11 oct 2013

La hermandad del yoga. Por Swami Chidananda.

Swami  Chidananda con su maestro Swami Sivananda 
Del libro "Conversaciones con Yoguis" de Ramiro Calle. Entrevista con Swami Chidananda. 



Deseo expresar algunos de mis sentimientos relacionados con el yoga. 

Todos los que trabajan en el campo del yoga deben formar una hermandad cósmica y trabajar por ese gran objetivo que es elevar la calidad de vida de toda la humanidad. Deben trabajar estrechamente unidos para ayudar a los otros a que se ayuden a sí mismos, para facilitarles su autocultura. Hay que trabajar con el objetivo común de servir a todos los hombres, al mismo tiempo que se trabaja sobre unos mismo a fin de elevarse más y más a la vida divina. Nuestros hermanos a los que tratamos de ayudar se encuentran en diferentes estados de evolución y, por tanto, hay que ayudarlos de acuerdo con el nivel evolutivo en el que se hallen. Por esta razón, todos los aspectos del yoga son igualmente importantes, sin que unos lo sean más que otros. En un momento dado, en unas circunstancias dadas, un aspecto adquiere mayor importancia que otro; en otras circunstancias será otro aspecto el que obtenga la primacía. Todos los aspectos, pues, son importantes, y uno de ellos consigue la prioridad según el contexto, las circunstancias y el grado de evolución del practicante. Partiendo de esta idea hay que trabajar con comprensión y armonía. 

Hay que inspirar el ideal de amor y armonía. La religión del corazón es la parte más importante de la vida espiritual. El yoga tiene muchos aspectos: físico, mental, metafísico, filosófico y espiritual. Es un sistema integral, y así como a un niño cuando tiene hambre no se le pueden dar toda clase de alimentos, porque algunos no son convenientes, de igual forma hay que dar al aspirante el aspecto que resulte más conveniente para él. Por ello hay diversas formas de yoga. A la gente muy simple, por ejemplo, se la invita a que practiquen un poco de japa. 

"Yoga" significa unidad, y esta es la esencia de la vida. 

Los hombres no somos distintos, aunque lo seamos en el nombre o la forma, étnica o anatómicamente. Pero todo eso no es nuestra esencia. Nuestra naturaleza interna, la más auténtica, es espiritual, y en dicho nivel todos somos iguales. La unidad debe ser la característica sobresaliente de la vida yóguica. Yoga es unión total con lo Divino, y dicha conexión hace que la Divinidad descienda sobre nosotros, provocando que todas nuestras relaciones sean también divinas. Así se obtiene una divinización de la vida y las relaciones diarias. 

Hay que trabajar juntos por la causa del yoga. 

La humanidad necesita una mayor salud y disciplina en su vida ordinaria, serenidad y estabilidad mental, unos ideales morales y éticos para vivir y sobrellevar su propia existencia.

La humanidad necesita, sobre todo, un ideal y un propósito más elevado que la haga caminar hacia la Divinidad. Necesita un objetivo espiritual: sin él la vida carece de todo significado profundo y se vuelve un conjunto de problemas y situaciones conflictivas que llenan al hombre de amargura. El ser humano es más que una criatura biológica y psicológica: es, en verdad, espiritual y divino. La vida de Dios reside dentro de él, imagen real de lo Divino. Su naturaleza divina y esencial tiene que ser desplegada y manisfestada, y así podrá obtener estabilidad y plenitud. Las enseñanzas del yoga proporcionarán mucho bienestar al hombre del futuro próximo, y del futuro lejano. 

8 oct 2013

Los efectos del Pranayama. Por B K S Iyengar


LOS EFECTOS DEL PRANAYAMA

Las asanas mejoran la circulación sanguínea a través de todo el cuerpo, incluyendo la cabeza, el tronco y los miembros.

Las asanas que son apropiadas para piernas y brazos mantienen activo el sistema circulatorio. La circulación arterial, capilar, venosa y linfática se ve estimulada por la relajación y contracción rítmica de los músculos, que actúan como bombas por la apertura de nuevos e inusitados estratos vasculares. Ello permite un suministro y una utilización eficaz de la energía, al tiempo que promueve una notable resistencia a las enfermedades.

