4 jul. 2016

Karma Yoga, como liberarse de las atracciones y aversiones. Por Swami Dayananda Saraswati.



Del libro "Todo sobre Sadhana"

KARMA YOGA

Las atracciones y las aversiones, o mala, provienen de la ignorancia del ser, y así, solamente el conocimiento del ser puede liberarlo a uno de ellas. Existen porque me siento vacío en mi mismo, y por eso tengo que depender de ellas para mi felicidad. Si sé que soy pleno y completo, las atracciones y las aversiones ya no son factores encadenantes, sino mas bien solo emociones humanas. El aguijón de las atracciones y las aversiones desaparece ante el conocimiento del ser.

Pero es necesario lograr una mente relativamente satisfecha o en paz y neutralizar las atracciones y las aversiones, porque solo una mente tal puede apreciar lo que es la paz y el contentamiento absoluto. Las atracciones y aversiones no pueden ser eliminadas a menos que el conocimiento ocurra y el conocimiento no puede adquirirse a menos que las atracciones y aversiones sean neutralizadas! La condición es parecida a la muchacha que quiere aprender a nadar. No puede meterse al agua a menos que sepa nadar, y no puede aprender a nadar a menos que se meta al agua! Debe haber una manera de solucionar la impotencia de esta situación. En el caso de nadar, la solución es que entre al agua e imite las brazadas mostradas por el instructor. En el caso de la búsqueda del autoconocimiento, la solución es desempeñar las acciones con la actitud de karma-yoga. El desempeño de las acciones con esta actitud conduce a la neutralización de las atracciones y aversiones.

¿QUÉ ES KARMA?

Las acciones, o karma, pueden ser ampliamente divididas en dos categorías: acciones motivadas por el deber, que deben hacerse por nuestra posición en la familia, la sociedad y demás deberes, y las acciones motivadas por deseos, las
cuales se desempeñan con el deseo de adquirir felicidad. Con respecto a las acciones motivadas por deberes, uno tiene un deber como padre o madre hacia su hijo o hija, como jefe a sus empleados, como ciudadano al país, etc. Todo el mundo está generalmente consciente de tales deberes por cultura, tradición, normas generales de conducta, o por las leyes del país. El deber de los padres es educar y criar a sus hijos. El deber de un empleado es cumplir sus obligaciones con su jefe. El deber de un ciudadano es ajustarse a las leyes de la
nación. Por cultura o tradición uno pudiera también sentir un deber hacia su vecino, a sus semejantes, a sus invitados, hacia los ancianos, etc. La actitud de karma yoga en todas esas acciones es que las acciones deben ser desempeñadas con un sentido del deber, porque tienen que hacerse. Uno no debe tener expectativas por los resultados de tales acciones. Deben desempeñarse alegremente. El sentido del deber ha de crecer en uno para que así esas acciones motivadas por el deber se desempeñen de manera tan natural como respirar y comer. No debe haber quejas ni expectativas de beneficios por el desempeño de estas acciones. 

Los padres crían a sus hijos porque es su deber. Un niño requiere que se le cuide. El niño necesita amor, guía y ayuda para que aprenda y crezca, y es el deber de los padres proveerlos, porque son los autores del niño. Esta actitud del
deber ayuda a neutralizar las atracciones y las aversiones. Si, por otra parte, al niño se le cría con la expectativa de que será obediente, que se hará cargo de sus padres en su ancianidad, etc., entonces los problemas seguramente surgirán. Cada gesto del niño que demuestre desobediencia o indiferencia se vuelve entonces una cuestión de ansiedad. La actitud de los padres debe ser la de desempeñar su deber hacia el niño y dejar que él o ella decidan si quiere o no cumplir su deber hacia ellos. Los padres pueden mostrar el ejemplo para que su hijo lo siga, pero no deberían nunca hacerle demandas. Esta actitud es llamada “indiferencia hacia los resultados de la acción”. Eso prevendrá que surjan muchas desilusiones futuras y hará que el trabajo presente se vuelva en sí una alegría. Es entonces que uno puede desempeñar diligentemente su trabajo porque está en posición de hacerlo. De la misma forma que un empleado cumple con su deber frente a su jefe porque eso es lo que le corresponde hacer como empleado, uno puede también desempeñar su deber hacia la familia, la sociedad, etc. como un servidor del Señor, porque uno está posicionado de tal manera para hacerlo. Ese trabajo se vuelve entonces una ofrenda al Señor. Esta actitud de karma yoga es la actitud de tomar al Señor como mi director, quien me ordena llevar a cabo las acciones relativas al lugar donde se me ha situado en el mundo, y por mi parte cumplo esas obligaciones como una expresión de agradecimiento por todo lo que el Señor me ha dado. El trabajo se desempeña por el gusto del trabajo y no por lo que se habrá de ganar por ello. El Señor Krsna describe a un yogi como alguien que ejecuta la acción que debe hacerse sin expectativas del resultado. Esa persona es ciertamente un yogi y también un sannyási; no es alguien que abandona sus deberes. Por lo tanto a esa persona se le considera sannyási o renunciante, aunque siga trabajando en el mundo, si desempeña todos sus deberes sin la expectativa del resultado.

