4 oct. 2014

Respirar es vivir, André Van Lysebeth


Extraído del libro "Aprendo Yoga"

RESPIRAR ES VIVIR

Raras veces he encontrado un ser humano tan desamparado: estaba sentado frente a mi, pálido, los rasgos cansados, su cuello descarnado flotaba en el cuello de su camisa demasiado grande ahora. Venia a verme sin mucha convicción, por consejo de un amigo, para exponerme su problema. Cuando digo "exponer", no se imagine que me haya relatado simplemente sus molestias: su estado de agotamiento y de nerviosismo era tal, que era incapaz de hacer un relato coherente de su situación.

Me leía algunas notas que había preparado para nuestra entrevista. Os ahorraré los detalles. Casado, había tenido, hacía pocos años, un choque emotivo cuya naturaleza no me precisó, y desde entonces su salud se deterioraba progresivamente. Sufría de molestias digestivas, de palpitaciones, irritabilidad, falta de concentración. Adelgazaba a ojos vista, perdía el gusto de vivir, estaba en el limite de su resistencia. Había cambiado de empleo hacia poco: mejor remunerado, se sentía, por desgracia, sobrepasado por sus nuevas responsabilidades. Al día siguiente lo esperaba un trabajo importante que estimaba incapaz de realizar. Tenia la intención de confesarlo a su nuevo patrón y de presentar su renuncia.

¿Oué hacer? La gimnasia le estaba prohibida, porque el menor esfuerzo lo agotaba. Yo estaba muy embarazado: quería ayudarlo. pero parecía imposible hacerle practicar yoga, aún ultraelemental. Para precisar la situación le pedí que se quitara su americana, que se tendiese sobre la alfombra y que respirara calmadamente. Al no observar ningún movimiento respiratorio ni en el abdomen ni en el tórax, le dije: "¡No retenga el aliento!" -Pero si no lo retengo, respiro normalmente.... - fue la sorprendente respuesta. -Entonces respire tan profundamente como pueda.

Hizo un esfuerzo. y su tórax se levantó ... ¡un centímetro! Palpé el abdomen: estaba duro y contraído . Este hombre estaba contraído a tal punto que prácticamente no respiraba sino lo preciso para no morir asfixiado. ¡Esto explicaba muchas cosas! Me miró estupefacto cuando le dije que su respiración era casi inexistente: ¡jamás se había dado cuenta de ello, ni tampoco persona alguna! Después de una media hora de intentos, logré que se descontrajera un poco y que respirara con el abdomen. No era algo formidable, por cierto, pero comparado con su estado precedente inspiraba, por lo menos, cinco veces más aire que antes. 

Tres cuartos de hora más tarde apareció, tímidamente, un tinte rosado sobre sus mejillas, una pálida sonrisa iluminó su rostro y. . . ¡era capaz de hablar sin consultar sus notas!

No se crea que todo fue muy sencillo después: pero, por la magia de la respiración, ese cuerpo humano volvió a la vida, como cuando se riega una planta marchita.

Con la ayuda de su médico está a punto de volver a llevar una vida normal.

Este es un caso extremo, pero impresionante: desde ese día concedo una importancia primordial a la respiración: observa que, casi sin excepción, las personas que tienen una caja torácica bien desarrollada - ¡Y que se sirven de ella!- viven sin problemas, es decir, logran resolverlos a medida que se presentan. Los que respiran mal se debaten en innumerables dificultades, en todos los dominios: salud, profesión, afectividad. Son, por desgracia, la mayoría, porque de hecho, todos respiramos más o menos mal. ¡Cuántos pobres pulmones de civilizados no se ventilan nunca a fondo!

La respiración es el gran volante vital. Es posible abstenerse de alimento sólido durante semanas, de liquido durante algunos días; pero privados de aire falleceríamos en unos pocos minutos.

Todos los fenómenos vitales están ligados a procesos de oxidación y de reducción: sin oxigeno no hay vida. Nuestras células dependen de la sangre para su aprovisionamiento de oxigeno. Si por sus arterias circula sangre pobre en oxigeno, la vitalidad de cada una de sus células se encuentra disminuida: "realice" esta verdad primera, imprégnese de ella , dese cuenta de que millones de células, dispuestas a servirle fielmente hasta el límite de sus fuerzas, son tributarias del aporte de oxigeno que les llega por intermedio de ese líquido mágico: la sangre. Su deber, en sentido estricto, es el de asegurarles este aprovisionamiento de oxigeno al que tienen derecho.