Aunque las asanas producen efectos similares en el tronco, el pranayama afecta a la expansión rítmica de los pulmones, creando una circulación adecuada de los fluidos corporales dentro de los riñones, el estómago, el hígado, el bazo, los intestinos, la piel y otros órganos, así como de la superficie del torso.

Son los pulmones los que se ocupan directamente de la eliminación del dióxido de carbono presente en la sangre venosa, así como de prevenir que los amoníacos, cetones y aminas aromáticas no aumenten hasta alcanzar niveles tóxicos. Una eficaz circulación de la sangre y la linfa se hace necesaria a objeto de mantener los pulmones limpios y libres de enfermedades bacterianas. El pranayama resulta ahí de ayuda, ya que mantiene los pulmones puros al incrementar el flujo de sangre fresca.

Las funciones del hígado dependen de que las corriente arterial hepática aporte las sustancias de desecho que, una vez transformadas químicamente, son excretadas en la bilis y la orina. También depende de la circulación de la vena porta el conducir sangre desde el estómago y el intestino delgado para ser filtrada y procesada, a fin de eliminar las toxinas y los productos bacterianos. El hígado presenta además una activa circulación linfática y suministra glóbulos blancos (macrófagos) que recorren el plasma sanguíneo, recogiendo tanto desechos sólidos como células extrañas y sus productos, para su destrucción o almacenamiento. Todas estas actividades son estimuladas por el pranayama.

En los riñones, la producción de orina depende de la filtración continua de importantes volúmenes de sangre arterial a través del parénquima renal. Este flujo se halla sujeto a exigencias encontradas, y a menudo es demasiado bajo. La tendencia a derivar sangre fuera de la corteza renal se halla contrarrestada por una autorregulación del flujo a cargo de las pequeñas arterias locales. Este proceso depende de una correcta presión intrarrenal, de ahí que el pranayama sea de ayuda en la consecución de una posición , forma y estado de tensión apropiados de los riñones. El masaje interno mediante la actividad en fases de los músculos abdominales y de la espalda estimula además el flujo linfático renal, tan especial para mantener la salud del órgano.

El uso rítmico del diafragma y de los músculos abdominales en pranayama estimula directamente los movimientos peristálticos y segmentarios de los intestinos, al tiempo que promueve la circulación intestinal. Así, ayuda al intestino en su función de absorción de las materias alimenticias y eliminación de los desechos sólidos, principalmente de los alimentos no absorbidos y de los productos de nuestra bacteria amiga, la flora del colon, así como aquéllos que contienen los residuos de las secreciones de hígado (bilis), páncreas e intestinos. 

El bazo, situado justo debajo de la parte izquierda del diafragma, actúa como filtro para purificar la sangre en circulación de los glóbulos rojos -portadores de oxígeno- ya desgastados. Gran parte de la circulación sanguínea del bazo responde a estructuras linfáticas y se ve estimulada por el pranayama.

El pranayama ayuda a preservar el flujo de sangre pura, el cual tonifica los nervios, el cerebro, la médula espinal y los músculos cardíacos, manteniendo así su eficacia.

Las glándulas sudoríparas actúan como micro-riñones accesorios, sobre todo cuando estimuladas por el pranayama.

Según los textos yóguicos, la práctica regular de pranayama previene y cura las enfermedades. La práctica incorrecta, sin embargo, puede ser causa de asma, tos, hipertensión, dolores en el corazón, los oídos y los ojos, sequedad de la lengua y dureza de los bronquiolos (Hatha Yoga Pradipika).

El pranayama purifica los nadis, protege los órganos internos y las células, y neutraliza el ácido láctico, causante de fatiga, lo que acelera la recuperación.

El pranayama mejora la digestión, hace aumentar el vigor, la vitalidad, la percepción, y la memoria. Libra a la mente del dominio del cuerpo, agudizando el intelecto e iluminando el sí-mismo.

Una columna vertebral erecta puede compararse a una cobra que despliega su caperuza. El cerebro es la caperuza, y los órganos de percepción son los colmillos, en tanto que los malos pensamientos y deseos son glándulas venenosas. La práctica de pranayama aquieta la acometida de los sentidos y los deseos. Así la mente se vuelve sacrosanta o libre de pensamientos (nirvishaya). Las palabras, pensamientos y hechos del sadhaka se tornan limpios y puros. Éste mantiene firmeza (achalata) y estabilidad (sthirata) en su intelecto.