¿Cuál debe ser la actitud hacia los miembros de nuestra familia, la sociedad y los demás para los que uno se encuentra desempeñando el deber? Uno no debe tener un apego excesivo hacia su hijo, cónyugue, hogar, etc., aunque se debe preocupar por su bienestar y por cumplir las obligaciones que tiene hacia ellos. Apego excesivo es cuando uno solamente es feliz si el cónyugue o el hijo u otros son felices, o viceversa. Un apego así está destinado a traernos pesar. En el mismo espíritu, uno ha de desempeñar el deber hacia sus semejantes, la sociedad y la nación con la debida incumbencia pero sin excesivo apego hacia ellos. La base para la acción es el deber y no el derecho. El apego excesivo introducirá el elemento del derecho, porque surgen las expectativas, resultando en la creación de más atracciones y aversiones y en consecuencia la impureza de la mente.

La otra categoría de acciones incluye las acciones desempeñadas con el deseo de lograr fines específicos. Mientras tenga atracciones y aversiones, el deseo será inevitable. Mi felicidad depende de ciertos objetos (atracciones) y necesito adquirirlos. Me siento infeliz ante la presencia de ciertos objetos (aversiones) y por lo tanto necesito deshacerme de ellos. La palabra “objeto” puede incluir riqueza, fama, poder, gente, o cualquier cosa deseable o indeseable. Por esto las atracciones y las aversiones lo impulsan a uno a desempeñar acciones con la vista puesta en lograr objetivos específicos de tal manera que pueda satisfacerse el deseo por lograr felicidad. Nadie que no haya adquirido el conocimiento del ser está libre del poder de las atracciones y las aversiones y de los deseos que éstas generan.

La Gita (Bhagavad Guita) describe el método para neutralizar las atracciones y las aversiones con respecto tanto a las acciones empíricas como a las religiosas que se hacen, para lograr la felicidad aquí y en el más allá. La Gita reconoce el hecho de que las atracciones y las aversiones no pueden reprimirse, porque están sujetas a explotar algún día. Mientras uno se encuentre ignorante del ser, habrá egoísmo y por ello tratará de adquirir riqueza y seguridad. Por tanto la Gita describe karma yoga, la actitud con la que deben desempeñarse las acciones motivadas por deseos. Esta actitud conducirá a neutralizar las atracciones y las aversiones.


LA INEVITABILIDAD DE ADQUIRIR ATRACCIONES Y AVERSIONES

¿Cómo produce atracciones y aversiones una acción? Una acción motivada por el deseo se desempeña con la vista puesta en lograr un resultado específico. Se dice que ni un tonto podría desempeñar una acción sin un fin en mente. Si el resultado de la acción está en conformidad con lo que se espera, uno piensa que es exitoso y se siente feliz. Si el resultado de la acción no está en conformidad o es menor de lo esperado, uno adquiere el sentimiento de fracaso y se desalienta. Uno no puede dejar de desear y por eso todo el tiempo están llevándose a cabo acciones motivadas por deseos. Los sentimientos de éxito y de fracaso son consecuencias naturales.