No solamente respiramos muy mal, sino que a menudo la calidad del aire respirado es más que dudosa: de aquí nuestra falta de resistencia a las enfermedades, a la fatiga, nuestra repugnancia a todo esfuerzo físico, nuestro nerviosismo, nuestra irritabilidad.

El aporte de oxigeno es sólo un aspecto de la función respiratoria, la que abarca también la expulsión del CO2. Las células no disponen de ningún otro medio de desembarazarse de los restos que producen, fuera del de arrojarlos a la sangre: la purificación tiene lugar especialmente en los pulmones. Además, en los pulmones mal ventilados, innumerables gérmenes pueden desarrollarse en la oscuridad tibia y húmeda que les es favorable. El bacilo de Koch no resiste la acción del oxigeno: la respiración correcta, al asegurar la ventilación completa de los pulmones. inmuniza contra la tuberculosis.

¡Por supuesto que no hemos esperado a los Yoguis para respirar! Pero al practicar su arte de respirar, se dará cuenta hasta qué punto respiraba mal antes. Hay tanta diferencia entre la manera como respira un adepto del Yoga y un no iniciado, como entre un pillastre que chapucea en un estanque y un campeón. El primero se debate, gasta muchas energías y apenas logra flotar y desplazarse: el segundo avanza rápidamente y sin esfuerzo. Toda la diferencia proviene de la técnica y del ejercicio. Aprendamos a respirar correctamente; la recompensa será maravillosa.

He aquí los beneficios que Swami Sivananda atribuye a la respiración yóguica: "El cuerpo se vuelve fuerte y sano: el exceso de grasa desaparece, el rostro resplandece. los ojos centellean y un encanto particular se desprende de toda la
personalidad. La voz se vuelve dulce y melodiosa. El adepto ya no es presa de la enfermedad. La digestión se hace con facilidad. (Recuerde el apetito que tiene Ud. después de una larga caminata al aire libre.) Todo el cuerpo se purifica, el espíritu se concentra fácilmente, la práctica constante despierta las fuerzas espirituales latentes, trae la dicha y la paz."

Antes de su nacimiento, su mama respiraba por Ud. Pero desde su llegada al mundo, cuando el contenido de CO2 de su sangre aumentó, el centro respiratorio puso en marcha su primera y profunda inspiración, los pulmones se desplegaron en la caja torácica: acababa Ud. de realizar su primer acto autónomo. Desde entonces, el flujo y el reflujo de la respiración ritman su vida hasta el último suspiro. Para usar la expresión de C. L. Schleich, desde el momento en que la matrona corta el cordón umbilical, los pulmones se convierten en la placenta que une al hombre con la madre cósmica .

Vivir es respirar -respirar es vivir; los yoguis miden la duración de la vida humana por el número de respiraciones.

Antes de emprender ejercicios respiratorios complicados, aprendamos primero a respirar bien. O más bien, ¡volvamos a aprender! ... Todos hemos sabido respirar tan bien... ¡cuando éramos nenes! Después, han cambiado tantas cosas, sin mejorar muchas veces, sobre todo en materia de respiración, la que ha llegado a ser incompleta, superficial, a tirones, apresurada, porque estamos perpetuamente crispados y en tensión bajo el imperio de emociones negativas: ansiedad, cólera, entre otras .

Antes de cualquier reforma respiratoria hay que recordar que el hálito es anterior a nosotros y que no podemos enseñarle nada. Debemos abrirnos a sus poderes vivificantes, apartando todos los obstáculos que se opongan a su acción. El hálito espera de nosotros la eliminación de las tensiones, la corrección de los malos hábitos, de las actitudes físicas y mentales erradas. En cuanto hayamos apartado los obstáculos , se manítestará en su plenitud y nos concederá vitalidad y salud.
André Van Lysebeth

Ya no están de moda los corsés de 1900, pero más de un accesorio vestimentario nos impide aún respirar normalmente. ¡Sus cinturones de cuero, señores! iSus fajas y sostenes, señoras! Escogedlos muy extensibles para que no dificulten la respiración.

