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4 sept 2013

¿Es el Yoga un arte, una ciencia, una religión, o una filosofía?

Por B K S Iyengar

La gente me pide muy a menudo que explique exactamente que es el yoga. ¿Es arte, ciencia, religión o filosofía? Es natural que esas dudas estimulen la curiosidad de quienes se interesan en el yoga.

Mi respuesta a todos ellos es que el yoga no es ninguna de esas cosas en particular y al mismo tiempo todas combinadas. Es independiente y es una consumación de todas esas facultades, que trasciende la esfera de los propios pensamientos. Es la nube plateada que lleva al ser humano del plano corporal hacia la realización del Sí-mismo. Hay que analizar, experimentar y adquirir experiencia en el yoga en todas esas categorías, y acabar con las nociones de duda una a una a fin de comprender el significado del yoga. Permitan primero que explique las expresiones precedentes.

Arte significa habilidad. Es habilidad al hacer cualquier cosa que sea resultado de conocimiento o práctica y su exhibición. Ciencia es conocimiento de cualquier clase sistematizado: es un estudio de hechos a través de la experimentación. El arte es conocimiento experiencial. La religión es un conjunto de creencias, prácticas y un código de conducta moral para los asuntos humanos. La filosofía representa la investigación racional y el estudio crítico de verdades y principios de un estado de ser.

El yoga es el arte de la educación para alcanzar la realización de Sí-mismo. Todos vivimos en la munificencia de la naturaleza, que consiste en la flora y la fauna, que, si se explotan con moderación, están ahí para nuestro correcto disfrute. La práctica del yoga con habilidad, ejecutada mediante esfuerzos repetidos y guiada por principios de los que mana belleza creativa con la expresión de la verdadera felicidad dentro uno mismo, se convierte en conocimiento subjetivo. El yoga, como conocimiento subjetivo, es arte. Cuando se aprende yoga bien, resulta tan nutrido y sabroso como la comida sana. Expresa el ser interior del practicante refinando su cuerpo, consciencia y Sí-mismo. Vive en ello como si la tierra fuese el cielo.
Como ciencia, el yoga nos ayuda conocernos a nosotros mismos a través de pruebas, experimentos, experiencias y observaciones. Nos hace conocer lo que somos y cómo hay que aplicar el yoga. Pero para gustar de ese conocimiento hemos de practicar, como cualquier artista que dedica y consagra su tiempo a su búsqueda.
Como religión, el yoga cuenta con códigos morales universales: no violencia ( de acción, palabra y pensamiento) ( ahimsa ), veracidad ( satya ), no apropiación indebida ( asteya ), celibato ( brahmacarya ) y no poseer más allá de lo necesario ( aparigraha ). Cuenta con disciplinas como limpieza interior y exterior ( sauca ), contento con la situación en que se está sin malicia ni odio ( santosa ), ardiente deseo de realizar la verdad ( tapas ), estudio del Sí-mismo ( svadhyaya ), y entrega de todas loas acciones al Señor ( Isvara pranidhana ). Es una religión divina que conduce a la realización del Sí-mismo, un sendero que lleva ala realización de Dios.

La filosofía trata sobre todo de las nociones de una vida honrada. El Vedanta muestra los medios para alcanzar el estado más elevado de la propia condición de vida. El Vedanta ( veda = conocimiento, y anta = fin ) es la consumación de todo conocimiento. Así pues, Vedanta significa sabiduría. Incluye las dos expresiones de “sostener” y “abstener”. Por fortuna, el yoga guía tanto en filosofía como en Vedanta. Como filosofía, conduce al arte de vivir. El verdadero arte de vivir radica en comprender como vivir con la naturaleza sin perturbar el orden de las cosas ni a nosotros mismos. El yoga nos ayuda a distinguir la felicidad y la paz ( sreya ) verdaderas y eternas de los placeres falsos y efímeros ( preya ), que están emparejados con el dolor. Sostener lo bueno implica práctica ( abhyasa ). Abstenerse de lo que retrasa la evolución es renuncia ( Vairagya ). La abstinencia implica abandonar los placeres que no compatibles con vivir en paz y armonía, pero también aquellos que provocan conflicto, dolor, aflicción e infelicidad. La observancia de disciplina de control de los sentidos y la mente conduce a la realización de una felicidad perdurable e imparcial. Eso es cultura yóguica. Solo un alma realizada, a través de la luz de esta cultura divina, libre de prejuicios, puede iluminar a la humanidad. Tal alma resplandece como una lámpara en la oscuridad e ilumina la consciencia de aquellos que llegan hasta ella en busca de luz. Así es como una cultura auténtica participa en creación de una civilización, o alumbra la verdadera “religión” del ser humano.

Antes de finalizar, citaré la Svetasvatara Upanisad: “ Dios es uno y omnipresente, pero la gente Le llama con distintos nombres, según su comprensión”. Del mismo modo, el yoga es uno. Al igual que el tronco es uno y las ramas son muchas, el yoga es uno, pero incluye todas sus ramas al mismo tiempo.