Nadie puede tener éxito todo el tiempo y por eso los fracasos son comunes. Si el fracaso siempre produce desaliento, uno se considera un fracasado. De esta manera, cuando se emprende cualquier nueva acción, entonces surge la aprehensión. Esa persona no puede aprender de sus fracasos, porque la mente está demasiado agitada para formarse un juicio objetivo. Como resultado, no aprendemos de nuestras experiencias. Si uno generalmente es exitoso, con cada éxito aumenta nuestra expectativa de nosotros mismos. Al final llega el momento en que uno no está satisfecho con lo que pudiera parecer, desde el punto de vista de otro, un resultado exitoso. Éxito y fracaso son relativos. Dos socios en un negocio pudieran tener diferentes expectativas. Uno tal vez desee 15 por ciento de utilidad y el otro 30 por ciento. Si el resultado es 20 por ciento de utilidad, uno se pudiera sentir exitoso y feliz, mientras que el otro se sentirá abatido. Cualquier resultado se juzga como éxito o fracaso dependiendo de las expectativas o de lo que valora el que desempeña las acciones.

El éxito produce un agrado que eleva nuestras expectativas y lo carga a uno para que siempre tenga éxito. El fracaso produce desagrado y abatimiento. Así que no importa cómo se lleve a cabo una acción y cualquiera que sea el resultado, las consecuencias son atracciones y aversiones y así uno sigue atado a ellas. Cómo nos sentimos cambia como el clima inglés: hoy soleado, mañana nublado. Las nubes de atracciones y aversiones continúan cubriendo al sol de la plenitud que es nuestra naturaleza. Cuando el sol es eclipsado, no está visible, pero el observador sabe que ahí está. De igual manera, la plenitud no es visible, pero uno sabe que existe. Así que uno sigue desempeñando acciones para adquirirla y las acciones continúan produciendo atracciones y aversiones. En virtud de esto, lograr la plenitud se convierte en una cuestión de azar. Cada éxito destapa las nubes por el momento y se siente una alegría momentánea, pero vuelve a quedar cubierta por las nubes de atracciones y aversiones. Nuestra felicidad está ciertamente fundada ¡en un cimiento arenoso!

La felicidad tampoco puede ser asegurada renunciando a las acciones, porque uno no puede permanecer siquiera un momento sin actuar. Actuar es la única manera de expresar deseos. Mientras haya deseos en la mente no se debe renunciar a las acciones, de lo contrario lo único que eso conseguiría es una represión de deseos. La causa de los deseos son las atracciones y las aversiones. Así entonces las acciones no pueden renunciarse sino hasta que sean neutralizadas. Por lo tanto, el éxito y el fracaso resultantes de las acciones producen atracciones y aversiones, las que a su vez resultan en más acciones. ¡Los seres humanos parecen estar metidos en un círculo vicioso!

¿Hay manera de salir de esto? En la Bhagavad Gita el Señor Krsna muestra la forma. En este famoso verso declara la regla general de la acción y el resultado: “Tú tienes opción en el desempeño de la acción, pero nunca en el resultado de la misma”. Los seres humanos están bendecidos con la facultad de opción. Con su discerniente intelecto pueden elegir, planear y desempeñar acciones con la vista puesta en la obtención de un resultado deseado. Sin embargo, el resultado de la acción está gobernado por las leyes de causa y efecto, las cuales no están bajo el control de los seres humanos. Ellos pueden calcular, hasta donde mejor puedan, cuál será el resultado de una acción, pero no pueden estar seguros de eso. El resultado está gobernado por factores que están fuera de su control. Es como cuando una flecha es disparada: el arquero puede apuntar la flecha en la dirección deseada y soltarla con la fuerza requerida; pero no tiene control sobre el punto que la flecha va a alcanzar, porque el vuelo de la flecha está también gobernado por la fuerza de gravedad, la velocidad del Viento y otros factores que pueden ser si acaso, solamente estimados por el arquero, pero nunca controlados. Ese es el caso con cada acción.

El resultado de las acciones está gobernado por leyes, las cuales no son creadas por seres humanos y sobre las cuales no tienen control. Si el resultado es entonces distinto de lo que uno espera, ¿es eso realmente por culpa nuestra? ¿Puede uno decir que ha fallado? La acción nunca falla, en cuanto a que siempre produce un resultado de acuerdo a leyes. Estas leyes son efectivas todo el tiempo, en todo lugar y bajo todas las condiciones. Tampoco puede decirse que uno ha fallado, porque la acción la ha desempeñado de acuerdo a lo mejor que pudo. Pudiera decirse que el juicio respecto al resultado es diferente, porque uno no conoce todos los factores implicados en producir el resultado. Pero no hay razón para que uno se considere fracasado. De manera similar, uno no puede calificarse como exitoso, porque el resultado es producido de acuerdo a leyes. El resultado lo producen las leyes de causa y efecto y no la persona. No se puede decir que las leyes tuvieron éxito o que fracasaron, porque son invariables e imparciales.

