12 ago 2014

Samadhi Pada y samadhi análisis. Por B K S Iyengar

Samadhi Pada, del libro "Luz sobre los yoga sutras" de B K S Iyengar
Patanjali

El primer capítulo, Samadhi Pada, define el yoga y los movimientos de la conciencia, citta vrtti. Está dirigido a aquellos que ya están muy evolucionados a fin de permitirles mantener su avanzado estado de madura inteligencia y sabiduría. Son realmente excepcionales las almas humanas que han experimentado samadhi a temprana edad, pues samadhi es la última etapa del Óctuple Sendero del yoga. Samadhi es ver el alma cara a cara, un estado absoluto e indivisible de existencia, en el que se disuelven todas las diferencias entre cuerpo, mente y alma. Sabios como Hanuman, Suka, Dhruva, Prahlada, Sankaracarya, Jñanesvar, Kabir, Svami Ramdas de Maharastra, Ramakrsna Paramahansa y Ramana Maharsi, evolucionaron directamente hacia kaivalya sin experimentar los estadios intermedios de la vida o los del yoga. Todas las acciones de esos grandes videntes emanaron de sus almas, y a lo largo de sus vidas permanecieron en un estado de gozo y pureza completos. 

La palabra samadhi consta de dos partes. Sama significa "parecido, similar, directo, derecho, imparcial, justo, bueno y virtuoso"; y adhi quiere decir "encima y arriba", es decir, el que ve, testigo indestructible. Samadhi es descubrir la fuente de la consciencia -el que ve- y luego difundir su esencia, de manera imparcial y pareja, a través de cada partícula de la inteligencia, la mente, los sentidos y el cuerpo. 

Podemos presuponer que al empezar mediante una exégesis de samadhi, la intención de Patanjali era atraer a esas almas excepcionales que ya estaban al borde de la realización del Sí-mismo, y guiarlas a experimentar el estado de no dualidad. Para la mayoría no iniciada, la atrayente posibilidad de samadhi, revelada tan pronto en esta obra, sirve como una lámpara que nos atrae hacia la disciplina yóguica, que nos refinará hasta el momento en que nuestra alma se manifieste. 

Patanjali describe las fluctuaciones, modificaciones y modulaciones del pensamiento que perturban la consciencia, y expone las diversas disciplinas mediante las que calmarlas. El resultado de ello es que al yoga se le ha considerado un sadhana (disciplina) mental. Tal sadhana sólo es posible si los frutos acumulados derivados de las buenas acciones de vidas pasadas (samskaras) son de un orden noble. Nuestros samskaras son los fondos de nuestras percepciones pasadas, instintos como un estímulo para mantener el elevado grado de sensibilidad necesario para seguir el camino espiritual. 

La consciencia está imbuida de las tres cualidades (gunas) de luminosidad (sattva), vibracidad (rajas) e inercia (tamas). Los gunas también tiñen nuestras acciones: blancas (sattva), grises (rajas) y negras (tamas). Mediante la disciplina yóguica, tanto las acciones como la inteligencia van más allá de esas cualidades, y el que ve experimenta su propia alma con claridad cristalina, libre de los atributos relativos a la naturaleza y las acciones. Este estado de pureza es samadhi. El yoga es, pues, tanto el método como el objetivo. Yoga es samadhi, y samadhi es yoga

Existen dos tipos principales de samadhi. Se alcanza sabija o samprajñata samadhi mediante el esfuerzo deliberado, utilizando para la concentración un objeto o idea como "semilla". Nirbija samadhi no requiere de semilla o apoyo.

Patanjali explica que antes de experimentar samadhi el funcionamiento de la consciencia depende de cinco factores: percepción correcta, percepción errónea (en la que los sentidos confunden), interpretación errónea o ambigüedad (en la que la mente nos falla), sueño y memoria. El alma es pura, pero con el mancillamiento y la falta de alineación de la consciencia se deja atrapar en las ruedas de las alegrías y las penas y se convierte en parte del sufrimiento, como una araña atrapada en su propia red. Esas alegrías y penas pueden ser dolorosas o indoloras, perceptibles o ignotas. 

La libertad, es decir, la experiencia directa de samadhi, sólo puede alcanzarse mediante una conducta disciplinada y la renuncia a los placeres y apetitos sensuales. Algo que se consigue mediante la observancia de los "pilares gemelos" del yoga: abhyasa y vairagya

Abhyasa (práctica) es el arte de aprender lo que hay que aprender a través del cultivo de la acción disciplinada. Eso implica un esfuerzo prolongado, celoso, tranquilo y perseverante. Vairagya (desapego o renuncia) es el arte de evitar lo que hay que evitar. Ambos requieren un enfoque positivo y virtuoso. 

