaciones. Entonces nace para disfrutar de los poderes adquiridos. Dícese que Kapila, el fundador de la filosofía sankya, nació siddha, lo que literalmente significa el hombre que logró éxito. 

Afirman los yoguis que los poderes psíquicos pueden obtenerse por procedimientos químicos. Todos sabemos que la química tuvo origen en la alquimia, cuando los alquimistas buscaban la piedra filosofal y el elixir de vida. En la India hubo una secta llamada de los rasayanas cuya idea era que la idealidad, el conocimiento, la espiritualidad y la religión eran todas cosas muy buenas, pero que sólo se podían obtener por medio del cuerpo, de modo que si el cuerpo muere, se necesita mucho más tiempo en el nuevo cuerpo para lograr el anhelado fin. Por ejemplo, si un hombre desea practicar el yoga o espiritualizarse, y antes de adelantar gran cosa en su propósito muere el cuerpo, necesita comenzar otra vez en el nuevo cuerpo y así sucesivamente nuevo comienzo en cada nuevo cuerpo. Por lo tanto, si el cuerpo pudiera hacerse vigoroso y perfecto, de modo que se librara de nacimientos y muertes, no necesitaría el hombre tanto tiempo para llegar a ser espiritual. 

Así es que los rasayanas cuidan primeramente de fortalecer el cuerpo y afirman que es posible conferirle inmortalidad, pues si la mente construye el cuerpo, y si es verdad que la mente es una proyección de la infinita energía, no puede tener límite su capacidad de extraer cuanta energía necesite. ¿Por qué ha de ser imposible conservar perpetuamente nuestro cuerpo? Hemos de construir cuantos cuerpos hayamos de tener, pues cuando el que ahora tenemos muera, habremos de construir otro; y si podemos hacer esto, ¿por qué no hacerlo desde luego sin necesidad de desprendernos del cuerpo que ahora tenemos? 

Esta teoría do los rasayanas es perfectamente exacta. Si es posible que vivamos después de la muerte y tengamos que construirnos otro cuerpo, ¿por qué ha de ser imposible la continua renovación del cuerpo que ahora tenemos, sin necesidad de desintegrarlo? También opinan los rasayanas que el mercurio y el azufre entrañan maravillosa virtud, y por medio de ciertas preparaciones de estas substancias puede el hombre conservar su cuerpo tanto tiempo como quiera. Otros creen que mediante ciertas drogas podrían adquirir poderes psíquicos tales como volar por los aires. 

A los rasayanas debemos muchas de las más eficaces medicinas del presente día, especialmente el empleo de los metales en terapéutica. Algunas escuelas yoguistas afirman que algunos de sus principales instructores viven todavía en sus viejos cuerpos. Patanjali, la prestigiosa autoridad de la filosofía yoguista, no niega esta posibilidad. 

El poder de las palabras. - Hay ciertas sagradas palabras, llamadas mantras, que si se repiten en las apropiadas condiciones confieren extraordinarios poderes psíquicos. Día y noche estamos viviendo en medio de un cúmulo de prodigios sin que nos demos cuenta de ellos. No hay límite para el hombre en el poder de las palabras ni el de la mente ni en el del pensamiento que brota de la mente. 

Mortificación. - Sabemos que en todas las religiones se han practicado la mortificación y el ascetismo. En estos dos conceptos religiosos los hinduistas han llegado siempre a los extremos. Hay quienes permanecen constantemente con las manos en alto hasta que se anquilosan. Otros se mantienen erguidos día y noche hasta que se les hinchan los pies y se les envaran las piernas de modo que ya no pueden doblarlas y han de estar de pie toda su vida. Una vez vi a un hombre que mantenía sin cesar las manos en alto, y al preguntarle qué sintió en los primeros días de aquella mortificación, me dijo que era un tormento horrible, hasta el punto de verse obligado a bañarse en el río para experimentar algún alivio. Al cabo de un mes ya no sufría mucho. Por medio de estas prácticas es posible adquirir poderes psíquicos. 