Pero hay obstáculos físicos mucho más temibles : esos abdómenes duros y contraídos que impiden la respiración y contraen toda la personalidad. esos tórax rígidos como corazas, esos diafragmas inmovilizados por acumulaciones de gas en el tracto qastro-lntestinal, también ellas causadas por espasmos. Es preciso primero descontracturar todos esos músculos en permanente tensión, los que, mejor que un corsé, impiden cualquier respiración normal; he aquí el motivo por el que la relajación es la puerta de entrada del yoga.

PRIMACIA A LA ESPIRACIÓN
En el acto respiratorio, el occidental atribuye la primacía a la inspiración. El yoga, por el contrario, afirma que toda buena respiración comienza no sólo por una espiración completa y lenta, sino también que esta ESPIRACIÓN perfecta es la condición sine qua non de una inspiración correcta y completa, por la razón tan simple de que no se puede llenar un recipiente ¡si no ha sido previamente... vaciado! Imposible respirar bien si no espiramos antes a fondo. La respiración normal comienza, pues, por una espiración lenta y tranquila, realizada mediante la relajación de los músculos respiratorios. El tórax se hunde por su propio peso, expulsando así el aire. Esta espiración debe ser silenciosa, como todo acto respiratorio (no debe escucharse respirar) y, por este motivo, será lenta. Al final de la espiración, los músculos abdominales pueden ayudar a vaciar los pulmones lo más completamente posible, por una contracción que expulse los últimos restos de aire viciado, la constitución esponjosa de los pulmones no permite vaciarlos en un 100 %: siempre quedará aire impuro en ellos, el aire resídual, que hay que esforzarse por reducir al mínimo, porque el aire fresco, traído por la inspiración, se mezcla a este aire residual para formar el verdadero
aire respiratorio de cada uno. Mientras más a fondo espire, mayor será la cantidad de aire fresco que podrá entrar y más puro será el aire en contacto con la superficie alveolar.

El volumen de aire que los pulmones pueden contener se llama "capacidad vital". Raras veces una designación ha sido más pertinente, y la meta de numerosas técnicas respiratorias es la de aumentar esta capacidad. Sin embargo, antes de preocuparse de aumentarla, utilicemos al máximo aquella de que disponemos, mediante una cuidadosa espiración, los yoguis distinguen tres tipos de respiración: la respiración abdominal, la respiración costal y la respiración clavicular. La respiración yóguica completa combina las tres y constituye la respiración ideal.

La respiración abdominal:
De este modo respira la mayor parte de los hombres. El diafragma desciende en el momento de la inspiración, el abdomen se hincha. Es el modo menos malo de respirar, la base de los pulmones se llena de aire, el descenso rítmico del diafragma provoca un masaje suave y constante de todo el contenido abdominal y favorece el buen funcionamiento de los órganos.

La respiración costal:
Se efectúa separando las costillas y dilatando la caja torácica como un fuelle. Esta respiración llena los pulmones en su región media. Hace penetrar menos aire que la respiración abdominal y requiere más de un esfuerzo. Es la respiración "atlética". Combinada con la respiración abdominal, permite una ventilación satisfactoria de los pulmones.

La respiración clavicular:
El aire se introduce levantando las clavículas. Sólo la parte superior de los pulmones recibe un aporte de aire fresco. Es el modo menos bueno de respirar; por lo común, es atributo de las mujeres.

La respiración completa:
la respiración yóguica completa engloba los tres modos de respiración y los integra en un único movimiento amplio y ritmado.

El aprendizaje se hace mejor acostado de espaldas: puede, por lo tanto , practicarse eventualmente en la cama.

Estas son, brevemente descritas, sus diversas fases:
1 ) Vacíe los pulmones a fondo.
2) Haga descender lentamente el diafragma y deje entrar aire en los pulmones. Cuando el abdomen esté hinchado y la parte baja de los pulmones esté llena de aire...
3) separe las costillas. pero sin forzarlas, después ...
4) termine de llenar los pulmones levantando las clavículas.

Durante toda la inspiración el aire debe entrar proqresivamente, sin sacudidas, en flujo continuo. No debe hacerse ningún ruido al respirar. Es esencial respirar silenciosamente.

MUY IMPORTANTE: su espíritu debe estar concentrado enteramente en el acto respiratorio. Cuando haya llenado los pulmones por completo, espire en el orden de la inspiración, siempre lentamente, sin sacudidas ni esfuerzo. Entrar bien el abdomen al final de la espiración.