Sólo la práctica proporciona fuerza y conocimiento. La práctica diaria asegura el éxito y la consciencia perfecta, la cual expurga al sadhaka del miedo a la muerte (Shiva Samhita).

El sadhaka experimenta un estado de serenidad. Deja de pensar en el pasado y no teme al futuro, sino que permanece continuamente en el presente. Una vez ha dominado el pranayama sentado en padmasana, se encuentra preparado para convertirse en un alma liberada, afirma el Hatha Yoga Pradipika.

Como el viento barre el humo y las impurezas de la atmósfera, siendo su cualidad inherente el quemar y purificar la zona, así el pranayama es un fuego divino que depura los órganos, los sentidos, la mente, el intelecto y el ego.

Así como el sol naciente dispersa lentamente la oscuridad de la noche, el pranayama elimina las impurezas y refina al sadhaka, preparando su cuerpo y su mente y volviéndolos aptos para la concentración (dharana) y la meditación (dhyana): Yoga Sutras de Patanjali.

El pranayama es la ventana del "Sí-mismo". Es por ello que se lo denomina "la gran austeridad" (maha tapas) y el verdadero conocimiento del Sí-mismo (Brahma-vidya).

Fuente: "Pranayama Dipika" - B.K.S. Iyengar

6 oct 2013

Yoga: libertad mediante disciplina

Conferencia de B. K. S. Iyengar en Oxford, el 20 de junio de 1976. Trata acerca de como la meditación y la sabiduría (dhyana y jñana) nos conducen a una existencia simple y pura, llena de inteligencia. 

Bhoga, roga y yoga

La filosofía índica cuenta con seis corrientes principales de pensamiento:
Nyaya, Vaisésika, Samkhya, Yoga, Purva Mimansa y Uttara Mimansa (ahora conocida como Vedanta). 

El yoga es tan antiguo como la civilización. Empieza con la disciplina y el cultivo del carácter y culmina con la emancipación y la libertad. Entre el -500 y el -200, el sabio Patañjali codificó su periplo yóguico, exponiéndolo como un gran arte, ciencia y filosofía, y al mismo tiempo mostró formas para evolucionar, paso a paso, desde la periferia del cuerpo hacia el núcleo del ser, para alcanzar el cenit de la evolución.

El yoga coordina de manera armoniosa las actividades del cuerpo, la consciencia y el sí-mismo individual. Estas tres entidades actúan de manera heterogénea. El cuerpo va contra la consciencia, y ésta va contra el sí-mismo. De igual modo, el sí-mismo va contra la corriente de consciencia, o el cuerpo contra los pensamientos de la consciencia y el sí-mismo. A veces, cuerpo y consciencia pueden actuar en coordinación, pero el sí-mismo no les acompaña. El cuerpo y la mente pueden decir: "¡Fuma!", pero el sí-mismo puede no estar de acuerdo El sí-mismo guía, pero el fumador no escucha la llamada. El yoga hace que esas acciones heterogéneas se armonicen de forma homogénea mientras se escucha la llamada de la voz interior. 

La heterogeneidad es bhoga y la homogeneidad es yoga. La coordinación completa es yoga y la descoodinación es bhoga. Bhoga significa el disfrute del placer mundano y sensual. El placer sensual no le lleva a uno hacia la tranquilidad pura sino hacia roga, o enfermedad. El yoga ayuda a que la inteligencia se familiarice con el Sí-mismo. Bhoga, o placeres mundanos, nos asocia con los sentidos y la mente. El yoga asocia y une al cuerpo con la consciencia (mente, inteligencia y ego), y luego a ambos con el Sí-mismo. 

El objeto del yoga es la realización del Sí-mismo. El de bhoga es el placer sensual, que conduce de manera gradual al sufrimiento. El yoga nos guía hacia la emancipación, pero bhoga llega a roga o las enfermedades. Como los placeres incitan a excederse, nos hacen sufrir con dolor y aflicción, mientras que el yoga nos hace disfrutar de los placeres del mundo sin invitar a la enfermedad. Bhoga nos ata creando incomodidad y enfermedades, que pueden resultar en una muerte prematura. 