Concentración - Es el yoga propiamente dicha, el estado de samadhi, el principal tema y el supremo medio de la ciencia de la Yoga. 

Los medios precedentes son secundarios y por ellos no puede llegarse al superior estado. Samadhi es el medio de alcanzarlo todo en el orden mental, moral o espiritual. 

2. La transmutación del cuerpo se opera eliminando los obstáculos que se oponen a su naturaleza. 

Nos ha dicho Patanjali que los poderes psíquicos pueden ser congénitos o adquirirse por medios químicos o por mortificación. También admite que puede conservarse el cuerpo indefinidamente. Ahora nos dice cuál es la causa de la transmutación del cuerpo, y afirma que por la eliminación de los obstáculos que se oponen a su naturaleza o sea por el cumplimiento de las leyes de su naturaleza según explica en el siguiente aforismo. 

3. Las buenas y malas acciones no son las causas directas de las transformaciones de la naturaleza sino que actúan como quebrantadores de obstáculos en la evolución de la naturaleza, así como el agricultor quebranta los obstáculos que se oponen a la corriente del agua, para que fluya por su propia naturaleza. 

El agua para el riego de los campos está ya en el canal, pero las compuertas la detienen. El agricultor abre las compuertas y el agua fluye naturalmente por ley de gravitación. De la propia suerte, todo poder y todo progreso está ya en los hombres, pues la naturaleza humana es de por sí perfecta; pero los obstáculos le impiden seguir su propio curso. Si alguien elimina los obstáculos, se desembarazará su naturaleza y se actualizarán sus latentes poderes. Los que llamamos malvados se transmutan en santos tan pronto como, eliminados los obstáculos, se libera la naturaleza. La naturaleza nos impele a la perfección, y a la perfección conducirá a todos con el tiempo. Las prácticas y esfuerzos de las religiones exotéricas son obra negativa e ineficaz para quitar los barrotes y abrir las puertas de la perfección que es nuestro derecho de nacimiento, nuestra naturaleza. 

Hoy día se comprende mejor a la luz de las modernas investigaciones la teoría de la evolución de los antiguos yoguis, aunque la teoría de los yoguis da más satisfactoria explicación. Son inadecuadas las dos causas que los modernos pensadores atribuyen a la evolución: la selección sexual y la supervivencia del más apto. Supongamos que el humano conocimiento adelante hasta el punto de eliminar toda competencia, tanto en lo relativo al sustento físico como en lo referente a la selección sexual. En este caso, según los modernos pensadores, se detendría el progreso humano y desaparecería la humanidad. El resultado de esta teoría es proporcionar a todo opresor un argumento para acallar los escrúpulos de su conciencia. ¡No faltan quienes echándoselas de filósofos quisieran suprimir a los malvados y a los inútiles (siendo ellos, por supuesto, los únicos jueces de la inutilidad) para así resguardar a la raza humana! 

Pero el insigne antiguo evolucionista Patanjali declara que el verdadero secreto de la evolución consiste en manifestar la perfección ya latente en todo ser, pero obstruida de modo que el infinito flujo lucha por manifestarse. Las luchas y competencias son resultado de nuestra ignorancia porque desconocemos la manera eficaz de abrir la compuerta para que fluyan las aguas. El infinito flujo debe manifestarse y es la causa de toda manifestación. Las competencias y luchas por la vida y por la satisfacción sexual son momentáneas, innecesarias, de extraños efectos y ocasionadas por la ignorancia. Aun cuando toda competencia haya cesado, la latente perfección de la naturaleza nos impelerá hacia adelante hasta que por completo se actualice. Por lo tanto, no hay razón para creer que la competencia sea necesaria para el progreso. En el animal estaba latente y reprimido el hombre, pero tan pronto como se abrió la puerta surgió el hombre. De la propia suerte, en el hombre está potencialmente el dios reprimido y encerrado por los cerrojos y barras de la ignorancia. Cuando el conocimiento quebranta los cerrojos y barrotes, se manifiesta el dios. 