Recomenzar enseguida a inspirar del mismo modo. Se puede prolongar este ejercicio tanto como uno quiera. No debe provocar ni molestias ni fatiga. Puede practicarlo en cualquier momento; cada vez que piense en ello, en el trabajo, caminando, en cualquier ocasión, respire consciente y lo más completamente que pueda. Poco a poco adquirirá el hábito de la respiración completa y su modo de respirar mejorara a medida de sus progresos. Pero es indispensable que reserve cada día un momento fijo a elección suya (por la mañana al despertar es muy favorable, como también por la noche antes de quedarse dormido) para practicar durante algunos minutos.

Cuando se sienta fatigado, deprimido, sin ánimo, haga algunas respiraciones completas: su fatiga desaparecerá como por encanto, su mente experimentará sus beneficios y volverá al trabajo con renovado entusiasmo.

Tal como la espiración, la inspiración debe ser silenciosa, lenta, continua y cómoda. No se hinche como un balón de fútbol o como un neumático. Respire cómodamente, sin forzar jamás.

Recuerde que la respiración ideal es PROFUNDA, LENTA, SILENCIOSA, COMODA. En los sedentarios se producen acumulaciones de sangre o congestiones en uno u otro órgano. El "torrente" circulatorio refrenado produce un desgaste y envejecimiento prematuros del organismo, la respiración completa impide que en nuestros órganos se frene la corriente sanguínea hasta el punto de formar estagnaciones y que de "torrente" se convierta en "pantano".

El efecto de succión, de espiración, provocado por la respiración profunda constituye una de las más importantes correlaciones entre la respiración profunda y la circulación. Un ejemplo citado por el doctor Fritsche, ilumina suficientemente este mecanismo: la gran vena que lleva al corazón en forma ininterrumpida la sangre proveniente del hígado, es vaciada regularmente por la succión que el pulmón ejerce sobre ella al respirar. Si la sangre venosa hepática no circula libremente, el hígado se hincha y se congestiona, lo que trae molestas repercusiones sobre la circulación de la sangre que proviene del tubo digestivo, y de aquí se sigue una digestión perturbada.

La respiración profunda y lenta disipa casi instantáneamente este estado congestivo del hígado, porque el pulmón aspira literalmente el exceso de sangre acumulado en el hígado, que llega al corazón derecho. Por lo demás, los movimientos del diafragma y de la caja torácica ejercen una influencia aceleradora sobre la circulación venosa en el organismo entero.

Al inspirar, no aspira Ud. solamente aire en los pulmones, también bombea SANGRE en los tejidos de todo el cuerpo. Cuando el pulmón contiene más aire es cuando contiene también más sangre, según las investigaciones de P. Héqer.
Cuando, en la primera fase de la respiración, el diafragma desciende y se aplana, la vena cava inferior impulsa su sangre hacia el corazón, porque sus paredes están tensas. El bazo también obtiene benéficos efectos de la respiración profunda. Así la respiración profunda y lenta es un poderoso motor circulatorio . El corazón es la bomba que impele la sangre en la red arterial, en tanto que los pulmones hacen el oficio de bomba aspirante sobre la circulación venosa. La circulación depende del funcionamiento correcto y complementario de esas dos bombas motrices. La respiración es el tónico por excelencia del corazón.

Los intercambios gaseosos en el pulmón, absorción de oxigeno y expulsión de CO2 se hacen mejor cuando la respiración es profunda, completa y LENTA. Según Walter Michel : "Si la respiración pulmonar no es completa, abundante y lenta, la superficie por oxidar pierde integridad y la fijación de oxigeno se hace mal, a pesar de la presencia de fermentos.

Para un intercambio gaseoso óptimo es preciso "que la sangre venosa adapte lentamente su tensión a la del aire alveolar ...". Las tensiones se aproximan cuando el aire alveolar permanece largo tiempo en contacto con la sangre. La máxima aproximación se alcanza cuando el aire permanece de 10 a 20 segundos en los alvéolos. La velocidad de la circulación de la sangre y el tiempo que permanece el aire en los alvéolos, en otros términos, el volumen minuto y la forma de respirar, determinan igualmente la importancia de los intercambios gaseosos al nivel de los pulmones. Se aumenta la superficie de dífusión inspirando profundamente y reteniendo el aire inspirado. Así es como se aumenta la superficie de eficacia, porque están en acción todos los alvéolos habitualmente inactivos en la respiración corriente . La lección que la medicina tiene derecho a sacar de estos hechos es que un buen llenado alveolar es necesario para una buena oxigenación. En efecto, es preciso que el mayor número posible de alvéolos participe en esta acción, a fin de aumentar así la superficie de difusión: también es preciso, según los fisiólogos, que el aire inspirado permanezca de 10 a 20 segundos en el alvéolo, a fin de obtener el intercambio más completo posible de los gases de la respiración.