Ahora resulta que beber, fumar, el disfrute sensual y la meditación van juntos. ¿Cómo pueden ir juntos roga, bhoga y yoga? La moderación en bhoga y la atención intensa en el yoga es el camino de la salud física, mental, intelectual y espiritual. No vivamos una vida inánime, adoptemos en lugar de ello una forma de vida dinámica, positiva y natural mediante el proceso yóguico. El yoga nos enseña a llevar una vida natural y a experimentar la divinidad dentro de uno mismo. 

De la complejidad a la simplicidad

Patañjali, en el primer aforismo utiliza la palabra anusasanan (códigos de disciplina) y más adelante llega a pratiprasava (Y.S. II. 10), es decir, involucionar hacia el núcleo del Ser, la culminación de la búsqueda. 

Según el yoga, la mente es un sentido basto, mientras que inteligencia, ego y consciencia se consideran sentidos sutiles. La mente como es más periférica que la inteligencia, es la envoltura más externa de la consciencia. 

Patañjali enseña como pelar la capa de la mente y cómo educa citta, de manera que experimente simplicidad a través del yoga. Con esta experiencia llegan a su fin los choques de los pensamientos en el ser humano. Citta, como consciencia, actúa como el primer gran principio en el ser humano. Incluye la mente (manas), la inteligencia (buddhi) y el ego (ahamkara). Es una entidad compleja. 

No obstante, este periplo de la complejidad a la simplicidad no será nada fácil. Es un viaje que va desde un difícil y complejo estado de ser, hacia un estado simple e inocente, sin ignorancia ni arrogancia. Hoy se conoce al estado complejo de citta como estrés o tensión. Si se puede hacer frente a la vida sin estrés ni tensión, entonces se torna fácil. Este citta complejo actúa como un trampolín para pensar y actuar de cara a alcanzar el estado sereno de simplicidad y ritmo en la vida. El efecto del yoga es como el de la fragancia de las rosas cubiertas de espinas. Hay que sostener la rosa con mucho cuidado para poder disfrutar de su fragancia. De forma análoga, el cuerpo, la mente, la inteligencia, el ego y la consciencia están aguijoneados por millones de espinas que les producen un dolor insoportable. Sin embargo debe soportarse con paciencia. El Yoga enseña el arte de superar el dolor y la aflicción, así como los métodos para evitarlos. Cuando el ser humano hace frente a los altibajos de la vida, aprende probando. Al principio se está abocado a cometer errores y a sufrir. A partir de esos errores uno comprende qué está bien y que está mal, y aprende a desarrollar fuerza de carácter, evitando las espinas del deseo, que no son compatibles con la vida. Para mí, eso es educación, cuando las puertas del estudio y la comprensión abren a la emancipación. 

Todos hemos experimentado en la infancia que es la simplicidad de consciencia. Al crecer, se va haciendo difícil seguir siendo sencillos e inocentes como lo éramos en la infancia. Perdemos aquella inocencia porque nuestro comportamiento se va complicando. Cuanto más se complica más difícil parece el yoga. Para un médico el cuerpo es un objeto complejo, par aun psicólogo, la mente es un objeto complejo. Conociendo la complejidad de la consciencia y del cuerpo, un yogui intenta simplificar sus maneras y su comportamiento. Limpia el cuerpo y elimina las manchas de la consciencia, de manera que ésta experimente el Sí-mismo con una claridad cristalina, siempre pura e incolora (no teñida). 

Para comprender esta simplicidad de la consciencia y la pureza del Sí-mismo, se necesita un conocimiento maduro (paripakva jñana). Acudimos a las instituciones educativas para adquirir conocimiento. Pero para aprender yoga no hemos de ir a ninguna institución externa a nosotros mismos. Sólo hay que entrar en la propia universidad, en el interior del cuerpo, la mente y la inteligencia. El cuerpo es un centro educativo. La inteligencia es el recto, y la volición su vicerrector. Aquí la inteligencia no puede operar a menos que la ponga en marcha la volición. La volición es la fuerza de voluntad. En la terminología yóguica se llama iccha sakti o prerana sakti. La voluntad es impotente. La inteligencia y la fuerza de voluntad, al ser ambas dinámicas a su manera, se acercan y se encienden y electrifican. Cuando la mente y la inteligencia se acercan entre sí, la inteligencia se torna sumisa, porque la mente -al ser tramposa- la hace vacilar. El yoga crea un estado de equilibrio formando a la mente y la voluntad, de manera que la voluntad se agudiza y la mente se amansa. Entonces la inteligencia resplandece con claridad y pureza, saliendo de la sombra tanto de la voluntad como de la mente. 