4. De la egoidad proceden las mentes creadas. 

Según la teoría del karma recibimos el resultado de nuestras buenas o malas acciones, y toda la finalidad de la filosofía consiste en alcanzar la gloria del hombre. Todas las Escrituras cantan la gloria del hombre, del alma y con el mismo acento predican la doctrina del karma. Una buena acción produce tal o cual resultado y una mala acción produce talo cual otro; pero si el alma pudiera quedar influida por una buena o una mala acción dejaría de ser alma. Las malas acciones entorpecen la manifestación de la naturaleza de Purusha. Las buenas acciones eliminan los obstáculos y se manifiesta la gloria de Purusha. Nunca se altera ni se muda ni cambia la esencia de Purusha. Haga lo que haga el individuo, jamás anulará su propia gloria, su propia naturaleza, porque el alma no puede quedar afectada por cosa alguna; tan sólo la envuelve un velo que encubre su perfección. 

A fin de agotar prontamente su karma los yoguis crean kayavyuha o grupos de cuerpos en que agotarlo, y para estos cuerpos crean mentes en virtud de su egoidad. Las llaman "mentes creadas" para distinguirlas de su mente original. 

5. Aunque son diversas las actividades de las diferentes mentes creadas, la mente original las gobierna a todas. 

Estas diversas mentes que actúan en dichos diferentes cuerpos son mentes artificiales, y también son artificiales los cuerpos, es decir, mentes y cuerpos elaborados. La materia y la mente son como dos inagotables almacenes, y el yogui sabe cómo gobernarlas. 

Este secreto es propiedad de todo hombre, pero se les ha olvidado, y cuando lleguen a yoguis lo recordarán. Entonces será posible modelar la materia y la mente en cualquier forma que convenga. El material de que se elabora una mente .artificial es el mismo que se emplea en la construcción del macrocosmos. No se ha de entender que la mente sea una cosa y la materia otra sino que son distintos aspectos de la misma cosa. Asmita, la egoidad, es el material, el sutil estado de existencia del que elaboran los yoguis sus mentes y cuerpos artificiales. Por lo tanto, cuando el yogui descubre el secreto de las energías de la naturaleza, puede elaborar cuantos cuerpos y mentes quiera, de la substancia llamada egoidad. 

6. Entre las diversas chittas, únicamente está libre de deseos la que alcanzó el samadhi. 

Entre las diversas mentes que vemos en los hombres, sobresalen las que alcanzaron el estado de samadhi o de perfecta concentración. El que obtiene algunos poderes psíquicos por medio de medicinas, de palabras o de mortificaciones todavía tiene deseos; pero libre de deseos está quien por concentración alcanzó el estado de samadhi. 

7. Las obras no son blancas ni negras para los yoguis. Para otros son negras, 
blancas y grises. 

Cuando el yogui alcanza la perfección, sus acciones y el karma de ellas resultante no le ligan, porque no le movió el deseo. Mas para el hombre ordinario, que todavía no llegó a la perfección, las obras son de tres clases: negras las malas, blancas las buenas; y grises las entreveradas de bien y mal. 

8. De estas tres clases de obras sólo se manifiestan en cada estado aquellas cuyos deseos convienen al respectivo estado. Las demás quedan interinamente en suspenso. 

Supongamos que yo he contraído las tres clases de karma bueno, malo y entreverado. Supongamos que muero y llego a ser un dios en el cielo. Los deseos en un cuerpo de dios no son los mismos que los deseos en un cuerpo humano. El cuerpo de un dios no come ni bebe. ¿Qué es de mis pasados karmas resultantes del deseo de comer y beber? ¿Qué se hace de estos karmas cuando yo llegue a ser un dios? La respuesta es que los deseos sólo pueden manifestarse en su propio ambiente. Sólo se manifestarán los deseos apropiados al ambiente y los demás quedarán en reserva. 