En realidad, el éxito y el fracaso no existen; lo único que existe es un efecto para cada causa. Esta ley fundamental la expresa el Señor Krsna en el verso de la Gita citado arriba. Uno desconoce esta ley o no la considera cuando califica el resultado como éxito o como fracaso. Si junto mis palmas con fuerza el aplauso va a resultar. Esta es la ley de causa y efecto. Tengo la opción de aplaudir o no aplaudir, pero, una vez que he aplaudido, no puedo insistir que no debiera darse el sonido. El resultado de la acción no está bajo mi control. Si aplaudo y también me quejo del ruido o culpo al Señor porque hizo el ruido, ¿quién es el culpable? Si mis palmas se juntan, el sonido es inevitable, y si me considero fracasado porque no esperaba que el sonido fuera a producirse, yo soy el único culpable. Si, por otra parte, me considero a mí mismo como exitoso porque el sonido se produjo, estoy igualmente equivocado. El resultado lo producen las leyes de la acción, mientras que la opción de llevar a cabo la acción es mía. El Señor Krsna nos está pidiendo únicamente que tomemos en cuenta esta ley fundamental de la acción y no calificar el resultado como un éxito o un fracaso. Esta actitud de tomar el resultado como es y no como un éxito o un fracaso se llama karma yoga. La persona con discernimiento desempeña acciones tomando en consideración la ley de la acción. Esa persona planea y ejecuta acciones lo mejor que puede, pero acepta los resultados como vienen en vez de sentirse deprimido o eufórico por ellos.


PRASADA BUDDHI: ACEPTAR CON GRACIA LO QUE VIENE

La persona religiosa considera la ley de la acción como la ley de Dios. Para esa persona, el resultado de cada acción viene del Señor, porque Él creó las leyes y Él las maneja. Los hindúes en particular, están concientes del Señor como el proveedor de los resultados de la acción, porque la cultura hindú está basada en este principio. El alimento es ofrecido primero al Señor. A la comida se le llama prasada y en los templos se distribuye prasada. Lo importante acerca de prasada es que viene del Señor y contiene Su gracia; por lo tanto, bendecirá a quien, con reverencia y gratitud, participe de ella. Para un devoto el objeto en sí y la cantidad de prasada no son de consecuencia. Acepta una flor, una hoja, unas cuantas gotas de agua, un terrón de azúcar, cenizas o un laddu, con igual reverencia y gratitud. El devoto no ve prasada sólo como un objeto. Aunque prasada se percibe como un objeto, la manera como se le ve es diferente. El devoto trata al objeto de prasada de acuerdo a lo que es; el terrón de azúcar se come, las cenizas son aplicadas en la frente, la flor se coloca en la cabeza y así por el estilo. Pero la reverencia y la gratitud son las mismas en cada caso. Al devoto no le interesa qué y cuánto es el prasada. Que es prasada es suficiente.

Debido a que la ley de la acción la crea y la sostiene el Señor, el resultado de la acción en efecto viene del Señor. La acción desempeñada por un ser humano, por ser el producto de su voluntad, simbólicamente se la ofrece al Señor, quien la recibe y se la regresa en la forma del resultado. Porque para un devoto cualquier cosa que viene del Señor es prasada, cada resultado es prasada. Lo que es prasada debe aceptarse como es y con un sentido de gratitud. En cualquier cosa que es prasada hay alegría. Esa actitud hacia el resultado de una acción es llamada prasada buddhi, lo cual es también karma yoga. El resultado, ya sea que sea o no de acuerdo a lo que esperaba, es prasada. En virtud de eso no experimento ningún sentimiento de fracaso o de éxito, sino en vez de ello siento gratitud ante cada resultado. La actitud de aceptar el resultado como prasada conduce a que todo pesar quede eliminado.