La voluntad, la consciencia (mente, inteligencia y ego), los sentidos de percepción, los órganos de acción y el cuerpo son los vehículos del Sí-mismo. Patañjali ofrece métodos para disciplinar esos vehículos y formarlos de cara a la pureza, la pulcritud y la claridad. Esta cualidad es simplicidad y humildad, donde la arrogancia pierde su presencia. El camino del yoga es tal que en él puede encontrarse tnato disciplina como libertad. Si disciplina es la raíz, entonces la libertad es el fruto. En el yoga, disciplina y libertad, libertad y disciplina, van de la mano. 

Conocimiento objetivo y experiencia subjetiva

El conocimiento tiene dos facetas. Una es objetiva y la otra subjetiva. El conocimiento objetivo está basado en la especulación, el pensamiento y el análisis, mientras que el conocimiento subjetivo trata de verificar el conocimiento objetivo mediante la experiencia. El conocimiento subjetivo llega a través de la experiencia práctica, y el conocimiento objetivo se obtiene a través del estudio teórico. El yoga es un tema tanto práctico como teórico, pero no es una práctica ciega ni discursiva. Cualquier práctica necesita algo de conocimiento objetivo. Dicho conocimiento, o el conocimiento adquirido, se pone en práctica para experimentar la realidad del conocimiento objetivo. Este conocimiento experimentado lleva hacia el acto de repensar, reanalizar y reprocesar para prepararse de cara a una nueva vía de conocimiento. Debido a esta renovación del conocimiento, la práctica toma nuevas formas, conduciendo cada conocimiento subjetivo a una experiencia subjetiva, y al mismo tiempo esa experiencia subjetiva nos lleva a expresar fielmente el conocimiento objetivo. Este ciclo del conocimiento, desde el objetivo al subjetivo y desde el subjetivo al objetivo, produce una cierta reacción en uno y desarrolla una memoria que recuerda a una fruta madura. 

Esta memoria no es simplemente una remembranza de impresiones, sino que es como la mantequilla que es batida a partir del conocimiento y la experiencia. Esta memoria acumulada es limpiada y aclarada por nuestro proceso de repensamiento y reexperimentación. Se descartan los recuerdo erróneos e indeseados, manteniéndose los maduros. En realidad, es la memoria madura la que detiene las fluctuaciones de la mente indagadora y adquisidora. Cuando finaliza este ciclo, entonces mente, inteligencia y consciencia permanecen como un océano sin olas. 

Así pues, el método yóguico combina y armoniza los enfoques teórico y práctico, ofreciendo estabilidad para que sadhaka experimente lo real. 

De adhyatmavidya a atmavidya

Vidya significa conocimiento. Adhyatmavidya quiere decir conocimiento concerniente al Sí-mismo, con sus diversas envolturas y funciones. Conocer y entrar en contacto directo con el Sí-mismo es atmavidya. La disciplina empieza con adhyatmavidya, y la libertad llega con atmavidya. 

Así como una flor cuenta con varios pétalos, la flor del yoga cuenta con ocho pétalos u ocho disciplinas. Son yama, niyama, asana, pranayama, pratyahara, dharana, dhyana y samadhi. Estos pétalos o disciplinas nos llevan hacia la claridad de consciencia y conciencia, y florecen en adhyatmavidya (el conocimiento que libera, B.G., X.32), y en atmavidya (el conocimiento del Sí-mismo). 

Yama y niyama

Estamos muy familiarizados con los principios de yama. Si observamos con cuidado, nos damos cuenta de cuán a menudo infringimos los principios de yama a causa de la indisciplina de pensamiento y acciones. Nos convertimos en esclavos de los sentidos de percepción y órganos de acción. Los sentidos de percepción seducen y provocan la actuación de los órganos de acción. La práctica de los principios de yama amansa a los órganos de acción, y niyama educa y disciplina los sentidos de percepción para que no seduzcan a los órganos de acción. 