Durante la vida terrena tenemos deseos divinos, deseos humanos y deseos animales. Si me revisto de un cuerpo divino, sólo se manifestarán los buenos deseos, porque les conviene el ambiente que me rodea. Si me revisto de un cuerpo animal, sólo se manifestarán los deseos animales, y los buenos deseos permanecerán en espera. ¿Qué demuestra esto? Que por medio del ambiente podemos contrarrestar los deseos. Solamente se manifestará el karma adecuado al ambiente. Esto demuestra que el poder del ambiente es capaz de regir el karma. 

9. Los deseos son consecutivos aunque estén separados por clases, por espacio y tiempo, pues hay identificación de memoria e impresiones. 

Las experiencias se transmutan en impresiones, y la s reavivadas impresiones se transmutan en memoria. Se entiende aquí por memoria la inconsciente coordinación de pasadas experiencias reducidas a experiencias con la presente acción consciente. En cada cuerpo sólo son causa de acción el grupo de impresiones adquiridas en un cuerpo análogo, pues las experiencias adquiridas en un cuerpo distinto, quedan en suspenso. 

Cada cuerpo actúa como si fuera el descendiente de una serie de cuerpos de su propia especie. Así no se interrumpe la consecutividad o encadenamiento de los deseos. 

10. Como quiera que el deseo de felicidad es eterno, el deseo no tiene principio. 

Toda experiencia está precedida por el deseo de felicidad; y por tanto, si cada nueva experiencia se basa en la tendencia engendrada por una experiencia anterior, el deseo de felicidad no tuvo principio.


11. Como el deseo está mantenido por la causa, el efecto, el soporte y los objetos de sensación, si éstos no existen, tampoco existirá el deseo. 



Los deseos están mantenidos por la causa y el efecto. Suscitado un deseo no se desvanecerá sin producir su efecto. Además, la materia de la mente es el vasto almacén, el soporte de todos los pasados deseos en forma de samskaras, y hasta que por sí mismos se consuman no se desvanecerán. Por otra parte, mientras los sentidos perciban objetos exteriores se suscitarán deseos. Si fuera posible eliminar la causa, el efecto, el soporte y los objetos de sensación se desvanecerían por completo el deseo. 


12. El pasado y el futuro existen de por sí. Las cualidades tienen diferentes modos. 

Significa este aforismo que la existencia nunca procede de la inexistencia. Aunque el pasado y el futuro no existan en forma manifestada, existen en forma sutil.

13. El pasado y el futuro están o manifestados o en forma sutil y son de la 
naturaleza de las gunas. 

Las gunas son las tres cualidades: sattva, rajas y tamas cuya grosera manifestación es el universo sensible. El pasado y el futuro provienen de los diferentes modos de manifestación de estas gunas.

 14. La unidad de las cosas deriva de la unidad en los cambios. 

Aunque hay tres cualidades fundamentales, sus cambios están coordinados; y por tanto, todos los objetos tienen su unidad.

15. Puesto que la percepción y el deseo varían con relación al mismo objeto, la mente y el objeto son de diferente naturaleza. 

Hay un mundo objetivo independiente de nuestra mente, y por lo tanto no puede ser verdadera la enseñanza del idealismo budista. Puesto que cada cual considera diferentemente una misma cosa, no puede ser esta cosa mera imaginación o concepto formado por la mente de un particular individuo.

16. La mente conoce o desconoce las cosas según cómo colorean la mente. 

17. Siempre son conocidos los estados de la mente, porque el señor de la mente, Purusha, es inmutable. 

El fundamento de esta teoría está en que el universo es a la par mental y material. Lo mental y lo material están en constante fluctuación. ¿Qué es este cuerpo? Una combinación de moléculas en constante cambio. Unas salen y otras entran. Es como un vórtice; pero ¿qué constituye la unidad? ¿Qué hace que sea el mismo cuerpo? Los cambios son rítmicos y en armónico orden envían impresiones a mi mente, y estas impresiones forman en conjunto una continua imagen, aunque las partes cambian sin cesar. También la mente está cambiando de continuo. 