La acción puede producir atracciones y aversiones únicamente si se toma al resultado como éxito o fracaso. Cuando se ve el resultado sólo como la función de las invariables leyes de la acción, si se le considera como prasada del Señor, se evita la reacción que el éxito y el fracaso contienen. La mente está en calma y tranquila a pesar de los aparentes éxitos y fracasos y no se crean nuevas atracciones o aversiones. Las atracciones y aversiones existentes sin duda van a crear deseos y producir acciones, pero se evita la producción de nuevas atracciones y aversiones aceptando los resultados con la actitud de karma yoga. De esta manera, se rompe la viciada cadena: acción, éxito-fracaso, atracciones-aversiones, deseo, acción. Con la actitud de karma yoga, la acción que nace de atracciones y aversiones se convierte en el medio que elimina las atracciones y aversiones mismas. La mente que no reacciona de acuerdo a atracciones y aversiones está libre de las agitaciones de la felicidad y del pesar. Una mente así está tranquila. Es una mente contemplativa. Solo esa mente puede evaluar los resultados y aprender.

Uno aprende solamente cuando la mente está quieta. Esto es verdad para cualquier tipo de conocimiento: político, científico, financiero, o el Vedanta. Una mente quieta y tranquila puede estar alerta; no está intranquila con el pesar o la euforia. La acción que se hace con una mente alerta se vuelve bella. Una simple acción tal como comer se vuelve agradable si la mente está alerta y conciente del acto de comer. La mente tranquila, alerta, fresca y atenta es una mente que aprende. Esto no puede ser así mientras la mente esté bajo el dominio de las atracciones y las aversiones. A los seres humanos se les insta a que desempeñen sus acciones con la actitud de karma yoga. El apego a los resultados de una acción es el valor que se le ha asignado al resultado, es decir, insistir que el resultado debiera sólo ser de acuerdo a mis expectativas. Esta actitud se abandona cuando se acepta el resultado como es, como prasada del Señor. La acción entonces pierde su capacidad de producir reacciones que generen agitaciones en la mente.

Las acciones son como las semillas tostadas que no pueden germinar aunque se planten. Las atracciones y aversiones existentes se neutralizan con cada acción. Así entonces la acción es recomendada para todo el que albergue deseos en la mente. La naturaleza de las variedades de atracciones y aversiones escondidas en la mente nos son desconocidas; lo único que hace que se manifiesten es la acción. Cuando se desempeña la acción con la actitud de karma yoga quedan neutralizadas las atracciones y aversiones que produjeron la acción; es decir, se vuelven incapaces de perturbar la tranquilidad de la mente. Con el correr del tiempo uno adquiere un estado mental que prácticamente está libre de atracciones y aversiones. La impureza de la mente queda eliminada y el buscador está apto para descubrir su libertad, que es el objetivo fundamental.


RENUNCIA A LA ACCIÓN

La renuncia a la acción es una consecuencia natural de karma yoga. Cuando las atracciones y aversiones son en gran parte neutralizadas, la mente ya no es molestada por los deseos de adquirir felicidad y seguridad, porque está alegre y tranquila en sí misma. En esta etapa, uno está listo para renunciar a las acciones. Las acciones deben renunciarse únicamente cuando ya no hace falta hacerlas. Sannyasa, o renuncia a la acción, no debe hacerse en base a la voluntad sino debe ser un desenlace natural y la indicación de una mente madura que está contenta consigo misma, que no exige ni depende de otras cosas y seres para su felicidad. Si se toma [el voto de] sannyasa sin haber alcanzado esta madurez mental, uno está cerrando el campo de acción que se necesita para neutralizar las atracciones y aversiones. El solo atuendo que denota sannyasa no ofrece la plenitud. Es muy difícil obtener sannyasa sin karma yoga, la actitud que representa tener una mente madura.

Karma yoga implica también renuncia, la renuncia del apego a los resultados de la acción. Esto culmina en sannyasa, que es la renuncia a todas las acciones. Sannyasa de la acción significa que el buscador está preparado para ir exclusivamente en busca del conocimiento del ser y nada más. La búsqueda del autoconocimiento culmina en el logro del sadhya, del objetivo final, el cual es descubrir el hecho que “yo” realmente no desempeño ninguna acción; yo soy el no-hacedor. Soy la conciencia que con su pura presencia bendice al cuerpo, a la mente y al intelecto. Todas las acciones son desempeñadas por el cuerpo, la mente y el intelecto mientras que yo soy el simple testigo, así como el sol que ilumina al mundo entero sin tomar parte en ninguna actividad. Yo, la conciencia, no puedo sino brillar, y así el cuerpo, la mente y el intelecto se activan de la misma manera que una bola de hierro que se calienta y brilla tan solo por su contacto con el fuego. Yo no desempeño ninguna acción, a pesar de que las acciones emanan de este cuerpo. Este conocimiento es el verdadero sannyasa, el fin cuyo medio principal es la búsqueda de conocimiento y karma yoga el medio secundario.