La práctica es una fuerza creciente de transformación o progreso en el yoga, pero si se lleva a cabo por sí sola produce una energía desenfrenada que se vuelca hacia fuera en el mundo material como impulsada por una fuerza centrífuga. La renuncia cercena esta explosión de energía, protegiendo al practicante del riesgo de enmarañarse con objetos sensoriales, redirigiendo las energías de forma centrípeta hacia el núcleo del ser. 

Patanjali enseña al sadhaka a cultivar cordialidad y compasión, a deleitarse en la felicidad ajena y a permanecer indiferente frente al vicio y la virtud, para que pueda mantener su equilibrio y tranquilidad. Aconseja al sadhaka que siga las disciplinas éticas de yama y niyama, los diez preceptos, parecidos a los Diez Mandamientos, que gobiernan el comportamiento y la práctica, y que conforman el fundamento de la evolución espiritual. Existen varios métodos a través de los que la consciencia se desapega de la agitación intelectual y emocional, y asume la forma del alma: universal, carente de toda identidad personal y material. El sadhaka se ve así colmado de serenidad, visión interior y verdad. El alma, que hasta ese momento ha permanecido inmanifiesta, se le torna visible al buscador. Éste se convierte en el que ve: entra en un estado sin semilla ni apoyo, nirbija samadhi. 

9 ago 2014

En la casa de la Nada, por Ramiro Calle

Ramiro Calle

¿Quién no tiene problemas con su mente? Mientras no se deterioran, los órganos, las glándulas, los sistemas del organismo van a  nuestro favor, pero ¿y la mente? Muchas veces se comporta como si fuera nuestro peor enemigo. Por ello y desde muy antaño ha habido personas que han concebido y ensayado metidos para poder estabilizar, reorientar, sosegar y esclarecer la mente.  Mientras no se consigue, la mente no es de fiar, se extravía en sus interpretaciones y suposiciones, es, en palabras del gran místico Kabir, un fraude, una casa con un millón de puertas. A mis alumnos de meditación me gusta recordarles el adagio hindú que reza" El monarca que no controla su mente es un mendigo; el mendigo que controla su mente es un monarca". Y como todo lo experimentamos  y vivimos en el escenario de luces y sombras de la mente, es necesario, incluso urgente, empezar a reeducar la mente y conseguir que nos apoye en nuestra senda de la autorrealización. Una mente sana nos ayudará tanto a nosotros como a los demás. Una mente sana está más libre de ofuscación, avaricia y odio. Una mente sana es la que está liberada de los que Buda denominaba "oscurecimientos" o velos. Si todo surge de la mente, es la mente la que hay que ordenar, equilibrar y sanear, además de liberarla de todos sus autoengaños y embustes. 
 
Hay una incomparablemente valiosa herencia en cuanto a instrucciones y métodos para poder desarrollar lo mejor del centro mental y acelerar así nuestro proceso de evolución consciente. Podemos adiestrarnos para poder captar lo que se esconde tras las apariencias. Un tipo diferente y mucho más revelador de percepción se manifiesta cuando la mente logra silenciarse y no somos víctimas de las interferencias de los pensamientos automáticos y que nos robotizan, nos desgastan y neurotizan. "Permanece quieto y sabe que yo soy Dios", dicen los Salmos. "Cuando inhibes los pensamientos, te estableces en tu naturaleza real", señala Patanjali. "Cuando cesan los pensamientos se revela la luz del ser", resaltan los sabios de la India. "Si dejo de ser esto o aquello y soy, la experiencia del ser se expande más allá del ego", enseñan los vedantines. Muchas técnicas del yoga tratan de conducir la mente al estado de silencio profundo, donde uno viaja a la raíz del pensamiento y se asocia con su propia fuente interior. Ese estado especial de mente es denominado unmani o no-mente o también Nirvana-kala o la Mansión del Vacío. Es el vacío de egocentrismo, tendencias perniciosas y subyacentes de la mente, codicia y miedo. Es un estado de no-saber que es el verdadero saber. Pero como el ego trata de afirmarse y es un tirano que no quiere perder su poder, se aferra a las apariencias y se aterra ante la experiencia del vacío. Y el vacío interior, que es plenitud, limpia, esclarece, otorga infinita paz. Es darse un baño del propio ser, en lugar de estar constantemente zarandeados por las olas del ego, el afán de posesividad, la actividad desmedida y la tendencia a externalizarse y el hacer compulsivo. Ese estado de no-pensamiento mecánico o vacío, nos permite experimentar energías muy finas o sutiles, reveladoras, que escapan al estado de mente ordinaria, poseído por las tendencias contrapuestas y los pares de opuestos (amargo-dulce, frío-calor, dentro-fuera, etcétera). En el vacío la mente se unifica y se funde con su fuente. Hay otro tipo de presencia interior. En suma y como apuntara San Juan de la Cruz, el gran experto occidental en las nadas que conducen a lo Absoluto: 
 
"EN LA CASA DE LA NADA NUNCA EL ALMA ESTA PENADA."