Asana y pranayama

Los deseos no tienen fin. La sed de deseos no puede apagarse con facilidad. Uno no se transforma en carente de deseos de la noche a la mañana. Los deseos no se dejan descartar con facilidad y no desaparecen por sí solos El método yóguico los mete en cintura y los controla de forma gradual. El periplo de la educación correcta empieza con yama. Los deseos conocidos, que son reconocibles, son controlados por las disciplinas de yama y niyama, mientras que los deseos de fuerte arraigo, que pueden no emerger con facilidad, se trabajan mediante los otros anga del yoga. La doma del cuerpo fisiológico y psicológico comienza con asana y pranayama, un punto de partida para eliminar la oscuridad de la ignorancia. La mente, que está muy cerca del cuerpo externo, es atraída con facilidad, incluso cuando existe una ligera indisposición. Las enfermedades del cuerpo, como flatulencia, resfriado, fiebre, desasosiego y otras, pueden reconocerse de inmediato, pero las enfermedades mentales no son tan fáciles de señalar. Hay que saber que la práctica de asana no sólo está destinada a la salud física, sino también para lograr una mente saludable, equilibrada y tranquila. A través del cuerpo orgánico asana hace que la consciencia penetre profundamente. Asana trata tanto la psique (mente) como el soma (cuerpo). Ayuda a conocer la mente conocida, mientras que pranayama hace emerger la mente interior desconocida. 

La práctica de asana produce mucha energía, mientras que pranayama transporta esta energía vital producida a las zonas más remotas del cuerpo, a fin de nutrirlas fisiológica y energéticamente, y para el desarrollo de la sensibilidad y la percepción consciente dinámica en la inteligencia. El fluido de energía torna a la inteligencia consciente y atenta para que sienta todas las partes del cuerpo, desde la periferia hasta el núcleo, o desde la piel al Sí-mismo. Si esta penetración está ausente, se desarrolla insensibilidad, que se transforma en terreno abonado para la enfermedad. Por lo tanto, asana y pranayama son un sistema tanto preventivo como curativo. Aunque la ciencia médica nos ha enriquecido con su comprensión del funcionamiento de los cuerpos anatómico y fisológico, no ha mostrado los cambios que tienen lugar en el cuerpo con la fusión de energía y consciencia. Asana y pranayama lo consiguen magníficamente, enriqueciendo las funciones de los vehículos del ser humano como un todo. No obstante, hay que reconocer los méritos de la ciencia moderna que nos ha regalado los miembros artificiales, los transplantes de órganos y demás. 

Pratyahara

Asana produce energía y pranayama la distribuye cuando la inteligencia alcanza cada fibra y célula del cuerpo, la energía vieja y rancia sale y se hace circular una nueva. El pranayama reduce esa energía vieja, y pratyahara la reabsorbe de todos los rincones del cuerpo. En pranayama el cerebro permanece tranquilo, mientras que en pratyahara se cultiva la sede de la mente para que permanezca silente. De este modo permanecen estables, tranquilos y silentes el cuerpo físico, el cerebro y la mente 

La nata está presente en la leche. Se bate la leche para separar la nata de la leche. Podría decirse que los diversos aspectos del yoga ayudan a la energía a saturarse, como la nata, en forma de inteligencia clara, y permiten que la energía fluya de manera ininterrumpida como dharana y dhyana desde el núcleo del ser hasta la piel, y desde la piel hasta el núcleo. Ésa es la esencia del yoga. 

No hay dhyana sin jñana

Ahora es muy normal que cualquiera hable de dhyana o meditación. Pero sin jñana (conocimiento) no hay dhyana, y sin dhyana no hay jñana. Un conocimiento maduro (paripakva jñana) conduce hacia dhyana. Desde yama a pratyahara, lo "basto cognoscible" se conoce, pero lo sutil aún no. Estos sentidos sutiles son la inteligencia, el ego y la consciencia. En dharana emerge la inteligencia con claridad y se vuelve conocida. 