Fuente: “Astadala Yogamala” – Yogacharya B.K.S.Iyengar

24 abr 2011

El arte y el yoga

La creación artística, como el descubrimiento de lo científico, se encara en el sistema hindú como la revelación de una realidad superior, de un principio hasta entonces oculto bajo la apariencia de las formas. Una máscara de cera exactamente parecida a un rostro conocido no es realmente una obra de arte. La obra de arte debe estilizar, extraer rasgos característicos, expresar su carácter; no fotografiar la naturaleza sino, como lo explicaba Ananda Coomaraswamy, imitar la naturaleza en el procedimiento por el cual ella crea. El artista debe, pues, tratar de percibir la realidad interna de las cosas. Lo hace a veces por intuición, pero puede, por métodos de concentración mental, lograrlo con más rapidez y seguridad.
Así los métodos de yoga cobran gran importancia en las artes, y el arte mismo puede considerarse como una de las formas esenciales de yoga: "una concentración en la cual toda distinción entre el sujeto y el objeto desaparece y que es medio de lograr la armonía o la unidad de la conciencia" (A Coomaraswamy, Dance of Shiva ).
La intensidad de la concentración del artesano, del artista, ha sido dada como ejemplo en el Bhágavata Purana, donde el sabio Dattatreya, al enumerar los veinticuatro maestros de los cuales aprendió la sabiduría, menciona entre ellos a un artesano que fabricaba flechas: "Un artesano que fabricaba flechas estaba tan enteramente absorto en su trabajo, que no advirtió que la procesión real pasaba con gran estrépito a su lado; así, aquel cuyo pensamiento está inmerso en la sola contemplación de lo Divino no percibe nada más, ni en sí mismo ni fuera". Çankaracharya retoma esta comparación en sus comentarios sobre los Brahma-Sutra.
Çukracharya, en el capítulo IV de su Çukranitisara, explica la importancia de la concentración mental: "El artista debe realizar el parecido de los dioses exclusivamente por la concentración mental. La visión espiritual es para él el mejor y verdadero modelo. Debe basarse en esta visión y no en los objetos visibles percibidos por los sentidos. El artista debe esforzarse por pintar seres divinos. Reproducir simples cuerpo humanos es malo y hasta irreligioso. Es preferible representar un ser divino, aun desagradable de ver, antes que una simple forma humana, aun bella."
Pues el fin del arte no es copiar la obra divina, empresa imposible y sacrílega, sino revelar sus prototipos trascendentes y desapegar al hombre de las ilusiones del mundo dándole un pregusto de la armonía celeste.
"Meditando con amor sobre la naturaleza de la divinidad que quiere representar, el escultor logra modelar las imágenes del templo. Para llevar a bien esta forma de yoga, le es preciso ante todo establecer las proporciones generales, según los datos de los libros tradicionales." (Çukracharya)
El artista debe establecer primeramente un trazado geométrico según las proporciones simbólicas correspondientes a la imagen que quiere representar; luego debe concentrar su visión y su pensamiento sobre ese diagrama o yantra, hasta que perciba a través de las líneas geométricas la forma que debe esculpir. Esta concentración creadora del artista es una de las formas de concentración más absoluta que aquella por la cual se crean las imágenes: la visión directa de un objeto tangible jamás permite intensidad tal." La forma de concentración del pintor o del escultor no difiere esencialmente de la meditación religiosa o del éxtasis místico (lo que difiere es la intensión y motivación de esta concentración [nota de Conciencia Yoga]. Una como otra conducen a la realización de un aspecto de la divinidad inmanente.
Para comprender la significación de los modos de la música, se emplea también a veces un procedimiento de visión mental. La atmósfera del modo  se representa entonces por imágenes visuales expresadas en breves poemas. Sólo cuando el músico, al meditar sobre el poema del modo escogido y sobre los sonidos que le corresponden, ha realizado en sí mismo el estado de ánimo que debe traducir, se hace capaz de transmitir su visión al auditorio por la mediación mágica de los sonidos (...).
La danza y la música han sido objeto de una importante literatura técnica en todas las épocas desde hace más de dos milenios (...). La leyenda representa la creación misma del universo por la danza de Çiva y, en los momentos en que desciende a la tierra, ese dio danza desnudo, en las selvas, la danza masculina (tándava). Párvatî, la esposa de Çiva, enseñó a las pastoras de las primeras edades la danza femenina (lasya). El dios Krishna, tañendo su flauta mágica, reveló a los hombres los dieciséis mil ritmos diferentes.
(...) La música, la pintura, la escultura, la arquitectura eran consideradas como ciencia (vidya) por los antiguos hindúes, lo mismo que la geometría, la gramática o la lógica. El término de "arte" (kala) estaba resevado a las artes menores o artesanales. 

Extracto del artículo de Alain Daniélou, "Les arts traditionnels et leur place dans la culture de l'Inde", 1953