10 mar. 2012

Asana por B K S Iyengar


B K S Iyengar


 El tercer miembro del yoga lo constituye asana o postura. Asana procura firmeza, salud y ligereza de miembros. Una postura firme y agradable produce equilibrio mental y evita la inconstancia de la mente. Las asanas no son simples ejercicios gimnásticos; son posturas. Para realizarlas se necesita un espacio limpio y aireado, una manta, y decisión; mientras que otros sistemas de entrenamiento físico necesitan amplios campos de juego y un equipo costoso. Las asanas pueden  hacerse sin nada, ya que los mismos miembros del cuerpo proporcionan los pesos y contrapesos necesarios. Mediante su práctica desarrollamos agilidad, equilibrio, resistencia y una gran vitalidad.

Las asanas se han ido desarrollando durante siglos la objeto de ejercitar cada músculo, cada nervio y cada glándula del cuerpo. Aseguran un físico bueno, es decir, fuerte y elástico, no envarado por un exceso de músculo, al tiempo que mantienen el cuerpo libre de enfermedades. Reducen el cansancio y calman los nervios. Mas su importancia real radica en la manera en que entrenan y disciplinan la mente.

Muchos actores, acróbatas, atletas, bailarines, músicos y deportistas también poseen un espléndido físico así como un gran control del cuerpo, mas les falta el control de la mente, del intelecto y del Sí-mismo. De ahí que se hallen en desarmonía consigo mismos, y raramente pueda encontrarse entre ellos una personalidad equilibrada. A menudo anteponen el cuerpo a todo lo demás. En cambio el yogui, sin subestimarlo, no se ocupa solamente de la perfección del cuerpo, sino también de los sentidos, de la mente, del intelecto y del alma.

El yogui conquista el cuerpo mediante la práctica de las asanas, y hace de él un vehículo adecuado para el espíritu. Sabe que el espíritu necesita del cuerpo como vehículo. Un alma sin un cuerpo es como un pájaro privado de su facultad de volar.

El yogui no teme a la muerte, ya que el tiempo debe pasar factura a toda carne. Sabe que el cuerpo se halla en continuo cambio y se ve afectado por l a infancia, la juventud y la vejez. Nacimiento y muerte son fenómenos naturales, si bien el alma no se halla sujeta ni al nacimiento ni a la muerte. Como el hombre que desecha los vestidos gastados para ponerse otros nuevos, así también el inquilino del cuerpo desecha cuerpos usados para entrar en otros nuevos.

Cree el yogui que su cuerpo le ha sido dado por el Señor no sólo para el goce,  sino también para el servicio al prójimo en cada momento despierto de su vida. No lo considera de su propiedad. Sabe bien que el Señor, que le dio su cuerpo, se lo quitará algún día.
B K S Iyengar

Mediante la realización de asanas el sadhaka (practicante) gana en primer lugar salud, la cual no es mera existencia. Se trata de un bien que no puede adquirirse como dinero, sino que debe ser ganado a fuerza de trabajo duro; un estado de completo equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu. La salud consiste en el olvido de la consciencia física y mental. El yogui se libera de incapacidades físicas y distracciones mentales mediante la práctica de las asanas. Entrega sus acciones y el fruto de éstas al Señor, en servicio del mundo.

El yogui comprende que su vida y todas sus actividades forman parte de la acción divina en la naturaleza, manifestándose y operando en forma humana. En el latido del pulso y en el ritmo de la respiración reconoce el flujo de las estaciones y el palpitar de la vida universal. Su cuerpo es el templo que alberga la Llama Divina. Opina que descuidar o negar las necesidades del cuerpo, considerándolas algo ajeno a lo divino, es también descuidar y negar la vida universal de la cual es parte integrante. Las necesidades del cuerpo son necesidades del espíritu divino que vive a través de ese cuerpo. El yogui no alza los ojos al cielo para hallar a Dios, pues sabe que Él vive en su interior y se llama antaratma (el Sí-mismo Interior). Siente el reino de Dios dentro y fuera de él,  y que el cielo reside en él.