En dhyana se humilla al "yo" y la "yoidad", y el practicante se transforma desde el sí-mismo individual hacia el Sí-mismo universal. De este modo, estos siete pétalos del yoga llevan al practicante a respirar la fragancia espiritual integrando el cuerpo en la mente, la mente en la inteligencia, la inteligencia en el sí-mismo y el sí-mismo en el Sí-mismo. En este estado, la inteligencia alcanza su madurez, se sosiega, se tranquiliza y serena. Ahora no hay nada que la inteligencia deba "conocer". Ése es el estado de consciencia absoluta, uno si un segundo. 

Hasta el estado de dharana existe un método, una técnica, pero para dhyana y samadhi no existe técnica alguna. Se necesita un profesor para guiar al estudiante hasta dharana, mientras que en dhyana el estudiante se convierte en el maestro y el mismo maestro que reside en el interior le guía como alumno. 

Dhyana conduce hacia Isvara pranidhana. Japa y bhajan hacen que la consciencia mire hacia el que ve. Se consideran pasos preparatorios para dhyana. 

a) Japa
A menudo suele recomendarse repetir el japa aum. La repetición de aum se considera meditación. Pero japa y dhyana no son lo mismo. Japa sadhana puede conducir a dhyana, pero japa no puede ser dhyana. En dhyana no hay palabras, no hay expresión verbal. 

Aum es una palabra. Es simbólica, pero tiene shabda o sonido. Está compuesta de tres letras: a, u y m. Estas letras no se han elegido al azar. Cuando se abre la boca, la primera sílaba que se produce tiene forma del sonido a. El mismo abrir la boca es pronunciar a. La sílaba media es u, que no es ni abrir ni cerrar la boca, sino un movimiento. Cuando se cierra la boca por completo es m. La sílaba aum es la base de todas las palabras. La creación de palabras se llama sabda brahma. Las palabras cuentan con sonidos resonantes. El sonido tiene un ritmo. Este sonido rítmico se llama nada brahma. Ningún sabda puede pronunciarse sin esas tres sílabas. Por eso se consideran divinas. 

El Alma Suprema carece de nombre o forma. Nombres y formas pertenecen a los objetos, pero el sujeto carece de nombre o forma. Dios no puede ser expresado. A pesar de ello se lo llama al Supremo con diversos nombres. 

Aum es la raíz de la expresión verbal. Aum empieza desde el ombligo y acaba en la boca, y el sonido regresa al ombligo. Incluso alguien mudo tiene una expresión propia de sonido. En el momento en que intenta expresar sus esfuerzos, esa resonancia es aum. Puede que no veamos claro que el sonido que sale tiene a, u, m. De igual modo que no podemos vivir sin alimentos, aire o agua, tampoco podemos hacerlo sin palabras. El habla es una expresión basta a base de palabras. Las palabras están presentes incluso en nuestro proceso de pensamiento, y el sonido existe en todos nuestros movimientos. 

Japa se enseña para equilibrar la mente errante. Luego se recomienda saber el significado de la palabra y, a continuación, sentir la palabra con su significado. La palabra y su significado puede ser objetivos, pero la experiencia de la palabra y su significado son subjetivos. No hay que permitir que las experiencias propias se hagan mecánicas o estáticas. Hay que desarrollar frescura de palabra, pensamiento y obra, para que la experiencia también lo sea. 

AUM es pranava. Esa palabra revela un nuevo significado cada vez que se pronuncia. Se crea un nuevo desafío que dispone a la mente en busca de las profundidades de la propia consciencia. 

Patañjali ofrece en Samadhi Pada varios métodos para la unidireccionalidad de la consciencia (citta). Japa aum es uno de ellos. El mantra aum se da a todo el mundo como dhyana, pero es japa, oración. No es dhyana. Japa no es dhyana. Japa es un medio hacia dhyana. En dhyana desaparece japa. 

b) Bhajan y bhakti
Los bhajans son composiciones musicales sobre el Señor, con el propósito de hacer que la mente errante vuelva a contemplar la naturaleza del Señor y sus alabanzas. El canto de bhajans, el acudir a templos e iglesias, el fijar la mirada en la imagen del Señor, son formas externas de expresión de devoción, mientras que la entrega total del Sí-mismo al Supremo Señor es la más sutil de las devociones, llamada bhakti, es decir, devoción y dedicación. Bhajan y japa son un tipo de preparación para hacer gravitar la mente hacia el Supremo. Bhajan y nama japa (repetición del nombre del Señor) tienen por objeto apartar la mente de los objetos sensuales y llevarla a un estado de disciplina controlada. El apego y amor por el Señor es muy superior al apego a los pensamientos mundanos. Bhajans (nama smarana) y japa preparan física y mentalmente para la devoción. Pero la auténtica devoción ha de llegar desde dentro. 