La mente y el cuerpo son como dos capas de la misma substancia que se mueven a diferente grado de velocidad; y así, como una es más rápida que la otra, podemos distinguir entre los dos movimientos. 

Pongamos, por ejemplo, los movimientos de un tren y de un carro que marchen paralelamente. Será posible computar hasta cierto punto el movimiento de ambos; pero se necesita algo más, pues el movimiento sólo puede percibirse relacionando el móvil con un punto en reposo. Cuando dos o tres objetos se mueven relativamente, percibimos cuál es el que va más aprisa y notamos después los que van más despacio ¿Cómo se ha de percibir el movimiento de la mente? También se mueve en flujo, y por tanto se necesita otra cosa que se mueva más despacio y otra después de todavía más pausado movimiento y así indefinidamente. Pero la lógica nos obliga a detenernos en algún punto y completar la serie con el conocimiento de algo que nunca cambie y este algo es Purusha, el inmutable, incoloro y puro, que cierra la cadena sin fin de movimientos y en el que se reflejan las impresiones como las imágenes de una linterna mágica se proyectan en la pantalla sin dejar huella ni mancharla.

18. La mente no tiene luz propia, porque es un objeto. 

Por formidable que sea el poder de la mente, no tiene luz propia, es decir, que no es inteligente de por sí. Tan sólo Purusha es luminoso por sí mismo y todas las cosas iluminan. El poder de Purusha se infiltra en la materia y en la energía.

19. La mente no puede conocerse a sí misma al propio tiempo que conoce un 
objeto. 

Si la mente fuera luminosa por sí misma podría conocerse al propio tiempo que conoce un objeto; pero cuando conoce un objeto no puede reflejarse sobre sí misma. Por lo tanto, Purusha es luminoso de por sí y no lo es la mente.

20. Si suponemos otra mente conocedora, serán indefinidas las suposiciones, de lo que resultará la confusión de la memoria.
Si suponemos que otra mente superior conoce la mente ordinaria, habrá de haber otra mente más superior todavía que conozca a aquella, y así sucesivamente. Por lo tanto, no podría haber memoria por falta de un punto de partida de la reiteración de impresiones en que consiste la memoria.
21. Purusha, la esencia del conocimiento, es inmutable, y cuando la mente toma su aspecto es consciente. 

Cuando la mente se acerca a Purusha se refleja en la mente y entonces parece que la mente es Purusha.

22. Coloreada por el perceptor y lo percibido, la mente es capaz de comprenderlo todo. 

Significa que cuando por una parte se refleja en la mente el mundo exterior, lo percibido, y por otra se refleja en la mente Purusha, el perceptor, es la mente capaz de conocer todas las cosas.

23. Aunque matizada por innumerables deseos, la mente actúa para el Purusha, porque actúa en combinación. 

La mente es una combinación de varias cosas y por tanto no puede actuar para sí misma. Toda combinación en este mundo tiene alguna finalidad, una tercera cosa para la cual sirve la combinación. Así la combinación de la mente está destinada a Purusha.

24. El discernimiento reconoce que Atman no es la mente. 

El yogui reconoce por discernimiento que la mente no es Purusha.

25. Entonces la mente alcanza el previo estado de kaivalya (aislamiento). 

La, práctica de la yoga conduce al discernimiento, a la claridad de visión. Cae la venda de los ojos y vemos las cosas tal como son. Hallamos entonces que la Naturaleza es una combinación que muestra su panorama a Purusha, el espectador. La Naturaleza no es el Señor, pues todas las combinaciones de la Naturaleza tienen por fin mostrar estos fenómenos al Purusha, el entronizado rey interno. Cuando por larga práctica del yoga se alcanza el discernimiento, cesa el temor y queda anulada la mente.