La persona promedio no puede practicar karma yoga porque se encuentra bajo el dominio de las atracciones y las aversiones. Por no conocer la naturaleza verdadera del ser, la persona ignorante se toma a sí misma como quien desempeña todas las acciones. Uno pudiera pensar que volviéndose un sannyasi alcanzaría la plenitud, pero quien sea que tenga la noción de ser un hacedor, no puede renunciar a la acción. Mientras se tenga el conflicto entre continuar actuando o tomar la vida de asceta, se debe continuar actuando. Cuando se resuelva este conflicto como resultado de la neutralización de las atracciones y las aversiones y la eliminación, en alto grado, del sentido de ser el hacedor, el desenlace natural es la renuncia a la acción en términos de conocimiento.


Swami Dayananda Saraswati



Swami Dayananda Saraswati es un maestro contemporáneo de Vedanta y un erudito en sánscrito en la tradición de Sankara. Swamiji ha estado enseñando Vedanta en la India desde hace más de cinco décadas y en todo el mundo desde 1976. Su profunda erudición y asimilación del Vedanta combinado con una apreciación sutil de los problemas contemporáneos hacen de él un maestro sin igual que consigue transmitir la visión del Vedanta de una forma excepcionalmente clara y sencilla, tanto a estudiantes tradicionales como modernos.

Una de sus contribuciones únicas a la humanidad, fue el haber diseñado y conducido cursos residenciales de tres años enseñando a sus estudiantes Vedanta y sánscrito - siete cursos en la India, dos en los Estados Unidos. Más de 200 de sus estudiantes son ahora maestros y enseñan Vedanta tanto en la India como alrededor del mundo. Bajo su guía, se han fundado varios centros Arsha Vidya en el mundo para la enseñanza del Vedanta, entre ellos, hay tres centros de atención primaria en la India en Rishikesh, Coimbatore, Nagpur y uno en los EE.UU. en Saylorsburg, Pennsylvania. Hay más de un centenar de centros en la India y en el extranjero que llevan a cabo la misma tradición de la enseñanza del Vedanta.

Además de la enseñanza, Swami Dayananda ha iniciado y apoyado varios esfuerzos humanitarios durante los últimos cuarenta y cinco años. El mayor alcance de ellos es el establecimiento del All India Movement for Seva en 2000. Un organismo dedicado a proveer ayuda médica y nutricional, asistiendo en educación e infraestructura a la gente en áreas remotas de la India. Este movimiento ha sido bendecido por todos los líderes hindúes tradicionales que forman una unidad de la tradición Hindú, llamada la Hindu Dharma Acharya Sabha. Esta institución ha sido formada gracias a los esfuerzos y la coordinación hábil de Swami Dayananda.

Swami Dayananda ha promovido varios eventos internacionales y participó como un orador en algunos foros globales así como la Asamblea de Organizaciones No-gubernamentales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU); la Asamblea Global de la UNESCO en Seúl; la Celebración del Cincuenta Aniversario de la ONU; la Cumbre del Milenio de la Paz Mundial; el Congreso Mundial para la Preservación de la Diversidad Religiosa en Delhi; la Iniciativa para la Paz Mundial de las Líderes Femeninas, Religiosas y Espirituales en Ginebra; el Parlamento de Religiones Mundiales en Barcelona; el Congreso para la Preservación de los Sitios Sagrados; la Cumbre de la Juventud para la Paz; y la Cumbre de los Líderes Hindúes-Judíos en Delhi y en Jerusalén.

Arsha Vidya significa conocimiento de los Rishis, o los antiguos veedores hindúes de la verdad.


"Si soy lo que quiero ser, el asunto a tratar es sobre yo mismo. Lo que quiero ser, da la casualidad, que soy yo. El buscador no está separado de lo buscado"



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