Dhyana: un camino hacia una inteligencia e inocencia maduras

La meditación es el proceso de mantener la consciencia en un estado atentamente impensante. 

La consciencia es como un imán. Los pensamientos son como un metal. Igual que imán atrae el metal hacia sí mismo, la consciencia también atrae a los pensamientos. Por ello, la meditación es mantener la consciencia atentamente impensante, o impensantemente atenta. 

Es necesario distinguir entre tranquilidad sensual y ecuanimidad espiritual. La tranquilidad sensual es impura, mientras que la tranquilidad espiritual es beatitud incondicionada. 

Una persona que duerma diez horas sólo se da cuenta del tiempo cronológico cuando se despierta. En el sueño profundo no es consciente del tiempo. No sabe si ha dormido durante una o diez horas. Su cuerpo y su consciencia (citta) se hallan en un estado carente de propósito o impensante. En el momento en que se despierta, citta se llena de pensamientos. La meditación es un estado en que se simula conscientemente esa cualidad de ausencia de pensamientos, que requiere de una tremenda acción ensimismada sin ninguna tensión ni agitación emocional. 

La meditación no es un estado negativo, sino un estado de vida positivo y puro. De igual manera que no puede expresarse la experiencia de dormir, tampoco puede expresarse la meditación, pero se vive en ella. En el momento en que se expresa, no es meditación, sino una expresión, que puede no ajustarse a las experiencias. En el sueño se está impensante, y en el momento en que uno se despierta se llena de pensamientos. En la meditación se permanece atentamente impensante o impensantemente atento. Si el sueño es un estado negativo, la meditación lo es positivo. Es vivir el momento sin dejarse atrapar en los movimientos de los momentos. En este estado de meditación desaparecen causa y efecto, se experimenta un tiempo atemporal y uno presencia el espacio intemporal. 

El tiempo psicológico tiene un principio y un final, mientras que el tiempo cronológico (kala) carece de principio y de fin. Eso es el espacio intemporal. En la meditación, tanto el estado pensante como el impensante están equilibrados. 

Una persona madura intelectualmente nunca puede permanecer en un estado de inocencia, porque su ego no le permite ser inocente, mientras que en el estado más elevado de la meditación, el ego queda silenciado y la inteligencia se vuelve inocente. Este estado de inocencia en una inteligencia madura es meditación. Aunque hemos nacido siendo seres sencillos , hemos ido creando complicaciones al ir creciendo. El yoga nos ayuda a regresar al estado de simplicidad original. 

Una existencia pura, simple y sagrada
La evolución real es la de la percepción consciente interior, que se expande y penetra en las profundidades internas y externas. Aunque es fácil sentir la pureza y la divinidad interiores, resulta difícil mantener esta percepción de manera constante. Hay que cuestionarse uno mismo y analizar por qué esta pureza divina se desvanece con tanta asiduidad y queda interrumpida sin darnos cuenta. En nuestra sadhana no hemos de perder ni pureza ni simplicidad. Hay que recargar la memoria filtrada para que vuelva a madurar, y así nos guíe por el camino correcto de la práctica yóguica y nos salve de caer de la vida purificada. El yogagni (fuego del yoga) debe arder a través de las prácticas yóguicas propias, con esa memoria madurada, hasta que se alcance el objetivo. La memoria sólo se abandona cuando se alcanza el objetivo. El objetivo es el alma. En ese estado no queda nada excepto el puro ser  que es sat. Sat es existencia pura y sagrada, libre de toda esclavitud, libre de todo. Esta libertad definitiva llega a través de una dedicadas y devotas prácticas de disciplina yóguica en la vida cotidiana.