4 ago 2014

Asana: Ligereza, pensar ligero y sentirse ligero

Fuente: "Luz sobre la vida" - Yogacharya B.K.S. Iyengar.



Cuando se realiza correctamente un asana, los movimientos del cuerpo son suaves, y hay ligereza en el cuerpo y libertad en la mente. Cuando un asana se siente pesada, es un error. Debes intentar insuflar una sensación de ligereza en el cuerpo. Eso puede lograrse extendiéndote mentalmente hacia fuera desde el centro del cuerpo. Es decir, piensa en grande y actúa en grande. No pienses únicamente en levantar los brazos, sino en extenderlos hacia fuera en sentido físico, y cuando los estés sosteniendo, vuelve a pensar en extender la inteligencia yendo más allá de tu propio cuerpo. No pienses en ti mismo como en una cosa pequeña, comprimida y sufriente. Piensa en ti mismo como grácil y expansivo, por muy improbable que pueda parecer en ese momento.

Cuando perdemos esa ligereza, nuestros cuerpos se encogen. En el momento en que el cuerpo se encoge, el cerebro se torna pesado y torpe, y uno no ve nada. Se cierran las puertas de la percepción. Debes elevar de inmediato la inteligencia del pecho y abrir la mente. Las esquinas del pecho son pilares y por ello deben ser bien firmes. Encogerse tiene el mismo efecto que un narcótico para el cuerpo. Hundir el pecho derrumba al verdadero Sí-mismo. Como la mente se encoge, el alma también se encoge. La tarea de la columna vertebral es mantener la mente alerta. Para conseguirlo, la columna debe mantener el cerebro en posición. La columna nuca debe estar caída, sino elevarse hacia el Sí-mismo. De otro modo se ensombrece la luz divina en tu interior.

Cuando uno se extiende en un asana debe mantenerse esta ligereza. Por esta razón digo que en todas las asanas hay que ascender para descender y descender para ascender. Por ejemplo si queremos tocarnos los dedos de los pies, primero debemos estirarnos hacia arriba para abrir la bisagra del centro del cuerpo, y así poder descender. De igual modo descendemos para ascender. Intentamos completar un círculo, como en el famoso dibujo de Leonardo Da Vinci acerca de las proporciones humanas, el "hombre de Vitrubio". No vamos a romper una cuerda tirando en dos direcciones. Lo que intentamos hallar es un equilibrio de polaridad, no el antagonismo de la dualidad.

Cuando en el cuerpo hay suavidad y en la mente ligereza, el asana es correcta. La pesadez y la dureza y la dureza indican que el asana es errónea. Siempre que exista rigidez es que el cerebro sobreactúa, y quedas atrapado y encerrado ahí y no hay libertad. Pero al ejecutar desde el intelecto del corazón, con ligereza, firmeza, y al mismo tiempo suavidad, significa que se trata de un estiramiento total, de una extensión total y de una expansión total. El asana realizada desde el cerebro nos hace pesados, mientras que la que se hace desde el corazón nos torna ligeros.

¿Cuándo tiene que ser un asana blanda o cuándo tiene que ser rígida? En movimiento, los músculos deben ser como los pétalos de una flor, abiertos y suaves. Nunca hay que ser rígido en movimiento; la rigidez solo se adopta una vez adquirida la postura. Al igual que un campesino ara un campo y ablanda el terreno, un yogui ara sus nervios para que puedan germinar y mejorar la vida. Esta práctica del Yoga trata de quitar las malas hierbas del cuerpo para que el jardín pueda crecer. Si el terreno está demasiado duro la vida no puede germinar. Si el cuerpo está demasiado tenso y la mente demasiado rígida, la vida no puede proliferar.

A diferencia de la rigidez, la tensión no es buena ni mala. Ha de hallarse presente en el momento adecuado y en la cantidad correcta. La vida es sopesar y equilibrar la tensión. No hay ningún sitio en donde los yoguis hayan dicho que no debe haber tensión en ninguna parte. Es preciso hallar la cantidad adecuada de tensión en el cuerpo. Esa cantidad adecuada mantendrá toda tu energía en el cuerpo. Demasiada tensión es agresión. Las lesiones son producto de la agresión, de realizar movimientos agresivos, no de hacer Yoga. Pero demasiada poca tensión significa debilidad. En el cuerpo debe haber la cantidad de tensión justa. La tensión adecuada es tensión saludable. Hay que llevar vida a todas las partes del cuerpo.

Recuerda: nunca estés rígido mientras estés en movimiento. Extensión es tensión, pero es distinto de rigidez. La rigidez nos convierte en frágiles y quebradizos, y hace que perdamos el equilibrio. Hay que alcanzar el equilibrio a todos los niveles del cuerpo y del ser.

Fuente: "Luz sobre la vida" - Yogacharya B.K.S. Iyengar.