Está demostrado cuán esencial es el ritmo de la respiración, y especialmente cuánto influye la respiración LENTA en la respiración de los tejidos, aumentando por este simple medio, mejor que cualquier terapéutico, el consumo de oxigeno de todo el organismo.

Todos los trastornos orgánicos o funcionales que provocan el estado de enfermedad son influenciables, cuando no siempre curables, por la respiración voluntaria. Los futuros bronquíticos, los futuros asmáticos, los futuros enfisematosos son invariablemente respiradores insuficientes, como dice el Dr. J. Peschier.

La respiración voluntaria es el medio más importante de que disponemos para aumentar la resistencia del organismo. "Disminuid la resistencia orgánica por cualquier medio y veréis a los microbios, hasta entonces inofensivos, convertirse en agentes de infección" (Pasteur). 

La seroterapia conoce fracasos al igual que la suifamidoterapia o la peniciloterapia. Algunos remedios, como tales, no tienen ninguna acción directa sobre el agente infeccioso. Por el contrario, está comprobado que algunos estados de la sangre o de los humores (temperatura, densidad, viscosidad o simplemente pH), bastan para destruir un agente infeccioso sin la ayuda de ninguna terapia traída conscientemente desde el exterior.

Existe una inmunidad natural, atribuida a un equilibrio iónico de la sangre. Depende, por tanto, de la respiración que, actuando sobre el pH de los humores, lo hace sobre el pH óptimo del microbio. Da al equilibrio ácido-base una regulación que se restablece en cada respiración y permite al organismo mantener o volver a encontrar el pH vital.

Si la respiración voluntaria no basta siempre para combatir las enfermedades infecciosas, ayuda a mantener el combate que nos libera de ellas y asegura al organismo los medios de evitarlas.

iUno queda confundido ante la clarividencia de los yoguis que han establecido desde hace milenios las reglas y las técnicas de la respiración ideal! Recomiendan respirar como si en nuestro nacimiento nos hubiesen dado en crédito un cierto número de respiraciones y nuestra vida fuera a durar hasta el agotamiento del capital -número de respiraciones. Si estuviésemos penetrados de esta creencia, ¡qué cuidado pondríamos en respirar lentamente!

Si, respirar es vivir. Pero respirar lentamente es vivir mucho tiempo. Y en buena salud. Mientras que para los asanas es preciso estar en ayunas, en ropa y lugar adecuados, la respiración voluntaria puede practicarse en cualquier lugar, en cualquier tiempo, sin que ni siquiera se den cuenta los que nos rodean.

Comience su jornada con algunas respiraciones profundas, lentas, silenciosas, en la cama, en los breves minutos que se concede desde que despierta hasta que se levanta ... En seguida, durante su sesión de asanas respire yóguicamente. Si tiene la ocasión de caminar un poco al ir a su trabajo, ¡respire otra vez! Al caminar, inspire durante 6 pasos, retenga el aliento 3 pasos, y haga durar la espiración 12 pasos. Por regla general, la espiración debe ocupar el doble del tiempo de la inspiración, haya o no retención. Puede ensayar con: 8 pasos de inspiración, 4 de retención y 16 de espiración. 

En el curso de la jornada, en el trabajo o en otro lugar, cada vez que se acuerde -deseamos que sea frecuentemente- concédase algunas respiraciones profundas, completas y lentas. Por la tarde, aproveche para intercalar una breve sesión de respiraciones: en la cama, que la respiración le sirva de canción de cuna. Siempre puede respirar sobre el mismo ritmo que al caminar, pero contando los segundos, por ejemplo.

Así, acumulando cortas pero frecuentes sesiones en el curso de la jornada, asegurará para Ud. las ventajas inapreciables de la respiración yóguica.

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