26. De las impresiones derivan pensamientos que obstruyen el camino de la liberación. 

Las diversas ideas que nos hacen creer en la necesidad de algo externo para nuestra dicha son obstáculos para la perfección. El Purusha es feliz y bienaventurado por su propia naturaleza. Pero las pasadas impresiones encubren esta verdad. Se han de extinguir estas impresiones.

27. Se extinguen de la misma manera que dijimos respecto a la ignorancia, egoísmo, etc. 

28. Quien alcanza el discernimiento conocedor de las esencias y sin embargo renuncia a los frutos, logra por resultado del perfecto discernimiento el samadhi llamado cúmulo de virtud. 

Cuando el yogui logra el discernimiento que le da a conocer la esencia de las cosas, recibe todos los poderes mencionados en el capítulo anterior, pero renuncia a todos ellos. Entonces recibe un peculiar conocimiento, una particular luz llamada Dharma Mecha, el cúmulo de virtud, que poseyeron todos los grandes profetas del mundo que registra la historia, pues en sí mismos hallaron la base del conocimiento. La verdad era real para ellos. La paz, la calma y la perfecta pureza fueron su naturaleza en cuanto renunciaron a las vanidades de los poderes.

29. De esto proviene el cese del dolor y de las acciones. 

Cuando el yogui alcanza el cúmulo de virtud y a no ha de temer el fracaso ni nada lo puede derribar. Ya no sufre males ni dolores.

30. El conocimiento libre de velos e impurezas se magnifica hasta lo infinito y lo cognoscible se empequeñece. 

Despojado de los velos que lo encubrían, permanece en sí mismo el conocimiento. Una escritura budista define el estado de buda diciendo que es conocimiento infinito como el firmamento. Jesús alcanzó este estado y fue el Cristo. Todo ser humano ha de alcanzarlo. 

Cuando el conocimiento es infinito, se empequeñece lo cognoscible. El universo entero con todos sus objetos do conocimiento se anonada ante Purusha. El hombre vulgar se ve pequeño porque lo cognoscible le parece infinito.

31. Entonces terminan las sucesivas transformaciones de las cualidades que llegaron al fin. 

Cesan para siempre las varias transformaciones de las cualidades con sus cambios de especie.

32. Sucesión es la serie de cambios que con relación a los momentos de tiempo, se notan al término de la serie. 

Llama Patanjali sucesión a los cambios relacionados con los momentos. Mientras pienso, transcurren, muchos momentos y a cada momento hay un cambio de idea; pero sólo se notan estos cambios al final de la serie. A esta serie se le llama sucesión; mas para la mente que ha realizado la omnipresencia no hay sucesión, pues todo lo tiene presente y no existen para ella el pasado ni el futuro. Todo lo conoce fulgurantemente.

33. Kaivalya es la resolución inversa de las cualidades faltas ya de motivo para obrar en beneficio de Purusha, o el establecimiento del poder de conocimiento en sí mismo. 

Al llegar a este punto, ha cumplido la Naturaleza, nuestra tierna nodriza, la tarea que se impuso. Suavemente tomó de la mano al alma de sí misma olvidada y le mostró todas las experiencias que había de adquirir en el universo, todas las manifestaciones, llevándola de alto en alto en diversos cuerpos, hasta que recobrada su perdida gloria recordó su esencial naturaleza. Entonces la amorosa madre volvióse por el mismo camino por donde había venido para favorecer a otros que también se habían extraviado en el desierto sin ruta de la vida. Y así actúa sin principio ni fin. Así a través del placer y del dolor, del bien y del mal fluye el infinito río de las almas hacia el océano de perfección, del conocimiento de sí mismas. 

¡Gloria a quienes reconocieron su propia naturaleza! ¡Que su bendición recaiga en todos nosotros!

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