31 may. 2013

Citta, identificación con la consciencia y con los objetos de los sentidos

Análisis de los Yoga Sutras
De "Luz sobre los Yoga Sutras de Patañjali" B K S Iyengar

Sutra I.4 : vrtti sarupyam itaratra

En otras ocasiones, el que ve se identifica con la consciencia fluctuante

vritti: comportamiento, fluctuación, modificación, función, estado mental
sarupyam: identificación, afinidad, cercanía, proximidad
itaratra: en otras ocasiones, en otros sitios

Cuando el que ve se identifica con la consciencia o con los objetos vistos, se une con ellos y olvida su grandeza.

La tendencia natural de la consciencia es a implicarse con el objeto visto, arrastrar al que ve hacia él, y hacer que éste se identifique con el objeto. El resultado es que el que ve es absorbido en el objeto. Este proceso se convierte en una semilla de diversificación de la inteligencia, y hace que el que ve olvide su propia y radiante percepción consciente. 

Cuando el alma no irradia su propia gloria es señal de que la facultad pensante se ha manifestado en lugar del alma. 

La impresión de los objetos es transmitida a citta a través de los sentidos de percepción. Citta absorbe estas impresiones sensoriales y queda teñido y modificado por ellas. Los objetos actúan como forraje para citta, que se alimenta, se ve atraído hacia ellos por su apetito. Citta se proyecta a sí mismo, tomando la forma de los objetos a fin de poseerlos. Así, la consciencia se ve envuelta en pensamientos del objeto, con el resultado de que alma queda oscurecida. De esta manera, citta se enturbia y provoca cambios en el comportamiento y el humor, al identificarse con las cosas vistas. 

Aunque en realidad citta es una entidad sin forma, puede resultar de ayuda visualizarla a fin de aprehender sus funciones y limitaciones. Imaginemos que es como una lente óptica, que en sí misma no contiene luz alguna, pero que se halla colocada directamente por encima de una fuente de pura luz, el alma. Una cara de la lente, la que mira al interior, hacia la luz, permanece clara. Normalmente, somos conscientes de esta faceta interna de citta sólo cuando nos habla con la voz de la consciencia. 

En la vida cotidiana somos mucho más conscientes de la cara superior de la lente, la que mira hacia afuera, hacia el mundo, al que está vinculada a través de los sentidos y la mente. Esta superficie sirve tanto como sentido y como contenido de la consciencia, junto con el ego y la inteligencia. Influida por los deseos y miedos de la turbulenta vida mundana, se empaña, tornándose opaca, incluso sucia y rayada, e impide que la luz del alma brille a través. Como carece de iluminación interior, busca con avidez las luces artificiales de la existencia condicionada. Toda la técnica del yoga, su práctica y control, tiene como objeto disociar la consciencia de su identificación con el mundo fenoménico, restringir los sentidos que la enmarañan, y limpiar y purificar la lente de citta, hasta que transmita total y únicamente la luz del alma. 

Otros sutras relacionados que tratan este tema:

Sutra II.20: drasta drsimatrah suddhah api pratyayanupasyah

El que ve es pura consciencia. Observa la naturaleza sin depender de ella. 

Este sutra para de la naturaleza del alma, al Testigo Supremo, al conocedor absoluto. Es la pura esencia de la consciencia más allá de las palabras. Aunque el alma es pura, tiende a observar a través de su agente, la inteligencia (buddhi), y a dejarse llevar por la influencia de la naturaleza, perdiendo su identidad. 

Atma, dras y drsimatrah son términos que hablan de la naturaleza innata del que ve, del alma (purusa). 

La inteligencia nubla la consciencia de tal manera que ésta llega a identificarse con el que ve y olvida el alma. Pero si la inteligencia puede mantener su poder de discernimiento, la consciencia también permanecerá incólume. Si la consciencia está clara, el que no se oscurece. 

La inteligencia, que pertenece a la naturaleza manifiesta, está en continuo cambio, a veces consciente y en otras inconsciente. Está sujeta a sattva, rajas y tamas, mientras que el que ve, purusa, se encuentra más allá, inmutable y siempre consciente. 

Sutra IV. 22: citeh apratisamkramayah tadakarapattau svabuddhisamvedanam

La consciencia distingue su propia percepción consciente e inteligencia cuando refleja e identifica su origen -el que ve, testigo inmutable-, y asume la forma de éste. 

A través de los logros de la consciencia pura llega el conocimiento del que ve, testigo inmutable, que sólo descansa en su propia inteligencia.

Cuando la consciencia deja de fluctuar, entonces surge su naturaleza pura para abarcarse a sí misma. La consciencia tiene dos facetas, una pura, divina e inmutable, y la otra voluble, efímera y exhibidora. No cuenta con luz propia, pero actúa como intermediaria o agente entre el que ve y los objetos vistos. Debido a la ignorancia, no se da cuenta de que está suplantando al que ve. Pero el que conoce los movimientos de la consciencia. 

Cuando deja de operar una faceta de la consciencia, finaliza su contacto con el mundo externo y deja de recoger impresiones. Entonces, la otra faceta se ve atraída hacia el que ve, y las dos se unen. La inteligencia y la consciencia se funden en su morada, el atman, y el alma se queda cara a cara consigo misma. 

Un espejo sucio oscurece el reflejo, un espejo limpio refleja los objetos con claridad. La consciencia iluminada se purifica y refleja los objetos exactamente tal cual son. El reflector se llama bimbapratibimba vada, o exposición de doble reflejo. No existe diferencia entre el objeto original y la imagen reflejada. El alma refleja el alma. Es la culminación del yoga. Citta se identifica con el que ve. Eso es svabuddhi samvedanam o comprensión intuitiva de la voz interior. 

Podemos observar un ejemplo cotidiano de nuestra consciencia asumiendo la cualidad absoluta y la forma del objeto percibido cuando miramos las llamas oscilantes de una hoguera, o las olas de mar, o el viento en la copa de los árboles. Nos sentimos totalmente absortos en la observación, sin pensamientos ni impaciencia, como si nosotros mismo fuésemos las olas sin fin, las llamas parpadeantes, o los árboles agitados por el viento. 

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