¿Dónde, pues, acaba el cuerpo y comienza la mente? ¿Dónde acaba la mente y comienza el espíritu? No pueden ser divididos, toda vez que se hallan interrelacionados; son aspectos distintos de la misma consciencia divina que todo lo llena.

El yogui nunca desatiende ni mortifica el cuerpo o la mente, sino que los mima. Para él, el cuerpo no es obstáculo para su liberación espiritual ni causa de su caída, sino que constituye un instrumento de logro. Persigue un cuerpo fuerte y vigoroso como el relámpago, lleno de salud y libre de sufrimientos para así dedicarlo al servicio del Señor como es su finalidad. Según se indica en la Mundakopanisad, no puede alcanzar el Sí-mismo quien carece de fuerza, se muestra negligente o carece de objetivo. Al igual que un recipiente de barro sin cocer se deshace con el agua, el cuerpo pronto se deteriora. Cuézase, pues, a conciencia en el fuego de la disciplina yóguica, a fin de fortalecerlo y purificarlo.

Los nombres de las asanas poseen un significado e ilustran el principio evolutivo. Algunas tienen nombre derivados de la vegetación, como el árbol (vrksa) y el loto (padma); otras de insectos como la langosta (salabha) y el escorpión (vrschika); otras de animales acuáticos o anfibios como el pez (matsya), la tortuga (karma), la rana (beca o manduka) o el cocodrilo (nakra). Las hay que llevan nombres de ave como el gallo (kukkuta), la garza (baka), el pavo real (mayura) y el cisne (hamsa). Y también que toman el nombre de cuadrúpedos como el perro (svana), el caballo (vatayana), el camello (ustra) y el león (simha). No se han dejado en olvido los nombres de criaturas que se arrastran como la serpiente (bhujanga) ni se pasa por alto el estado embrionario humano (garbha pinda). Hay asanas que reciben su nombre de héroes legendarios, tales como Virabhadra y Hanumán, hijo del Viento; y sabios como Bharadvaja, Kapila, Vasistha y Visvamitra son recordados por haber dado nombre a asanas. Algunas llevan nombres de dioses del panteón hindú, y otras evocan las avataras o encarnaciones del Poder Divino. Durante la práctica de las asanas, el cuerpo del yogui adopta diversas formas que asemejan una gran variedad de criaturas. Su mente se halla educada para no despreciar criatura alguna, pues sabe que en toda la gama de la creación, desde el insecto más insignificante hasta el sabio más perfecto, late el mismo Espíritu Universal que adopta innumerables formas. Sabe también que la forma mas elevada de todas es la de Aquél que no tiene forma. Halla la unidad en la universalidad. La verdadera asana es aquella en la cual el pensamiento de Brahman fluye sin esfuerzo e incesantemente a través de la mente del sadhaka.

B K S Iyengar
Dualidades tales como la ganancia y la pérdida, la victoria y la derrota, la fama y la deshonra, el cuerpo y la mente, la mente y el alma, se desvanecen mediante el dominio de las asanas; con lo que el sadhaka puede entonces pasar al pranayama, cuarto estadio en el camino del yoga. En las prácticas de pranayama las fosas y conductos nasales, así como sus membranas, la tráquea, los pulmones y el diafragma, son las únicas partes del cuerpo que se hallan en actividad. Sólo ellas sienten el impacto completo de la fuerza del prana, el aliento de vida. Así pues, no busque alcanzar el dominio de pranayama apresuradamente, pues en él está jugando con la vida misma. Por su práctica incorrecta aparecerán enfermedades respiratorias, y el sistema nervioso acabará destrozado; mientras que con la práctica correcta uno se ve libre de la mayoría de las enfermedades. No intente acometer nunca la práctica del pranayama por sí mismo, ya que resulta esencial la supervisión personal de un gurú conocedor de las limitaciones físicas de su alumno. 

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